Miércoles, 27 Noviembre 2019 08:29

Luis Emiro Valencia Sánchez: Un hombre en dos siglos y dos siglos en un hombre

Escrito por Jhosman G. Barbosa D.
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Luis Emiro Valencia Sánchez: Un hombre en dos siglos y dos siglos en un hombre

…esta vida sigue hasta la línea final pues el 25 de marzo ¡cumplí 91 años! La gran experiencia, atravesar dos siglos maravillosos y complejos,
¡qué mejor! Estoy muy lúcido y produciendo.

 

Hubo una época cultora de las grandes batallas, las familias, los heraldos –casi siempre negros– los reyes, los imperios, las conquistas. A tal exaltación se le antepuso una nueva forma de ver lo cotidiano, como una película fotográfica que, hasta entonces invisible revelaba en un cuarto oscuro –mediante líquidos y al calor de una luz roja– lo mundano, lo de a pie, las revueltas, los desposeídos, los marginales, los héroes que formaban la historia humana, de la otra humanidad, la misma. Luis Emiro Valencia se mantuvo activo en el ejercicio del pensar y de la militancia al lado de ‘los de ruana’. Gustaba citar a Ortega & Gasset para afirmar las acciones de vida, desde el ser y las circunstancias y así llevó la vida que vio, vivió e hizo.

La cita con la que inicia esta breve nota permite ver la fascinación que sentía por su vida: desde la pizarra y la tiza hasta el computador. Recuerdo lo maravillado que quedó al conocer el libro de Eric Hobsbawm, Cómo cambiar el mundo, pues entendía en aquél una forma de estar atento a la historia y al tiempo de haberla construido. Por otra obra del mismo autor, Extremes. the short twentieth century 1914-1991, tuvo la perpleja certeza de haber atravesado dos siglos.

Luís Emiro Valencia Sánchez, no nació un 25 de marzo de 1922. Nadie nace el día de su santo. A tal hecho le antecedió, le determinó la vida de su madre Carlina Sánchez y su padre Tulio H. Valencia, quienes soportaron la muerte de su primer hijo de dos años en el marco de un viaje a Panamá y Estados Unidos, entre 1920 y 1921. Hecho sobrecogedor, subsanado por el nacimiento del maestro Luis Emiro. De la quiebra económica del padre durante la crisis de 1929 devino el inicio de una vida austera para el maestro al lado de doña Carlina y también su primer contacto con la vida sindical ya que su madre, trabajadora de la Compañía Fosforera de Colombia, lideraba el sindicato con la asesoría del anarco-sindicalista Juan de Dios Romero. Ella llevaba a casa las cajillas de fósforos y la lija para pegar en el borde de la misma. El maestro colaboraba en esta tarea y su dedo índice quedaba pelado por repetir la operación. Cuando era el momento de entregar lo producido, debían cruzar la Sabana de Bogotá hasta la fábrica y allí podía relacionarse y ver a la gente humilde integrada a la caravana.

Es Carlina Sánchez, según comentaba el maestro, quien le inculca la pasión por el conocimiento que comenzó memorizando “El Credo”, previamente explicado y el poema, soneto del poeta cubano Elías Calixto Pompa que se llama “Estudia “ y que mantengo fresco en mi memoria. Este poeta tiene una trilogía de sonetos que sigue con “trabaja” y “descansa”…

Luego de efectuar estudios secundarios con los hermanos cristianos, la Escuela Industrial y la Escuela Nacional de Comercio, ingresó a la Universidad Nacional de Colombia, graduándose en la primera generación de la Facultad de Economía fundada por Antonio García Nossa, su maestro desde 1940 ‘hasta siempre’, según me escribía. A este periodo él llamó su ‘época dorada’. Se aproxima a Jorge Eliécer Gaitán y a un grupo de jóvenes liberales con ideas socialistas sin adscripción a la nomenclatura soviética, en pleno auge, pues según su entender, el socialismo era un humanismo no un dogma. De este grupo se consideró el amanuense de las reuniones, esmerado en comprender para transformar.

Poco a poco fue encontrando cierta identificación y a la vez singularidad dentro de su historia. En cierta ocasión buscaba entre fotografías una en particular, una donde él se encuentra al lado de Antonio García y del abogado y políglota chocoano Diego Luis Córdoba. “El indio, el negro y el blanco”, me dijo el maestro Valencia, resaltando la fuerza pluricultural, pluriétnica de la imagen.

Consumado lector, devora la obra de Marx y Engels mediante grupos de estudio, dentro y fuera de la universidad. Lee a Weber, Hegel, David Ricardo, Adam Smith, Friedrich List, Stuart Mill, Saint Simon, los filósofos de la ilustración y la obra de Lenin. También gustaba de la literatura y la poesía, como un espejo de la vida y de lo íntimo.

En 1961 gana el premio de ensayo Hispanoamericano Casa de las Américas por su análisis económico de los dos primeros años de la Revolución Cubana. Esto le permite compartir con Fidel Castro durante dos días. Vivencia recogida en notas –que tuve el privilegio de transcribir– y que, pasadas unas décadas y con plena vigencia, publica en 2009 bajo el título 48 horas con Fidel.

Sus conocimientos y andanzas, además de esta breve proximidad al Comandante, así como a Ernesto Guevara, Salvador Allende y Jorge E. Gaitán, permite entenderlo como un hombre inmiscuido en asuntos de primer nivel de importancia para el país y para el continente.

En su prolongado accionar social y político, se mantuvo como pionero de la economía solidaria y la acción comunal en Colombia, buscando la formación de conciencia crítica desde abajo, para que confluyera con la acción política democrática, no representativa ni participativa sino ‘participante’, como gustaba resaltar. Una democracia popular en ejercicio permanente. Es por esto que fungió como vicepresidente de la Unión Patriótica –UP– al lado de Bernardo Jaramillo Ossa.

Y vivió el maestro Luis Emiro el asesinato de su copartidario Jorge E. Gaitán, el asesinato del revolucionario liberal llanero Guadalupe Salcedo –a quien llevó a ver en Bogotá una película sobre el líder mexicano Emiliano Zapata, asesinado por orden del presidente Venustiano Carranza–, vivió el entusiasmo nacionalista del cardenismo mexicano, conoció a Quintín Lame, líder indígena caucano. Vivió el fervor de la Revolución Cubana y sus efectos colaterales, como la crisis de los misiles y el boom del movimiento insurgente centroamericano y colombiano. Sobrevivió al genocidio de sus copartidarios de la UP y la debacle del llamado ‘socialismo real’, derivado de la caída de la Unión Soviética. Apoyó y reflexionó críticamente sobre las posibilidades ya en el siglo XXI y mediante vía democrática, del Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua, así como del pseudo-socialismo venezolano, pioneros del ciclo progresista latinoamericano, que hoy entre yerros, aciertos y la ofensiva de la derecha, promete reverdecer.

En sus últimos años asesoró en temas de economía solidaria a la Alcaldía de Bogotá y documentó desde su militancia autocrítica, la Vida, pasión y muerte de la Unión Patriótica, en espera de ser publicado. Con noventa y un años, me escribió al respecto: A Venezuela he ido varias veces en búsqueda de testimonios para el trabajo sobre la UP y otras metas. Terminé 30 testimonios que están para corrección de estilo y hacen parte del libro, pues mi intención es que encuentren los lectores otras visiones y vivencias, además del texto histórico-social propio. Es un testimonio y un legado que considero importante y será polémico.

Luis Emiro Valencia no murió un 14 de noviembre de 2018. Su vida continúa como afortunado acontecimiento para quienes le acompañamos y aprendimos de su amistad y su inteligencia. Este tributo es ínfimo ante las circunstancias parteras de su vida y que el maestro privilegiaba para explicar los dos siglos en que vivió y los dos siglos que vivieron en él.

Información adicional

  • Autor:Jhosman G. Barbosa D.
  • Edición:Nº263
  • Sección:Memoria
  • Fecha:Noviembre 20 - diciembre 20 de 2019
Visto 223 vecesModificado por última vez en Miércoles, 27 Noviembre 2019 12:07

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