Lunes, 26 Septiembre 2016 13:28

Carta abierta a Sabor Vegano

Escrito por IVÁN DARÍO ÁVILA GAITÁN
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Carta abierta a Sabor Vegano

El año pasado tuve la oportunidad de conocer un restaurante ubicado cerca de mi hogar, en el barrio Galerías de Bogotá. Era un restaurante vegano, un restaurante puesto allí como por el viento, un trozo de vida en medio del agitado sector. Cuando entré al pequeño lugar por primera vez, cuidadoso con cada uno de sus detalles, me recibió un compañero animal. Él, que no se ofenderá por el hecho de que lo llame así, le hacía honor a ambas palabras: En primer lugar, era una especie compañera, como las denomina Donna Haraway, pues sabía y sentía adecuadamente hasta qué punto su existencia estaba entrelazada con otras existencias. “Compañero” proviene de cum panis: “quien comparte el pan”, y, dado que el pan es vida, compañero es quien, en últimas, comparte la vida. Tratándose de un restaurante el término se vuelve aún más pertinente, pues este compañero animal, que con tanta hospitalidad me abrió las puertas de su casa, me ofrecía el pan y, al tiempo, hacía del lugar que intentaba construir, una celebración de la vida, de esa vida que inevitablemente compartimos con otros seres, llámense humanos o no.

 

En segundo lugar, nuestro compañero no era un ser humano cualquiera, o por lo menos, como dirían Gilles Deleuze y Félix Guattari, había emprendido un arduo y alegre camino de devenir-animal. Consciente o inconscientemente, poco importa, sus acciones desdibujaban la figura tradicional del Hombre modélico, a saber, imponente, viril y descuidado con las labores necesarias para la regeneración y reproducción de la vida (como, justamente, conocer y preparar los alimentos). En fin, llamarlo simplemente “humano” sería más un insulto que un halago o una mera descripción. Su amabilidad no constituía una suerte de estrategia de mercado, de esas que obligan a los empleados de la mayoría de restaurantes a sonreír y complacer a todo aquel que posea una buena cantidad de dinero y esté dispuesto a gastarla. Esas mismas estrategias que obtienen plusvalía emocional de los trabajadores y las trabajadoras, que exigen sonrisas, miradas y movimientos serviciales que nunca son reconocidos como verdadero trabajo (cuestión compartida con la mayoría de madres y sujetos feminizados encargados del cuidado y la crianza). La amabilidad de nuestro compañero animal era de otra clase, de otro tipo, era una amabilidad, cierta calidez, que se desprendía de haber encontrado a un cómplice, a otra existencia que ama la vida y comprende el valor político de asuntos históricamente subestimados, como lo es la alimentación.

 

Lo mismo se puede decir del restaurante en general. Sabor Vegano no constituía un laboratorio del capitalismo contemporáneo orientado a experimentar con nuevas líneas de mercado. No. Sabor Vegano no equivalía a La Hamburguesería ofreciendo su “opción” vegetariana, ni al culto a lo verde y lo orgánico promovido por acomodados y gentrificados sectores “exclusivos” de la ciudad (La Macarena, Chapinero Alto, etc.). Sabor Vegano era un real experimento vegano que, en los bordes del capitalismo y bajo la coacción de la trama gubernamental, procuraba cultivar nuevas formas de vida sustentables, imprescindibles para un mejor presente (y futuro próximo) colectivo. Desde hace varios años he tratado de ver el veganismo, “fiel” a su espíritu original, no como una dieta, ni como un conglomerado de rígidas prescripciones morales inviolables, sino como un conjunto de prácticas heterogéneas que intentan poner en jaque al imperio del Hombre sobre la Tierra y a una máquina mortífera llamada “especismo antropocéntrico”, y que, por ende, pasan por dar lugar a nuevas y diferentes formas de sentir, conocer, relacionarnos, cultivar y comer, etc. (¡una verdadera heterogénesis!, como diría Félix Guattari).

 

Sabor Vegano asumía, ponía en marcha, múltiples formas de veganismo... Lastimosamente debido a ello fue penalizado. Como ha sido manifestado en un comunicado público, el restaurante fue obligado a cerrar sus puertas por un estricto biopoder desplegado mediante el aparato gubernamental en su versión de “control de salubridad”, biopoder a todas luces conveniente al especismo antropocéntrico. No exagero: el comunicado cuenta que la “salubridad” es pensada desde parámetros exclusivamente antropocéntricos, los cuales niegan la mera posibilidad de existencia de vivientes como arácnidos y roedores. Así, aunque el espacio tuviera un plan de aseo de tres veces al día, las autoridades estatales exigían, cito, “matar las arañas, tener a la mano ciertos productos de control como trampas y venenos, y siempre contar con productos de aseo de marcas conocidas, avalas y testeadas”. En otras palabras, el Estado, de entrada, interpreta como plagas en lucha contra los seres humanos a ciertos vivientes (si no es que a prácticamente todos, incluidos muchos “humanos”). Además, la exigencia es la de sacrificar a tales vivientes, en pro del “mejoramiento” humano (de su “salud”), mediante el uso de productos que no sólo sacrifican a otros tantos vivientes al momento de hacer los respectivos experimentos en sus laboratorios (testeo), sino que pertenecen a empresas colosales, muchas de ellas transnacionales (¡el Estado como patrocinador “indirecto” del gran capital!, al igual que lo vivieron los campesinos que emprendieron, hace no mucho, un contundente paro agrario en reacción a la exigencia estatal de usar y pagar por “semillas certificadas”).

 

Sabor Vegano, en una muestra de saludable biomímesis, y esquivando las garras de las marcas dominantes en el mercado, optaba por alternativas para la desinfección como la combinación de bicarbonato de sodio, vinagre y limón, pero, por supuesto, este saber no era un saber legítimo para el Estado, por lo que se continuaba viendo allí un peligro para la “salubridad pública”. Y lo mencionado constituye sólo un ejemplo, la guerra contra la Vida, a favor del Hombre y el Capital, no dio tregua en ningún terreno. Las autoridades estatales también consideraron inconveniente que el restaurante compartiera los alimentos con perros callejeros y habitantes de la calle... ¡Quizás a lo que verdaderamente temen es a estas alianzas microrrevolucionarias de especies compañeras! Alianzas trans-clase y trans-especie que abren la posibilidad de regenerar un planeta en crisis, y que son realmente saludables en comparación con los requerimientos de la “salubridad pública”. Lo que vemos acá son formas de vida enfrentadas, luchas intestinas entre unos entramados vitales que nacen y otros que perecen.


Debido a lo anterior para muchos es causa de risa y burla que Sabor Vegano haya decidido no exterminar a las moscas que llegaban, sino, como aparece en el comunicado, entrar en un proceso de diálogo con ellas con el fin de que se ubicaran en los depósitos de los residuos vegetales, y no en los lugares donde se cocinaban y consumían los alimentos. Por supuesto, el proceso de diálogo fue exitoso, el cometido se logró. Sin embargo, para un Estado occidental especista, antropocéntrico, el diálogo sólo es posible entre Hombres, entre los supuestamente únicos seres dotados de razón y palabra (logos), de lo que se deduce que con las moscas no se dialoga de ninguna manera, simplemente se las debe eliminar... ¡Quizás, nuevamente, lo que el Estado defiende aquí no es la “salubridad pública”, sino la necesidad de evitar un devenir-mosca de los seres humanos peligroso para el orden imperante, devenir que está transformando la manera en que entendemos el diálogo y, en últimas, el lenguaje, al revelar sus dimensiones no verbales y a-significantes pero afectivamente efectivas! Algo análogo sucedía con las arañas y sus telas: mientras que para las autoridades eran potenciales plagas que ponían en riesgo la salud (entiéndase la soberanía) del Hombre, para Sabor Vegano constituían existencias que ayudaban a regular ecológicamente el espacio, a saber, existencias con las que era posible con-vivir.

 

Ahora bien, espero que lo escrito atrás no sea motivo de llanto, sino de alegría e inspiración. Sabor Vegano, con su mera presencia, logró viralizar muchas prácticas veganas. Innumerables personas que conocieron el experimento, buscándolo o no, se contagiaron de vida, lo cual ya es irreversible. Además, frente a los ataques de un capitalismo y un Estado que sólo toleran “experimentos” clasistas y/o complacientes con el especismo, Sabor Vegano se ha sabido recomponer para proseguir por otras vías con su labor, porque lo que no nos mata nos multiplica y fortalece.

 

Gracias Sabor Vegano

 

Información adicional

  • Autor:IVÁN DARÍO ÁVILA GAITÁN
  • Edición:228
  • Sección:Sociedad
  • Fecha:Septimebre 20 - Octubre 20
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