Jueves, 26 Septiembre 2019 16:34

Devaluación y desempleo

Escrito por Jorge Iván González
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Devaluación y desempleo

Durante estos días el desempleo y la devaluación del peso son los dos rasgos más significativos del desenvolvimiento de la economía colombiana. Los dos reflejan dificultades que no son solamente coyunturales, sino que también son de naturaleza estructural. Además, son la manifestación del impacto que han tenido las dinámicas internacionales en la actividad doméstica.

 

Desempleo

 

En la figura se observan las variaciones de las tasas de desempleo (TD), y de participación (TGP), en el mes de julio de los años 2001-2019.

 

La tasa de desempleo presenta dos tendencias claras. Una descendente, que va desde el 2002 hasta el 2015. La reducción fue significativa, y el mismo pasó de 15,4% a 8,8%. Y, la otra, ascendente, que va desde el 2015 hasta ahora, cuando el desempleo llegó a 10,7%. Con razón, el gobierno y los gremios han expresado, sus preocupaciones por el aumento del desempleo.

Durante el período 2002-2015 el desempleo se redujo por varias razones. i) A comienzos de los años 2000, la economía todavía estaba resentida por la caída del PIB en 1999, que fue de -4,5%. Esta disminución de la producción fue un golpe muy duro, que redujo de manera significativa la capacidad de la economía. A partir del 2002 ya se comienza a observar cierta recuperación, y por ello el desempleo comienza a bajar. ii) Las bonanzas del petróleo y de los minerales. El precio del petróleo empezó su ritmo ascendente en el 2003-2004. Los recursos de la bonanza favorecieron a algunos sectores, como el comercio, los servicios, las finanzas y la construcción, que mejoraron el empleo. iii) La disminución de la tasa general de participación entre 2001 y 2007. Esta reducción significa que menos personas están buscando trabajo, y ello facilita la disminución del desempleo. Cuando la tasa de participación comenzó subir en el 2008, el desempleo no aumentó porque ya se estaba en plena bonanza, y se pudo absorber a la nueva población que deseaba trabajar.

El desempleo está aumentando desde el 2015 porque: i) La bonanza se agotó, y ya se están observando las consecuencias de no haberla sembrado. Las importaciones aumentaron, afectando de manera negativa a la industria, y a la agricultura. La euforia de la bonanza se agotó, y ello se explica porque durante los años de vacas gordas no se crearon condiciones propias para estimular la actividad productiva nacional. ii) La tasa de participación continúa siendo alta. Y ello se explica, entre otras razones, porque cuando las familias sienten que sus ingresos están disminuyendo, algunos de sus miembros que antes no trabajan, deciden buscar empleo. Esta opción puede ser muy dañina, sobre todo cuando el joven abandona el colegio para buscar empleo. iii) La reducción de la inversión pública. La disminución de los impuestos a los más ricos, disminuyó la capacidad fiscal del gobierno, y el gasto público se ha contraído. iv) El ministro de Hacienda está desconcertado porque no entiende cuáles podrían ser las razones del mayor desempleo. Y tiene razón en estar confundido, porque desde su lógica, las exenciones que el gobierno le ha ido dando a las empresas, y la reducción significativa de los impuestos, deberían haberse expresado en un mayor nivel de empleo. No ha sucedido así. Todo lo contrario. No obstante la menor carga tributaria, el empleo no mejora. No se está cumpliendo la relación de causalidad que de manera simplista había propuesto el gobierno: menores impuestos, entonces mayor empleo. v) Todo indica que las causas del desempleo habría que buscarlas en factores estructurales, y dejar de lado el discurso que reduce todo el problema a los costos laborales.

 

La devaluación del peso

 

Cuando se acaban las bonanzas también se reduce la entrada de dólares, y por ello su precio sube. La devaluación del peso, que se ha intensificado estos días, es una consecuencia de la fragilidad de la economía. El país no está preparado para recibir los choques externos. Con los excedentes de las bonanzas no se consolidó la producción nacional. El país se dedicó a importar, y las empresas locales no pudieron competir. Los efectos perversos del mal uso de la bonanza se están comenzando a sentir.

Quizás sirva de consuelo saber que la devaluación puede estimular las exportaciones, y reducir el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Pero este camino únicamente es posible si las políticas gubernamentales efectivamente favorecen a la pequeña y mediana empresa.

 

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10 de septiembre de 2019

Visto 178 vecesModificado por última vez en Lunes, 30 Septiembre 2019 19:09

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