Lunes, 29 Julio 2019 09:01

“Somos más que atletas”

Escrito por Pedro Miguel Tapia
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“Tenemos que amar más y odiar menos”, discurso de Megan Rapinoe en los festejos de la seleccion femenina de fútbol de EEUU“Tenemos que amar más y odiar menos”, discurso de Megan Rapinoe en los festejos de la seleccion femenina de fútbol de EEUU

Con expresiones claras sobre igualdad social, solidaridad, inclusión, libertad sexual, género, minorías, y otras más, las seleccionadas del equipo que por los Estados Unidos participó en el reciente Mundial llevado a cabo en Francia, han dejado claro que son más que atletas.

No titubeó frente a los micrófonos. Su actitud es clara y decidida, de ahí que Alex Megan, goleadora de la selección de fútbol femenino de los EE.UU, no le saliera falsa la voz cuando dejó en claro que más allá de ser deportistas –no máquinas ni objetos comerciales– son mujeres, estudiantes, trabajadoras, y que entre ellas las hay blancas, negras, mestizas, etcétera.

Pluralidad e inclusión social, que dista de la posición política de Donald Trump –y de los millonarios y guerreristas de su país a quienes representa– cada vez más xenófobo, racista, machista, misógino, utilitarista, excluyente, autoritario, guerrerista. No es casual, por tanto, que al ser preguntada por una posible invitación del Presidente de su país para asistir a la Casa Blanca, como es costumbre con los campeones, dejara en claro que no asistirían en protesta por la discriminación hacia las mujeres, y las deportistas en particular.

Claridad de opiniones, disidencia social y apertura a un deporte en donde deben quedar atrás las discriminaciones y desigualdad entre hombres y mujeres, aceptando que “a igual trabajo igual salario”. Propósito difícil de conseguir con un deporte cada vez más cosificado y unos deportistas –trabajadores– cada día más alienados, pero no por ello dar el brazo a torcer sin intentar romper la dictadura que de hecho se impune a su interior, en particular en su ente rector global, la Fifa.

Estas circunstancias, por sí solas, ya le dan un tinte especial al reciente Mundial de Fútbol disputado en Francia, el cual, además, fue un verdadero éxito por otras varias y contradictorias razones:

1. La asistencia promedio a los estadios fue de 30.000 espectadores, en su gran mayoría mujeres. La final, jugada en Lyon, tuvo una asistencia de 67.000 espectadores, una concurrencia inmensa pero sin igualar a la final de 1999 en California, con 90.000 asistentes. Asistencia mucho mayor que partidos de importancia en el fútbol masculino, como sucedió en la Copa América en Brasil.

Sin tomar en cuenta estas circunstancia, que indican a todas luces que algo está cambiando en la sociedad, los grandes medios de comunicación, con algunas excepciones –como parte de la estructura que controla y se lucra de este deporte, estimulando exclusiones a su interior, y sometiendo a los jugadores a un ritmo extenuante de trabajo– no cubrieron el certamen realizado en Francia; las plataformas grandes lo trasmitieron por internet.

2. El fútbol femenino progresó entre los años 1980 y 1990, a tal punto que obligó a la Fifa a colocarle atención y organizar la primera edición de la copa en 1991 en China Popular, ganada por los EEUU. Desde ese entonces se han realizado ocho eventos, de los cuales la selección de los EE.UU. ha ganado cuatro, incluyendo la del 2019. Le siguen en títulos la selección alemana, con dos; y la de Noruega y Japón con un título cada una.

Esta avanzada deportiva se remonta a 1970, durante la segunda ola del feminismo, cuando comenzó a levantarse la prohibición que los diversos países le tenían al fútbol femenino. Por entonces se disputó el primer torneo internacional –jugado en Italia–, después hubo otro en México, con Dinamarca como campeón. Vendrían luego los mundialitos en 1980, con cuatro ediciones. Estos campeonatos no fueron oficiales Fifa al no ser lucrativos para esta multinacional de la pelota redonda.

Pero además de lo financiero, la presión de las jugadoras y clubes sobre sus gobiernos llevó a que después de 1985 la Fifa realizará mayores esfuerzos para promover el fútbol femenino, una dura lucha contra el patriarcado enquistado en ese súper-monopolio.

3. El recién certamen celebrado en Francia tuvo un avance muy importante desde el punto de vista táctico y técnico de las jugadoras, de los y las técnicas, lo suficiente como para que la Fifa haya citado para septiembre próximo la primera conferencia de fútbol femenino para evaluar el Mundial de Francia 2019.

4. Como clara muestra de la discriminación persistente en la Fifa, y la desigualdad salarial reinante entre hombres y mujeres, los premios entregados en esta ocasión fueron muy inferiores a los del fútbol masculino, por ejemplo, la selección campeona ganó cuatro millones de dólares, mientras que en Rusia 2018 el campeón obtuvo 38 millones.

5. La lucha contra el patriarcado en el fútbol prolonga una constante tanto de jugadoras, como de directoras y directores técnicos, de sectores de la medicina deportiva y de directivos de clubes, expresada como machismo, sexismo y discriminación sexual, racial y salarial. Discriminación manifestada en este Mundial de Francia por la orientación sexual de jugadoras y su posición de rechazo a las diversas discriminaciones de que son objeto en sus países, clubes y ligas.

En este marco tomó relevancia la posición de la selección de fútbol de los EE.UU. respecto al presidente Trump, en especial de las jugadoras Megan Rapinoe y Alex Morgan, como símbolos contra el sexismo, la homofobia y la desigualdad, teniendo en cuenta que varias de las jugadoras de la selección, de clubes y liga de los EEUU, así como de otros países, son lesbianas. En especial Rapinoe, considerada en su país icono feminista, y en su lucha por la defensa de la comunidad Lgbtiq.

Su liderazgo es notable. En el 2016, al escuchar el himno nacional se arrodilló, como protesta contra el racismo, constituyéndose así en la primera deportista blanca en hacer estos gestos, similar a los manifestados por los jugadores de basquetbol para denunciar la violencia policial contra las comunidades afroamericanas. Estas actitudes le han valido la crítica de Trump de “irrespeto al país”, a la Casa Blanca y a la bandera nacional.

“Hay que mandar al carajo cualquier tipo de desigualdad o de mal sentimiento que el gobierno de Trump pueda tener hacia la gente que no luce exactamente como el”, dijo Rapinoe en una entrevista.

6. En el estadio de Lyon, en la final del recién Mundial, las y los seguidores de la selección de los EE.UU. y otros asistentes, coreaban la consigna “paga igualitaria”, en relación a que una jugadora debe ganar lo mismo que su par masculino. Rapinoe expresó que entendía las diferencias entre el fútbol femenino y el masculino, y por qué este último es más rentable, pero la política sutil de la Fifa en contra del fútbol femenino se mostró con el hecho de programar tres finales el mismo día: Copa América, Copa de Oro y la final femenina.

De esta manera, sin respeto de parte de la Fifa para con las mujeres, es claro que no se puede cerrar ni la brecha salarial ni la cultural.

 

Información adicional

  • Autor:Pedro Miguel Tapia
  • Edición:259
  • Sección:Deporte
  • Fecha:Julio 20 - agosto 20 de 2019
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