Domingo, 09 Diciembre 2018 14:00

La guerra sicológica reciente en Colombia

Escrito por Wilmar H. Castillo A.*
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La guerra sicológica reciente en Colombia

El presente artículo, aborda la guerra sicológica en el contexto colombiano con el ánimo de aportar a su comprensión y efectos en la población, a partir de dos actores de la ultra-derecha que incluyen en su discurso intenciones políticas definidas.

 

En la guerra como en el amor, todo se vale. Un mensaje muy explícito del dicho popular que nos recuerda alguna táctica empleada para enamorar a la persona que nos gustaría fuera nuestra pareja. En la guerra, en cualquier parte del mundo, también son múltiples y diversas las tácticas empleadas para ganar la confrontación. Los fusiles no son las únicas armas, también el dibujo, el texto o el mensaje radial son armas letales que apuntan al corazón y mente de los sectores-blanco.

Esto se conoce como la guerra sicológica. Cualquier mensaje mediático puesto en función de ganar el conflicto armado, por eso se busca que en el adversario se cultive el sentimiento e idea de derrota y generar la idea y sentimiento de victoria para el caso contrario. También en este eje militar se tiene el carácter de ser defensiva u ofensiva, dependiendo de la estrategia empleada y del desarrollo de la confrontación.

En Colombia tenemos una particularidad en la aplicación de la guerra sicológica, no entre la guerrilla y las fuerzas militares del Estado, sino direccionada a la población que está al margen de los tiros y bombardeos. A los sectores que están en las ciudades –la mayoría– y en el campo, un porcentaje reducido, les han disparado desde las pantallas de televisión, micrófonos de radio e imágenes en distintos formatos, ideas con objetivos políticos definidos. Antes de abordar dos actores concretos de la vida política y social colombiana, como lo son el partido Centro Democrático (CD) y el grupo neo-paramilitar Águilas Negras (AN), hay que retomar principios de la propaganda de guerra utilizada en conflagraciones de la historia, como la Primera Guerra Mundial.

En ese conflicto armado europeo, con importantes incidencias en el resto del mundo, surgió, por parte de Inglaterra, un paquete de reglas a seguir para ganar la guerra:

1. “Nosotros no queremos la guerra”. 2. “El enemigo es el único responsable de la guerra”. 3. “El enemigo es un ser execrable”. 4. “Pretendemos nobles fines”. 5. “El enemigo comete atrocidades voluntariamente. Lo nuestro son errores involuntarios”. 6. “El enemigo utiliza armas no autorizadas”. 7. “Nosotros sufrimos pocas pérdidas. Las del enemigo son enormes. 8. “Los artistas e intelectuales apoyan nuestra causa”. 9. “Nuestra causa tiene un carácter sagrado, divino, o sublime”. 10. “Los que ponen en duda la propaganda de guerra son unos traidores”1.

Al revisar algunos de estos principios, es posible relacionarlos con la práctica comunicacional de los actores ya mencionados. Al fijarse en los principios 2, 3, 4, 9 y 10 del decálogo, puede analizarse el quehacer de la propaganda y mensajes usados por el CD y AN, el primero en determinadas coyunturas (como las elecciones presidenciales, o en su discurso contra el proceso de negociación de La Habana entre las Farc y gobierno Santos); el segundo dentro de su campaña permanente de amenazas y señalamientos contra miembros de partidos de izquierda, periodistas y movimiento social-popular.

Es así como, en las elecciones presidenciales del 2018 el CD usó en su campaña la crisis económica venezolana para mostrarla como una consecuencia que sufriría el país si no ganaba el candidato Iván Duque. Con el mensaje “no quiero vivir como venezolano” se pretende relacionar en la mente de las personas el modelo progresista venezolano como la causa de la crisis económica que padece ese país, la que podría repetirse en Colombia si llegara a ganar uno de los candidatos que disputaba la presidencia, en este caso Gustavo Petro, del movimiento Colombia Humana, a quien dentro de la misma campaña incluían como representante de la ideología y modelo económico en cabeza del comandante Hugo Chávez.

En esa frase de cinco palabras, se denota la clara intención de afianzar un “enemigo” del estilo de vida colombiano y del modelo económico en los individuos, al cual hay que frenar en las urnas. Para este caso, se enfatiza en los “efectos” que produjo el modelo progresista venezolano, el cual tiene un responsable y es por ende enemigo de Colombia. Ahora bien, los nobles fines que el CD ofrece al individuo se identifica en el carácter incluyente de construir un futuro entre todos, al decir en la vaya: “el futuro es de todos”.

Esa generalidad evoca una falsa participación en la propuesta política del candidato presidencial, que sin embargo no se prioriza en el mensaje sino, por el contrario, está en segundo plano, porque la idea principal es recalcar en los males que podrían llegar a la sociedad si no se opta por el CD.

Por otro lado, cuando se firmaron los acuerdos de La Habana y se siguió con el plebiscito para que las personas votaran si apoyaban o no este paquete de acuerdos, surgieron mensajes en contra de las Farc. Sin firmar el mensaje, la valla que apareció en Santa Marta con la pregunta de si quería que Rodrigo Londoño “Timochenko” fuera el presidente de Colombia, dando las opciones del si y no con un diseño particular en ambas palabras, en la que se puede ver la inclinación hacia el No, con los colores de la bandera de Colombia, mientras se muestra a Rodrigo Londoño serio, con mirada intimidante, junto al símbolo del comunismo, el nombre de las Farc y a los símbolos de Cuba y Venezuela, clara mención a la campaña del castro-chavismo usada por el CD al referirse contra estos modelos de sociedad socialistas y progresistas.

Aquí se continúa reproduciendo la imagen del “enemigo” de la sociedad: las Farc y sus integrantes, complementando así el principio 2 que enmarca al adversario de ser criticado, señalado, dañado e incluso tratado como el único responsable de futuras consecuencias negativas para la sociedad si llegara a ser elegido en las urnas (principio 3).

Ahora bien, antes de abordar a las AN debe quedar como guía en este punto del artículo el factor tiempo de la guerra, y los efectos que este factor tiene sobre los pueblos que viven un conflicto armado. Ya según Carrillo:

La guerra trastoca todos los vínculos del hombre y el resultado lógico de ello es un estado particular en la población que se traduce en una desconfianza recíproca colectiva, especialmente en los primeros tiempos. En esa misma medida, el autor hace un recorrido por los diferentes efectos que hay en la población durante la guerra y llega a un punto en el que la prolongación de ésta produce en los individuos una visión del mundo cortoplacista, a decir del autor […]. La población cae en la indiferencia y en la falta de entusiasmo. La gente ya no siente preocupaciones. El “qué me importa”, el “quémeimportismo” aparece nítidamente2.

Teniendo en cuenta la duración de más de 50 años de la guerra en Colombia, el estado descrito por Carrillo es aprovechado por los actores políticos mencionados para fecundar otros sentimientos, como el miedo, la rabia, la inseguridad de sí mismo, y se ahonda en la desconfianza. Claro está, no solo se promueve esto a través de los mensajes constantes de los medios masivos de información, se suma a ello las condiciones de miseria que obligan a trabajar informalmente para buscar algún recurso que solvente las necesidades básicas al día, lo que acorta la visión de futuro y remite a un inmediatismo que cierra las puertas a la reflexión crítica de la realidad, exponiendo al individuo a las ideas emanadas desde determinados actores de la sociedad, como partidos políticos, ministros, miembros de las fuerzas militares, periodistas, expertos en temas específicos u otros referentes de opinión.

Ante esta realidad y con tal propósito, los actores en conflicto ven necesario ampliar los sentimientos del miedo y la rabia; los dos actores ya citados juegan con ambos sentimientos en una amalgama de estados donde se transita de uno a otro permanentemente. Continuando con los aportes de Carrillo: el miedo aparece cuando […] el instinto de conservación se ve acosado por un hecho exterior que amenaza la integridad física o moral del individuo. El que tiene miedo, ya se sabe, pierde toda posibilidad de defenderse3. Aparecen, entonces, los referentes de opinión convertidos también en protectores y garantes de la seguridad individual y colectiva, como las fuerzas militares o el presidente del CD, Álvaro Uribe convertido en símbolo de seguridad para sus seguidores.

Por el otro lado, está la rabia que se produce cuando a un pueblo le restringen una acción, objetivo o deseo que le beneficia para su vida4. En esto ha sido incisivo el mismo CD al declarar de facto a las Farc, y a otros actores de izquierda en Colombia y Latinoamérica, como responsables de empobrecimiento, violencia directa, factores que restringen la aplicación de las políticas neoliberales. Así mismo, las AN se alinean en el objetivo de incentivar el miedo y la rabia entre las personas, como puede concluirse al revisar el discurso de sus amenazas que aparecen en ciertos momentos, dirigidos a actores específicos.

Veamos estos dos ejemplos de panfletos firmados por las AN, donde amenazan al pueblo indígena y a miembros del movimiento social, periodistas y Ong’s:

Obviando el nivel de violencia que resalta en el lenguaje de este grupo, es clara la intención de sembrar miedo en sus víctimas al afirmar el conocimiento sobre la vida personal, laboral, cotidiana. Ya que, a los actores sociales que mencionan son individuos y procesos críticos al modelo económico, otros son críticos de los partidos políticos tradicionales, como también son actores del movimiento social que confrontan al modelo económico por medio de acciones colectivas directas.

¿Qué tienen en común estos dos actores en materia
de propaganda?

El anticomunismo, se expresa en ambos discursos; infundir rabia contra los actores de izquierda resalta en la intención de las campañas ya mostradas, y los intereses de defender las políticas que benefician a la derecha, así evidente cuando se menciona el “desarrollo”, “progreso” o se menciona a un país que tiene un modelo social no capitalista.

Ahora bien, estos factores en común sustentan el despliegue mediático que a continuación se explicará por medio de métodos de la guerra sicológica que también hacen parte de lo común entre las AN y el CD, que fueron encontrados en el excoronel Fernando Merino.

Existen técnicas especiales de propaganda que el autor explica y para el tema del actual artículo se identifican en los casos abordados. El primero de ellos, es la simplificación del mensaje, cuyo carácter afirmativo busca evitar la duda en el público objetivo del mensaje; por el contrario, despierta la sensación de verdad en lo que menciona. La simplificación del mensaje, pretende alcanzar tres aspectos fundamentales: busca pensar por otros, ya que se parte de la premisa de que las personas no consultan o investigan la información recibida o contrastan fuentes para comprobar por ellos mismos la información, y este rasgo se afianza si la fuente es aceptada por el público. El ser conciso también aparece aquí como fundamental, ya que se da la impresión de dar en el corazón del problema o asunto mencionado con pocas palabras, enmarcando el contenido en un aura de autenticidad; el tercer aspecto es demostrar la seguridad del autor en sí mismo, lo que no demanda explicaciones que refuercen la afirmación5.

La segunda técnica que se trae a continuación es la gente sencilla, donde se aconseja usar palabras, dichos, entonaciones del hablar cotidiano del público, con el ánimo de estrechar una identidad entre el emisor y el público al que va dirigida la propaganda. La afinidad que se establece por medio del mensaje es posible en gran parte por el uso de esta técnica.

Para terminar, los apelativos son el otro recurso implementado y enseñado por Merino, acorde a los mensajes de las AN y el CD, pues estas etiquetas son utilizadas para desprestigiar a alguien a través de algo que el público odia o teme. Aunque este odio y miedo puede ser infundado a propósito entre las personas, para seguir explotándolo con los apelativos en determinadas coyunturas y virajes que aparecen en el desarrollo de la guerra6.

Estas técnicas se entretejen en los mensajes de estos actores de la vida política colombiana, dentro de la guerra interna, con la doble intención de implantar el miedo y la rabia entre las comunidades, poniéndolas en contra de las Farc, movimiento social, movimiento ambiental, periodistas críticos al modelo económico vigente, defensores de Derechos Humanos y todas aquellas personas que no se alinean con los intereses, valores e ideología de lo conocido como “derecha”.

* Secretaría de Formación y Comunicación Coordinador Nacional Agrario.


1 Bacchiega, Julia (2014). “La propaganda gráfica como un arma sicológica en el transcurso de la gran guerra”. Revista Relaciones Internacionales, Nº 47 (Segmento Digital). Instituto de Relaciones Internacionales –UNLP–, p. 8.
2 Carrillo, Ramón (1950). La guerra psicológica. (Versión taquigráfica tomada por la Subsecretaría de Informaciones de la Nación, durante las tres clases pronunciadas en 1950 ante los señores jefes y oficiales de la Escuela de Altos Estudios. Integra la serie de sus exposiciones en diversos ámbitos que fuera compilada como Contribuciones al Conocimiento Sanitario del Hombre). p.7.
3 ibíd., p. 10.
4 ibídem.
5 Merino, Fernando Frade. La guerra sicológica (1994). Editorial Pleamar. Argentina.
6 ibídem.

Información adicional

  • Autor:Wilmar H. Castillo A.*
  • Edición:252
  • Sección:Comunicación
  • Fecha:Noviembre 20 - Diciembre 20 - 2018
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