Sábado, 20 Enero 2018 10:35

Alias Grace

Escrito por Jhon Martínez
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Alias Grace

En junio del 2015, en el marco de un diálogo público titulado «El oficio de escribir», el escritor alicantino Javier Cercas hace una fascinante observación sobre la naturaleza de la novela Cervantina:

 

Para mí –dice– hay algo fundamental en la novela, en este artefacto que inventa este señor Miguel de Cervantes Saavedra, y es la ironía... ¿Qué es la ironía para este señor y luego para todos lo que venimos después? Muy fácil: Don Quijote está totalmente loco, pero al mismo tiempo está totalmente cuerdo. Don Quijote es un personaje totalmente cómico, totalmente risible, ridículo, pero al mismo tiempo es trágico; esa es la ironía, y eso es consustancial a la novela.... Y es (a su vez) un antídoto contra una visión dogmática del mundo en la cual sólo existe una verdad. Tú, precisamente –le dice a Vargas Llosa–, en un ensayo sobre Isaiah Berlin hablas de las verdades contradictorias; es decir, que dos cosas en aparente contradicción pueden ser verdad al mismo tiempo, y eso es lo que hace la novela...Por eso es por lo que la novela es peligrosa, porque enseña que el mundo es más complejo, que las cosas pueden ser de una manera y de otra.

 

En esto Vargas Llosa está completamente de acuerdo y lo complementa al decir que la novela pone en «duda nuestras certezas». Para estos escritores la importancia social de la novela radica en que esta pone en duda nuestras certezas sobre el mundo, permitiéndonos ver que es más complejo de lo que creemos al mostrarnos que detrás de lo aparente, de lo visible, del fetiche, diría Marx, se oculta la realidad sobre cómo funciona. Así, la buena novela, para aquellos, es aquella que plantea un problema, un interrogante, pero que, a diferencia de la ciencia, la novela no nos ofrece una conclusión, sino que deja que el lector sea quien la interprete. Es al lector a quien le toca decidir si el Quijote está loco o demasiado cuerdo, si el Jaguar (personaje de La ciudad y los perros) es el héroe o el villano, o si Enric Marco (personaje de El impostor, de Javier Cercas) es espantoso o genial, como escribió Vargas Llosa en un artículo con relación a esta última novela. Y eso, la capacidad de formular una pregunta y dejar que el lector sea quien encuentre la respuesta, señoras y señores, aunque parezca imposible al ser un elemento tan cervantino, lo encontramos en Alias Grace, una serie audiovisual canadiense de Netflix que se estrenó en noviembre del año pasado. Dicha serie está basada en la novela homónima de la escritora Margaret Atwood y no por menos ha llamado la atención de la crítica especializada.

 

En ese sentido, vale la pregunta, ¿cuál es entonces la problemática que nos planea Alias Grace con la cual pretende develarnos un mundo complejo? Simple: determinar si esta mujer, Grace Marks, es inocente o culpable del asesinato múltiple. Las historias suelen, y por ello hay tono un género, poner a un personaje encargado de resolver la problemática. El encargado en nuestro caso es el Doctor Simon Jordan, un psicólogo de los Estados Unidos que fue llevado al alto Canadá por el comité del pueblo para que en un informe determinara, en preferencia, su inocencia, lo cual analizaremos más adelante. Con la problemática planteada la historia no nos defrauda al ofrecernos una respuesta. El Dr. Jordan, al final, luego de haber entrevistado a Grace por varios días, de haber entrado en su vida a través de su propio relato y luego, como último recurso de naufrago desahuciado, permitir una sesión de hipnotismo, quedó incapacitado de presentar el informe ante los resultados de la investigación. De ese modo, la historia es quien deja que el espectador sea quien dé el dictamen. Y para nosotros, como espectadores curiosos, Grace Marks es culpable.

 

La asesina

 

En la primera escena de la serie, Grace Marks, vestida de sirvienta, se mira en un espejo y piensa en todo lo que se ha dicho de ella: que es, en el mejor de los casos, una inocente mujer que se dejó manipular de un hombre perverso o que es, por el contrario, una malvada arpía con el demonio dentro. Tanto se ha dicho de ella desde puntos tan disímiles que termina preguntándose «cómo puedo ser tantas cosas contradictorias al mismo tiempo»; y, sin embargo, a lo largo de la serie el espectador comprueba que estas verdades contradictorias definen al personaje de Grace. A grandes rasgos, su historia, tal y como ella misma se la cuenta al Dr. Jordan, es así: estamos en el nacimiento del siglo XIX. Grace es la hija mayor de una familia protestante la cual tuvo que salir de su lugar de origen, Irlanda, por una cruzada religiosa entre cristianos contra protestantes. Durante el viaje en barco hacia Canadá, luego de predecir su propia muerte tras ver en la proa a tres cuervos graznar, como señal de un mal augurio, la madre de Grace muere, al parecer, por un cáncer de estómago. Arrojada al auspicio de un padre violento y alcohólico, Grace llega a Toronto, una ciudad marginal, gaseosa y a la que va a definir como una Babilonia desconcertante, junto a sus cuatro hermanos, a quienes había deseado, en un lapsus mental cuando estaba en el barco, perderlos en el mar para así liberar cargas económicas. Sin la madre que lo controlara, el padre no sólo la maltrataba, sino que intentó abusar de ella. En una tarde, mientras el padre dormía, Grace tomó un objeto pesado y fulminante y sintió el impulso de matar a su progenitor, pero se detuvo ¿la razón? No quería cometer un pecado mortal. Al poco tiempo su padre la echó de la casa y Grace se convirtió en la mucama de una familia aristocrática. Sintiéndose sola y perturbada, Grace conoce allí a Mery Witney, una joven esbelta, alegre y de rasgos amerindios que la enorgullecen, ella es el personaje clave de toda la historia. Mery Witney es una sirvienta de familia de origen campesino que se considera así misma una rebelde en contra de la aristocracia y habla de William Lyon Mackenzie, un insurrecto que lideró la fracasada revolución contra la aristocracia, como de un ídolo al que hay que resucitar y vengar. Grace, que desconoce el mundo canadiense de la época, pero que vive todas las injusticias, es una estudiante que aprende las lecciones de Witney con entusiasmo.

 

Es Witney quien le enseña las canciones de la revolución, las hazañas y lecciones de William Lyon Mackenzie, pero, sobre todo, a odiar a la clase aristocrática no sólo por haber desterrado a la clase campesina pobre sino de aprovecharse de su condición de poder para mantener a la clase sierva sometida y empobrecida. Es también Witney quien le da una lección con su propia experiencia sobre cómo los amos, y la clase en sí, tratan a las mujeres siervas. Al poco tiempo de vivir juntas Grace percibe el cambio del comportamiento de la amiga, las noches fuera de la cama, los silencios, las náuseas, el miedo a perder el empleo y la vida. Witney estaba embarazada del hijo de sus amos. Sin más opción decide abortar, pero dicha operación es riesgosa, puede morir la mujer intervenida y Witney lo sabe bien. Tras la operación, sucede lo temido.

 

De nuevo sola, Grace decide marcharse de aquel lugar, entre otros motivos para huir del amo que, luego de usar a Witney, ahora la buscaba a ella, y se emplea en la finca del señor Thomas Kinnear, una de las víctimas mortales, un hacendado pretencioso que alardea el haber derrotado a los rebeldes, y quien es también conocido por mantener relaciones íntimas con sus siervas, comportamiento que Grace sólo padecerá con el paso del tiempo. Allí, en el nuevo trabajo, Grace conoce a la ama de llaves, Nancy Montgobery, la segunda asesinada, y al verdugo, el joven James McDermott, quien siempre renegaba que su jefe inmediato fuera una mujer.

 

Todo este relato lo conocemos por la misma voz de Grace, quien es interrogada en una serie de sesiones por el Dr. Jordan. Un aspecto muy interesante a lo largo de toda la narración de Grace es lo que cuenta y a la vez lo que oculta a su interlocutor. Por ejemplo, le oculta lo que piensa de las relaciones entre el siervo y el amo, es decir, de las relaciones de clase. Le oculta que odia limpiarles sus heces, estar sometida y que utiliza las revistas de moda, donde salen las imágenes de clase, para limpiarse su propio excremento; una actitud subversiva que revela su personalidad. Como ella misma nos lo confiesa, sólo dice lo que quiere escuchar el Dr. Jordan. Le dice que McDermott, cansado de las humillaciones de Nancy Montgobery y el señor Kinner, quiere vengarse matándolos, sobre todo cuando es despedido, pero dice que no le creía ya que lo consideraba un fantoche, hasta que realmente sucedió. También le dice lo mucho que le afectó saber que la señorita Nancy mantenía una relación íntima con el señor Kinnear y que, peor aún, quedara embarazada de este. Pero no sólo McDermott fue despedido, Grace también.

 

Sin embargo, el Dr. Jordan descubre otra versión de los hechos, la del joven McDermott quien afirmaba que en realidad fue Grace quien lo incitó a que asesinara a sus jefes prometiéndole casarse con él. Una versión en la que Grace no se ve tan inocente como se pinta ella misma y en la que utiliza su seducción para fines viles.

 

Luego del múltiple asesinato, el señor Kinnear recibe un disparo en el pecho y Nancy Montgobery es ahorcada con ayuda de Grace, según McDermontt, luego de que cayera por las escaleras del sótano, los implicados huyen del país, pero pronto son capturados en una fonda de mala muerte. McDermott es condenado a muerte mientras que Grace, quien siempre se defendió diciendo que olvidaba los hechos, es eximida de este castigo, pero la condenan a cadena perpetua, decisión que se mantuvo en firme hasta que, luego de diez años, el comité de la ciudad, como ya dijimos, reabre el caso con la intención de dejarla libre.

 

Hasta aquí los hechos nos muestran a una Grace inocente de la que sólo dudamos cuando se interpone el punto de vista de otro de los implicados. Es hora de las preguntas ¿Por qué el Dr. Jordan no puede dar un veredicto? ¿Por qué el comité del pueblo quiere eximirla de sus culpas? Y si en definitiva Grace es culpable ¿Cuáles fueron sus motivos?

 

En realidad, la historia de Grace no es otra cosa que la exposición de los motivos por los cuales ella es tan culpable del múltiple asesinato como el joven McDermott. En principio están la motivación de género. Durante toda la historia vemos cómo Grace es abusada, directa o indirectamente, por su condición de mujer por todas las figuras masculinas de autoridad con las que se cruzó: su propio padre, los amos donde trabajó como sirvienta, como el señor Kinnear, quien también intentó acosarla y, por último, los médicos del psiquiátrico donde llegó luego de ser acusada. Pero a este motivo se le suma otro igual de importante: los conflictos de clase. Como vimos, su íntima amiga Witney fue quien le ayudó a tomar una conciencia de clase y el comportamiento de sus amos no sólo le representaba un conflicto de género, sino que al mismo tiempo un conflicto de clase. Sentía ira al saber la injusticia que significaba que unos tuvieran tanto y otros tan poco, que unos hombres tuvieran que limpiarles la mierda a otros hombres. En conclusión, Grace tenía motivos suficientes para querer asesinar a sus amos luego de tantos años abusos e injusticias, aún más cuando fue despedida sin justa razón. Sin embargo, no por el hecho de tener motivos los humanos cometen este tipo de actos. Tienen que, a su vez, tener la capacidad de hacerlo y, por otro lado, ninguna razón moral y ética que se lo impida y como vimos al principio, Grace no pudo asesinar a su padre porque sus creencias religiosas se lo impedían. Pero la razón que le impidió cometer un pecado mortal es la misma que le permitió cometerlo. Es decir, cuando Grace descubre que Nancy y el señor Kinnear mantienen una relación pecaminosa, ella misma cree que debe pagar por ello. Esta es una razón que nos ayudaría a entender por qué quiso asesinar a Nancy. Pero hay otra razón, la razón de clase. Podríamos interpretar que para Grace el comportamiento de Nancy, intimar con el señor Kinnear y abusar de los demás trabajadores, era una traición a su clase. Si esto nos es suficiente para argumentar las razones de conciencia de clase y de género de Grace, sólo basta con darnos cuenta con quién termina casada Grace.

 

Lo demás sólo son detalles. Para no verse directamente implicada, pudiendo ella misma asesinar a sus amos con veneno, manipula a un hombre para que este lo haga por ella con sus armas de mujer venenosamente hermosa. Hasta aquí, todo nos parece obvio porque fácilmente se nos revela la culpabilidad de Grace (y con ello la naturaleza de la sociedad en que vivió). Y, sin embargo, aún falta resolver un interrogante de suma importancia que nos revela la ingeniosa mentalidad del personaje de Grace que, en esencia, fue magistralmente construido por Margaret Atwood y, muy bien recogida, por la directora Mary Harron: ¿Por qué el Dr. Jordan no pudo determinarlo así? Porque Grace, totalmente consciente de la imagen de la mujer en su sociedad, utiliza un elemento para despistarlos a todos. Luego de rendirse ante la evidencia, de confesarse incapaz de haber logrado que Grace, por un lado, recordara los momentos de olvido, o, por otro lado, que confesara su culpabilidad, acepta que un seudocientífico intervenga a Grace con una sesión de hipnotismo. En esta sesión, la supuesta verdad se esclarece. Quien habla tras cada pregunta no es Grace, sino el espíritu de su íntima amiga Witney que, tras fallecer, su alma invadió el cuerpo de Grace y confiesa que la manipuló para hacer que cometiera el múltiple asesinato. El Dr. Jordan entra en un dilema si creerle o no. Sin embargo, al saber nosotros como espectadores quién es el seudocientífico sabemos que todo es un montaje bien engranado. El comité, convencido de la inocencia de Grace, no pude hacer nada sin un fallo de autoridad. Pero ¿Qué fue lo que hizo Grace? Sencillo: representó la mujer que su sociedad le exigía. Es decir, ¿por qué el comité fue tan clemente con ella y no con McDermott? Porque era mujer. En la sociedad patriarcal en la que vive a la mujer, inferiorizada, se la considera incapaz de ser tan calculadora, inteligente y fría como para cometer tal acto. Sabiendo eso muy bien, Grace les da gusto y afirma que un ser exterior, un demonio (recordemos la primera escena de la serie) la manipulaba sin que ella fuera consciente de lo que hacía.

 

La importancia de las historias

 

Como dijo Javier Cercas en el ya citado dialogo con Vargas Llosa, la novela es ironía, nos presenta verdades contradictorias y pone nuestras certezas en duda. Pocas veces las producciones audiovisuales logran la profundidad que le es propia a las buenas novelas. Pero cuando lo hace, su impacto puede ser mucho más incisivo. En Alias Grace la verdad es que su protagonista es tanto culpable como inocente. O mejor aún, y he ahí la complejidad de la que es propia la novela, juzgar a Grace no es tarea fácil porque el crimen que cometió es el resultado de una sociedad injusta, machista y abruptamente desigual. Claro, ningún crimen se justifica, pero sí se logra comprender por qué se cometen y llegar a ese terreno, a ese punto de empatía con un asesino, puede ser peligro para una sociedad hipócrita. Pero por eso es que los narradores tienen predilección por los villanos, porque es en ellos que se busca descubrir la naturaleza del humano.

 

La realidad que narra Alias Grace sólo varía en forma con la sociedad actual de muchos lugares del mundo. ¿Cuántas empleadas de servicio doméstico en Bogotá no son maltratadas por sus empleadores? Sus vidas se desconocen porque ni siquiera su trabajo, en pleno siglo XXI, está regulado por el Estado. Las buenas historias, más allá de su forma novelística o audiovisual, nos permiten entrar en la complejidad de las vidas ocultas y entender cómo funcionan. Sin embargo, en Colombia hay pocas producciones que nos muestren las vidas de miles de mujeres de la ciudad y del campo que aún viven en dichas condiciones que parecen de siglos pasados. Se necesitan en el país historias que nos muestren la complejidad de nuestra realidad y pongan en duda nuestras certezas.

Información adicional

  • Antetítulo:MUJER ASESINA
  • Autor:JHON J. MARTÍNEZ
  • Edición:242
  • Sección:Televisión
  • Fecha:Enero 20 - Febrero 20
Visto 2066 vecesModificado por última vez en Sábado, 20 Enero 2018 19:53

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