Lunes, 15 Abril 2019 20:05

Sistemas de información y bases de datos: a propósito del censo y del Dane

Escrito por Carlos Eduardo Maldonado
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El manejo de la información en Colombia se ha caracterizado por dos rasgos principales: secretismo y una alta asimetría. La política y los conflictos económicos, sociales y militares también se manejan con datos y cifras. El más reciente caso en Colombia: el manejo del censo por parte del Dane.

Colombia comienza a ingresar a la modernidad a partir de tres hechos puntuales. Históricamente, se trata, primero, de la creación del Banco Central (Banco de la República), el cual permitió centralizar la producción del dinero y el manejo del mismo a nivel nacional y en referencia a otras monedas; en segundo lugar, en 1970, la creación del Dane (Departamento Nacional de Estadística), el cual trabajó durante mucho tiempo, y hasta la fecha, principalmente con estadística descriptiva e inferencial; y en tercer lugar, la creación en 1991 del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, que puso al país a pensar, por primera vez, a nivel país, en ciencia y en tecnología.


La verdad es que a pesar de estos tres indicadores, Colombia no termina de entrar en la modernidad, ni siquiera gracias a la Constitución de 1991 (1), o su ingreso a la Ocde. La modernidad prosigue como un proyecto incluso en el país, ahora que la modernidad misma ha muerto y dado lugar a otras expresiones y realidades. Haciendo una paráfrasis de un verso del poeta peruano Vallejo, Colombia es ese país en el que “todo nos llega tarde, hasta la muerte” (Ver “Para un debate).


Es por ello que el país se caracteriza y carga en su historia, de manera puntual, por una profunda y estructural asimetría de información. Asimetría entre las grandes empresas y corporaciones y las pequeñas y medianas empresas; asimetría entre el poder ejecutivo y la base de la sociedad; asimetría entre los entes que cuidan de la seguridad y la vigilancia, y la realidad cotidiana de los ciudadanos, por ejemplo.


Esta asimetría de información es al mismo tiempo la causa y el resultado de un sistema de violencia abierto y simbólico, y de una desigualdad e inequidad escalantes en la historia nacional. No existe en ella un sistema nacional de información –por tanto integrado– y lo que es peor, los atisbos o pasos de un sistema semejante no están al alcance del control y de la veeduría ciudadana.
La punta del iceberg de esta realidad se expresa muy bien en el manejo de los censos, a nivel nacional, regional o local –usualmente, responsabilidad del Dane.
En tiempos recientes, es sabido que un expresidente fuertemente vinculado al paramilitarismo fue reelegido como resultado de “la modificación de la metodología del censo” (sic), y que el manejo de las bases de datos fue acomodaticio. Es cuando el manejo de los números se acomoda a los intereses, políticos o económicos, por ejemplo. Y organismos como el Dane se ponen al servicio del gobernante de turno y de los intereses particulares.


Información estratégica y estadística


Los organismos que manejan en el país información estratégica, como organismos públicos, son principalmente cuatro: el Departamento de Planeación Nacional (DNP), el Dane, la Dian y la Policía Nacional, específicamente la Dipol (División de Inteligencia de la Policía, que remplazó al DAS, lleno de escándalos conocidos durante el gobierno de Álvaro Uribe). En otro plano, algo más particular, hay que mencionar al Banco de la República.


El sector privado cuenta, fundamentalmente, con las bases de datos de Datacrédito, que lleva el historial crediticio de todos y cada uno de los colombianos que están bancarizados. La genialidad o la perversión del capitalismo consiste en la bancarización de los ciudadanos, pues así tienen un control total sobre cualquier aspecto de la vida cotidiana de las personas.
Al lado de estos, las universidades se esfuerzan por entrar en campos como la ciencia de grandes bases de datos, la analítica de datos y el modelamiento y la simulación, pero la verdad es que las capacidades –instaladas y no instaladas, aun dejan mucho que desear. Los movimientos sociales y políticos se mueven en aguas muy por debajo de estos ambientes, y ello plantea ya un serio problema social, de organización y de acción.


Grosso modo, en el primer caso, el del DNP se trata de toda la información nacional, regional y local, conjuntamente con las comparaciones entre la información nacional y la referente al plano latinoamericano y mundial. En el caso del Dane, se trata de la información utilizada, por ejemplo, para discutir la repartición de los dineros nacionales y regionales, así como para establecer el salario mensual cada año, además de aspectos como el censo electoral, y la determinación promedio de la riqueza o de la pobreza nacional. En cuanto a la Dian, es determinante para distinguir, de entrada entre los aspectos fiscales y parafiscales, y estos últimos como coadyuvantes para la educación, la investigación y políticas sociales. Jamás en la historia del país ha habido información ni siquiera sobre el monto grueso, no digamos las distribuciones de los parafiscales. Los ingresos al fisco están todos mediados por las capacidades de la Dian; pero su información nunca ha sido plenamente compartida con la nación. Finalmente, la Policía Nacional en general y la Dipol en particular, es la instancia que maneja la información que cotidianamente obtiene de los ciudadanos, de sus celulares, computadores, de sus cuentas bancarias, de los puntos en los supermercados y otros. En una palabra, la Dipol es la Red Eschelon en Colombia (2).


Naturalmente, existen sinergias y vasos comunicantes entre estas diferentes redes de información y todas se encuentran a disposición del Gobierno, el Estado, sus agentes y sus intereses. Punto.
Es sabido que el cluster más poderoso en términos de capacidad y procesamiento de información se encuentra en el Departamento de Planeación Nacional (DNP). Allí se trabaja ya desde algún tiempo con grandes bases de datos (big data science), con analítica de datos, y otras herramientas semejantes. Desde el punto de vista intelectual y político, el DNP es el rellano de la Universidad de los Andes y de la Universidad Nacional de Colombia, principalmente, aunque profesionales y técnicos provenientes de otros espacios también trabajan allí. Desde el DPN emergen los documentos Compes, los planes nacionales de desarrollo y otros documentos de carácter estratégico para el país que sirven de base a diferentes procesos de toma de decisión y acciones en los planos económico, social, político y militar (o de seguridad).


Es una información de gran valor para cualquiera que pretenda llevar a cabo una dirección moderna del gobierno. Como se sabe, el poder político y económico se funda hoy por hoy en el conocimiento y el manejo de la estadística, y la ciencia de grandes bases de datos es la herramienta conspicua que ayuda al manejo de enormes bases de datos que tienen la ventaja de permitir decisiones y acciones bien determinadas. Pues bien, de manera puntual, estas enormes bases de datos se manejan básicamente con lenguajes de programación. Los dos más importantes son R y Python, los cuales permiten elaborar sofisticados modelamientos y simulaciones, al mismo tiempo que acomodar según los intereses, la información existente. Ya ni siquiera la minería de datos –que es en realidad el A, B, C del procesamiento de datos– resulta determinante, aunque siempre es de utilidad.


Todo ello se expresa, puntualmente como sistemas expertos, inteligencia artificial y vida artificial. En una palabra, la inteligencia económica, política, de seguridad y otras pasa por y se funda en el manejo de grandes bases de datos (3).


Inversamente, la resistencia, la rebelión y la insurgencia deben poder trabajar, adicionalmente, con elementos semejantes.


Casos de estudio


En Colombia, la manipulación más abierta y desvergonzada del manejo de bases de datos ha provenido del Dane. Ayer, bajo los gobiernos de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, hoy, con el de Iván Duque. Raya con la demencia creer que si los colombianos ganan un salario mínimo son de clase media, o raya con el cinismo y la ignorancia sostener que “el reloj del Dane está descachado” y que entonces la población en Colombia no es de 50 millones sino menos, por ejemplo, como ha afirmado Oviedo, actual director del organismo. El manejo de una de las bases de datos más importantes para los destinos del país pareciera haber sido entregada a un bufón; el bufón de turno, en realidad.


Es un manejo de información que tiene grandes potencialidades. Por ejemplo, en Brasil, todo el juicio a Lula y la posterior destitución de D. Roussef fue la conjunción entre manipulación de las bases de datos y la producción de información mendaz (fake news). Venezuela es actualmente el objeto de un proceso por parte de Trump que ha sido literalmente calcado del mismo proceso que Obama llevó a cabo contra Libia de desinformación, manipulación de la realidad, mentiras y orquestación de mucha propaganda y publicidad. Facebook ha sido puesta de manifiesto como una empresa delincuente gracias a la situación de Facebok Analytics en Inglaterra, violando la privacidad y vendiendo al mejor postor información valiosa de millones de usuarios. El manejo de la gente es el manejo de la información, y para ello han desarrollado muy sofisticados algoritmos en el manejo de enormes bases de datos


Por su parte, la China y Estados Unidos han avanzado en algo llamado “crédito social”, consistente en otorgarle o quitarle beneficios sociales a los ciudadanos en función de la lectura de los rostros, el cruce con bases de datos de deuda económica o registros penales, por ejemplo, garantizando así “quién está conmigo, y quién está contra mí”. O puede estarlo (4).
A nivel cotidiano, los llamados puntos (de fidelización, descuentos y ahorros) de supermercados, líneas aéreas, laboratorios clínicos y otros, permiten elaborar perfectos patrones de comportamiento de los individuos, de sus núcleos familiares, de sus ritmos, estándares y formas de vida. Y si llega a ser necesario, esa información se utiliza en un momento determinado en contra de alguien. Al fin y al cabo la información no pesa nada, se la puede repartir, almacenar y conservar como se desee, y utilizar en cualquier momento con cualquier finalidad.


En la mayoría de los países, en fin, los censos nacionales –o también regionales o locales– cumplen una función fundamental, pues suministran los insumos para políticas económicas, fiscales, tributarias, parafiscales, financieras, y otras.


Como se observa, la información es manipulada, se genera desinformación, se alteran las bases de datos, se orquesta a los grandes medios de comunicación, y la población termina creyendo que eso es “la realidad”. Una magnífica muestra de lo que eufemísticamente se llama la alianza público-privada, en algunos momentos, en algunos lugares, aquí y allá.

Veeduría ciudadana de la información


En un Estado social de derecho (no simple y llanamente en un Estado de derecho; son dos cosas perfectamente distintas) la democracia consiste en la participación –y no simplemente en la representación o delegación– en las tomas de decisión. El triángulo entre los sectores público y privado y la sociedad civil debería poder ser, idealmente, un triángulo equilátero; esto es, con balance de poderes y capacidades entre cada uno de los tres ángulos o lados –como se prefiera–. (La realidad política es que en la actualidad un triángulo muy desigual, riemanniano, notablemente). Pues bien, el basamento para las tomas de decisión en la sociedad de la información y en la sociedad del conocimiento, es el manejo y el trabajo con (grandes) bases de datos.

Para que esto funcione de manera democrática, las políticas de información –económicas, fiscales, tributarias, financieras y otras– deben ser de dominio público. Esto es, la sociedad debe poder tener acceso a las bases de datos del Gobierno y del Estado; con nombre propio, las bases de datos del DPN, del Dane, de la Dian y, guardadas proporciones, de la Dipol. De lo contrario, la asimetría de información se traduce en violencia física y simbólica, inequidad, desigualdad, pobreza, corrupción. En fin, ausencia de capacidades y de posibilidades de desarrollo humano.

En un Estado social de derecho, el derecho a la información no consiste única ni principalmente en que existan o se implementen redes de wimax (internet gratuito para la gente; y no ya solamente wifi), sino además y principalmente, en que los ciudadanos puedan acceder y decidir sobra la información que les compete; toda la información que les compete. Por decir lo menos, debe poder implementarse una veeduría ciudadana sobre la información, observatorios sobre la misma en diferentes niveles y escalas, en fin, una educación sobre la información y las bases de datos. Un país con un Estado social de derecho –derechos humanos de tercera y cuarta generación, y no ya única ni principalmente derechos de primera y de segunda generación– consiste exactamente en una simetría de información, a saber: simetría en la información del sector público y la sociedad civil –en toda la acepción de la palabra.


El manejo del censo, las metodologías empleadas, las interpretaciones de distribuciones y matrices son asuntos que no simplemente deben informarse a los ciudadanos, sino sobre los cuales la ciudadanía debe poder participar activamente, para lo cual existen por lo menos dos formas como los ciudadanos pueden hacer realidad este propósito en asuntos de información: a través de los movimientos sociales y de las universidades (principalmente la universidad pública, aunque también con la participación crítica y reflexiva de la universidad privada). Al fin y al cabo, la Universidad en general y los movimientos sociales se deben a las gentes, a la población, a las comunidades, con sus diferencias y especificidades.


Es en esta lógica que los censos no son aspectos que por técnicos deben mantenerse alejados de la sociedad civil. El desprecio hacia la gente consiste no solamente en comportamientos amanerados objetos de burla social, sino en alejar la información y el procesamiento de información de las gentes mismas. Mantener alejada la información y las bases de datos de la ciudadanía no es otra cosa que una subvaloración de las capacidades humanas e intelectuales de las comunidades; olvidando que las masas son siempre más sabias que sus dirigentes; sólo que hay que darles la oportunidad para que despierten y actúen libremente.


¿Existe temor sobre ello en el alto Gobierno? Tal vez, lo cual no es casual, ya que la acción colectiva y la protesta social se alimentan, por un lado de experiencias concretas, de mucho sufrimiento y de esperanzas emergentes; pero además, y de manera fundamental, la acción colectiva y la protesta social se nutren de mucha educación, de mucha información de mucho y buen conocimiento.
Exactamente en este marco, los medios alternativos e independientes de comunicación, los procesos de educación alternativos, las economías emergentes con base local, el manejo inteligente de internet y muchas otras acciones posibles e imaginativas constituyen acervos que permiten radicalizar la democracia o cambiarla hacia formas más próximas y cercanas a la vida y alejadas de los formalismos y el institucionalismo (5).


Sí, con nuevas políticas de información paralelas y complementarias a las que maneja el gobierno y el Estado, otra democracia es posible.

1. Cfr. Viviescas, F., Giraldo, F. (compiladores), Colombia: el despertar de la modernidad, Bogotá, Foro Nacional por Colombia, 1991.
2. Cfr. “La red Echelon: el control de internet y de todas las comunicaciones”, en: Le Monde diplomatique, Nº 131, julio, 2013, edición Colombia, disponible en: http://www.eldiplo.info/portal/index.php/component/k2/item/415-la-red-echelon-el-control-de-internet-y-de-todas-las-comunicaciones
3. Cfr. F. Pasquale, The Black Box Society. The Secret Algorithms That Conbtrol Money and Information, Harvard, MA, Harvard University Press, 2016.
4. Cfr. R. Raphaël y L. Xi, “Chinos buenos y chinos malos. El crédito social, sistema de evaluación de los ciudadanos”, en: Le Monde diplomatique, Nº 185, febrero, edición Colombia, pp. 30-31.
5. Cfr. C. E. Maldonado, Sociedad de la información, políticas de información y resistencias. Complejidad, internet, la red Echelon, la ciencia de la información, Bogotá, Ediciones Desde Abajo, Colección Primeros Pasos, 2019.

 


Para un debate

La modernidad se inicia, en un proceso lento, en el siglo XII en Occidente, particularmente cuando se hace el tránsito del sistema de numeración románico al sistema de numeración arábigo. Con el primer sistema era imposible pensar grandes cantidades, y más bien, el pensamiento es esencialmente cualitativo. Ser medievales significa tener una mentalidad básicamente cualitativa. Por el contrario, con el sistema de numeración arábigo aparecen, primero el número cero, que originalmente fue descubierto por los Indios (aunque en Mesoamérica los Mayas ya lo habían descubierto por su cuenta), y además, fue posible acceder a números inmensos, ulteriormente al infinito. Ser modernos significa acceder, además, a una mentalidad cuantitativa. La ciencia moderna es el desarrollo y el resultado de esta cuantificación de la realidad, hasta cuando, en su ápice, Newton y Leibniz inventan el cálculo (el integral y el diferencial). Unos años más tarde, G. Achenwall desarrolla la estadística (1749), cuyos antecedentes pueden remontarse sin dificultad a los trabajos de Fermat, Pascal, Bernoulli, Laplace y Bayes.
Pues bien, Colombia comienza a pensar en términos modernos –esto es, cuantitativos-, con los tres elementos mencionados: la misión Kemmerer (1929), la creación del Dane (1970) y la creación del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología (SNCyT) en 1991. Sin embargo, la verdad es el país no termina de entrar a la modernidad hasta la fecha, pues social y culturalmente las matemáticas siguen siendo una estructura mental alejada de la vida cotidiana de los colombianos.
Vale decir incluso que, en marcado contraste con países como México, Chile y Brasil, en Colombia jamás entró el positivismo debido a la fuerza de la Iglesia Católica y del Partido Conservador. El neotomismo imperó en la educación y en la mentalidad del país, y ni siquiera los gobiernos liberales de los años 30 lograron erradicar esa influencia. Esta es una de las razones por las cuales el país tuvo una historia de violencia tan terrible. Contra los argumentos se impusieron siempre las armas.
No en últimas instancia, los miedos de la extrema derecha por el proceso de paz en marcha responde justamente a este fenómeno: la modernidad fue en la historia de Colombia una promesa incumplida.

Información adicional

  • Autor:Carlos Eduardo Maldonado
  • Edición:187
  • Sección:Informe especial
  • Fecha:Periódico Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº187, abril de 2019
Visto 197 vecesModificado por última vez en Martes, 16 Abril 2019 18:34

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