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Martes, 19 Marzo 2019 11:02

¿Tocar fondo... y seguir cavando?

Escrito por Serge Halimi
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Adriana Gómez,  en la serie “Asombrados” (Cortesía de la autora)Adriana Gómez, en la serie “Asombrados” (Cortesía de la autora)

“Lo peor no ha llegado mientras pueda decirse: ‘Esto es lo peor’”. Estos días, la diplomacia francesa nos recuerda ese verso de El rey Lear. Al finalizar el quinquenio de François Hollande, creíamos haber tocado fondo (1); algunos predecían incluso un arranque de orgullo. Después de todo, ya que Estados Unidos expresaba su soberano desprecio hacia las capitales europeas, su deseo de liberarse de las obligaciones del tratado de la Alianza Atlántica, ¿por qué no aprovechar la ocasión para abandonar la OTAN, renunciar a la política de sanciones contra Moscú e imaginar la cooperación europea “del Atlántico a los Urales” con la que soñaba el general De Gaulle hace sesenta años? ¡Libres, finalmente, de la tutela estadounidense, y adultos!


Intervencionismo


Ratificando la autoproclamación de Juan Guaidó como jefe interino del Estado venezolano, con el pretexto de una vacante en la Presidencia que sólo existe en su imaginación, París se puso una vez más a disposición de la Casa Blanca y dio su aval a lo que se asemeja a un golpe de Estado. La situación en Venezuela es dramática: inflación galopante, subalimentación, prevaricación, sanciones, violencia (2). También lo es porque una solución política choca actualmente con la sensación de que cualquiera que se subleve contra el poder, o pierda el poder, corre el riesgo de terminar tras las rejas. ¿Cómo pretender que los dirigentes venezolanos no tengan en mente el caso del ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, inhabilitado para presentarse como candidato en una elección presidencial que probablemente habría ganado, y condenado a veinticuatro años de prisión?


La decisión de Francia infringe la regla que establece que París reconozca Estados, no regímenes. Al mismo tiempo, conduce también a Emmanuel Macron a fomentar la política incendiaria de Estados Unidos, ya que la proclamación de Guaidó fue inspirada por los hombres más peligrosos de la administración Trump, como John Bolton y Elliott Abrams (véase el artículo de Eric Alterman, página 20). Por lo demás, nadie ignora que el vicepresidente estadounidense Michael Pence informó a Guaidó que Estados Unidos lo reconocería... la víspera del día en que se proclamó jefe de Estado (3).


El 24 de enero pasado, Macron exigió “la restauración de la democracia en Venezuela”. Cuatro días más tarde, llegaba alegremente a El Cairo, muy decidido a venderle algunas armas más al presidente egipcio Abdel Fatah al-Sisi, autor de un golpe de Estado seguido inmediatamente por el encarcelamiento de 60.000 opositores políticos y la condena a muerte de su predecesor libremente elegido. En materia de política exterior que pretende ser virtuosa, ¿puede hacerse algo peor?

 

1. Véase Dominique de Villepin, “Francia gesticula… pero no dice nada”, Le Monde diplomatique, edición Colombia, diciembre de 2014.
2. Véase Renaud Lambert, “Contrarrevolución en la contrarrevolución”, y Temir Porras Ponceleón, “Venezuela en un callejón sin salida”, Le Monde diplomatique, edición Colombia, diciembre de 2016 y noviembre de 2018, respectivamente.
3. Véase Jessica Donati, Vivian Salama y Ian Talley, “Trump sees Maduro move as first shot in wider battle”, The Wall Street Journal, Nueva York, 30-1-19.

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Gustavo Recalde

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