Miércoles, 20 Enero 2016 19:20

Un Juramento desecho

Escrito por Mauricio Torres-Tovar*
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Persiste la crisis de la salud. Sí, y es evidente. No importa que el actual ministro del ramo, Alejandro Gaviria, no lo admita. Como es conocido, la palabra puede con todo, pero la realidad la emplaza y desnuda. En todas las coordenadas nacionales, puede constatarse, y no es solamente un problema de quiebra de las Empresas Prestadoras de Salud (Eps), o temas afines. Va más allá.

Desde las ciudades más prósperas hasta los municipios más apartados –pero en estos últimos con mayor rigor– la crisis se padece a diario: para lograr una atención mínima, elemental, en muchas ocasiones hay que acudir varias veces a solicitar la cita; en otras, cuando la atención es especializada, y le significa a la Eps un costo significativo, lo que corresponde es suplicar pues el derecho ya no existe: para ellos lo prioritario es el negocio; la vida, y con ella la salud, que esperen. ¿A qué costo para la persona enferma? No les importa. El llamado "paseo de la muerte", así lo testifica. Pero también da cuenta de ello, la atención contrarreloj, mínimo tiempo en el cual el especialista en salud se dedica a llenar planillas, reportes, dejando tres o cuatro minutos para atender y revisar al ser humano que tiene a su frente. Calidez y calidad en la atención son, tal vez, un buen recuerdo de lo que dicen los libros, o el Juramento hipocrático.

Atención que lleva a enfrentar a pacientes con galenos y otros profesionales de la salud, pues en todos ellos el ciudadano termina por descargar en estos la responsabilidad por la mala atención. Profesionales que siempre exigen puntualidad a quien acude a ellos pero quienes no siempre respetan el tiempo de los demás, y ni siquiera presentan disculpas cuando obligan con su incumplimiento –o sobreatención de pacientes– a que los esperen una, dos y más horas, sin reparar que tal espera le puede significar a quien está enfermo el agravamiento de su estado o la perdida de su trabajo.

Ejemplo reciente de esto fue lo sucedido con una madre que llegó retrasada con su hijo a donde el pediatra. Las versiones del suceso son contradictorias: mientras la madre adujo que el profesional, a pesar de sus ruegos y propuestas, de explicarle que para lograr la cita se había tardado varios meses y que había llegado tarde por problemas de movilidad, pese a todo ello, se negó incluso a brindar su atención al pequeño paciente al final de su jornada; el pediatra, por su parte, alegó que la madre llegó muy tarde y que sí le propuso atenderla al final de su consulta. A pesar de lo dicho, lo cierto es que al final el niño no recibió la atención especializada.


Palabra vs. Realidad. Atención inhumana propiciada por un sistema de salud, que como está claro, privilegia el lucro por sobre un derecho humano fundamental, del cumplimiento del cual, en muchas ocasiones, depende la vida misma. No es casual, por esto, y mucho más, que en nuestro país exista una amplísima insatisfacción con este sistema y una profunda ilegitimidad del mismo.

 

¿El Juramento hipocrático, inválido en tiempos neoliberales?

 

Con independencia de cual sea la versión real, si la del galeno o la de la paciente, esta situación saca a la luz varias preguntas: ¿cuál es la responsabilidad que tienen los profesionales y trabajadores del sector en la profunda crisis de la salud que hoy se vive?, ¿es aceptable que el personal de salud no tenga capacidad de entender la manera como humilla y excluye el sistema de salud a los usuarios y que enfrente tal deshumanización con actitudes contrarias?, ¿el poder médico que subordina y despoja a la gente de la autonomía y reclamación, no debe ser también cuestionado en esta crisis de la salud?

(...) Atender las necesidades de salud de la población no es mero acto técnico-científico

Es indudable que la incorporación de políticas neoliberales en el sector salud cambió las condiciones en que laboran unos y otros. Ahora, en general, el contrato es por contratación de servicios, por periodos de tiempo fijos, con salarios integrales y de menor cuantía, con horarios más extendidos, con ritmos más intensos, con jerarquías más exigentes, con menos condiciones de seguridad en el trabajo, con una pérdida real de la autonomía, en tanto la lógica de costo-beneficio que orienta la prestación de servicios la subordina. Pero esta situación de parte del personal de salud y en particular del médico, ni legitima ni convalida la actitud arrogante que históricamente ha tenido el cuerpo médico con los pacientes y que se mantiene en el marco de la crisis del sistema.

Y hoy a lo que está enfrentado el personal de salud, en particular el personal médico, es a un conjunto de usuarios que ya no padecen la injusticia callados, que no están dispuestos a aceptar la arrogancia de aquel que tienen al frente, que están cuestionándolos y que, desafortunadamente, en tanto la cara visible del sistema es el personal de salud, están recibiendo la agresión verbal e incluso física, producto del desasosiego en que la gente se encuentra con el sistema.

En la práctica, los mercaderes de la salud han desechado el juramento hipocrático, que es un principio ético del personal médico para que en su actividad prime el servicio y condescendencia hacia las y los pacientes y no para que prime la acumulación de dinero a expensas de la salud y vida de ellos. ¿Hasta dónde la misma pasividad del personal médico ha permito que su razón de ser se pierda y lleguen a aceptarse las condiciones impuestas por los empresarios de la salud para que las lógicas administrativas y de acumulación subordinen las de atención humanizada?

 

Humanizar la salud para salir de la crisis

 

La crisis de la salud resume una profunda crisis humanitaria. Crisis que toma tamaño cada vez más grotesco, inocultable, insoportable. Crisis que tiene como razón fundamental que el sistema de salud perdió su razón de ser, incluida la razón de ser del personal profesional, los cuales deberían estar para atender, proteger y resolver los problemas de salud de la gente, no para que a partir de sus labores unos y otros acumulen dinero, ni tampoco para defender los intereses económicos de los empresarios del sector.

Y para salir de la misma no es suficiente volver a la etapa del ejercicio liberal de la medicina; no. Es necesario mucho más, entre ello configurar una nueva forma de atención, una que privilegie la promoción de la salud, la prevención de la enfermedad y las acciones en salud pública realizadas sobre la base de un sistema donde el personal sanitario y médico va directamente a donde vive y trabaja la gente, tanto en la ciudad como en el campo, y trabaja junto a las comunidades, en el marco de una labor dignificada por las formas en que se contrata.

Así debe procederse, pues atender las necesidades de salud de la población no es mero acto técnico-científico, es fundamentalmente un acto social y humanitario por parte de quien posee conocimientos y prácticas, que pueden resolver los problemas de salud de otro que no sabe de ellos.

Humanizar la salud pasa, por tanto, por un nivel de conciencia política de las y los profesionales del sector, incluido por supuesto el gremio médico, que sensibiliza a la gente desde la consulta, explicándoles que es posible tener un sistema de salud diferente, digno, tanto para la atención y tratamiento de quienes lo requieren, como para las formas laborales de las y los profesionales.

Superar, entonces, esta crisis pasa, entre otros aspectos fundamentales, por una revisión crítica de cómo hoy están laborando y actuando los profesionales de este sector y, en particular, el gremio médico en los servicios asistenciales, para entender que la posibilidad del cambio será posible en tanto la gente entienda por qué la están atendiendo de manera indigna, en tanto el personal médico se resista a replicar estas formas indignas de trato a los pacientes y en tanto se generen procesos de articulación entre los sindicatos y gremios de los profesionales de la salud con los diversos sectores de la sociedad proclives a que la salud sea garantizada como derecho humano, no como un favor que brinda alguién, lo que incluye formas laborales dignas.

Por tanto, y tal como lo mencionó el médico social brasilero Sergio Arouca, recomponer el sistema de salud pasa por recomponer el proyecto civilizatorio. No se trata simplemente de pasar a una fase donde a todas y todos los atiendan en los servicios de salud, brindándoles medicamentos y tecnología. Esto es lo evidente. Pero se trata de mucho más: se trata de configurar un nuevo tipo de sociedad que elimine las injusticias sociales y de salud, que se desmedicalice, que mejore las condiciones de vida y trabajo que son los determinantes de las enfermedades prevenibles y evitables que padecen miles de miles, y que cuando las personas requieran atención la misma sea brindada a tiempo, con respeto, calidad y calidez, garantizando relaciones horizontales, democráticas y de respeto entre el personal médico y los pacientes.

Es necesario, por tanto, como parte de un nuevo acuerdo social, recomponer el sistema desde unas bases éticas que enfatice en las necesidades de salud de la gente, en la superación de las causas estructurales de las injusticias sociales y sanitarias y en la reconfiguración de la formación del personal médico y sanitario para que se mantenga vigente el horizonte ético de servicio y no lucro definido universalmente hace muchos siglos.

 

 

 

* Médico, Salubrista Público. Profesor Asistente, Universidad Nacional de Colombia.

Información adicional

  • Antetítulo:Ante la crisis neoliberal del sistema de salud
  • Autor:Mauricio Torres-Tovar*
  • Edición:220
  • Fecha:Enero 20 - febrero 20 de 2016
Visto 1692 vecesModificado por última vez en Miércoles, 20 Enero 2016 20:03

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