Viernes, 23 Octubre 2015 17:52

Bogotá y su entorno: las brechas se acentúan

Escrito por Jorge Iván González
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Bogotá y su entorno: las brechas se acentúan

Demografía y migraciones

 

Entre el 2011 y el 2014 es claro el proceso de envejecimiento de la población que habita en Bogotá (figura 1). Esta tendencia abre la discusión sobre la mejor manera de utilizar el llamado "bono demográfico". Se llama bono porque en el caso colombiano la dinámica de la población tiene ventajas. La primera es la disminución de la población infantil, y ello facilita la cobertura y la calidad de los servicios básicos (educación, salud, etcétera). Es el momento para que Bogotá impulse la calidad de los servicios sociales e intensifique la atención a la población de menor edad. La segunda ventaja, que también es evidente en la figura, es el aumento de la población joven en edad de trabajar. Por ahora es importante aprovechar las ventajas derivadas de estos cambios en la estructura de la población.

 

 

En el futuro estos cambios demográficos pueden generar problemas porque la disminución de la base de la pirámide hará que con el paso del tiempo los jóvenes deban responder por una población adulta proporcionalmente mayor.

El crecimiento de la población por localidades es muy diverso (figura 2). Entre 2011 y 2014 las que más población atrajeron fueron Usme (entre 2011 y 2014 la población creció 3,39%), Bosa (2,43%), Fontibón (2,33%) y Suba (2,33%). Y las de menor crecimiento fueron San Cristóbal (0,18%) y Rafael Uribe (0,24%).

Estos cambios tienen relación con las variaciones del precio del suelo, y con los equipamientos que ofrecen las distintas localidades. Cuando una zona se deteriora, las personas tienden a alejarse. En los barrios de mayor valorización se produce un doble fenómeno. Los hogares que llegan buscando un mejor nivel de vida están dispuestos a pagar más. Este proceso expulsa a las familias de menores ingresos que no pueden pagar el mayor predial derivado del crecimiento del catastro, ni las nuevas tarifas de los servicios públicos asociadas a un aumento del estrato. La administración Petro ha tratado de evitar esta dinámica de gentrificación, pero ello no siempre es posible. Desde el punto de vista de la migración intermunicipal en la región, la EM 2014 permitiría lanzar la hipótesis de que existe un aumento de la demanda de suelo en los municipios cercanos debido al alza de los precios en Bogotá.

En la EM 2014, el 41,3 por ciento de los hogares dicen que la principal razón para cambiar de localidad es mejorar la vivienda. El 28,9 por ciento de los hogares dice que el cambio se debe a "razones familiares".

 

La distribución de la población por estratos

 

Tal y como se observa en el cuadro 1, la población cada vez se concentra más en los estratos 2 y 3. En el 2014 el 77,3 por ciento de las personas estaban clasificadas en dos estratos. Como se ha mostrado en otros estudios de la SDP la agrupación por estratos ya no discrimina, y esta acumulación de personas, hogares y viviendas en los estratos 2 y 3 desvirtúa completamente el objetivo inicial de la estratificación. Los estratos 5 y 6 apenas incluyen el 4,5 por ciento de las personas. Esta distribución genera cada vez más asimetrías en los subsidios cruzados de los servicios públicos, porque las personas que contribuyen disminuyen en términos relativos frente a quienes reciben subsidios.

 

 

Recomposición de los hogares y demanda de vivienda

 

Los hogares unipersonales han aumentado. En el estrato 6 el cambio es significativo: de 25,7 por ciento en el 2011 a 34,9 en el 2014. En el conjunto de la ciudad el porcentaje pasó de 11,5 a 14,5. La tendencia ascendente se ha presentado en todos los estratos (figura 3). El aumento de los hogares unipersonales presiona la demanda de vivienda. Además de que el fenómeno es general y se presenta en todos los estratos, sí existe una relación entre el nivel socioeconómico y la existencia de hogares unipersonales.

No conocemos la tendencia de los municipios de la Sabana pero sí la diferencia entre ellos (figura 4). En Tenjo el 23,3 por ciento de los hogares son unipersonales. En Sibaté, el porcentaje es del 6,6. La gráfica es un buen punto de partida para plantear hipótesis. Algunas relacionadas con la tradición de los municipios, otras con el nivel socioeconómico de los habitantes, otras con los factores culturales, otras con la incidencia que tienen las dinámicas de Bogotá.

En los municipios cabecera de provincia (SDP 2015, p. 50), las diferencias no son tan marcadas. En Gachetá, el 24,9 por ciento de los hogares son unipersonales, y en Girardot y Villeta del 14. Estos son los porcentajes más bajos.

 

 

 

Tenencia de la vivienda

 

Al observar el tipo de tenencia, el arriendo ha pasado de 41,4 por ciento a 46,8 (figura 5). La tendencia ascendente se presentó en todos los estratos. Estos cambios no son buenos o malos en sí mismos. Depende de la calidad de la vivienda, y de las condiciones de vida de cada hogar.

El resultado llama la atención sobre la necesidad de tener una política pública más estructurada sobre la vivienda en arriendo. Los gobiernos nacional y distrital han puesto el énfasis en la vivienda propia, y se ha dejado de lado la relevancia de la vivienda en arriendo. Las metas suelen tener como referencia la vivienda propia. En parte, porque las familias también la consideran como una expresión de un mejor estándar de vida.

En los municipios de la Sabana las diferencias son grandes. En Tabio el 60,4 por ciento de los hogares viven en arriendo. El porcentaje menor se observa en Chía (31,2%) (SDP 2015, p. 58). Y los porcentajes máximos y mínimos en los municipios cabecera de provincia son: Ubaté (52,7%) y Medina (35,2%).

El porcentaje de viviendas tipo apartamento pasó de 57,2 por ciento en el 2011 a 61,2 en el 2014. Y las casas disminuyeron su participación del 38,8 por ciento al 35 (SDP 2015, p. 67). La tendencia ascendente se observa, incluso, en los hogares pobres. El proceso tiene dos explicaciones. La primera es el aumento del precio del suelo, que es una expresión de su escasez relativa. La otra explicación habría que buscarla en las políticas distritales que han estimulado la densificación.


El porcentaje de viviendas con problemas constructivos (grietas, humedades hundimientos, fallas en tuberías) ha disminuido. El déficit de vivienda (cuantitativo y cualitativo ) disminuyó, y entre 2011 y 2014 pasó de 11,8 por ciento a 9,1. En el estrato 1 el cambio fue significativo, y se redujo de 15,7 por ciento al 7,4. La situación de Bogotá contrasta con la de Soacha. Allí en el 2014 el déficit cuantitativo era de 24,6 por ciento y el cualitativo de 10,8 (SDP 2015, p. 91).

 

 

Pobreza y convergencia

 

Entre 2011 y 2014 la incidencia de la pobreza monetaria (por línea de pobreza - LP) se redujo de 17,3 por ciento al 15,8. La pobreza extrema pasó de 4 por ciento al 4,1. La conjunción de ambos resultados muestra que la reducción de la pobreza se va haciendo más difícil a medida que la incidencia disminuye. Esta afirmación es válida para Bogotá y para Bucaramanga, que son las ciudades con menores niveles de pobreza. Las políticas focalizadas tienen un límite, así que para eliminar la pobreza extrema es necesario recurrir a otro tipo de medidas, que sean más estructurales. Unas tienen que ver con el área metropolitana. Los municipios cercanos a Bogotá tienen que converger en términos de calidad de vida. Si las diferencias entre municipios se mantienen, todos los días continuarán llegando a Bogotá personas en situación de pobreza extrema, y este flujo hace que la incidencia no baje. Y otras medidas están relacionadas con la reducción de las desigualdades. El coeficiente de Gini no baja. El crecimiento pro pobre requiere que el desarrollo esté acompañado de una mejor distribución del ingreso y de la riqueza.

En algunas localidades la incidencia de la pobreza aumentó. En Santa Fe pasó del 22 por ciento al 23,2, en Fontibón de 8,8 a 9,1, en Barrios Unidos de 9,8 por ciento a 10,2, en Teusaquillo de 3,5 a 4,3, en Puente Aranda de 10,1 por ciento a 12,5. Estos datos indican que los logros que se obtienen en la lucha contra la pobreza se pueden reversar. Y una de las formas de evitar que esta situación se presente es impactando las dimensiones estructurales y, sobre todo, disminuyendo la concentración del ingreso y de la riqueza.

La falta de convergencia entre Bogotá y los municipios de la Sabana es clara en la figura 6. En Soacha la incidencia de la pobreza es 35,5 por ciento, más del doble que la de Bogotá (15,8%). En Sibaté es de 37,6por ciento. Las diferencias tan grandes con respecto a Bogotá ponen en evidencia la necesidad de integrar las políticas metropolitanas. La calidad de vida debería ir mejorando y convergiendo, de tal manera que las brechas vayan disminuyendo.

En la gráfica el municipio con menos pobreza es La Calera (11,3%). Es necesario preguntarse por qué entre Bogotá y La Calera sí hay convergencia, y entre Bogotá y Soacha no. Es claro que Bogotá, como polo atractor, no ha logrado que las brechas entre los municipios se reduzcan. Estos resultados muestran que es necesario consolidar políticas metropolitanas y regionales. Ya se ha dado un primer paso con la creación de la Región Administrativa de Planeación Especial (Rape), en la que participan Bogotá y los departamentos de Cundinamarca, Tolima, Meta y Boyacá. Desde la Nación, en coordinación con la región, se deben definir políticas de largo plazo sobre las modalidades de poblamiento y ordenamiento del territorio. Las tendencias actuales no son sostenibles.

* La EM permite por primera vez contar con información de los municipios de la región, lo que posibilita comparar la situación de Bogotá con la de los otros 31 municipios. La encuesta se convierte, además, en una línea de base fundamental para estudios posteriores. Las frecuencias principales que resultan de la misma ya se pueden consultar en la página de la SDP: Secretaria Distrital de Planeacion, SDP., 2015. Encuesta Multipropósito, Bogotá, Ciudad de Estadísticas, Nº 70, SDP, Bogotá.

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