Sábado, 07 Diciembre 2019 17:14

“Si saben cómo soy para que me nombran”

Escrito por Edwin Guzmán
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“Si saben cómo soy para que me nombran”

Un audio lo puede todo: ocultar, desinformar, evidenciar. El filtrado el pasado 20 de noviembre y que permite escuchar la conversación sostenida entre el embajador de Colombia en los Estados Unidos y la hoy canciller Claudia Blum, revela la realidad del bloque en el poder, la “unidad” del gobierno de turno y la conspiración sostenida desde la oligarquía bogotana contra Venezuela.

 

La cita fue en un exclusivo hotel de la capital gringa. “Exclusivo”, como es todo aquello que toca y concentra el poder, como pretenden ser sus ideas, vencidas por la historia aunque no por los pueblos sobre los cuales aún logran y prolongan su dominio. Allí, en un reservado, ajenos a la técnica que hoy hace de los celulares micrófonos abiertos, dos dignatarios de la diplomacia criolla, hablan y se van de lengua sobre el gobierno de turno, algunos de sus funcionarios, sobre el Departamento de Estado y lo difícil que les resulta sostener a Guaidó, y con él toda la conspiración para dar cuenta de Maduro y de quienes le rodean en el curubito venezolano.

Y es que el problema venezolano asume cada vez más un panorama grotesco y confuso. El pasado 2 de diciembre, el actual Secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, declaraba que su país no intervendrá militarmente en Venezuela pues los efectos colaterales de la acción serían mucho peores de lo imaginado por los socios de su accionar.

Un día después, en la reunión en Bogotá del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, (Tiar) –tratado de defensa militar del continente americano, impulsado por EU en 1947, hijo de la Guerra Fría, y del que se han retirado varios países por considerarlo obsoleto y sin sentido– resaltó que EU busca asfixiar a Venezuela aislándola, y repitiendo los pasos seguidos contra Cuba en la década de los sesenta del siglo pasado. Como aprendices de brujo, los paises que aún hacen parte de este Tratado, sancionaron a 29 funcionarios del gobierno venezolano para impedirles el tránsito y las operaciones financieras en cualquiera de las naciones firmantes del acuerdo miitar. La encargada de la lectura de la resolución, como no podía de ser e otra manera, fue la  canciller colombiana, Claudia Blum, la misma del audio de las escuchas.

Acusación que no recuerda que Guaidó, en su ingreso a principio de año a Colombia para dirigir una supuesta operación humanitaria, haya quedado infraganti en su laxo con un grupo paramilitar asociados al tráfico de sustancias ilícitas. Operación que terminó en fiasco y que ahora parte de quienes recibieron los dineros para potenciarla son denunciados por el propio Guaidó –para mostrarse como intachable– por hurtar dinero de la llamada ayuda humanitaria que intentaron introducir forzadamente por la frontera colombiana. La sedicente moral que esgrimen para buscar un golpe de Estado en Venezuela no aparece en estos casos.

 

Un cuadro de cómo se maneja la política

La conversación entre los dos funcionarios era como un informal acto de empalme, y como informal en él discurrió la política descarnada, no como apariencia, en la cual siempre el poder reluce como algo compacto, uniforme y con todo bajo control. Es por ello que en la conversación el subalterno trata de impresionar a su ahora jefa y para ello no le importa poner en ridículo a sus otros compañeros de gobierno. De frente, uno ante el otro, el embajador habló como lo hacen los borrachos, y como éstos engrandó su labor, esfuerzos y potencial, ofreciendo una agenda estratégica a la que una y otra vez alude pero la cual no pasa de ahí, de un simple enunciado. Y no es para más, pues, ¿podrá existir agenda estratégica en una clase siempre sometida al poder del Norte, clase siempre dispuesta a servir su espalda para lo que éste indique?

Por su parte la Canciller, que es de la misma camada clasista, a la que ascendió a codazo limpio, responde con acuerdos, promesas de apoyo y elogios a todas las palabras de su interlocutor; asiente a todo lo dicho por éste, tal vez guardando las formas, tal vez compartiendo criterios, en todo caso, ganando espacio para lo que después puede que haga a través del mismo funcionario.

Así, en su informal conversación, tal vez degustando los platos que los tranochan, o tal vez los tragos que endulzan la venenosa, el Embajador le sigue dando rienda a ésta hasta el punto de calificar como desastrosa la administración en la Casa Pálida, desprecio que por ahora el jefe del imperio dejará pasar impugne pues temas mayores exigen toda su atención. Tal vez cuando la coyuntura electoral esté más cerca de su final sus ojos se posen sobre Venezuela y por ello sobre Colombia, cuyos verdugos siempre están prestos a lo que se les indique, y no hay que ordenarles pues solitos buscan anticipar los deseos de los dominadores para ser vistos de forma indulgente.

Aunque la calificación de lo que hoy sucede en la Casa Palida parece ser una realidad compartida con el cuerpo diplomático de otros países, por su imprudente boca Santos metió al baile al embajador de Singapur. Su lengua también enunciaría la ineptitud del exministro porcino Botero, de su holgazanería que demostraría ante los magistrados con su desconocimiento sobre los costos de la aspersión del glifosato sobre una hectárea de coca. También se refirió a la falta de planeación de su anterior jefe, hoy nuevo ministro de Defensa, su costumbre por agendar citas para luego cancelarlas; cosa que para la actual Canciller no parece sorpresa, como tampoco lo es la confesada aspiración presidencial de su contertulio.

 

¿Por la boca de Pacho se sabe de política?

Como diplomático, el hoy jefe de la delegación criolla ante el imperio, dejó ver la estrategia de intervencionismo orquestado contra el país bolivariano con una ayuda humanitaria que, en palabras de ambos, fue un fracaso. Pero a pesar de la mala jugada insiste en desarrollar acciones encubiertas, inventar operaciones para lograr algo de atención en el Congreso de republicanos y demócratas. Intención era clara desde cuando expresó ante medios –anhelo de muchos de los de su clase– la necesidad de intervención militar como opción para dar cuenta del gobierno de los vecinos.

No es la primera vez que este burocráta de oficio, gozador de las mieles del poder desde su cuna, habla más de la cuenta. En su condición de director de noticias no dudó en sugerir el uso de armas no letales para descargar volteos a estudiantes que se movilizaran. O como vicepresidente dijo, sin inmutarse, que la parapolítica afectaba a más congresistas de los hasta ese momento enlodados, o imponer el cambio de relaciones con el país donde es hoy embajador si por ese entonces no se aprobaba el Plan Colombia.

Ya nadie recuerda la ocasión que con tufo prometía transporte masivo para Riohacha. Y es que su habilidad como Cónsul es puesta a prueba en pequeños ejercicios, como cuando en una ocasión le preguntaron qué alimento consumía cuando estaba nostálgico, y la esperada respuesta del plato nacional el panzón la dejó a un lado cunado aclaró que es un freak por el Taco Bell. Incluso hasta hace poco, cuando su patrón fue llamado a indagatoria por la Corte Suprema, descalificó el alto tribunal al decir que era un cartel de la toga.

Él no tiene ningún problema en pedir excusas por su bocota, de hecho ya es costumbre expresar sus imprudentes ocurrencias. Quizás este personaje cree en: ¿Usted no sabe quién soy yo?, cuando quiso abogar ante una Corte federal por el pillín de Agro Ingreso Seguro. Incluso, en sus toldas políticas no fue tomado en serio cuando su patrón no le apoyó en la consulta presidencial. Igual el fervoroso uribista parece no haber estado distante de paramilitares, pues distintos medios insisten que estableció conversaciones con Carlos Castaño, Fredy Rendón (El Alemán), Rodrigo Tovar (Jorge 40) y Salvatore Mancuso para conformar el Bloque Capital.

Sin embargo, sus torpezas son toleradas por el Presidente –tal vez por ser tan parecidos– quien pese a las filtraciones de los medios y a las implicaciones de lo dicho, lo ha conservado en funciones, al igual que a su confidente.

Quizás el problema de incompetencia no solo es del Embajador. Es todo el equipo de la actual administración, que parece no comprender las implicaciones de sus actos. Es por ello que puede asegurarse que si estos dos funcionarios deben presentar renuncia, que también lo haga el resto del equipo de gobierno, pues todos hacen parte del mismo perfil: “servidores públicos” con nulo proyecto de nación.

Este es “nuestro” hombre, quien nos representa ante el imperio. Pero como dirán por ahí: “Si saben cómo soy para que me nombran”.

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Información adicional

  • Autor:Edwin Guzmán
  • Edición:264
  • Fecha:Diciembre de 2019
Visto 910 vecesModificado por última vez en Lunes, 16 Diciembre 2019 12:11

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