Sábado, 07 Diciembre 2019 16:43

La paz cuestionada: posacuerdo y guerra*

Escrito por • Jhonn Armando Fajardo Sánchez**
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La paz cuestionada: posacuerdo y guerra*

Colombia es un país de paradojas, y lo sucedido con el Acuerdo de Paz firmado con las Farc es otra de ellas. No hay duda: después de firmada la paz y puesta en marcha la implementación del Acuerdo en muchas regiones, en vez de disminuir la guerra, se agudizó, configurando un nuevo ciclo de guerra. En igual sentido, una cosa fue el ambiente pro-negociación gobierno-insurgencia en el 2016 y otra muy distinta los resultadados arrojados por el mismo. Ambas paradojas iluminan este artículo.

La noticia no es novedad, aunque no por ello deja de ser dolorosa y cuestionadora: se volvió cotidiano escuchar el nombre de uno o varios líderes sociales asesinados en alguna región del país evidencia la desarticulación de la implementación del Acuerdo de Paz, por ejemplo, con el asesinato sistemático de excombatientes de la desaparecida guerrilla de las Farc-ep, que en cifras estimadas de varios sectores apuntan a 170, sin contar a los familiares de los excombatientes, también en la mirilla del sicariato. En el momento de escribir este artículo fue asesinado Alexander Parra en el espacio territorial de Mesetas (Meta)[4]. Realidad violenta que cuestiona la forma como todos los sectores político-sociales –y de todas las vertientes– asumen esta realidad, sin ir más allá de las declaraciones de solidaridad desde las capitales, alejándose de un compromiso real con la construcción verdadera de paz, es decir, con una modificación total de las estructuras política-económica del país.

Es una realidad que habre interrogantes, como: ¿cuál es el grado de concientización política de los sectores sociales en Colombia frente a la continuidad de la guerra interna y la violencia política? Después de 3 años de implementación del Acuerdo, ¿cuál fue el tipo de paz negociada en La Habana? ¿por qué el interés por asesinar y/o exterminar cualquier expresión de organización popular en las localidades y regiones del país?[5]. Realidad, que mirada desde otro plano, también permite inquerir si el actual inquelino de la Casa Nariño, más que gobernar, se ha dedicado a defender sus posturas partidarias sin atender los problemas estructurales del país[6].

 

La paz en cuestión

 

Considero que en Colombia no hay un escenario de posconflicto. En este momento existe un escenario de posacuerdo y sobre todo una continuidad de la guerra interna con un cambio de dinámicas de la violencia, dirigida y selectiva hacia los liderazgos populares y sectores comprometidos en la defensa de los territorios ante el avance del neoliberalismo que se manifiesta en una intervención descarada y solapada de capitales extranjeros sobre el territorio del país.

Quiero que tengamos en cuenta la definición de Ulloa y Coronado[7],  en relación a la diferenciación entre posacuerdo/posconflicto: considero que la firma del acuerdo de paz no significó la superación de los conflictos sociales que afronta el país sino más bien fue “el culmen de la negociación que hizo posible un pacto de paz”[8]. La firma del acuerdo de paz marcó el inicio de un periodo largo de implementación, que supone transformaciones políticas, sociales y económicas: “[…] el contexto de posacuerdo alude al momento posterior a los pactos de paz, y el posconflicto al resultado progresivo de la implementación de los acuerdos, lo que implica […] el logro de transformaciones políticas […]”[9].

Un informe del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que tiene como objetivo ejercer verificación[10] cada noventa días del balance de la implementación del acuerdo de paz nos muestra un panorama que indican avances y retrocesos de dicha implementación:

[…] El periodo sobre el que se informa estuvo marcado por la evolución positiva de ciertos aspectos relativos de la implementación de la paz, como la reincorporación. Sin embargo, persistieron las preocupaciones en materia de seguridad y se mantuvo la polarización y la división entorno al proceso de paz […][11].

El informe señala, que, desde la firma del acuerdo de paz, en octubre del 2016 a junio del 2019, la misión ha verificado la muerte de 123 excombatientes de las Farc, 10 desapariciones y 17 intentos de homicidio. Sólo entre finales de marzo a finales de junio de este año se verificaron 14 asesinatos de exmiembros de las Farc-ep. Entre todos los casos de asesinados, hay dos relevantes por su grado de barbarie y sevicia: el asesinato de Dimar Torres en Norte de Santander y el de Wilson Saavedra en Tuluá, Valle del Cauca. En el primero, miembros de un batallón planificaron el asesinato e intentaron pasar el homicidio como un hecho de legítima defensa de un soldado[12]  y el segundo, era un excomandante de las Farc, que había participado de las mesas de conversaciones en La Habana y dirigía una cooperativa de excombatientes en Planadas Tolima[13].

La situación de riesgo también afecta a comunidades, defensores de derechos humanos y líderes sociales que realizan su labor en territorios afectados históricamente por la guerra. Diariamente se registran asesinatos y atentados contra la vida de estas personas. Los departamentos más críticos, son Nariño, Norte de Santander, Córdoba, Antioquia, Chocó, Magdalena, Valle del Cauca, Cauca, Guaviare y Caquetá: […] El 11 de junio, el Defensor del Pueblo informó que, entre el 1 de enero y el 07 de junio, se produjeron 37 desplazamientos en masa relacionados de grupos armados ilegales, que afectaron a 8.223 personas […]”[14].

La situación es más que compleja de lo que parece. Por ello propongo un análisis del contexto del posacuerdo en Colombia apoyado en el debate que nos propone Benedicto González, excombatiente y miembro del partido Farc[15]. Lo primero que nos señala es que en este momento se acaban de cumplir tres años de la firma del acuerdo de paz. Las expectativas han cambiado, sobre todo por dos temas: los balances negativos de la implementación y el contexto de guerra interna cada día más agudo.

[…] Quiero con esto decir que comparto el concepto de posacuerdo porque inicialmente, posterior a la firma […] muchas personas y organizaciones e incluso países en medio de la enfuria que nos produjo […] la firma de un acuerdo histórico como este, se comienza a hablar de posconflicto, pero la tozuda realidad […] viene demostrando que no estamos en periodo de posconflicto, sino en un conflicto con otras formas, con otras manifestaciones, con otros desarrollos y con otras expresiones continúa […][16].

Es muy importante reconocer que el proceso de paz fue determinante en la disminución de los índices de soldados heridos, victimizaciones que se producían en el plano de las confrontaciones, pero a la par de ellas, se empezaron a registrar nuevos hechos de violencia armada que marcaron el inicio de nuevos ciclos de guerra interna en el país. Es muy importante el argumento de Benedicto cuando nos plantea que el acuerdo de paz […] de alguna manera fue un acuerdo mezquino y creo que esa mezquindad[17] del acuerdo […] es uno de los factores a tener en cuenta de por qué estos cambios […] necesarios […] no se pudieron realizar […][18]. Y esa “mezquindad” no va a permitir la garantía de construir los cambios necesarios en términos de paz: es decir la reconfiguración de una estructura política-económica alejada de los intereses del gran capital[19].

Pero ¿cómo entendemos esa mezquindad[20]?: Tomo el ejemplo del punto 1 de del acuerdo, la reforma rural integral. Benedicto González nos platea que, en la mesa de negociaciones de la Habana, por parte de las Farc, se propuso entregarle 20 millones de hectáreas de tierra a campesinos sin tierra o sin títulos de propiedad como una forma de romper las raíces estructurales causales de la guerra en el país. El argumento de González[21] gira en torno a un hecho objetivo: si el gran latifundio y el hato ganadero tiene una concentración de 40 millones de hectáreas[22][…] Sería apenas justo […] un buen mensaje de voluntad de paz, que la mitad de esa tierra acaparada y concentrada en pocas manos y familias se la pudieron entregar de manera gratuita a los campesinos sin tierra […][23]. En consecuencia, de los 20 millones propuestos sólo se logró acordar un fondo de tierras de 3 millones de hectáreas[24]. Si no se soluciona el problema de la tierra, si no se rompe la hegemonía del latifundio y hay una distribución entonces ¿cuál reforma rural integral?

Me sumo a lo planteado por Benedicto. Para construir una paz verdadera no es suficiente desarmar a las insurgencias del país. Hay que solucionar los problemas más agudos que han permito que se mantenga la guerra, la violencia política y lo levantamientos armados; sobre todo si persiste la injerencia del modelo económico capitalista la “paz real” está lejos: […]De lo contrario […] se puede el régimen deshacer de un cúmulo […] de rebeldes, pero en algún momento brotaran -como efectivamente están brotando- nuevas expresiones de violencia política sin saber todavía que consecuencias podría tener […][25].

¿cuáles serían esos problemas?: el problema de la tierra y la exclusión política[26], el monopolio de la participación política, la captura de la institucionalidad y de las burocracias locales mezclada con violencia política y dirigida hacia los sectores que históricamente han reclamado el derecho a la participación o ejercido reivindicaciones frente a la exclusión: “[…] Marginar, excluir de la participación en los escenarios políticos genera violencia política y esa ha sido tal vez una de las causas fundamentales del conflicto en Colombia […][27].

En los diálogos de la Habana, la exigencia de las clases dirigentes para mantener las negociaciones fue establecer unas líneas rojas. Esas líneas rojas se concentraron en dos perspectivas. Uno, el tema de las fuerzas militares[28] y dos el modelo económico. Si en un acuerdo de paz no se discute el modelo que ha dado origen a los levantamientos insurgentes, entonces de que ¿paz hablamos: […] Pero si los sectores sociales y políticos de un país no acceden al debate, al cuestionamiento del modelo económico que rigen los destinos, la vida de su nación, de su país, entonces ¿qué tipo de democracia es la que se desarrolla en este país? […][29].

Entonces lo que hay después de la firma del acuerdo de paz en 2016, es la continuación y reconfiguración de la guerra interna y el inicio de un nuevo ciclo de confrontación[30]. Los grupos paramilitares tienen amplia presencia y control de territorios, estructuras que no se acogieron al acuerdo de paz continuaron en el plano de la confrontación, aún está en armas el ELN y hay un despliegue de formas de violencia política sistemática y selectiva de “fuerzas oscuras”, contra los liderazgos populares y sociales que han desarrollado actividades en contra de políticas que afectan la vida en los territorios y en favor de una paz real.

[…] Pero el tema es que el conflicto colombiano va más allá de las guerrillas, de las insurgencias, hay nuevos elementos cada día que tienen que ver con aquellas estructuras derivadas del paramilitarismo o herederas del paramilitarismo pero que de alguna manera le han dado continuidad al fenómeno porque cumplen los mismos objetivos y tareas y la presencia en algunos territorios de las llamadas disidencias. Esto hace que cada vez se haga más compleja la situación de seguridad en los territorios […][31].

Quiero abordar dos elementos críticos del acuerdo de paz: la función de la entrega de las armas y las garantías de seguridad para los reincorporados. Benedicto nos propone analizar el primer punto a través de los tiempos y ritmos del proceso de paz. La primera parte de la implementación del acuerdo se llamó la “implementación temprana”; se caracterizó por la celeridad de cumplir con el compromiso de la entrega de las armas. Lo que quiero decir es que a partir de la entrega total de las mismas “[…] se notó el freno en la ejecución […] compromisos de la implementación y no volvimos a ver […] durante el periodo que faltaba de gobierno del expresidente Santos, tanto interés como en este periodo que he mencionado […][32].

Aun así, esto no es lo más grave. A parte de la continuidad de la guerra, la ausencia de garantías de seguridad para los excombatientes en proceso de reincorporación y sus familias es cada día más agudo. Se habla de 170 excombatientes asesinados y una fractura en el proceso de reincorporación que tiene que ver con los limitados recursos para la implementación de proyectos productivos y la falta de garantías jurídicas. A parte de ello tengo una lectura personal; en todos los procesos de paz, desde la entrega de armas de las guerrillas liberales en los Llanos orientales en la década de 1950 hasta hoy, la propuesta de paz de quienes han controlado el Estado ha sido plantear compromisos de papel para lograr el desarme y la desarticulación de los alzados y luego de ello proceder al exterminio. Una estrategia cobarde y solapada de incumplir lo pacto y aniquilar cualquier forma de inconformidad social.

[…] En el fenómeno de exterminio de la Unión Patriótica se utilizaron los mismos elementos distractores y los medios masivos de comunicaciones se prestaron para ello. Y luego del asesinato de más de cinco mil integrantes de la Unión Patriótica se tuvo que aceptar que fue un hecho sistemático y que fue un genocidio[33]. La pregunta es ¿tendremos que esperar el asesinato de miles de exguerrilleros farianos para luego reconocer que efectivamente si existió un plan y que existió una complicidad por acción o por omisión del Estado porque no hizo absolutamente nada para prevenirlo? […][34].

Como conclusiones generales, puedo asegurar que con el proceso de paz se inicia un nuevo ciclo de confrontaciones y violencia política en varios territorios del país. Esta violencia reconfigurada se sustenta en que el acuerdo de paz no tocó las estructuras político-económicas vinculadas a las causas iniciales de la guerra en Colombia. Aunque el acuerdo de paz no significó el fin de la violencia; sí ayudó a disminuir algunas acciones, pero la guerra continua porque la solución a las desigualdades sociales no se ha concretado y no se concretarán desde el lado institucional, porque, especialmente en el gobierno de Duque, se ha hecho todo lo necesario para no buscar caminos diferentes a la solución de la guerra mediante más guerra. Cierro con una idea de Benedicto en torno a la paz:

[…] La paz entonces tiene que pasar por abrir espacios para la participación efectiva de estos sectores o de múltiples sectores que se sienten y que son excluidos de la participación democrática y de la construcción de escenarios de participación y de decisión; y de esa manera tomar decisiones sobre el rumbo del país […][35].

 

* Este artículo se ideó con la intención de proponer un análisis del asesinato de los excombatientes de las Farc. El objetivo consistía en generar un debate en torno a la existencia de una sociedad familiarizada con el contexto de guerra permanente[1], manifiesta en asesinatos diarios de líderes sociales, comunales, barriales, campesinos, indígenas y exguerrilleros que confiaron en el “Acuerdo de Paz”. Pero el contexto de alta violencia y guerra interna llevaron a redefinir el objeto del escrito, intentando realizar un debate de aspectos problemáticos en el desarrollo y balance del Acuerdo de Paz, el escenario del posacuerdo, la continuidad de la guerra y la violencia política en el país.

** Sociólogo y maestrante en sociología, Universidad Nacional. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

[4] El 24 de octubre, sicarios asesinaron dentro del espacio territorial Mariana Páez a Alexander Parra conocido como “Rodolfo Fierro” quien hacía parte del proceso de reincorporación de las Farc-ep. Según declaraciones del partido FARC ya son 168 excombatientes asesinados y 88 durante la presidencia de Iván Duque.

[5] No pretendo responderlas, sino dejarlas como una provocación para generar un cuestionamiento político a la realidad de guerra interna del país y sobre todo a los “intelectuales” que defienden la paz desde los escritorios.

[6] El problema de la desigualdad, la deuda externa, la violencia política, el problema de la tierra y el mundo rural, la pobreza, segregación, la salud, la educación, todos ellos encierran algunos de los problemas estructurales.

[7]  Ulloa, A., & Coronado, S. (2016). Territorios, Estado, actores sociales, derechos y conflictos socioambientales en contextos extractivistas: aportes para el posacuerdo. En A. Ulloa & S. Coronado (Eds.), Extractivismos y posconflicto en Colombia:retos para la paz (pp. 23-58). Bogotá D.C: Universidad Nacional de Colombia- Centro de Investigación para la Educación Popular Cinep.

[8]Ibídem.

[9] Ulloa & Coronado,  op. cit., p. 32.

[10] Ente informe hace un análisis de la implementación entre el 26 de marzo al 26 de junio del 2019.

[11] Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. (2019). Informe Trimestral del Secretario General sobre la Misión de Verificación en Colombia. S/2019/530 (Vol. 10172). Recuperado de https://colombia.unmissions.org/sites/default/files/sp_n1918524.pdf

[12]Alvarado, S. (2019, mayo 8). Los asesinatos de exguerrilleros compromenten la paz en Colombia. The New York Times. Recuperado de https://www.nytimes.com/es/2019/05/08/asesinatos-exguerrilleros-colombia/

[13]  Consejo de Seguridad…, op. cit.

[14] Consejo de Seguridad…, op. cit., p. 11.

[15] Después de la firma de la paz y el proceso de desarme, la antigua guerrilla de las Farc-ep, se transformó en el partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc).

[16] González, B. (2019). Entrevista a Benedicto González, Bogotá D.C: Jhonn Fajardo, pp. 1–14.

[17] Cuando se refiere a la mezquindad referencia a las clases políticas dominantes que les “cuesta ceder parte de sus privilegios” que les garantiza el control de la estructura política-económica del país.

[18] González, B. (2019). Entrevista a Benedicto… op. cit., pp.2-3.

[19] Desde mi perspectiva esta es la idea de una “paz real”.

[20] La mezquindad puede ser el control o la hegemonía sobre las decisiones político-económicas del país.

[21] González, B. (2019). Entrevista a Benedicto González, Bogotá D.C: Jhonn Fajardo.

[22] Muchas de ellas expropiadas a pequeños campesinos en el marco de la guerra con ayuda de grupos armados irregulares.

[23] González, B., Entrevista…, op. cit., p. 3.

[24] Los otros 7 millones de hectáreas fueron para formalización de predios sin titulación.

[25] González, B., Entrevista…, op. cit., pp. 4-5.

[26]Como lo aseguraba Alfredo Molano, la concentración de la tierra, el campesino sin tierra también es una forma exclusión.

[27] González, B., Entrevista…, op. cit., p. 5.

[28] No estaba en discusión la doctrina, el pie de fuerza y su presupuesto.

[29] González, B., Entrevista…, op. cit., p. 6.

[30] El 29 de agosto, un grupo de antiguos excomandantes, entre ellos Iván Márquez y Jesús Santrich, mediante manifiesto anunciaron la refundación de las Farc-ep. Según ellos, una medida extrema que provocó los incumplimientos de los acuerdos de paz y el asesinato sistemático de excombatientes de la misma guerrilla.

[31] González, B., Entrevista…, op. cit., p. 10.

[32] González, B., Entrevista…, op. cit., p. 7.  

[33] Por ejemplo, el caso de Dimar Torres: Se conoció en días recientes una denuncia en la Revista Semana (Guarnizo, 2019) donde demuestran como miembros del Batallón de Operaciones Terrestre planearon el asesinato del excombatiente de las Farc-ep Dimar Torres en el departamento de Norte de Santander. El ministro de defensa Guillermo Botero dio varias declaraciones en medios de comunicación, todas confusas, donde trataba de desviar la atención de lo verdaderamente ocurrido (Revista Semana, 2019): A Dimar Torres lo asesinó el Ejercito en un plan premeditado y trataron de divulgar una versión falsa para legitimar el hecho.

[34] González, B., Entrevista…, op. cit., p. 13.

[35] González, B., Entrevista…, op. cit., pp. 5-6.

 

 

Referencias Bibliográficas

Guarnizo, J. (2019, octubre 27). “Mi coronel, ya lo maté”: El grupo de whatsapp que crearon para asesinar a Dimar Torres. Revista Semana. Recuperado de https://www.semana.com/nacion/articulo/mi-coronel-ya-lo-mate-el-grupo-de-whatsapp-que-crearon-para-asesinar-a-dimar/637988

Revista Semana. (2019, octubre 30). Las declaraciones del ministro Botero alrededor del crimen de Dimar Torres. Revista Semana, p. 1. Recuperado de https://www.semana.com/nacion/articulo/las-declaraciones-del-ministro-botero-alrededor-del-crimen-de-dimar-torres/638307

 

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