Martes, 25 Octubre 2016 14:33

El elogio a la desobediencia

Escrito por JAIME VILLAMIL
Valora este artículo
(2 votos)

Muchas personas se quejan del estilo de vida que llevan porque no los hace felices, sin embargo les resulta difícil abandonarlo. La principal responsabilidad del ser humano es ser feliz, y ello depende de la libertad de la cual disponga. Libertad que tiene sus amarras en las instituciones, así, la familia supedita el amor hacia la pareja y los hijos a la responsabilidad de obtener una educación y una salud de calidad, y a la adquisición de bienes y conocimientos que den cuenta de su progreso en la sociedad. Los niños comparten poco tiempo con sus padres y, además, reciben altas presiones en el colegio para ser competitivos. Por su parte, la invasión de la tecnología agrega otra cuota de deterioro a las relaciones familiares y humanas en general.

 

El Estado no cumple su papel de garante del bienestar general, sino que sirve a intereses privados. Pese a que no lleva a cabo muchas de sus funciones impone tributos y el contrapeso ciudadano está debilitado, debido a que hay individuos que están aislados y que tienen miedo de no llegar a ser incluidos y reconocidos en el modelo de vida dominante. En consecuencia, muchas personas no son conscientes de sus derechos y no los exigen.

 

En los sitios de trabajo los tiempos están regulados y las ausencias deben estar autorizadas. Las actividades son repetitivas y están lejos de ser una fuente de satisfacción para quien la realiza. Existen jerarquías y las personas compiten por un mejor ingreso, una mejor posición y mayor dominio sobre otros.

 

En la escuela se subvalora la creatividad y el desarrollo de una actitud crítica, que cuestione y proponga. Su principal función es la de crear individuos que se inserten productivamente en la sociedad sin prestar atención a la expresión de la sensibilidad mediante el arte, y del inconformismo mediante el pensamiento y la acciones críticas. La principal fortaleza de la educación debe ser la de formar personas fieles a sus códigos morales y capaces de ser felices y hacer felices a otros.

 

La vida social se inscribe en unas dinámicas de obediencia a las principales instituciones. Aun cuando tengamos profundos desacuerdos con ellas, desacatarlas trae consigo la sanción social y la exclusión. Pero también la aceptación masiva de regímenes inmorales supone nuestra pérdida de libertad y nuestra degradación como seres humanos.

 

Actualmente se valora más la riqueza financiera que la solución a los problemas sociales y ambientales. Los 8.15 trillones de dólares que ha gastado EU. a partir de 2008 para recatar el sistema financiero hubiesen servido para eliminar la desnutrición en el mundo por 270 años. El Fosyga (que es el fondo que administra los recursos de atención en salud en Colombia) tiene aproximadamente 26 billones de pesos, mientras que el Fogafin dispone de 340 billones de pesos para proteger el ahorro en el sistema financiero.

 

Resulta extraño que sean más las personas que se someten a principios que atentan contra altos valores espirituales, humanistas y democráticos. El caso más nefasto es el juicio a Adolf Eichman. No solo no admitió ninguna responsabilidad en el exterminio de millones de judíos sino que lo justificó argumentando que hizo lo correcto porque siguió a cabalidad las órdenes de la cúpula nazi.

 

Actuar conforme a Gandhi lo estableció (“cuando una ley es injusta lo correcto es desobedecer”), tiene grandes poderes de transformación de las personas y en la sociedad. En 2010 el joven árabe Mohamed Bouazizi se inmoló después de que le confiscaran su puesto de ventas de frutas, este fue el inicio de profundas protestas del pueblo tunecino con las que se derrocó una terrible dictadura de 23 años. Hace poco la exministra francesa Christiane Taubira mantuvo firme su convicción moral de rechazar la política antiterrorista del presidente Hollande. “He optado por ser fiel a mí misma, a mis compromisos, a mis combates, a mi relación con los otros” –declaró a los medios.

 

El psicólogo social Stanley Milgram, después de varios experimentos sociales, validó la hipótesis de que “no se necesita una persona mala para servir en un mal sistema, la gente se integra fácilmente en sistemas malévolos”. Por tanto, es importante educar a los ciudadanos en el conocimiento de sus derechos, alimentar su fortaleza moral, y construir instituciones que no debiliten su autoestima. Este es un trabajo difícil, sobre todo, en sociedades donde la ciudadanía y los Estados son débiles. Mientras las instituciones persigan objetivos inmorales y usen la autoridad para arrastrar consigo a quienes no los comparten, es preciso que cada persona entienda y practique las palabras de Erich Fromm: “El acto de desobediencia, como acto de libertad, es el comienzo de la razón”.

Información adicional

  • Autor:Jaime Villamil
  • Edición:229
  • Fecha:Oct-Nov 2016
Visto 1951 veces

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.