Viernes, 23 Enero 2009 11:36

La detención de William Javier Díaz R. y el expediente Nº 656356. Cacerías de brujas y chivos expiatorios

Escrito por Guillermo Espinoza
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Noviembre 14 de 2008. La luz matutina vence la noche. El frío capitalino penetra las carnes de los madrugadores, que, protegidos con sacos, tratan de burlarlo. William Javier es uno de ellos. Todos los días del calendario escolar, a eso de las 4:30 de la madrugada, está en pie, alistándose para tomar un bus que lo lleve al colegio, donde se encuentra con chicos y chicas de grados séptimo y octavo a quienes imparte la materia de sociales.

Como cualquiera de esos días, este viernes, lo mismo que desde hace dos años –cuando fue incorporado como docente provisional–, se dirige a su puesto de trabajo, esta vez en el colegio Saludcoop, barrio Patio Bonito, localidad de Kennedy, en Bogotá. La alegría de su labor le brinda la energía necesaria para enfrentar el frío y la soledad de las calles. Por su mente pasa el contenido de la materia que compartirá con sus alumnos. No puede imaginarse lo que le espera alrededor de su trabajo.

La clase comienza a las 6:30 a.m. El reloj marca las 6, y Javier Díaz Ramírez ya está dentro de las instalaciones educativas. Organiza sus notas y se concentra en su labor, detalle que despista a los agentes de inteligencia que, apostados en las afueras del establecimiento, no lo detectan. Cierto. No lo esperaban tan pronto.

El reloj prosigue su ritmo monótono. Faltan 15 minutos para empezar la clase. Afuera se escucha un murmullo de voces. Forcejean por ingresar al centro de estudios. ¡Es un allanamiento! La orden no aparece. Dos agentes, mujer y hombre, exigen que los dejen entrar y llevar a cabo su misión. Luego se sabrá que la responsable del operativo era la oficial Sandra Patricia Suárez.

¡No puede ser! No hay orden. En Colombia ya se conoce eso. Operativos fantasma, luego de los cuales la víctima no aparece. Las directivas del colegio no permiten que aquí suceda tan dolorosa situación. Exigen la orden judicial.

Las voces crecen en tono. Entre los alumnos hay un murmullo: no podemos dejar llevar al profesor. Las preguntas van y vienen. Javier no se niega a cumplir con la ley pero también demanda ese papel que certifica que su libertad estará reducida al estrecho límite de un calabozo y luego de una celda, en lugar todavía no precisado.

Espera. En la sala de profesores atiende preguntas y organiza pormenores. Les explica a los alumnos la situación, y luego de unos minutos, les anima a que protesten, a que denuncien la persecución reinante en Colombia sobre los líderes sociales. A su alrededor, los noticieros que luego saldrían a relacionarlo, sin cumplir con su misión de verificar y precisar fuentes, con organizaciones armadas.

El expediente

Ese mismo día, una vez en la Fiscalía, Javier se entera de que hace parte de una prolongada investigación judicial en la cual se le sindica de ser miembro activo de la insurgencia. Allí, mientras por su pensamiento pasan las imágenes de lo incomprensible, verifica que hay más detenidos por igual sindicación. En horas de la madrugada también han privado de su libertad a Cristina Isabel Guzmán Martínez, Antonio López Epiayu, Hugo Giovanni Garzón Ilarión, Edison Javier Reyes Roa, Jaime Alberto Rueda Muñoz, John Freddy Cortés Novoa y María Antonia Espitia Barreto. Le cuentan, asimismo, que en Manizales ha sido capturado otro docente.

El expediente es el Nº 656356, abierto desde 2001. Por entonces, sin saberse, se investiga a todo aquel que hubiese visitado la zona de despeje del Caguán (Javier es uno de ellos) que, como se sabe, estaba autorizada por el Gobierno. Investigación cerrada en 2004 ante la ausencia de argumentos para continuarla.

Pero, ¡sorpresas da la vida, y en cacería de brujas todo vale! La denuncia que el 9 de septiembre hace la senadora Gina Parody sobre supuesta infiltración en las universidades de grupos al margen de la ley, desata de nuevo investigación y persecución, y la forma más fácil de concretarla es retomar viejos procesos, más aún cuando la política uribista criminaliza  a los estudiantes que pasen muchos años dentro de la universidad sin terminar sus estudios. Sospecha: si no los termina es porque se trata de un agitador. No caben otros razonamientos en ese tipo de mentes cerradas, alimentadas, por demás, con información oficial clasificada. Y dentro de ese tipo de estudiante clasifica Javier, atípico personaje que no solamente empieza sus estudios en una universidad (Nacional) sino que los termina en otra (Pedagógica).

Labor formativa y comunitaria

La educación no es solamente asistir a un aula cerrada. La educación no es un proceso de repetición de lecciones. No. Debe haber debate, investigación, proceso deliberativo y formativo de constructos propios. La gente debe tomar las riendas de su destino a partir del conocimiento de la historia. Así se expresaba William Javier, quien desde 1997, en unión con otros compañeros, le fue dando cuerpo al grupo Tjer y su propuesta de taller de formación estudiantil Raíces. Una especie de colectivo de formación permanente. Un espacio de encuentro público que llevó a cabo multitud de talleres, seminarios, foros y debates abiertos a la comunidad educativa. Y él, y ellos, siempre amplios, encontraron en las manos, el conocimiento y la voz de innumerables académicos el apoyo decidido y desinteresado para llevarlos a cabo. La comunidad recuerda con orgullo que por esas sesiones de discusión pública pasaron, entre algunos muchos, Ciro Roldán, Germán Meléndez, Darío Botero, Gabriel Restrepo, Rubén Jaramillo, Ramón Pérez Mantilla, Renán Vega, Lola Cendales, Frank Molano, Mercedes González, Guillermo Hoyos, Sergio de Zubiría, Damián Pachón, Eduardo Vásquez, Bruno Mazoldi, François Houtart, Francisco Gutiérrez, Margarita Victoria Gómez, Francesca Gargallo, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna.

Formando comunidad. Formando pensamiento libre. Así se concretaba esa concepción formativa de Javier, que luego de una década de estudios se hacía realidad en la amplitud y la agudeza de su pensamiento, y en la práctica de Tjer, que, sin levantar la voz, argumentaba, discernía, pensaba e invitaba a lo propio. Sin duda, involucrarlo en ese expediente, lleno de invenciones, es la forma de castigar su práctica libertaria.

La docencia debe ser testimonio y vida

Pero una vez vinculado a la docencia, William Javier no cesa en su labor. Allí persiste en su idea de vida. Cuando es vinculado como docente provisional, hace dos años, motiva a sus alumnos y compañeros de docencia para poner en práctica un discurso sobre los derechos humanos. De esa insistencia nace el Comité Red Eduardo Umaña Luna en la Localidad 8, que cuenta con el aval y el apoyo del respectivo Cadel de ese sector de la ciudad y de la Secretaría de Educación misma.

La memoria de esa práctica y ese anhelo de vida le brinda energía ahora para aguantar el encierro en las frías celdas de La Picota. Energía para soportar la burla que hacen los jueces de todos sus reclamos jurídicos, desde el acceso al expediente, en un comienzo negado a su abogado, pasando por el rechazo del Habeas Corpus, el recurso de reposición, y hasta la propia solicitud de custodia de la prueba, pues dicen que hay una USB donde está una supuesta hoja de vida suya (¡?), y un recurso de nulidad del proceso, presentado ante la evidencia de manipulación del ‘negocio’.

Ahora, en esa disputa por desmontar el expediente, la solidaridad de todos es el aire que permitirá proseguir con vida.


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