Domingo, 09 Diciembre 2018 11:36

El héroe patético, el sistema injusto y las mujeres salvadoras

Escrito por Jhon Martínez
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El héroe patético, el sistema injusto y las mujeres salvadoras

Las paradojas de una serie donde el espectador odia al héroe desde los primeros capítulos, y donde un conjunto de mujeres recuerdan la opresión sufrida siglos atrás –sin superar aún hoy–, y cómo han logrado enfrentar y sobrellevar ese signo injusto impuesto por el poder realmente existente.

En una escena, Arnau Estanyol encabeza la arremetida contra el enemigo. Grita y alza los puños. Mas al llegar a una escalera para franquear las murallas del castillo, se detiene congelado por el frío de la muerte representada en un soldado enemigo que le apunta con una ballesta. Arnau cierra los ojos y, tras ver pasar toda su vida en frente, espera la muerte.

La escena, en la que el héroe de la historia está a punto de morir y el espectador, al parecer, sufre de angustia, es típica de una infinitud de producciones, sin embargo, aquí el espectador no siente compasión por el héroe, no le preocupa su posible deceso, muy al contrario, suplica que el enemigo tire del gatillo y acabe de una vez por todas con el héroe. Sí, así como se lee: en ese momento deseamos que Arnau Estanyol (Aitor Luna), hijo de Francesca Esteve (Natalie Poza) y Bernat Estanyol (Diego Grao), convertido en bastaxio, luego en burgués cambista, siempre (desafortunadamente) protagonista de la historia, sea atravesado por una flecha y con ello se termine la farsa que nos impone La catedral del Mar, serie de ocho capítulos producida por Netflix y basada en la novela homónima de Ildefonso Falcones, un bestseller en España.

Sin embargo, el capitán de la tropa detiene lo que podría haber sido un final feliz al asesinar al enemigo que apunta a Estanyol y así permite que continúe su farsa. Pero ¿cuál es esa farsa? Fácil: Arnau no es el héroe que se nos pinta, en sí, no es un héroe. “Esta es la historia –se nos dice en la introducción– de un hombre que convirtió en realidad aquel sueño” de levantar La catedral del Mar como símbolo de la constitución de la naciente burguesía enfrentada al poder de la nobleza: es decir, Arnau se supone que representa al gran héroe burgués que combatió al oscurantismo noble y toda su moralidad maloliente. Pero, en realidad, el resultado es menor a lo prometido. Arnau es un personaje débil, carente de motivos, de objetivos, cobarde, un personaje inacabado que, por tanto, no logra adquirir las habilidades y características para asumir el reto que le imponen. Nació campesino pero vivió la mayor parte de su vida en la Barcelona del siglo XIV. Es hijo de un fugitivo y sobrino político de un artesano que sueña con ser noble. Es, primero, un bastax, luego un cambista, pasa por barón y por último llega a ser consejero. Podría pensarse que son demasiados logros para un ser patético, sin embargo, ninguno de estos los consiguió como resultado de un objetivo que se haya planteado. Muy por el contrario, los adquirió por una inmensa suerte que lo hace aún más detestable.

 

Arnau o la falta de vida

 

Miremos: luego de incinerar a su padre, el cual colgaba del cuello por incitar una protesta contra la nobleza, Arnau corre hacia la catedral de la virgen del Mar huyendo de los soldados del rey. Ahí, un hombre está robando la abadía. Arnau lo confronta. El hombre lo golpea y lo deja inconsciente. Al despertar, Arnau se ve acusado por los soldados del rey de haber robado el dinero. En su bolsillo, los soldados encontraron una bolsa de dinero, los ahorros que su padre le había dado antes de morir. Afortunadamente la abadía, quien da nacimiento a la nueva virgen, tiene otra lógica e investiga y descubren que no fue Arnau, sino un Bastaix malo. Así, sin más, siendo el único niño con este título, coronan a Arnau como uno de ellos, como un baxtaix.

Esta misma estructura se repite, en mayor o menor medida, en todos los logros de su vida. Primero. Para convertirse en el adinerado cambista que llegó a ser, bastó con estar en el lugar correcto y en el momento indicado. Justo cuando una turba de cristianos estaba a punto de asesinar a una pareja de niños, él llegó para salvarlos. Sabrá Dios por qué es el único ser racional que comprende que los judíos no pudieron envenenar el agua, como los acusaban los cristianos, dado que ellos mismos mueren por montones. Así ¡oh! casualidad, los niños salvados resultan ser hijos de uno de los judíos más ricos de Barcelona, el cual, en efecto, lo convierte en cambista, uno de los oficios más apetecidos por ser quienes, nada más, nada menos, financian las guerras que orquesta la nobleza, principalmente el Rey. Es decir, el Rey termina siempre dependiendo de los cambistas.

Segundo. Más tarde, para convertirse en barón, bastó con encallar un barco en medio del mar y así retrasar el ataque del enemigo que amenazaba con destruir Barcelona. ¿De dónde surgió su valentía? Tal vez, de su experiencia como militar. Sin embargo, como esto no se desarrolla lo suficiente, no es creíble. La única vez que vimos a Estanyol en acción fue cuando se lanzó a los brazos de la muerte, es decir, en un gesto de cobardía. Aun así, tras encallar el barco y sorprender al enemigo, claro, el rey hizo barón a un Bastaixio por primera vez en la historia. Por último, para convertirse en consejero, el segundo puesto más importante después del Rey, bastó que los prohombres de la ciudad pusieran la mirada en él. ¿Tenía méritos? Por primera vez, sí. Su logro: abolir leyes que explotaban al campesino y mantenían improductivas las tierras.

El lector se preguntará: ¿cuál es el problema con la forma en que llegaron sus logros? Querido lector: estos eventos muestran un punto clave, el crucial: Arnau carece de vitalidad; sus logros no fueron el resultado de una búsqueda sistemática, consciente, sino por la divina gracia de un ser supremo, de su madre adoptiva la Virgen del Mar, de seguro. Al faltarle esto, por tanto, también carece de acciones estratégicas, de una mente zagas. Los grandes personajes se caracterizan por sus acciones o pensamientos disruptivos, en Arnau no está ni lo uno ni lo otro. Las acciones giran a su alrededor y él sólo se deja llevar.

 

Arnau o la renuncia a la vida

 

Pero sus defectos como personaje no paran ahí. Pintado como un gran revolucionario, Arnau no es más que un cobarde que siempre renuncia a sus convicciones y deseos. De niño, tras ser acusado injustamente de mal influenciar a su primo al llevarlo al mar y hacer que este cogiera hipotermia, Arnau admite su culpa y se resigna ante el poder. Se rinde. No es capaz de desenmascarar a su prima (la verdadera responsable) a partir de una estrategia meditada y arriesgada. Eso es impensable en el personaje de Arnau. Lo mismo va a suceder en los siguientes eventos: con un poco más de edad, Arnau es acusado de soltar las riendas del caballo de un hijo de Grau. Nadie lo duda. Su prima ha corrido el rumor de que él fue quien hizo que su hermano menor muriera. Pero no fue él, fue un trabajador asustado que creía que Bernat Estanyol le quitaría el trabajo. ¿Padre o hijo intentan desenmascararlo? No. Arnau es obligado a suplicar perdón. Su padre, un hombre que se autoproclama libre, lo impide. Le dice a Arnau que ya no son esclavos. Sin embargo, Arnau no resiste y termina arrodillado besando los pies de los nobles, eternos verdugos.

Otra escena. Arnau hace el amor con una hermosa mujer, Aleida. La ama. Quiere estar con ella. Sin embargo, su amor es prohibido. El padre de Aleida así lo estipuló y obligó a su hija a casarse con un anciano sin gracia y repulsivo, al que le es infiel con Arnau. Aleida le dice que se vayan de la ciudad, que rompan todas las tradiciones y vivan juntos en libertad. Ella está dispuesta a correr el riesgo de ser descubierta. ¿Qué hace Arnau? Se va a la guerra y renuncia a su amor por el peso de los valores de los que supuestamente va en contra, por el honor de la guerra de los nobles.

Más. Enamorado de Aleida, sin embargo, Arnau piensa en casarse con una desconocida, María. Los bastaixios lo presionan, le dicen que está muy viejo para estar sólo, que necesita una mujer. Pero sí él ama a otra. ¿Lucha por ello? No. Al poco tiempo, acepta el matrimonio. Aún más. El rey no sólo lo convierte en barón sino que al mismo tiempo le regala a la pupila (una noble) para que se case con ella, luego de que María falleciera por una peste. Arnau no quiere consolidar ese matrimonio. Ahora está enamorado de Mar, una niña que adoptó de pequeña y que ya grande, le pide que se vayan juntos al África, que busquen su libertad. ¿Qué hace Arnau? Se casa con la noble.

Por último. Tal vez en la mejor escena de toda la serie, vemos a Arnau, ejerciendo como consejero, ir al rescate de su amada Mar. Ella ha sido secuestrada y violentada por un caballero, un noble. Arnau se arma de fuerzas y va al rescate de la mujer. Llega al castillo y sale el verdugo de Mar. Dice que violó y secuestró a Mar porque la ama, y pide entonces que le sea dada en matrimonio. Arnau está confundido. Su hermano, un monje, quien representa la moral cristiana, le dice que eso es lo mejor para Mar, que debe entregársela en matrimonio al violador por el bien de la misma mujer y que las leyes así lo permiten. Saad, un árabe judío, representante de una moral más racional, le dice que, así lo digan las leyes, él no puede entregar a Mar a las manos de su verdugo. Arnau está confundido. En la decisión está en juego hacerle caso, bien a su hermano bien a su amigo, en ello está en juego la continuidad o la ruptura de una forma de comprender, de ser y de estar en el mundo. ¿Qué decide? Lo esperado. El noble violador se casa con Mar. Arnau se rinde ante la estructura.

Hechos como estos, que definitivamente definen la personalidad de Arnau, redundan en la serie junto con algunas pocas muestra de valentía por parte del personaje. Aún así, la gente los proclama, lo alaba. Es el héroe burgués de Barcelona. Sin embargo, hay que reconocerle algo al personaje. Cuando sucede un hecho, este no le es indiferente. Sufre. Ejemplo: entra en depresión cuando condena a Mar. Llora por abandonar a Aleida. Por lo menos.

 

Un salvavidas con forma de nobleza

 

Se sabe que el peor castigo para una historia (sea novela, serie televisiva, cuento, obra teatral, etcétera) no es una crítica, una reseña destructiva que resalte sus defectos. La peor muestra de repudio es la indiferencia. La razón es muy simple. Cuando castigamos “con el látigo de la indiferencia” lo que hacemos en realidad es negar la existencia. Peor aún, es más que eso, porque en el acto de negar ya hay un leve reconocimiento. Es, entonces, vivir como si no existiera. No comentarla, desplazarla del radar, es, en definitiva, la horca para cualquier historia en cualquier formato. La catedral del Mar, para el autor de esta reseña, estuvo a punto de recibir dicho trato sino fuera por dos salvavidas que merecen especial atención. El primero se refiere a la descripción sistemática y general sobre las formas de injusticia que recibían campesinos y clases bajas por parte de la nobleza.

En realidad, la serie se preocupa más por la caracterización del sistema medieval y su sarta de injusticias, donde los personajes son meras representaciones, que en narrar la vida de los personajes en estado puro, donde sus destinos se ven determinados por dicho sistema. En la serie, el sistema, cuyos artífices son la clase noble, tiene más vida que los propios personajes. Se muestra en detalle cómo la concepción católica permea de pies a cabeza el aparataje jurídico y la vida cotidiana del campo como de la ciudad. Es decir, lo que la iglesia católica definía como bueno y malo esto se expresaba en lo jurídico como el delito, el crimen o la seguridad. Así, si un campesino, como Bernat Español, escapaba del reino del noble al que pertenecía de inmediato era considerado un fugitivo. Pero las mujeres eran quienes más padecían este sistema de injusticias y la serie nos narra sus historias de una forma dramática. Al concebir a la mujer como la fuente principal del pecado, se promovía que el hombre la sujetara y controlara a partir del matrimonio, como lo explica Joan, el hermano de Arnau, un monje que se convertiría en un gran inquisidor al proyectar en los feligreses sus propios pecados. Así, si una mujer le era infiel a su marido, este tenía el derecho de encerrarla de por vida en un cuarto sin posibilidad ni siquiera de tratar con sus hijos. Igual de bellaco, si una mujer era violada, su verdugo podía esposarla con el permiso de la familia para que esta evitara el desprestigio que conlleva cargar con una mujer abusada, como le sucedió a Mar, hija adoptiva de Arnau. Los ejemplos son muchos y bien descritos. Además, a la nobleza se le perfila de una forma clara: una clase social sin racionalidad económica que prefiere producir en sus campos insumos como el algodón para la producción de bienes de lujo, o invertir en guerras, en vez de alimentos como el trigo. La nobleza es la mano opresora que le hace la vida imposible a Arnau durante toda su vida y por ella es que la Sagrada Inquisición pretende quemarlo vivo.

 

Un salvavidas con forma de mujer

 

Sin embargo, lo que más se puede rescatar de la serie es el papel de las mujeres representadas en la madre de Arnau, Francesca, en el amor imposible, Aledis, en la esposa noble, Elionor y en el espíritu joven, Mar, entre otras. Si bien todas ellas cobran sentido en su relación con Arnau, sin dársele independencia narrativa, son las únicas que cobran vida al tener objetivos disruptivos y estrategias desafiantes. Francesca es separada de su hijo y su esposo y por ello la sociedad la convierte en prostituta. Su lucha no será entonces la de encontrar a su hijo y rescatarlo, sino la de evitar que él sepa de su existencia y así con ello evitarle una vergüenza insoportable. Aledis no se rinde a su amor así este la haya abandonado para irse a la guerra. Ella escapará de una vida de encierro por serle infiel a su marido, caminará por el desierto, montañas, y prados y será violada, todo por encontrarse con Arnau. Lo único que la separará de él, será la muerte. Elionor recurrirá a cualquier medida con tal de que Arnau le de un hijo y así quedarse con la herencia de éste. Por último, Mar evitará a toda costa casarse con cuanto noble se le presente. Su único amor es Arnau.

Como se ve, quienes rodean a Arnau son mucho más interesantes que el mismo personaje, están dotados de carne y hueso. Y si ahondamos en la escena en la que Arnau se lanza de brazos abiertos hacia la muerte, podríamos decir que, en realidad, para ese momento, no hacía falta que le clavaran una flecha en la cabeza para saber que ya estaba muerto, si es que alguna vez tuvo vida.

Información adicional

  • Autor:Jhon Martínez
  • Edición:252
  • Sección:Televisión
  • Fecha:Noviembre 20 - Diciembre 20 - 2018
Visto 77 vecesModificado por última vez en Domingo, 09 Diciembre 2018 11:42

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