Martes, 30 Julio 2019 08:58

Suicidios en el Ejército, un problema estructural de la militarización

Escrito por Alejandro Parra Macías*
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https://www.eluniversal.com.mx/articulo/periodismo-de-investigacion/2017/05/27/110-suicidios-de-militares-durante-guerra-al-narcohttps://www.eluniversal.com.mx/articulo/periodismo-de-investigacion/2017/05/27/110-suicidios-de-militares-durante-guerra-al-narco

Durante los últimos 16 años Colombia registró 1.155 suicidios, un promedio de 72 por año1. ¿Cuáles son las razones de este preceder? ¿Qué medidas toma el Ejército para lidiar con este preocupante fenómeno? ¿Qué posibilidades tienen los jóvenes que prestan el servicio militar obligatorio, o sus familias, para enfrentarse a esta situación?

 

El suicidio, un problema por décadas invisibilizado por parte de las Fuerzas Militares. Sucede en diversos países, entre ellos Colombia. Su motor, para nuestro caso, la presión del mando sobre los soldados, todo ello, producto del afán de buscar resultados –bajas– a como de lugar. La militarización, motor de este procedimiento, donde la ética no tiene espacio, es parte de la explicación del proceder de los suicidados, un proceder, como es lógico, que afecta a las familias de las víctimas e, incluso, a la misma institución militar.

Es muy probable que alguien que prestó el servicio militar, o ha sido parte de las fuerzas militares, haya conocido o escuchado sobre algún caso de suicidio al interior de un Batallón o unidad militar al que estaba asignado. El suicidio no es un proceder extraño, registra con frecuente dentro de estructuras militares que cumplen con ciertas características, como las que comportan los ejércitos de EE.UU, Filipinas, Brasil y Colombia. Cuatro aspectos hay en común dentro de esta problemática: Prácticas machistas enquistadas dentro del Ejército, altos niveles de militarización, militarismo e impunidad sobre estos casos.



Los efectos de aumentar el nivel de militarización



En primer lugar, los altos índices de militarismo llevan a las estructuras militares a introducir dentro de sus rutinas de instrucción prácticas en extremo violentas, encaminadas, según los manuales de entrenamiento, a moldear el carácter y la capacidad de respuesta violenta de los soldados. Estas rutinas, a pesar de ser cuestionadas, terminan siendo veladamente aceptadas por sociedades militaristas como la colombiana, donde se justifican estos hechos bajo premisas asociadas con el sacrificio, la disciplina, el honor o el temperamento, ignorando las múltiples implicaciones que generan estos procedimientos en la mente y los cuerpos de los jóvenes que las padecen e incorporan en su rutina diaria.

Son manuales y rutinas de entrenamiento que también se aplican en Ejércitos de otros países, los que registran porcentajes más bajos de suicidios, tal vez porque tienen niveles reducidos de militarización. Por eso, en segundo lugar, vale la pena aclarar que mientras el militarismo es un sistema de valores, la militarización es un fenómeno cuantificable, en el que uno de los factores claves es el aumento del pie de fuerza, razón por la cual los filtros psicológicos y procesos de selección se hacen menos rigurosos o en algunas ocasiones sencillamente se omiten, como ocurrió en el caso colombiano entre los años 2002-2010, período en el cual se documentaron cientos de casos en los que los jóvenes eran reclutados en procedimientos ilegales –como las batidas (detenciones arbitrarias con fin de reclutamiento)– luego de las cuales se practicaban exámenes psicológicos claramente deficientes, o en algunos casos no se realizaba ningún examen.

El filtro psicológico es determinante a la hora de prevenir acciones suicidas dentro de los batallones, pues permite identificar jóvenes con algún tipo de trastorno de personalidad, problemas familiares, depresión, antecedentes suicidas, baja autoestima, dolor crónico, falta de sueño, lesiones cerebrales y otros aspectos que al entrar en relación con el entrenamiento realizado en condiciones estresantes o degradantes, sumado a prácticas de abuso de autoridad, violencia física y psicológica, aumenta considerablemente el riesgo de suicidio. En definitiva, un alto nivel de militarización que implique aumentar las cuotas de reclutamiento, tiene una relación directa con el incremento en los índices de suicidio.

En tercer lugar, mencionamos el machismo dominante dentro de las instituciones castrenses. Aún bajo la presión del entrenamiento un joven podría construir al interior del Batallón una red de apoyo formada por sus compañeros, a partir de lazos de fraternidad y confianza que les permitan enfrentar esta y otras situaciones, pero aunque el Ejército habla permanentemente de sus esfuerzos para promover la hermandad y cooperación entre sus efectivos nada dista más de la realidad, pues en la cotidianidad, dentro de las unidades militares se presentan decenas de prácticas propias de una masculinidad hegemónica, basada en el estereotipo de un hombre que funciona casi como una máquina, que debe resolver todo con la fuerza, y sin expresar emociones, porque tal cosa sería vista como una palpable debilidad.

Matoneo, discriminación racial, hurto de pertenencias personales, acoso y abuso sexual, intimidación, extorsión, amenaza, feminización, aislamiento y otras prácticas asociadas a contextos fuertemente patriarcales, hacen que los soldados en lugar de protegerse o solidarizarse con las crisis experimentadas por sus compañeros, terminen empujándolos bajo una lógica de competencia e imposición de un tipo bastante nocivo de masculinidad, llevándolos a límites de estrés, miedo y tensión, tan fuertes, que en muchos casos los jóvenes desarrollan esquizofrenia, paranoia, depresión, o incurren en consumo de sustancias psicoactivas; condiciones que incrementan peligrosamente las probabilidades de cometer suicidio.



Los casos de suicidio en la impunidad

El pasado 7 de julio Noticias Uno dio a conocer el caso de Cristian Aldana2, un joven de 22 años cuyo sueño era prestar el servicio militar. En efecto, lo reclutaron, pero  mientras prestaba el servicio fue víctima de matoneo y abuso sexual por parte de dos sargentos, cuestión que lo llevó a intentar en varias ocasiones suicidio y ser diagnosticado con esquizofrenia paranoide. Actualmente el Ejército no reconoce los hechos y se niega, además, a suministrarle los medicamentos que requiere para el tratamiento de una patología que a todas luces adquirió durante la prestación del servicio militar.

Esto nos lleva al último punto, relacionado con los altos niveles de impunidad presentes dentro de la institución militar. Si bien es difícil encontrar personas dispuestas a denunciar este tipo de situaciones, debido principalmente a los códigos de silencio impuestos por una masculinidad que se considera socavada por contar lo que está ocurriendo, la cuestión empeora aún más al revisar que la cifra reconocida por el Ministerio de Defensa (1.155 suicidios en los últimos 16 años) puede estar muy por debajo de la realidad, pues como se ha podido observar recientemente, luego de las denuncias publicadas por el New York Times acerca de las presiones a las que son sometidos oficiales para obtener bajas a todas costa (práctica que disparó la cifra de “Falsos positivos” entre el 2004 y el 2010) el Ejército colombiano en lugar de realizar las modificaciones necesarias para transformar la situación, emprendió una brutal cacería tratando de ubicar a los efectivos que habían hablado con los medios. Si esta fue la decisión tomada contra oficiales de altos rangos, puede deducirse fácilmente que este mismo tipo de presiones para garantizar silencio son empleadas contra las familias que intentan indagar sobre los suicidios de sus hijos, como ocurrió en el año 2007 con el suicidio de Alexander Calderón Gómez, joven de 19 años de edad3, hecho sucedido al interior del Batallón Guardia Presidencial y denunciado por su padre, quien manifestó también en varias ocasiones haber sido sujeto de conversaciones y llamadas intimidantes por parte de efectivos del Ejército, que le advertían que de seguir indagando sobre lo ocurrido con su hijo habría consecuencias para él y otros integrantes de su familia.

Para este último ejemplo es importante recordar que en el Batallón Guardia Presidencial, ubicado en pleno centro de la ciudad de Bogotá, se han presentado 14 suicidios entre 1994 y el 2018, frente a los cuales valdría la pena preguntarse ¿cuáles son los resultados de las “investigaciones” realizadas para cada uno de los casos? Y, ¿cuáles son las prácticas o situaciones comunes entre los casos documentados? Práctica y rutinas necesarias de establecer pues se supone que este Batallón no aplica cursos o entrenamientos especiales que implican acciones de tortura física y psicológica, como las denunciadas recientemente para el Curso Unidades Básicas de Lanceros (Cubal) o los simulacros de secuestro realizados en la base militar El Fuerte - Amazonas II4.



La necesidad de revelar el secreto



Para empezar, es fundamental que el país empiece a problematizar este tipo de situaciones en lugar de tratarlas como un secreto a voces. Ninguna vida se va a salvar asumiendo que estas “son cosas que pasan” o que “el entrenamiento militar no es para todo el mundo”.

Por otro lado, la institución militar en cabeza del Ministerio de Defensa, debe empezar a implementar controles estrictos y cambios estructurales en rutinas, normas y cursos especiales de entrenamiento, que aumentan significativamente la probabilidad de que se presenten suicidios al interior de los batallones y bases militares ubicadas a lo largo y ancho del territorio nacional. También está en la competencia del Ministerio de Defensa asumir debidamente su propósito de transformar el Ejército, modernizando los procedimientos de entrenamiento y dándole sentido al objetivo N° 7 de su “Plan de Transformación Ejército de Futuro (Petef)” en el cual plantean “El fortalecimiento de la cultura de transparencia, que busca la aplicación de normas, generando cambios culturales y pedagógicos enmarcados en la ética y la transparencia institucional”5.

De así suceder, la ciudadanía podría entender que la modernización del Ejército es una realidad no solo en el marco de las multimillonarias adquisiciones en sistemas, equipos, vehículos y armas de combate que autorizadas con los presupuestos otorgados por el gobierno actual, sino también por el esfuerzo y los recursos que se deben comprometer para respetar y garantizar la vida de los soldados, ya que lo que está ocurriendo dista mucho de ser la “maravillosa experiencia” que prometen en la numerosa y frecuente publicidad promovida por el Comando de Reclutamiento (Corec) para que los jóvenes se vinculen a la institución.

Por último, como sociedad civil y organizaciones sociales, debemos asumir un rol más fuerte en el seguimiento, denuncia y exigencia de cambios estructurales a la institución militar. Cambios que pueden empezar por la eliminación del anacrónico y obsoleto modelo de servicio militar obligatorio, que solo entre el 2009 y el 2015 dejó 7.552 jóvenes afectados de por vida por daños físicos o mentales6 y la transición hacia un modelo de profesionalización de las fuerzas militares.

Es importante también que el Ejército (como lo ordena la Corte Constitucional) y las organizaciones sociales, promuevan masivamente el derecho fundamental a la objeción de conciencia, el cual le brindaría la posibilidad a cualquier joven que sienta que no puede prestar el servicio militar o que no debe seguir prestándolo, de ser desvinculado de la institución militar, sin por ello asumir implicaciones negativas contra su persona.

Precisamente, en el marco de estas alternativas a la militarización y la barbarie que la acompaña, Colombia será este año el anfitrión de la Conferencia Internacional “Antimilitarismos en movimiento: Narrativas de resistencia a la guerra”, por realizarse en Bogotá entre el 30 de julio y el 1 de agosto, Conferencia impulsada por la Internacional de Resistentes a la Guerra, la Red Antimilitarista de América Latina y el Caribe, y por las organizaciones en Colombia: Justapaz, Cuerpo Consciente, Acooc y Convivamos7.



1    Esta cifra la dio a conocer Gustavo Petro en un debate de control político realizado al Ministro de Defensa en la Comisión Primera del Senado el pasado 11 de junio. Consultado en: https://canal1.com.co/noticias/nacional/al-ano-se-suicidan-50-militares/amp/
2    Consultado en: https://canal1.com.co/noticias/madre-denuncia-que-su-hijo-fue-abusado-sexualmente-en-el-ejercito/
3    Consultado en: https://caracol.com.co/radio/2007/06/22/judicial/1182532620_443734.html
4    Consultado en: https://www.las2orillas.co/el-infierno-del-campo-de-entrenamiento-del-ejercito-colombiano-en-el-amazonas/
5    Consultado en: https://www.defensa.com/colombia/plan-transformacion-ejercito-colombia
6    Consultado en: file:///C:/Users/ALEJANDRO/Downloads/7812-Texto%20del%20art%C3%ADculo-20791-1-10-20180307.pdf
7    Para más información, pueden consultar en:
    https://www.wri-irg.org/es/

*    Acción Colectiva de Objetores y Objetoras de Conciencia-ACOOC, @objetoresyobjerorasdeconciencia
    @ AcoocObjecion

Información adicional

  • Autor:Alejandro Parra Macías
  • Edición:259
  • Sección:Fuerzas Armadas
  • Fecha:Julio 20 - agosto 20 de 2019
Visto 814 vecesModificado por última vez en Martes, 30 Julio 2019 08:59

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