Viernes, 28 Abril 2017 15:41

Medellín. El aire que nos ahoga

Escrito por JAVIER MÁRQUEZ VALDERRAMA*
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Medellín. El aire que nos ahoga

Los pobladores del Área Metropolitana del Valle de Aburrá se ahogan en medio de la contaminación ambiental. El aire que respiran ya no procura vida sino muerte: de hecho un estudio realizado en el 2011 confirmó que el 9,2 por ciento de los decesos naturales en la región eran atribuibles a la contaminación del aire. Seis años después, cinco alertas naranja declaradas durante el mes de marzo del 2017 y una alerta roja en lo corrido de abril, así lo confirman. Las medidas de control hasta ahora tomadas no remedian de manera estructural la situación.

 

Cinco alertas naranja y la situación de contingencia ambiental por contaminación o baja calidad del aire, declaradas durante el mes de marzo, y una alerta roja en lo corrido de abril, obligando a restringir el tráfico automotor, elevaron al escenario nacional, como noticia ambiental, a Medellín y el área metropolitana del Valle de Aburrá.

 

¿El origen del problema? La falta de prevención y atención estructural a una situación explicable en un modelo de desarrollo urbano mal concebido, insostenible, que no parte de las condiciones geográficas y ambientales del territorio, ni de las necesidades e intereses de su población en términos de equidad, justicia y democracia.

 

Un urbanismo sin planeación de largo plazo, sin controles adecuados, determinado por los intereses particulares y del mercado, que no incluye las demandas y propuestas de las comunidades en general y que desconoce las alternativas de la ciudadanía, sostenibles, imaginadas y propuestas por centros académicos y organizaciones sociales y ambientalistas. Un modelo de ciudad depredador, que ocupa de manera inadecuada las montañas, destruyendo su paisaje natural protector, modelo que ha hecho del uso y abuso del vehículo movido por gasolina, la más clara expresión del individualismo indolente. Estas y otras razones son algunas de las explicaciones y manifestaciones de esta problemática.

 

El territorio

 

Es importante comprender que nos referimos a una aglomeración urbana localizada en un angosto valle rodeado de montañas. El Área Metropolitana está conformada por 10 municipios localizados en una porción reducida (1.9%) del territorio del departamento (ver recuadro). De ellos, el de Medellín, considerada la segunda ciudad en importancia en Colombia, contaba para el 2015 con una población de 2.464.322 habitantes1,

 

Un valle sobrepoblado, y que sigue construyendo a diestra y siniestra, sin respetar las montañas y los bosques; que sigue canalizando todas las quebradas, vistas por los industriales del cemento como un obstáculo para el crecimiento así concebido, sin considerarlas como una bondad del territorio. Esta presencia generosa del agua en este valle, así vista, terminó como un riesgo para la vida, en vez de baluarte para la existencia de sus habitantes. La ciudad metropolitana, construida en contra del agua, terminó por darle la espalda a una de las expresiones de su rica biodiversidad.

 

Heredamos lo encementado. Valle de Aburrá, superpoblado y “desarrollado” sobre un modelo económico basado en la industria y los servicios, en el extractivismo de minas a cielo abierto que explotan materiales diversos, y un crecimiento inusitado y sin control del parque automotor. Que ente la concentración violenta de la tierra en la región, y el consustancial desplazamiento de población alberga de manera insostenible –en condiciones de insalubridad y pobreza–, a gran parte de su población, erigiéndola como la ciudad más inequitativa del país.

 

Lo que ahora reciben sus habitantes no es casual. Polución y contaminación fueron denunciadas desde la década del 70. “Si bien la contaminación atmosférica generada por injerencia humana existía en la ciudad desde muchos años atrás, principalmente por las desechos atmosféricos generados por una ciudad industrial en constante crecimiento, es solo a partir de los años setenta que la polución atmosférica causada por la industria y el parque automotor se manifiesta como un problema grave y comienza a incursionar desde una perspectiva tecnológica y medioambientalista en la academia, el sector industrial, el gobierno y la ciudadanía”2.

 

La comunidad de la comuna de Guayabal, en especial la gente del barrio Campoamor, se levantó contra la presencia de Sulfácidos, una empresa que, como comprobaron en aquella lucha, enfermaba a la comunidad3.

 

También tomó forma, ya en la década de los 80, una larga lucha contra Andercol por la misma razón, la contaminación atmosférica y un conflicto de ocupación que pervive, pues a lo largo y ancho del angosto valle, los asentamientos humanos y las industrias, los talleres y las chimeneas se entremezclan de tal manera que la población sufre las consecuencias negativas de los impactos ambientales de la producción industrial y de un tráfico automotor sin control y siempre en crecimiento4.

 

Contradicción sin resolución positiva para sus pobladores. Y si bien en este conflicto puede considerarse como problema principal el parque automotor, pues de acuerdo con las más recientes cifras de la Secretaría de Movilidad de Medellín y la Encuesta de Origen y Destino del Área Metropolitana, en la capital antioqueña circulan 343 vehículos por cada 1.000 habitantes, no podemos olvidar las industrias pequeñas y grandes, la construcción acelerada, la contaminación del suelo y las aguas, la perdida de al biodiversidad, pues solo una mirada de conjunto permitirá la comprensión ecológica de la problemática y la construcción de alternativas estructurales y permanentes ante la misma.

 

En la columna de Juan Carlos Posada publicada en La Urbe, titulada “Medellín se ahoga en su Valle”, se expresa que “la mayor causa de contaminación en Medellín es el crecimiento del parque automotor. Según cifras del Área Metropolitana, entre 2005 y 2015, se pasó de tener 478.000 vehículos a 1’347.736, entre carros particulares, motos, buses, camiones y taxis. Un incremento del 80 por ciento. En cuanto a las motos, las que mayores índices de crecimiento registran en la ciudad, pasaron de ser 139.000 a 710.186 en el mismo periodo: un aumento anual del ocho por ciento. Entre estas, las motos cuatro tiempos son las que más contaminan, por su cantidad, después de los camiones. Tan solo las motos aportan 255 toneladas al año de PM 2,5, y los camiones, 611. Son precisamente las motos cuatro tiempos las únicas que no tienen una restricción de movilidad en la ciudad como el Pico y Placa5.

 

Y es absurdo pretender que deben construirse más kilómetros de vías, dejando de mencionar la urgencia de intervenir, de manera contundente, el mercado de vehículos. El escritor Pablo Montoya ha sido vocero del malestar y la indignación que produce la situación y, sobre todo, las ambiguas e improvisadas respuestas de los gobernantes locales. Dice lo siguiente, invitando a una firmatón contra esta situación: “La situación que vivimos ahora es producto de una serie de políticas equívocas que han convertido nuestro entorno en un infierno donde reinan los altos índices de contaminación ambiental, y que requiere más que unas horas de pico y placa, y días sin carro, que si bien son medidas necesarias, en el fondo, son insuficientes sino se realizan planes estructurados y a largo plazo que conlleven a una ciudad y sociedad limpia y no a esta encrucijada insoportable de mugre, humo, polución y muerte a la que hemos llegado”6.

 

Durante el año 2000 se estableció un convenio denominado Redaire entre las universidades y las autoridades ambientales, con el claro objetivo de monitorear la situación, ya de por sí muy grave y tomar decisiones. Inician así una serie de encuentros entre Secretarias, universidades, el sector industrial privado, hasta firmar en 2007 un pacto por la calidad del aire. Al año siguiente se acordó con Ecopetrol un plan de mejora de los combustibles. Desde aquella época se ha tratado de mantener una información accesible a la ciudadanía, destacando esfuerzos del Área Metropolitana por divulgar la problemática mediante campañas significativas como “Si te falta el aire, respira profundo, date un respiro, días de aire, airéate”. Convocatorias loables pero que no tiene como trasfondo la toma de medidas estructurales.

 

Los debates abiertos también interrogan sobre lo que está ocurriendo, pero las decisiones políticas y las medidas administrativas tomadas no se compadecen con la realidad que sufren millones de personas. Los intereses económicos parecen prevalecer por sobre el interés general.

 

No hay capacidad institucional para atender la problemática. Hay controles tecno-mecánicos y de emisiones, se controlan los centros de diagnóstico automotor, el control de emisiones en vía, el control de empresas con transporte de carga. Todo lo cual, es evidente, no es el núcleo de la problemático. Además de esto, es urgente operativizar las medidas radicales que amerita la situación.

 

Con las uñas, valga la expresión, profesionales del área metropolitana y universidades, bosquejaron un sistema de gestión del aire que por sus enfoques y metodologías tiene reconocimiento en el país, pero que no se asume ni se apoya como la situación requiere. Se desconocen las alertas que realiza el Siata7 y no se implementa con rigor el acuerdo 15 de 2016 que fue ampliamente construido ante la crítica situación del aire que padece esta parte del país.

 

La respuesta más significativa la dieron las Universidades agrupadas en el G8, cuyas recomendaciones pueden leerse en recuadro adjunto.

 

De todas formas, estas propuestas son una especie de plan mínimo. La situación implica medidas más drásticas y compromisos políticos ciertos. La agenda política de la ciudad metropolitana tiene que estar atravesada por temas trascendentales como la calidad de la vida, las políticas ambientales municipales y metropolitanas. Es imposible seguir viviendo así. Como también lo afirma Pablo Montoya: “El imparable y peligroso flujo automotriz, la ausencia de un verdadero y eficaz transporte público, la desaparición progresiva de pulmones verdes, el control irregular a los desechos sólidos y gases contaminantes derivados de las actividades de la industria, el desmesurado lobby de las empresas transportadoras, inmobiliarias y constructoras, y la preocupante falta de programas reales de educación para promover la conciencia ambiental en los ciudadanos, son caras que muestran con claridad la dimensión de la alerta que se ha desatado”.

 

Es urgente tomar medidas que tienen ejemplo en las decisiones que aplican muchas ciudades del mundo: liberar la ciudad de vehículos y promover una movilidad sustentable, que no depende del petróleo; peatonalizar y construir senderos verdes para caminar e ir en bicicleta, reconstruyendo paisajes para que por ellos puedan fluir éstas. Liberar los centros y muchas otras vías de autos privados y permitir solo el transporte público. Crear zonas sin automóviles. Y generar condiciones para vehículos con fuentes energéticas distintas al petróleo. Retirar el parque automotor viejo y restringir al máximo la compra y uso de vehículos contaminantes. Desarrollar plenamente el transporte público eléctrico, en lo cual ha avanzado en algo.

 

Es necesario asumir los parámetros de la Organización Mundial de la Salud (OMS)8, referente para varios estudios, según los cuales toda la población del área metropolitana está seriamente afectada en su salud y, por ende, en sus derechos a un aire limpio como parte constitutiva del derecho a una ambiente sano.

 

Al mismo tiempo, que informe de manera adecuada sobre lo que está ocurriendo. La información, que también es nuestro derecho, es precaria y no reconoce la gravedad del problema. Es necesario medir y monitorear, pero es más importante actuar en consecuencia con la situación.

 

Ante una crisis de civilización se impone como respuesta posible la ética del bien común, basada en los principios de responsabilidad y de precaución. Como afirma Hans Jonas9, la responsabilidad emana de la libertad, es la carga de la libertad. En una sociedad tecnológica este principio es acuciante como manera de convivir entre los seres humanos y con la naturaleza, teniendo precaución ante la incertidumbre. Es necesario actuar y aplicar el principio de responsabilidad y el principio de precaución, que son los principios que estructuran el derecho ambiental y dan el enfoque de prevención y actuación que requieren las circunstancias.

 

Es necesario medir, monitorear, con el sentido de garantizar información adecuada para asumir las medidas necesarias de autocuidado y poder exigir al estado, y a los particulares implicados en la contaminación, el respeto a los derechos y los cambios y medidas pertinentes. Es necesario aplicar con rigor los instrumentos normativos que se posee, como el acuerdo 15 de 2016, no birlar sus orientaciones y respetar la voz de la gente experta.

 

Esta situación persiste. La última notica del 10 de abril publicada en un diario capitalino10 dice: Si bien durante este domingo hubo remoción de contaminantes del valle de Aburrá, “el evento de precipitación de la tarde nuevamente estabilizó de manera temprana la atmósfera, impidiendo una dispersión más eficiente de contaminantes”, informó la autoridad ambiental. También señala la noticia que “Por tal razón, las concentraciones de material partículado PM 2.5 permanecen por encima del umbral de Índice de Calidad del Aire (ICA) Naranja, clasificado como peligroso para ancianos, niños, mujeres en embarazo y personas con enfermedades respiratorias”.

 

La situación no puede seguir así y es muy preocupante la escasa participación ciudadana en tan delicada crisis. Es necesario que las iniciativas ambientalistas se movilicen, que centremos la atención en esta problemática y exijamos la plena información. Si no asumimos la deliberación pública y la movilización social, seguirán improvisándose medidas, sin resolver de fondo la situación, prolongando así esta grave situación, con efectos inmediatos y acumulativos sobre nuestra salud, con el consecuente aumento del número de personas que diariamente mueren por esta causa. Ya lo confirmó en el 2011 el estudio realizado por el Área Metropolitana del Valle de Aburrá al concluir que el 9,2 por ciento de las muertes naturales en la región eran atribuibles a la contaminación del aire.

 

* Antropólogo y ambientalista.
1 Consultado el 5 de abril en: http://www.medellincomovamos.org/la-ciudad/
2 Véase David Sierra Márquez, Una historia social y ambiental de la contaminación atmosférica en la ciudad de Medellín durante los años setenta, monografía de grado, Universidad de Antioquia Facultad de Ciencias Sociales y Humanas Departamento de Historia Medellín, Colombia, 2015.
3 Esta disputa socio-ambiental está descrita como “un estudio de caso que analizará el desarrollo de un conflicto socio-ambiental urbano que vivió un barrio obrero de la ciudad de Medellín llamado Campoamor entre 1958 y 1976, a raíz de la emanación de desechos atmosféricos por una empresa productora de ácido sulfúrico (Sulfácidos S.A.)2 que afectó la salubridad y los bienes materiales de los vecinos del sector.
4 El conflicto socio ambiental, expresado en la contaminación atmosférica, siempre ha involucrado a los industriales, el estado y las comunidades, realzando el debate sobre el tipo de sociedad que soñada y la relación de ésta con la naturaleza, con el entorno, con la construcción socio ecológica del territorio.
5 Juan Diego Posada, Medellín se ahoga en su Valle, http://delaurbe.udea.edu.co/2016/10/21/medellin-se-ahoga-en-su-valle/ Consultada el 12 de abril.
6 La carta pública a través de la plataforma Change.org, donde consigue sumar más de diez mil firmas.
7 La cantidad de material contaminante en Medellín y los municipios cercanos es registrado por el Sistema de Alertas Tempranas (Siata), organismo a cargo del Área Metropolitana. El año anterior, los análisis de esa entidad revelaron niveles de contaminación en el aire que forzaron la declaratoria de una alerta roja ambiental.
8 El ente encargado de la medición del aire, a nivel internacional, es la Organización Mundial de la Salud (OMS), que posee registros en sus bases de datos de tres mil ciudades en 103 países. Según la OMS, los niveles de contaminación se miden por el material particulado (PM por sus siglas en inglés) y se clasifican entre PM 10 y PM 2,5. Para que una ciudad pueda tener un aire respirable, estas partículas deben circular en un número menor a diez por ciento en el ambiente. Cualquier ciudad que sobrepase la cifra, se considera una ciudad con aire contaminado. (Juan Diego Posada, Medellín se ahoga en su Valle, http://delaurbe.udea.edu.co/2016/10/21/medellin-se-ahoga-en-su-valle/Consultada el 12 de abril
9 Hans Jonas, El principio de responsabilidad, ensayo de una etoca para la civilización tecnológica, Editorial Herder, Barcelona, 1995
10 http://www.eltiempo.com/colombia/medellin/sigue-alerta-naranja-por-la-calidad-del-aire-en-medellin-76690

 


 

Recuadro 1

 

El Área Metropolitana

 

La integran los municipios de Barbosa, Girardota, Copacabana, Bello, Medellín, Envigado, Itagüí, Sabaneta, La Estrella y Caldas. Cuenta con 3’777.009 habitantes, el 58.50 por ciento de la población de Antioquia, de los cuales 3’597.988 (95.26%) se encuentran en la zona urbana y 179.021 (4.746%) en la zona rural, lo que evidencia una alta concentración poblacional en una porción reducida (1.9%) del territorio.

 

Fuente. (Gobernación de Antioquia, 2016).

 


 

Recuadro 2


Decálogo por un aire respirable

 

1. Caminar debe ser la primera opción para movilizarse.
2. Las distancias medianas deben recorrerse en vehículos no motorizados pues ellos no contaminan.
3. Para distancias largas preferir el trasporte público o buscar compartir el vehículo privado, hábitos de uso que hacen la vida más eficiente, saludable y colaborativa.
4. Atender en forma rigurosa el estado técnico-mecánico de los vehículos ya que el deterioro incrementa la contaminación y decrementa la salud.
5. Contemplar la posibilidad de realizar trabajo en casa, suprimiendo algunos viajes que puedan ser reemplazados por reuniones virtuales o teleconferencias.
6. Planificar los horarios sociales y laborales de tal manera que se evite el tiempo pico de la movilidad en masa.
7. Estimular una cultura de respeto a las normas que ordenan las relaciones propias de una movilidad que incremente el bienestar de la ciudadanía.
8. Tanto los vehículos, camiones, buses, automóviles, motos, bicicletas, como los peatones, tienen derecho a coexistir en la calle, derecho que trasciende al disfrute si la cortesía hace presencia.
9. Integrantes importantes de la sociedad como niños, ancianos, mujeres gestantes y personas discapacitadas, deben ser acogidas por todo el sistema de movilidad con paciencia y respeto; las autoridades tienen la obligación de velar por ellos.
10. Aumentar los espacios verdes en la ciudad, pues son sinónimo de aire sano y bienestar ciudadano, además son elementos determinantes del sistema de movilidad en términos físicos, ambientales, sociales y culturales.

 

* Participan de esta iniciativa las universidades de Antioquia, Universidad Eafit, Universidad Pontificia Bolivariana, Universidad CES, Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín, Universidad de Medellín, Universidad de Antioquia, Corporación Universitaria lasallista y la Escuela de Ingeniería de Antioquia. Un grupo de profesionales de algunas de ellas (Eafit, la Escuela del Hábitat de la Universidad Nacional, Universidad de Antioquia) elaboraron este decálogo.

 


 

Recuadro 3


La destrucción de un bien común

 

Nos adentramos ante una película de horror. El aire, aquello que hace décadas pensabamos que nunca sería privatizado, ahora ya lo es. Al hacerlo, destruyeron un bien común, como el agua. Contaminado, irrespirable, ya no es sustento de vida sino de muerte. Así terminó siendo producto del irracional e irresponsable proceder de industriales, urbanizadores, comerciantes, productores de vehículos –y usuarios–, gobernantes, etcétera.

 

De esta realidad, las ciudades y sus entornos, son la expresión más clara, expresión, además, de nuestra estupidez y de la manera prepotente de concebir la tecnología, no dispuesta al bien vivir sino a la acumulación y la renta, sin hacer caso de los límites, lo que nos lleva inexorablemente a la destrucción de las condiciones que permiten la vida, la trama de ella y de nuestra especie.

 

Como es conocido, todos los organismos vivos somos carbono, hidrógeno, oxígeno; el aire nos proporciona estos elementos de tal manera que podemos ser y estar en este mundo. Junto con el agua, el clima, los mares, la lluvia, el paisaje y toda la naturaleza, el aire constituye la base de nuestra existencia, así como la de todos los seres y las cosas del mundo. El aire y el agua son los bienes comunes por excelencia, esta mezcla de elementos son la garantía de la vida.

 

Sin aire limpio es imposible nuestra existencia, así lo recoge la Constitución Nacional en su Artículo 79. “Todas las personas tienen derecho a gozar de un ambiente sano. Es deber del Estado proteger la diversidad e integridad del ambiente, conservar las áreas de especial importancia ecológica y fomentar la educación para el logro de estos fines”.

 

Un ambiente sano es imposible sin aire limpio, contaminarlo y no velar por su calidad torna imposible una vida saludable y puede llevar a la muerte. Por ello su contaminación refleja con toda nitidez la crisis ambiental hoy expresada como crisis de la civilización humana, la cual solo tiene una alternativa de solución: una nueva cultura ambiental que rompa de manera radical con un estilo de producción y vida que es imposible, que no es ni sostenible ni sustentable.

Información adicional

  • Autor:JAVIER MÁRQUEZ VALDERRAMA*
  • Edición:234
  • Sección:Medio Ambiente
  • Fecha:Abril20-Mayo20
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