Viernes, 28 Abril 2017 17:22

A romper el ciclo de “más de lo mismo”

Escrito por CONSEJO DE REDACCIÓN DA
Valora este artículo
(1 Voto)

Colombia parece estar condenada a la repetición de los ciclos y a la monótona reedición de “más de lo mismo” en infinidad de aspectos de la vida nacional, política, sobre todo la electoral, que no escapa a esa repetición infinita donde las circunstancias son casi idénticas y los protagonistas parecen los mismos.

 

Empezando apenas el calendario electoral que da la señal de partida para la contienda presidencial de 2018, aparece el tema de los sobornos de la empresa Odebrecht y sus ilegales contribuciones a las campañas presidenciales de Juan Manuel Santos (2010 y 2014) y la de Oscar Iván Zuluaga en el 2014. Una vez más los implicados en esos escándalos, fieles a la tradición de sus antecesores en situaciones semejantes, niegan los hechos del tamaño de un elefante y se rasgan las vestiduras para probar su inocencia. Y en el mejor de los casos, cuando sea imposible ocultar la realidad, repetirán la frase acuñada por Ernesto Samper, cuando en 1994 su campaña presidencial recibió dineros del Cartel de Cali: “fue a mis espaldas”.

 

Ya veremos “más de lo mismo”, en un año o dos, cuando se destape la corrupción, los sobornos y las coimas que seguramente rodearán las campañas electorales que alistan baterías para las contiendas del 2018: la del Congreso y la presidencial. No es fatalismo ni pesimismo, es simplemente realismo ante la evidencia de que la política electoral agenciada por los partidos tradicionales ha sido y es, en lo fundamental, una vieja y consolidada empresa criminal contra el pueblo.

 

No obstante, lo predecible de la política colombiana no dejan de sorprender ciertos “logros” como el conseguido, hasta ahora, por el uribismo al ostentar el record de liderar de manera consecutiva cuatro campañas presidenciales sucias y sangrientas: las dos de Uribe en 2002 y 2006, la de su protegido, Juan Manuel Santos en el 2010 y la de su deplorable marioneta, Oscar Iván Zuluaga, en el 2014.

 

Lo realmente novedoso de la contienda electoral que se inicia es que en ella está de por medio la suerte del proceso de paz con las Farc, herido profundamente en su legitimidad luego de la derrota del SÍ en el plebiscito del 2 de octubre de 2016. Herida que pese al Acuerdo-reformado-firmado pocas semanas después (24 de noviembre) y al respaldo dado por el Congreso, no ha cerrado del todo.

 

Las Farc se han confinado en las zonas de desarme y desmovilización sin poder ocultar su preocupación y desconcierto por el incumplimiento de puntos de lo pactado para la fase inicial de la desmovilización y ante el peligro de incumplimientos mayores en el futuro. En el tortuoso proceso de implementación de los acuerdos en el Congreso se han hecho modificaciones de última hora que los farianos han tenido que tragarse. En lo que resta del actual gobierno la suerte del proceso de paz no será la mejor, pero más allá del 7 de agosto del 2018, podrá ser peor si gana Vargas Lleras o si gana una candidatura abiertamente uribista, sector político, que como es sabido, tiene sentenciado a muerte el proceso paz.

 

Por desgracia, en cambio, no son novedosos los asesinatos generalizados a todo lo largo y ancho del país de activistas sociales y luchadores populares (van más de 157) en el último año. Es como vivir lo sucedido en los años del exterminio de la UP, de los movimientos cívicos y de otras organizaciones políticas alternativas. Ahora, una vez más la campaña presidencial ya está manchada de sangre.

 

Ante las denuncias nacionales e internacionales de la evidente falta de garantías para la oposición de izquierda, el gobierno nacional responde con evasivas y niega, contra toda evidencia, el carácter sistémico de esta persecución, tal como lo hicieron otros gobiernos en los años ochenta y noventa del siglo pasado.

 

Una vez más ante la imposibilidad, por ahora y quién sabe por cuánto tiempo, de una alternativa popular, que ponga en peligro la hegemonía política y electoral de las elites dominantes, la posibilidad real de ganar la disputa presidencial parece reducirse nuevamente a las fracciones en que están divididas dichas elites: el uribismo y el santismo, restando sólo saber si la candidatura de Germán Vargas Lleras finalmente se inclinará más hacia Uribe o más hacia Santos.

 

Una vez más la coyuntura electoral encuentra a la izquierda perdida en el laberinto de sus propias limitaciones y aquejada de las viejas prácticas políticas que le restan posibilidades para concitar el apoyo del campo popular y menos aún de ganar el apoyo de millones de connacionales que sin ser de izquierda, padecen, sin saber las causas, las consecuencias del injusto orden social y el espantoso modelo económico neoliberal.

 

Realidad y reto

 

Mientras perviva la vieja política personalista, grupista e incluso sectaria, no exenta también de corrupción y el caudillismo –de los que se creen grandes barones electorales– la izquierda, a lo sumo, sólo fraguará transitorias y fugaces convergencias electorales, pero será incapaz de transformar sus prácticas, renovar su lenguaje y su estilo político a la hora de tener que llegarle y entusiasmar a las grandes mayorías. Será incapaz de constituirse en una alternativa de gobierno, esto es, en tener la fuerza para ganar una elección nacional al mismo tiempo que poseer la habilidad para articular lo electoral con la lucha de los movimientos sociales en los campos y ciudades del país.

 

Más allá de la ideología. Ser alternativa de gobierno depende, no tanto de la rigurosidad y claridad programática, sino de la capacidad para saber sintonizarse con las angustias y anhelos de la ciudadanía.

 

Tras esta sintonía necesaria, renovando y transformado la manera de hacer política, la izquierda podrá constituirse en una alternativa ética de gobierno que atraiga a las gentes hastiadas del robo, saqueo e ineptitud de los partidos tradicionales y de los gobiernos de turno.

 

Para ello son necesarias rupturas con los tiempos y las formas habituales de la política. Por ejemplo, propiciar que la mayoría social construya junto con los partidos y movimientos alternativos, los planes de gobierno, eligiendo al mismo tiempo a quienes desee sean sus candidatos y candidatas, tanto para presidencia como para el poder legislativo. Introducir el principio que, en el debate, selección y la definición de compromisos, nadie mande sin obedecer. Construir colectivamente una propuesta tal que, más allá del hecho electoral, sirva como plataforma y vía para salir a luchar cada día por un orden económico, social y político diferente, en una perspectiva de doble poder, emplazando al establecimiento a cumplir con el mandato social y popular. Así, el hecho electoral será un simple momento, una escala dentro de un largo recorrido que tiene claramente definido su norte.

 

Y así debe procederse, pues debemos comprender que ser alternativa de poder es algo muy distinto y mucho más exigente que ser una alternativa de gobierno. Seremos alternativa de poder cuando el bloque histórico popular esté en condiciones de quebrar la hegemonía política y cultural que las clases dominantes ejercen sobre el pueblo colombiano, lo cual pasa por derrotar el orden social imperante.

 

La hegemonía popular en lo político, lo ético, lo estético, lo técnico, lo ecológico, lo científico y lo cultural, será una nueva forma y contenido de organizar y dirigir la vida material y espiritual al servicio de la emancipación y el despliegue de las potencialidades humanas, es decir, de la vida buena y del buen vivir. Por lo tanto, no es ni será una cuestión que se ponga en juego en una simple jornada electoral, como creen el electoralismo y las estrechas concepciones liberales.

 

Empezar a hacer esta ruptura no es fácil, pues nada lleva a pensar que una izquierda que rehúsa desde hace bastante tiempo a transformarse y buscar una nueva forma de hacer política, lo vaya a hacer pronto, lo vaya a hacer de cara a las próximas elecciones del 2018 y que en lo mediato, llegue a ser una alternativa de gobierno.

 

No obstante, precisamente por ello, Desde Abajo, en unión con otras organizaciones políticas y movimientos sociales, persisten en orientar sus esfuerzos tras esa necesaria transformación, porque otra política y otra democracia pueden y deben ser posibles. Como esto nos tomará un tiempo en lograrlo hay que empezar cuanto antes. Entonces, ahí sí ...hablaremos del poder, del verdadero poder.

Información adicional

  • Antetítulo:DE NUEVO EN PLENA CAMPAÑA ELECTORAL
  • Autor:CONSEJO DE REDACCIÓN DA
  • Edición:234
  • Sección:Editorial
  • Fecha:Abril20-Mayo20
Visto 968 veces

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.