Jueves, 26 Abril 2018 09:01

Hace setenta años

Escrito por Gonzalo Arcila Ramírez
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Hace setenta años

¿Si hace setenta años el asesinato de Gaitán fue un acontecimiento interpretado a la luz de la naciente Guerra Fría, por qué hoy cuando esa Guerra fue cancelada pacíficamente por la mediación de procesos tecno-culturales complejos, el destino inexorable de los colombianos deba seguir siendo “navegar sobre ríos de sangre”?


En su oración por la paz, el 7 de febrero de 1948, Gaitán dijo: “[...] no queremos que nuestra barca victoriosa tenga que navegar sobre ríos de sangre hacia el puerto de su destino inexorable”. Hoy, a los 70 años del asesinato del líder más importante que conoció el país durante todo el siglo XX, su metáfora: “navegar sobre ríos de sangre”, da cuenta precisa de cuanto nos ha sucedido.

Pero la metáfora sintetizaba también lo sucedido a los colombianos que escuchaban sus palabras en ese momento. La formación de la sociedad colombiana tiene en la invasión de estos territorios por el imperio español, y el sometimiento de los pueblos que los habitaban (la llamada Conquista) y en la consolidación de la Colonia, sus antecedentes más remotos. Las guerras de independencia y su prolongación en las guerras civiles del siglo XIX, eran los recuerdos históricos inmediatos de Gaitán y de quienes lo seguían. El recorrido histórico había estado efectivamente teñido por ríos de sangre, y lo terrible era que ese modo violento de actuar podía mantenerse.

Pero lo que en la conciencia colectiva de los colombianos pertenecía a una tradición propia, lo que podría denominarse nuestra excepcionalidad criolla, entró con el asesinato de Gaitán en la corriente general de los “ríos de sangre” que tiñeron el planeta durante la llamada Guerra Fría.

Los acontecimientos del 9 de abril de 1948, fueron considerados como una de las primeras manifestaciones de la Guerra Fría entre capitalismo y socialismo. Así, la condición aldeana de los colombianos se evaporó súbitamente: la aldea era todo el planeta, evidencia finalmente confirmada cuando la URSS puso en órbita un satélite de comunicaciones en el año de 1957.
La explosión de la tecnología de construcción y puesta en órbita de satélites de comunicación, colocó los referentes perceptivos de nuestra existencia en un orden que sintetizó el canadiense Marshal M’Luhan al decir que vivíamos en una aldea global.

En esa aldea global, los habitantes actuábamos como guerreros por el capitalismo o por el socialismo. Todo sacrificio parecía inteligible. Pero la confrontación por la victoria, comenzó a desarrollarse en otro ámbito: el científico-tecnológico.
En la década del 70, esa confrontación científico-tecnológica encontró un punto de inflexión: la invención del computador personal. Y al iniciarse la década del noventa se creó la WEB (la red). Tim Berners Lee quien la imaginó, contó el proceso de su constitución en el libro “Tejiendo la red” (Weaving the Web, Ed. Harper, 1999). La sociedad planetaria, además de imponerse a la conciencia inmediata como una aldea, comenzó a ser experimentada en el modo de un gran salón de intercambios y comunicaciones.
Fue precisamente ese orden cultural mediado por la tecnología, el que decidió la confrontación entre el llamado campo socialista y el capitalismo científico-tecnológico. El cuadro existente labrado en la puja de la Guerra Fría, se alteró de repente a fines de 1989. En contravía de quienes apocalípticamente profetizaban un holocausto nuclear, la confrontación se liquidó por la vía pacífica. Al comenzar la década del 90, en la aldea global lo dominante era el capitalismo. Por su parte, la sociedad colombiana comenzó la década final del siglo XX con una paz parcelada, una nueva Constitución y con el peso de una confrontación militar cuyos orígenes se remontaban al asesinato de Gaitán.

Llevamos setenta años navegando “sobre ríos de sangre” y este “destino inexorable” ahora puede abordarse como una experiencia a superar. El acuerdo logrado en La Habana, después de arduas negociaciones con los jefes de las Farc, a pesar de todos los recortes o “remiendos” sufridos por el mismo, permite pensar y obrar orientados por el proyecto de construir una sociedad en paz. Este acuerdo es reconocido con simpatía por nuestros vecinos y la comunidad planetaria.

La continuidad de las negociaciones en pro de una paz más amplia, esta vez por medio de un posible acuerdo entre el Gobierno y los insurgentes del Eln, abren una compuerta sobre los ríos de sangre, para que su corriente llegue a su final.

Pero hay en Colombia dirigentes que consideran inadmisible estas opciones. Quienes militan en el Centro Democrático y siguen las órdenes de Álvaro Uribe Vélez, consideran imposible que se pueda torcer el destino. Cuando Laureano Gómez en frase lapidaria dijo: “somos briznas en las manos de dios”, era fiel a esa tradición. En ella, la historia de la sociedad es la escritura de un Dios cuyos designios son inescrutables. En el horizonte de este tipo de interpretación, no hay nada nuevo bajo el inclemente trepidar atómico de la combustión solar.

En una primera mirada, estas claves comprensivas parecen operar de un modo irremediable para quienes están comprometidos con esa manera de obrar. Hace setenta años asesinaron a Gaitán y ese mismo acto incesante se prolonga hasta hoy a pesar de las posibilidades abiertas por el acuerdo de La Habana, y las negociaciones en curso con el Eln, para avanzar en la construcción de una sociedad en paz.

Nuestra trágica experiencia no tiene porque prolongarse como un destino irremediable. Es ya un tópico de nuestra cultura evocar las palabras finales de “Cien años de soledad” a propósito de las estirpes sin segundas oportunidades sobre la Tierra. Seguir en lo mismo en beneficio de los mismos ya no es una condena. Ahora podemos poner el debate en términos del fin de la historia como la hemos padecido y el comienzo de una experiencia histórica donde la actividad organizada y el compromiso de quienes mantienen la sociedad con su trabajo pueden convertir en dominante el proyecto de construir una sociedad en paz.

Información adicional

  • Autor:Gonzalo Arcila Ramírez
  • Edición:245
  • Sección:Persistencia memoria
  • Fecha:Abril 17 - Mayo 17 de 2018
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