Miércoles, 20 Enero 2016 19:25

Un proceso de cambios truncado

Escrito por Raúl Zibechi
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Un proceso de cambios truncado

La derrota electoral del gobierno bolivariano en las elecciones del 6 de diciembre, coloca el proceso de cambios iniciado por el mismo quince años atrás, en una situación dramática. Con menguado apoyo popular, instituciones ahora adversas y una crisis económica endémica, el chavismo parece paralizado y sin respuestas.

En Cuba hubo una revolución. Desde el desembarco rebelde del Granma, el 2 de diciembre de 1956, los guerrilleros llevaron una guerra de resistencia contra el ejército del dictador Batista al que consiguieron derrotar el 1 de enero de 1959. La lucha armada caminó junto a rebeliones populares, desde el asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953. Una vez derrotado y desarticulado el ejército, el gobierno revolucionario expropia los medios de producción y de cambio de sus poseedores, que incluye una amplia reforma agraria, y comienza el proceso de reconstrucción del país en dirección al socialismo.

En Venezuela se produjo el triunfo electoral de Hugo Chávez, en 1998, en ancas de una amplia movilización social particularmente intensa desde el 27 de febrero de 1989 (Caracazo). El protagonismo popular deslegitimó el pacto de Punto Fijo, desbordó al Estado y hundió el sistema partidos corrupto que gobernaba desde los años cincuenta. Gracias al triunfo electoral, el Gobierno comenzó a utilizar el poder estatal para beneficio de los sectores populares y el reposicionamiento del Estado en la economía y la sociedad.

Lo anterior pretende ser una síntesis muy ajustada de hechos, no un juicio de valor. Es necesario diferenciar entre una revolución y un proceso de cambios, algo que debería resultar ocioso si no fuera porque la derrota política y teórica del pensamiento crítico ha llevado a nombrar las cosas de forma caprichosa.

Además, no pretendo insinuar que una revolución sea el mejor camino para cambiar el mundo. Luego de dos siglos de revoluciones victoriosas, creo que se pueden sacar tres conclusiones.

Una, que las revoluciones han producido cambios espectaculares sobre el escenario político, social y económico, pero esos cambios no suelen ser duraderos ya que no impactan en la cultura política, y en la cultura a secas, de las sociedades. Lo sucedido luego de las tres grandes revoluciones (francesa, rusa y china) impone por lo menos cierta mesura a la hora de valorar positivamente el hecho revolucionario, por lo menos por parte de quienes seguimos reclamándonos de esa tradición. O, para decirlo en palabras de Eric Hobsbawm, "el cambio más duradero provocado por la revolución francesa es la introducción del sistema métrico".

Dos, que puede haber procesos de cambio graduales, que no sean revoluciones, pero que puedan generar algunos de sus efectos: la destrucción/neutralización del aparato estatal heredado y la expropiación de los expropiadores. Este camino no viene avalado por hechos históricos importantes, pero a la luz de los procesos venezolano y boliviano no puede negarse, a priori, su posibilidad, siempre que exista un movimiento popular organizado, consciente de sus intereses y dispuesto a defenderlos hasta el final.
Tres, que después de la rebelión zapatista de 1994 existe otro camino para cambiar el mundo, consistente en derrotar al aparato estatal y a los propietarios en un territorio acotado dentro del estado-nación y, a partir de esa realidad, construir poderes propios, establecer relaciones sociales (de producción, de salud, educación y justicia) diferentes a las hegemónicas. La primera vez que sucedió algo similar fue al establecerse en China las zonas liberadas por parte del ejército rojo, bastante antes del triunfo revolucionario.

Una vez despejado el terreno teórico básico, corresponde analizar brevemente el proceso bolivariano.

Los cambios promovidos
por el chavismo

La llegada al gobierno de Hugo Chávez fue uno de los cambios más importantes sucedidos en la historia de Venezuela, comparable por su magnitud sólo con la independencia. Apenas acceder al gobierno, consiguió modificar la Constitución, que ya no se correspondía con el sistema de partidos y la realidad política que había regido el país desde el fin de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, en 1958.

El gobierno chavista enfrentó desde el comienzo de su gestión la rebelión de la derecha y la oposición del imperialismo, que se tradujeron en el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, en el paro petrolero de diciembre de 2002 a febrero de 2003 y el referéndum revocatorio de 2004, además de múltiples manifestaciones callejeras y actos de sabotaje. En todos los casos, la activa movilización popular permitió al Gobierno salir airoso de los conflictos.

El Gobierno consiguió el control de casi todas las gobernaciones del país y de la Asamblea Nacional, lo que le permitió gobernar sin oposición institucional. Entre las reformas más importantes conseguidas por el proceso bolivariano, deben incluirse el control de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), que pese a ser una empresa estatal estaba controlada por su burocracia administrativa para beneficio propio. Ese control permitió al Gobierno direccionar la renta petrolera hacia los sectores populares, que obtuvieron una amplia gama de beneficios sociales, que van desde la vivienda hasta el acceso a la universidad.

La pobreza cayó considerablemente, así como la desocupación que pasó del 14 por ciento en el primer año de Chávez al 8 por ciento en 2011. La matrícula universitaria se multiplicó por tres y el gasto en salud, corregida la inflación, creció cuatro veces. Gracias a las "misiones sociales" la situación de los sectores populares experimentó fuerte mejoría. Pero la economía se hizo más capitalista, como asegura Víctor Álvarez, exministro de Industrias Básicas y Minería. En efecto, el sector privado pasó del 65 al 70 por ciento del PIB1.

El Gobierno promovió la organización popular mediante leyes y decretos que alentaron la creación de las Mesas Técnicas de Agua, los Comités de Tierra Urbana (CTU) y las comunas populares. Debe considerarse que al llegar Chávez al gobierno, los movimientos sociales eran débiles y fragmentarios, pese a la enorme capacidad de movilización que mostraban los sectores populares. Casi todas las organizaciones populares fueron impulsadas por el Gobierno y se convirtieron en engranajes estatales, pero algunas consiguieron una proyección autónoma como el Movimiento de Pobladores y Pobladoras a partir de los CTU2.

Muchas empresas privadas fueron nacionalizadas y estatizadas y pasaron a ser controladas por el Gobierno o por los propios trabajadores. Además, bajo el proceso bolivariano proliferaron movimientos de los sectores populares que representan iniciativas realmente novedosas como Tiuna el Fuerte, Cecosesola3 (Cooperativa Central de Servicios Sociales del Estado Lara), la Red Nacional de Sistemas de Trueke, entre una infinidad de iniciativas de base que muestran una importante creatividad social a menudo apoyada por las autoridades4.

Las limitaciones
y continuidades

La permanencia del rentismo petrolero es quizá el aspecto más importante en cuanto a los límites del proceso bolivariano. Se trata de un grave problema cultural que el proceso no logó resolver, que incluso fue profundizado por los buenos precios del petróleo y las políticas sociales amplias y generosas. La producción de Pdvsa se encuentra estancada en torno a los tres millones de barriles diarios desde 2000, con tendencia a decrecer por la falta de inversiones. Pero las reservas probadas crecieron de modo exponencial colocando a Venezuela como la mayor reserva mundial. Entre 2000 y 2011 los ingresos de la estatal se multiplicaron por siete, gracias al aumento de los precios internacionales, aunque el precio nacional es el más bajo del mundo y nadie se atreve a modificarlo.

Las exportaciones fueron cada vez más dependientes del petróleo (97% del total), siendo el principal cambio la tendencia a que el mercado chino sustituya el estadounidense. Pero la pervivencia del rentismo tuvo consecuencias catastróficas en la sociedad, al punto de haber encallado el proceso de cambios. Una de las más importantes fue la desindustrialización. La industria pasó del 22 por ciento de PIB en 1999 al 14 en 2011. La actividad agrícola también cayó y la producción de alimentos no consiguió remontar. El resultado fue el despilfarro de la renta petrolera en políticas sociales, reducidas en impulsar el consumismo sin crear una cultura productiva.

En la coalición de fuerzas coexistieron, por lo menos hasta 2007, desde trabajadores, campesinos y profesionales hasta grandes empresarios que "una vez ganadas las elecciones comenzaron a pugnar por lograr mayores espacios de poder"5. Con los años, el resultado fue tremendo, ya que la corrupción (que luego de la derrota electoral del 6 de diciembre ya nadie oculta) actuó como una suerte de "acumulación originaria" que consumió recursos estatales y sirvió para la emergencia de una nueva burguesía al frente del aparato estatal.

El nacimiento de una "burguesía funcional" que controla la propiedad estatal, formada "por élites burocráticas que la administran como si de una propiedad privada se tratara", es una de las consecuencias peores, por arriba, del proceso bolivariano6. Miles de millones de dólares pertenecientes al pueblo venezolano han sido desviados por esos burócratas situados en puestos clave del aparato estatal. Entre ellos, los 190.000 millones de dólares depositados en el exterior por privados venezolanos, según datos del Banco Central de Venezuela, entregados por el Gobierno a empresarios que los usaron para especular sin recibir el merecido castigo.

Por abajo, sucede algo dramático que las páginas de Aporrea antes silenciaban, pero ahora difunden a los cuatro vientos. Una integrante de Marea Socialista denuncia "la pulverización del salario" de los trabajadores, que deben "hacer milagros para poder alimentar a su familia"7. Denuncia que las familias deben hacer colas de cinco horas para obtener los productos de la canasta básica alimentaria, pero nunca los consiguen todos de una vez, sino dos o tres a lo sumo. En el mercado negro esos productos se consiguen sin hacer cola, pero pagando hasta diez veces el precio regulado.

Ante semejante panorama, lo realmente sorprendente no es que dos millones de votantes chavistas hayan desertado hacia la abstención, sino que aún haya más de cinco millones que siguen creyendo en un proceso que, en algún momento, consideraron "su" revolución.

1 Víctor Álvarez, "Transiciones logradas y transiciones pendientes" en Edgardo Lander et al, Promesas en su laberinto, Cedla, La Paz, 2013.
2 Alexandra Martínez, "Horizontes de transformación del movimiento urbano popular", en Grupo Permanente de Trabajo sobre Alternativas al Desarrollo, Alternativas al capitalismo colonialismo del siglo XXI, Abya Yala, Fundación Rosa Luxemburg, Quito, 2013.
3 Cecosesola es una de las experiencias más notables en suelo venezolano. Es una red integrada por más de 50 cooperativas, rurales y urbanas, de producción, comercialización, servicios fúnebres y cuidados de salud, entre otras. Funcionan en base a asambleas abiertas, sin dirección centralizada y en permanente intercambio, rotando funciones, en base a la horizontalidad y sin jerarquías. Es una experiencia masiva, que incluye 20 mil socios y 1.300 trabajadores que abastece el 40 por ciento de los alimentos frescos de Barquisimeto y atiende más de 200 mil personas cada año en la red de salud que incluye el Centro Integral Cooperativo de Salud.
4 Véase "Para quebrar el rentismo petrolero", Raúl Zibechi, 24 de julio de 2013 en http://www.cipamericas.org/es/archives/10131
5 Víctor Álvarez, ob cit p. 228.
6 Víctor Álvarez, "Una nueva burguesía funcional", en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=203465
7 Ver http://www.aporrea.org/actualidad/a220348.html

Información adicional

  • Antetítulo:Venezuela
  • Autor:Raúl Zibechi
  • Edición:220
  • Sección:Internacional
  • Fecha:Enero 20 - febrero 20 de 2016
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