Lunes, 01 Abril 2019 08:50

Canasta básica familiar (CBF) y pauperismo en Colombia, 1998-2019

Escrito por Libardo Sarmiento Anzola
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Canasta básica familiar (CBF) y pauperismo en Colombia, 1998-2019

En 2019, la nueva canasta básica familiar (Cbf) dada a conocer por el Dane en enero pasado, le cuesta a un hogar promedio –integrado por cuatro personas– $ 3.488.577 mensuales. El hogar requiere de 4,2 salarios mínimos legales (SML 2019=$828.116) para la adquisición de todos los bienes y servicios necesarios y vitales. En este artículo se analiza el valor de canasta básica familiar (Vcbf) y su relación con el valor de la fuerza de trabajo (Vft) y el salario mínimo legal (SML) para determinar el grado y evolución del pauperismo en Colombia.

 

El tiempo cambia y con él los consumos y las necesidades humanas en general. Para dar cuenta de ello el Dane actualiza cada 10 años la Canasta Básica Familiar (Cbf). Es así como en enero pasado oficializó una nueva, la que incluye otros productos y excluye algunos de los contenidos por la canasta que sirvió como referente desde 2008. La canasta se actualiza a través de la Encuesta Nacional de Presupuesto de los Hogares la que, según Juan Daniel Oviedo, director del Dane, se lleva a cabo durante 14 días consecutivos y en la cual se miden ingresos vs gastos, logrando así reflejar los productos y las cantidades que consumen las familias día a día.

 

La Cbf se actualiza con el fin de dar una base actual y precisa a la medición del Índice de Precios al Consumidor, referente para medir la variación de los precios de los bienes y servicios, y de brindarle insumo a los hogares, trabajadores, empresas y autoridades económicas para tomar decisiones. La nueva Cbf: i) transformó los pesos de las categorías de gasto (debido a los cambios en las tendencias de consumo); ii) amplió la cobertura geográfica de 24 a 38 ciudades; iii) desagregó aún más los resultados: de 9 grupos a 12 divisiones de gasto; iv) amplió el número de artículos incluidos a 443.

Con otras posibilidades


Al equiparar el valor de la fuerza de trabajo familiar (Vftf) con el valor de la canasta básica familiar (Vcbf) se establece la capacidad adquisitiva del SML respecto a tres niveles de necesidades de artículos de consumo por parte de las familias de la clase trabajadora: i) necesidades fisiológicas (NF): el valor de los medios de subsistencia físicamente indispensables; ii) necesidades imprescindibles (NI): el nivel de necesidades percibido como esenciales por el hábito, la costumbre, las expectativas, la cultura y el grado de desarrollo del país (NI); iii) necesidades sociales (NS): comprende el nivel de necesidades del trabajador como ser socialmente desarrollado y las exigencias acordes con su dignidad y los requerimientos históricos para el florecimiento humano y social integral.

Todo esto con una particularidad: dejando de lado la formalidad constitucional, en la realidad cotidiana la población colombiana no vive ni trabaja al amparo de un Estado social y democrático de derecho. A la clase trabajadora le ha tocado en suerte es más bien una combinación del sistema premoderno y colonial de adjudicación estratificada de necesidades con el mecanismo cuantificador del mercado1. En tanto las capacidades y necesidades ontológicas (esenciales e históricas) no son satisfechas, el ser humano se encuentra en permanente conflicto con su existencia (facticidad)2. Estas brechas entre los diferentes niveles de necesidades (NF, NI, NS) y los ingresos permite calcular los índices de sufrimiento social y pauperización que afectan a la clase trabajadora. Al relacionar el SML con el Vcbf podemos establecer el «grado de pauperización» de los trabajadores como la relación (Vcbf-SML)/SML.

 

 

Economía política de la clase trabajadora

 

La producción de la fuerza de trabajo es un aspecto de la reproducción biológica, social, cultural, política, geográfica e histórica de los trabajadores como seres humanos provistos de dignidad, sea cual sea el «nivel de vida».

El valor de la fuerza de trabajo (Vft) está determinado, como en el caso de cualquier otra mercancía, por el tiempo de trabajo de producción de las mercancías necesarias para su producción y, en consecuencia, también para la reproducción. El salario, por tanto, no sólo debe cubrir las necesidades del trabajador individual, del mismo modo debe satisfacer la triada pretensiones-necesidad-carencia de su familia. Así, es más coherente hablar acerca del valor de la fuerza de trabajo familiar (Vftf), en cuanto la familia constituye la unidad en la cual se produce y reproduce la fuerza de trabajo. En consecuencia, podemos asumir que el Vftf es equivalente al Vcbf.

Las necesidades de la clase trabajadora y sus familias dependen, en una gran parte, del grado de desarrollo de las fuerzas productivas y del nivel de desarrollo alcanzado por el país; en especial, dependen de las condiciones en que se ha formado la clase de obreros libres y, en consecuencia, de las costumbres, hábitos, deseos y expectativas con que se ha desarrollado esta clase (NI). En resumen, la serie de valores que necesita un trabajador para reponer su fuerza de trabajo no es precisamente un mínimo para la subsistencia física o fisiológica (NF).

No obstante, en las sociedades capitalistas se tiende a violar y transgredir este umbral establecido por la naturaleza. Así, por ejemplo, según el Dane, en Colombia la incidencia de la pobreza extrema, que mide el porcentaje de la población que tiene un ingreso per cápita en el hogar por debajo de la línea de pobreza extrema (canasta básica alimentaria), afecta a 16 por ciento de los hogares, esto es, padecen hambre crónica3. Al gravar con el 19 por ciento (IVA) los artículos de la canasta básica familiar, la clase dirigente profundiza las penurias de la clase trabajadora y condena a la muerte a los sectores excluidos.

Es necesario enfatizar, entonces, que la idea de valor de la canasta básica familiar (Vcbf) se utiliza en el terreno de la economía para nombrar a un conjunto de productos y servicios que se consideran esenciales o vitales para la subsistencia y el bienestar de los integrantes de una familia. La alimentación, la salud, la educación, la vivienda, los servicios públicos domiciliarios, el transporte y la cultura son, entre otros, elementos contemplados en la canasta básica. En congruencia con lo planteado, teórica y normativamente se establecen las siguientes igualdades: Vftf=Vcbf=SML, si el SML< Vcbf la clase trabajadora presenta algún grado de pauperismo.

La Cbf se confecciona con el objetivo de estimar el gasto que un grupo familiar promedio debe realizar para satisfacer sus necesidades imprescindibles (NI). La Cbf además de aludir a las NI de la clase trabajadora, del mismo modo es punto de referencia para determinar el valor del salario mínimo legal (SML), el trabajo necesario (t), la jornada de trabajo (d), el nivel de productividad (q), los excedentes económicos (s=d-t)), la productividad relativa del trabajador (Vcbf/q), la tasa de explotación (s/t) y el grado de pauperismo (Vcbf-SML)/SML.

Todo esto sucede, resaltemos, en medio de un sistema que no tiene por fin la satisfacción de las necesidades de la clase trabajadora, sino la obtención de ganancias o excedentes (s), lo que provoca reacción-resistencia de su contraparte. El capitalista pugna en todo momento por reducir los salarios a su mínimo físico o menos (NF) y prolongar la jornada de trabajo hasta su máximo físico (d max). La clase trabajadora presiona constantemente en sentido contrario, esto es, busca elevar su salario real y conducir el aumento de la productividad (q) que acrecienta la brecha entre el tiempo de trabajo total (d) y el tiempo de trabajo necesario (t) hacia el «reino de la libertad», bien sea mediante la reducción de la jornada de trabajo (<d) o="" con="" la="" disponibilidad="" de="" más="" tiempo="" libre="" dedicado="" a="" su="" propio="" «florecimiento="" humano»,="" sus="" familias="" y="" comunidades4.<="" p="">

El resultado dinámico de este antagonismo lo dirime la lucha incesante entre el capital y el trabajo. Cuando el derecho no es eficaz, se impone la ley del más fuerte. El poder del capital, de una parte, y la débil influencia de los trabajadores, de otra, conducen a la pauperización de la clase trabajadora5.

No es casual, por tanto, que en Colombia, caracterizada por tener una clase trabajadora con baja conciencia de clase, poco unida y desorganizada, el 80 por ciento de los ocupados devengue menos de dos SML (el 8% devenga un SML y otro 44% ni siquiera alcanza al mínimo), ni que el 90,2 por ciento de los hogares sobreviva con un presupuesto “apretado”, permanezcan endeudados y registren algún grado de pauperismo o fragilidad en la satisfacción de sus necesidades imprescindibles (NI). Según la Encuesta Nacional de Calidad de Vida que desarrolla el Dane, apenas el 9,8 por ciento de los hogares colombianos lleva una vida holgada: además de cubrir los requerimientos de la canasta básica familiar, sus ingresos le permiten contar con un excedente para ahorrar o invertir.

El Vftf contiene un elemento histórico, social, cultural, económico, político y ambiental, por tanto depende de las necesidades sociales (NS) y las fuerzas productivas desarrolladas históricamente. Es por ello que la Cbf se transforma cualitativa y cuantitativamente en el tiempo y difiere de un lugar a otro. Las necesidades sociales evolucionan, son crecientes, más complejas y heterogéneas. En la misma medida que aumenta y se transforma la producción económica, aumentan también las necesidades, deseos, pretensiones y carencias de las clases trabajadoras; por lo tanto, la pobreza relativa puede aumentar mientras disminuye la absoluta6.

En paralelo, el capitalismo crea inevitablemente y mantiene un conjunto de trabajadores bien sea desempleados o parcial e informalmente empleados (el ejército industrial de reserva) que, en unión con las limitaciones dadas por consideraciones de rentabilidad, la competencia y la movilidad de capitales, impide necesariamente a quienes venden su fuerza de trabajo que aumenten sus salarios reales más rápidamente que la productividad. Los salarios reales pueden aumentar siempre y cuando no interfieran el proceso de acumulación de capital. Los salarios pueden subir si crece el capital productivo, pero aunque los goces de los obreros hayan aumentado, la satisfacción social que producen ahora es menor, comparada con los goces mayores de los capitalistas, inasequibles para las clases trabajadoras, y con el nivel de desarrollo de la sociedad en general (Y² >Y¹).

La relación entre nivel de vida, salarios y desarrollo de las necesidades sociales se simboliza en el siguiente plano de indiferencia (Diagrama 1)7. Respecto a esta representación gráfica de las variaciones de los niveles de necesidades, los salarios reales y el grado de pauperización y las relaciones que tienen los elementos, se puede notar que usar el “origen” (0) o mínimo fisiológico (NF) como el punto de referencia (respecto al cual las curvas son convexas), en lugar del “punto de éxtasis” Y¹ (NS¹), corresponde simplemente a un punto de vista que considera el salario desde la perspectiva del costo de un insumo del proceso productivo, más bien que en relación a las necesidades sociales (NS) que han de ser satisfechas. En resumen, se considera a las necesidades indispensables (NI) desde el lado del comprador de la fuerza de trabajo, y no desde el del vendedor.

De este modo, cada aumento en los salarios reales (descontada la inflación) significa una reducción en el grado de pauperización, en la medida en que las necesidades sociales permanezcan constantes. Las necesidades sociales (NS t¹ y t²) están representadas históricamente por los “puntos de éxtasis” Y¹ y Y² sobre el plano de indiferencia, en el cual las curvas de indiferencia son cóncavas. Si los medios de subsistencia fuesen más baratos o el salario en dinero más alto, el trabajador y su familia podrían comprar nuevos paquetes de valores de uso y declinaría la brecha entre las necesidades indispensables (NI) y las necesidades sociales (NS). La reducción en el grado de pauperismo se produce con el desplazamiento a través de la “senda de expansión” de OY/OX¹ a OY/OX².

Las necesidades sociales no son constantes. Su incremento es inmanente al desarrollo de las fuerzas productivas y al mismo crecimiento cuantitativo y cualitativo de la producción capitalista. De este modo, el “punto de éxtasis” tiende a moverse hacia el exterior del plano de indiferencia (cambiando, en su curso, las pendientes de las curvas de indiferencia). Por tanto, un aumento en las NS de Y¹ a Y² (crecimiento cualitativo del nivel de desarrollo de la sociedad en general), junto al aumento en los salarios reales de X¹ a X² demuestra la compatibilidad entre el pauperismo creciente y los salarios reales crecientes. En congruencia, el capitalismo produce constantemente nuevas necesidades insatisfechas, lo que subyace en la necesidad de más dinero, de un salario más alto, y de un desarrollo social, cultural y político, por parte del trabajador y su familia. Aquí podemos situar las necesidades indispensables que subyacen en el Vftf: no sólo dependen de las NF o las NI, sino también de las NS históricamente desarrolladas, que se convierten en segunda naturaleza.

 

Salario mínimo y grado de pauperización


El mínimo vital hace referencia al ingreso mínimo que requiere una persona para solventar o cubrir sus necesidades humanas imprescindibles (NI) y poder disfrutar de una vida digna, sin restricciones y carencias básicas, como alimentación, vivienda y servicios públicos, transporte, vestido, educación, salud, cultura y recreación, entre otras. Estas condiciones mínimas que permiten un sustento digno de toda persona, se supone que deben ser garantizadas por el ingreso mínimo vital, el cual no sólo considera las necesidades de la persona, sino que además incluye al grupo familiar primario, entendido este como su pareja e hijos, que en Colombia suele estar conformado por cuatro personas. En la Constitución Política, y según sentencias de la Corte Constitucional, se habla del mínimo vital como una garantía derivada de los principios del Estado Social y Democrático de Derecho.

El SML se establece al final de cada año a través de una negociación tripartita Gobierno-empresarios-trabajadores que toman como referencia la inflación anual causada y los aumentos en la productividad. Durante el período 1998 a 2019, en precios nominales o corrientes, el SML aumentó 4,1 veces al pasar de $203.826 a $828.116. En paralelo, el Vcbf se incrementó en 3,1 veces, con una variación en su precio de $1.141.172 a $3.488.577. En términos de poder adquisitivo, el SML ha evolucionado positivamente pero no de manera significativa ni suficiente. La reducción en el aumento anual de los precios ha contribuido positivamente al mejoramiento del salario mínimo real; la media anual del IPC en estos últimos 21 años es de 5,9 por ciento, en el año 1998 fue de 16,7 por ciento y de 3,1 durante lo corrido de 2019. La inflación es un impuesto adicional al IVA que grava y afecta negativamente el consumo de la clase trabajadora.

Si los ingresos reales de los trabajadores son inferiores al valor de la canasta básica familiar (Vcbf) entonces se registra algún grado de pauperismo. El grado de pauperismo se calcula como (Vcbf-SML)/SML. Si bien el grado de pauperismo se reduce durante 1998-2019 de 4,6 a 3,2, la brecha o deficiencia del SML respecto al Vcbf registra una media de 4,2 durante los 21 años analizados. Esto es, en 2019 la brecha o déficit del SML respecto al Vcbf es 3,2 veces. Desde otro ángulo de perspectiva, un hogar promedio colombiano requiere de 3,2 SML adicionales al vigente para satisfacer las necesidades imprescindibles (Cuadro 1 y gráfico 4).

 

 

 

Los indicadores de sufrimiento social de la clase trabajadora reflejan esta situación de pauperismo al relacionar los valores de la Cbf y el SML. Las tres últimas generaciones de hombres y mujeres trabajadoras han padecido un alto grado de injusticia social, pobreza y desempleo (Gráfico 5). El coeficiente de desigualdad Gini en Colombia es de los más altos del mundo, en promedio, durante los años 1960-2019 registra un valor de 0,548.

 

 

En los últimos sesenta años, el índice de pobreza registra un valor medio de 53,9 por ciento9. Se pueden establecer tres periodos: i) hasta mediados de la década de 1980 la pobreza por ingresos afectaba a dos tercios de la población colombiana; ii) durante la última década del siglo XX y la primera del XXI, la mitad de la población registraba algún grado de pauperismo; iii) durante los últimos años los ingresos inferiores al mínimo vital afectan a una cuarta parte de las personas. Si bien el nivel de pobreza absoluta desciende, ha tomado forma una clase media inestable, en permanente riesgo de caer en situaciones de penuria, temerosa, amenazada por las diversas inseguridades sociales, económicas, políticas y naturales, perseguida por las regresivas políticas fiscales, la inflación, la precarización laboral y la exclusión social.

Además, es importante aclarar que la línea de pobreza utilizada por el Gobierno para la estimación de este índice no se parece en nada al Vcbf, por lo cual “políticamente” se subestima las condiciones reales de vida de la clase trabajadora. Al comparar el gasto promedio de los hogares por estrato socio-económico, sólo el 9,8 por ciento más rico supera el valor de la canasta básica familiar y satisface las necesidades sociales (NS). Quienes devengan un SML o menos (52% de la fuerza laboral) tienen en riesgo su propia supervivencia al no cubrir siquiera las necesidades físicas o fisiológicas (NF). El gobierno mide, además, la pobreza absoluta y no la relativa (ver nota 6).

No es para menos. En la media del período1960-2019, el desempleo afecta al 11 por ciento de la fuerza de trabajo y dos terceras partes se encuentran laborando bajo condiciones informales e indignas. En la primera mitad de la década de 1960 el desempleo lo padecían 5 de cada 100 miembros de la fuerza laboral; el promedio de desempleo en 2018 fue de 9,7 por ciento y al iniciar el año de 2019 la tasa escaló a 12,8 por ciento.

Los indicadores de sufrimiento social de los trabajadores tienen un efecto negativo sobre la productividad (durante la última década no se registra aumento alguno en la productividad del trabajo en Colombia), marchita el florecimiento humano a la vez que menoscaba la dignidad personal y corroe la paz, la democracia y la convivencia social. El déficit del SML respecto al Vcbf refleja esta realidad, esta última cada vez es más amplia, compleja y heterogénea pero de difícil acceso para la mayoría de familias que dan cuerpo a nuestra sociedad y generan con su trabajo la riqueza del país. El 90,2 por ciento registra algún grado de insuficiencia de ingresos para adquirirla en su totalidad y tener algún nivel de ahorro para amortiguar épocas adversas. El sistema fiscal regresivo colombiano (19% de IVA a los artículos que integran la Cbf) y los costos de la corrupción (alrededor del 4% del PIB) agravan aún más esta situación de pauperización crónica de la clase trabajadora colombiana.

 

1 Heller, Agnes. (1996). Una revisión de la teoría de las necesidades. Ediciones Paidós; España.
2 Sarmiento Anzola, Libardo. (2016). Ontología Humana Crítica. Ediciones Desde abajo, Colombia.
3 La medición de la pobreza se hace tradicionalmente de forma directa e indirecta, siguiendo la clasificación de Amartya Sen (1981). El método directo evalúa los resultados de satisfacción (o no privación) que tiene un individuo respecto a ciertas características que se consideran vitales como salud, educación, empleo, entre otras. En Colombia se realiza la medición directa por medio del Índice de Pobreza Multidimensional (IPM). Por otra parte, el método indirecto busca evaluar la capacidad adquisitiva de los hogares respecto a una canasta, para esto observa su ingreso, el cual es un medio y no un fin para lograr la satisfacción; cuando esta canasta incluye todos los bienes y servicios considerados mínimos vitales se habla de la pobreza monetaria general, mientras que cuando sólo se considera los bienes alimenticios se habla de la pobreza monetaria extrema.
4 Durante la primera Revolución industrial (1750-1850) la jornada de trabajo era de 80 horas semanales. La Segunda Revolución industrial transcurre entre 1851-1960 y la jornada de trabajo se redujo, fruto de la organización y lucha de la clase trabajadora, a 60 horas semanales. Con la Tercera Revolución industrial (1960-2010) la jornada laboral se estableció en 40 horas semanales. A partir de la incorporación de la Cuarta Revolución industrial al sistema económico (2011…), el trabajo se viene acortando en algunos países europeos a una jornada entre 20 y 30 horas semanales.
5 La pauperización nombra el empobrecimiento de una clase o de una población. Cuando nos referimos a la pauperización, por lo tanto, estamos hablando de un proceso que, por diversos motivos, hace que un grupo humano pierda un nivel de vida que había alcanzado, lo que se produce por la falta de acceso a recursos con los que antes contaba. Las crisis económicas recurrentes del capitalismo originan que numerosos ciudadanos se vean sin trabajo, sin casa ni familia y sin una ayuda financiera o subsidios que les permita vivir aunque sea de manera humilde. La pauperización, por lo general, está asociada a las condiciones de la economía: el momento del ciclo económico, las depresiones, el nivel y calidad del empleo, los salarios, la inflación, el sistema fiscal, la productividad, la distribución del ingreso, la seguridad y las políticas sociales.
6 Según la declaración de las Naciones Unidas emitida como resultado de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Social en Copenhague en 1995, la pobreza absoluta es “una condición caracterizada por la privación severa de las necesidades básicas humanas, tales como alimento, agua potable, facilidades sanitarias, salud, refugio, educación e información. Esta depende no solo del ingreso sino también del acceso a los servicios”. En cambio, la pobreza relativa tiene en cuenta que los seres humanos son agentes sociopolíticos y culturales; en consecuencia, se debe medir la pobreza en comparación con aquellos que comparten el mismo entorno social. La pobreza relativa se establece en función del grado de desarrollo del país y del nivel general de ingresos en la comunidad, país, o región analizada.
7 Lebowitz, Michael A. (2005). Más allá de El Capital. Economía política de la clase obrera en Marx. Ediciones Akal, España, pp. 88-91.
8 De acuerdo con Naciones Unidas, un coeficiente de Gini superior a 0,40 es alarmante, indica una realidad de polarización entre ricos y pobres, siendo caldo de cultivo para el antagonismo entre las distintas clases sociales.
9 La línea de pobreza es el costo per cápita mínimo de una canasta básica de bienes (alimentarios y no alimentarios) en un área geográfica determinada.


* Economista político y filósofo humanista. Escritor e investigador independiente. Integrante de los comités editoriales de los periódicos Le Monde diplomatique edición Colombia, y desdeabajo.

 


 

Canasta Básica Familiar y nuevas necesidades insatisfechas

 

La conformación de la primera canasta de bienes y servicios (1902) se le atribuye al Inglés Benjamín Seebohm Rowntree quien realizó los primeros estudios de pobreza en la ciudad de York, Inglaterra. Con el tiempo, diferentes investigadores ajustaron la canasta incluyendo nuevos artículos de consumo familiar*.

Entre 1923 y 1953, la entidad encargada de las estadísticas oficiales en Colombia fue la Contraloría General de la República; a partir de 1937, esta entidad midió el índice de precios con base en la “Encuesta sobre gastos de la clase obrera en Bogotá”; posteriormente se incluyeron Medellín, Bucaramanga, Barranquilla y Manizales. En 1946 la Contraloría realiza la primera medición del Índice de Precios al Consumidor (IPC) con un resultado de 9,3 por ciento anual.

En 1954, por primera vez, el Dane realiza la medición de precios con referencia a 198 artículos; el IPC estimado fue de 2,03 por ciento. La canasta con la que se calculó el IPC entre julio de 1954 y diciembre de 1978 fue resultado de la Encuesta de ingresos y gastos medios y bajos realizada en 1953. Para mediados del siglo XX, el trabajo doméstico generaba una significativa proporción de valores de uso dentro del hogar, para el consumo directo de los miembros de la familia del productor, y que contribuía a la reproducción de la fuerza de trabajo (además de la elaboración o procesamiento de la alimentación como quehacer doméstico, la máquina de coser, por ejemplo, era un artículo común en los hogares colombianos usado en la confección del vestuario y la lencería; en 1979 este artículo ya no hacia parte de la Cbf).

La Cbf vigente entre 1979 y 1988 contenía 252 artículos. La televisión llegó a Colombia en 1954, durante muchos años fue un artículo de difícil acceso para las familias colombianas. El 11 de diciembre de 1979, arriba la televisión a color; en la década de los 80 este artículo fue de consumo masivo; desde entonces, la televisión tiene gran influencia en la cultura popular.

La Cbf de 1989-1998 contenía 195 artículos. En 1963, se inaugura el primer resort vacacional en Santa Marta y el gasto en hospedaje hotelero entra a la canasta de los colombianos en 1989; y, debido a la disminución del costo del pasaje en avión, más personas pudieron acceder a este servicio, en 1989 entró a la canasta; también ingresaron el Betamax y el VHS, se popularizó el uso de pañales desechables, llegaron los computadores personales al país y la nueva información digital se guardaba en disquetes; a la vez, desapareció el telegrama que hizo parte de la canasta familiar entre 1954-1988.

 

 

 

En 1954 se había creado los “Ferrocarriles Nacionales de Colombia¨ - FNC, para unificar el sistema ferroviario de Colombia que llegó a contar con un total de 3.239 kilómetros de vías. En 1972, se transportaron más de 5 millones de pasajeros en tren, el 20 por ciento de la población de esa época (24.800.000). Su disolución, debido a la mala gestión gubernamental, ocurrió en 1991. En consecuencia, este servicio abandonó la Cbf de los colombianos.

La canasta referente entre 1999-2008 contenía 405 artículos. Significativo de ésta época son los nuevos servicios financieros ofrecidos por la banca como la tarjeta débito, crédito y cupos de endeudamiento que facilitaron el acceso a bienes y servicios; se popularizó también el uso de los cajeros automáticos.

Durante el período 2009-2018 la Cbf estaba conformada por 441 artículos. Los teléfonos celulares ingresaron al consumo de los hogares en 1994. Con los años esta tecnología se masificó y hoy en día existen más líneas de telefonía móvil que habitantes en el país; las nuevas tecnologías penetraron en los hogares, inscritos estos a internet, telefonía local y/o televisión por cable (en 2017 había más de 28 millones de suscripciones con conexión a alguno de estos servicios en cerca de 1.070 municipios de Colombia).

La nueva Cbf oficializada por el Dane a partir de 2019 contiene 443 artículos clasificados en 12 divisiones de gasto. La globalización de la economía y las nuevas generaciones de consumidores colombianos incubaron la disrupción de las tecnologías de la microelectrónica, de la inteligencia artificial y de la información y la comunicación en el gasto de los hogares y en el mejoramiento de la calidad de vida. Hasta hace poco un teléfono celular era un lujo, ahora es una necesidad por todas las aplicaciones que se manejan; lo mismo sucede con el consumo de datos que ha precipitado mayor control por parte de las autoridades y que es uno de los servicios fundamentales. Ahora en los hogares se invierte una proporción mayor sus ingresos en entretenimiento por demanda (streaming) y en transportes alternativos; se popularizó la tenencia de animales en el hogar y por tanto aumentó el gasto en artículos y servicios para mascotas. La inclusión de las cámaras digitales en los teléfonos celulares y la fotografía digital desplazaron las cámaras análogas.

Debido a los cambios en las tendencias de consumo, la composición de la canasta familiar que estrenó en 2019 el Dane reduce el peso o ponderación de los alimentos de 28 a 24 por ciento, se genera un incremento del rubro de la vivienda y servicios públicos domiciliarios de 30 a 37 por ciento y cae la ponderación del transporte de 15 a 12 por ciento (Gráfico 1).

La alta disparidad y asimetría en los ingresos de los hogares se refleja en la desigualdad en el gasto promedio por estrato socioeconómico. Los valores que dividen al conjunto de datos ordenados en diez partes iguales muestran que el decil 10 tiene un gasto promedio 6,3 veces superior a los hogares del decil 1 (Gráfico 2). El gasto promedio por categoría es también muy desigual, los egresos en vivienda y servicios es 10,4 veces más alto que el gasto en salud (Gráfico 3).

* El recorrido histórico de los hábitos de consumo y la configuración de las canastas básicas familiares tiene como punto de referencia el portal del Dane: https://sitios.dane.gov.co/ipc/canastaIPC/#!/; consulta: 13 de marzo de 2019.

 

 

Información adicional

  • Autor:Libardo Sarmiento Anzola
  • Edición:Nº255
  • Sección:Informe especial
  • Fecha:Marzo 20 - abril 20 de 2019
Visto 275 vecesModificado por última vez en Lunes, 01 Abril 2019 09:18

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