Martes, 25 Octubre 2016 15:50

Formulación de un sueño nunca cumplido

Escrito por CARLOS EDUARDO MALDONADO
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Formulación de un sueño nunca cumplido

Un grupo de investigadores tuvo acceso al borrador del Documento Conpes: “Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación” con vistas al decenio 2015-2025. Por lo tanto, se trata del documento más importante en política nacional, en este caso, acerca de ciencia, tecnología e innovación (CTI)**.

 

La finalidad del documento y de una política de estado en (CTI) no se presta a confusiones: es fundamental tener una política científica, unos agentes comprometidos con ciencia y tecnología, y escalas responsables, planes y presupuestos con la finalidad de aumentar la producción nacional y el crecimiento económico. El marco político es el de la consecución de la paz, o por lo menos el de la construcción de la paz; literalmente: la construcción de “un nuevo país”.

 

Palabras, nada más

 

A finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, en medio del provincialismo y el atraso, un grupo de poetas y gramáticos denominó a Bogotá como “la Atenas suramericana”. Con razón o sin ella, el mote permeó el imaginario social y cultural y sus habitantes terminaron por creérselo. Pues bien, sin ambages, el plan 2015-2025 se propone hacer de Colombia el país más educado de América Latina. Lo cual implicaría tener una vida cultural más rica que México o Buenos Aires, un vida intelectual y editorial mejor que la de San Pablo (Brasil), o una cultura culinaria mejor que la de México o Lima, por ejemplo. Sin duda alguna, las universidades colombianas estarán para el 2025 en la primera línea de calidad e impacto, según el Documento Conpes (DC).

 

Existen dos experiencias exitosas y en marcha en Colombia en las que el emprendimiento, la innovación y el conocimiento han saltado al primer lugar, sobre la mesa, como la principal preocupación. Esto ha sido el logro de compromisos públicos y privados pero con la muy activa participación de las Universidades. Estas experiencias son: Ruta N, en Medellín (http://rutanmedellin.org/es), y Manizales+, en Manizales (http://manizalesmas.org). Siguiendo las enseñanzas y procesos de aprendizaje de ambas ciudades, el (DC) se propone construir en diez años cinco Centros Nacionales de Investigación de alta calidad. Queda simplemente formulada la política.

 

Persisten, sin embargo, serias dificultades. Así, por ejemplo, el 68 por ciento de las empresas de los sectores de industria, comercio y servicios afirmaron no tener interés en vincular doctores en las empresas. De manera sorprendente, el grueso de la población económica activa (PEA) son bachilleres y profesionales universitarios (= pregrado). Pero la importancia de tener trabajadores con títulos y capacidades superiores, Maestría y Doctorado, no es bien vista por parte de las empresas. Principalmente porque ello les significa salarios más elevados. Hay aquí un obstáculo, desde abajo, digamos, para la política en (CTI) del (DC).

 

Y desde arriba, es el hecho de que la inmensa mayoría de personas con formación de doctorado (Ph.D.) se encuentran vinculadas a universidades, y no al aparato productivo. En los países con los que se compara Colombia, principalmente Brasil, México y Chile, la situación no es tan asimétrica.

 

Retos

 

Desde este punto de vista, lo que quizás podría considerarse como la columna vertebral del pretendido “nuevo país” es la necesaria consolidación de una cultura favorable a la (CTI) por parte de directivos, funcionarios públicos y agentes del conocimiento, en toda la línea de la palabra, pero entonces también, en paralelo, de la ciudadanía en general. En este sentido, el eslabón más sensible recae en la generación y profundización de procesos de apropiación social de la (CTI).

 

Hay una forma de expresar esto de manera puntual: generación de una cultura ciudadana de (CTI). La pregunta que emerge sin dificultad es: ¿Una política pública (= DC) es garantía suficiente para generar y fortalecer una cultura ciudadana? De manera general, se observa que existe una baja participación de la ciudadanía en actividades de (CTI): así por ejemplo, asistencia a Museos, existencia de parques tecnológicos, conferencias académicas y eventos científicos, etcétera. Manifiestamente, los grandes medios de comunicación de masas en nada contribuyen a una cultura de ciencia y tecnología. Hay aquí una total desarticulación entre medios de comunicación y políticas estatales y de gobierno.

 

El tema de base no es difícil de comprender: se trata de una articulación de la sociedad, el Estado y el sector privado en términos de conocimiento. Así, notablemente, se trata de una articulación –horizontal, por definición–, entre los diferentes actores que promueven, gestionan y desarrollan procesos de apropiación social de CTI. ¿Puede ello ser posible en un lapso de diez años? En realidad, esta articulación debería poder producirse mucho, mucho antes, si se quieren obtener los resultados proyectados en el documento.

 

Un claro reflejo del país que tenemos es que la cantidad y la calidad de talento humano altamente calificado es, a la fecha, sumamente bajo, deficitario. En este sentido, el (DC) le apunta a una fuerte formación de doctores (Ph.D.), un renglón en el que el país se encuentra muy por debajo con respecto al mejor promedio de América Latina.

 

De manera puntual, para el año 2014 la inversión de Colombia en Investigación y Desarrollo (I&D) fue de 0.19 por ciento, muy por debajo de las propuestas originales de la Misión de Ciencia y Tecnología de 1991: “Colombia al filo de la oportunidad”. Con casi treinta y cuatro años de retraso, para el 2025, Colombia no habrá cumplido jamás la meta propuesta por dicha Misión. Sin embargo, según la política enunciada, para el año 2018, el 1 por ciento del PIB estará dedicado a (I&D), y para el años 2025, el 1,5 por ciento del PIB.

 

No sin dificultades, parte de los programas “fastrack” que tiene preparados el gobierno del presidente Santos, incluyendo la muy nefasta reforma fiscal (reforma tributaria), apunta a tratar de cumplir con estas metas y otras semejantes.

 

Digamos, finalmente, que el enfoque del (DC) es sistémico, y ello por cuanto se quiere alcanzar una articulación de sistemas de innovación. Lo dicho: los enfoques sistémicos han sido adecuadamente incorporados y apropiados tanto por el sector privado como por el sector público, y ya forman parte del lenguaje normal de la política.

 

Del dicho al hecho

 

En política como en la vida, ¿cómo hemos de confiar en las personas? ¿A partir de su historia y los hechos y actos cometidos? O bien, ¿a partir de sus nuevos propósitos, cambios y políticas? El tema no es fácil. Y si aquí nos ocupamos de políticas de ciencia y tecnología, el asunto no es distinto a la construcción de la paz. Los partidarios del No responden afirmativamente en el primer caso. Por su parte, los partidarios del Sí, son optimistas con respecto al segundo caso.

 

¿Creer en promesas, acuerdos, políticas y compromisos? O bien, ¿Creer en la historia, la experiencia y los hechos y actos, los cuales siempre son tozudos? Un problema de máxima complejidad.

 

* Profesor Titular - Universidad del Rosario.
** El documento se compone de un resumen, una breve introducción, el diagnóstico y la definición de la política. Son 84 páginas, acompañadas de 14 anexos, todo lo cual conforma un texto global de 161 páginas.

 


 

Recuadro

 

Número de doctores en los principales países de la región:
Doctores graduados por cada millón de habitantes de América Latina (2012) 
Brasil70,66
México43,71
América Latina37,50
Chile31,15
Uruguay16,06
 Colombia6,66

 

Fuente: Adaptado de (DC)

Información adicional

  • Antetítulo:UNA POLÍTICA DE CIENCIA Y TECNOLOGÍA PARA UN NUEVO PAÍS
  • Autor:CARLOS EDUARDO MALDONADO*
  • Edición:229
  • Sección:Política pública
  • Fecha:Oct-Nov 2016
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