Domingo, 29 Marzo 2020 07:13

La guerra contra los pueblos y el eterno dolor de las mujeres*

Escrito por Felipe Martínez**
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Indígenas colombianas protestan contra el ejército, después de que siete soldados admitieran que habían abusado sexualmente de una niña de su comunidad, en Bogotá, el 26 de junio de 2020. https://www.dw.com/es/investigan-12-casos-de-violencia-sexual-contra-ni%C3%B1as-ind%C3%ADgenas-de-colombia/a-54056840Indígenas colombianas protestan contra el ejército, después de que siete soldados admitieran que habían abusado sexualmente de una niña de su comunidad, en Bogotá, el 26 de junio de 2020. https://www.dw.com/es/investigan-12-casos-de-violencia-sexual-contra-ni%C3%B1as-ind%C3%ADgenas-de-colombia/a-54056840

La violación de una niña indígena del pueblo Embera Chamí, en hechos que aún están frescos en la memoria nacional, develó el poder machista patriarcal, amparado en la fuerza del fusil de una institución que no protege a su pueblo, sino que actúa como ocupante de territorios que no le pertenecen.

 

Un día maldito. El domingo 21 de junio del 2020, en el corregimiento de Santa Cecilia del municipio de Pueblo Rico, departamento de Risaralda, una niña indígena del pueblo Embera Chamí de 12 años de edad se encontraba recogiendo guayabas para el jugo del almuerzo sin imaginar lo que estaba por vivir. Siete bestias armadas merodeaban el lugar, y viéndola indefensa y sola optaron por secuestrarla, llevarla a las instalaciones militares, encerrarla en un cuarto, desgarrar su ropa y violarla en manada, alentándose los unos a los otros.

No son bestias anónimas, no son simples soldados como dicen los medios, tienen nombres y rostros, pertenecían al Batallón San Mateo de la Octava Brigada de Pereira. Luis Fernando Mangareth Hernández, Deyson Andrés Isaza Zapata, Óscar Eduardo Gil Alzate, Juan David Guaidi Ruiz, José Luis Holguín Pérez, Yair Steven González y Juan Camilo Morales Poveda: nombres que la memoria no puede dejar caer en el olvido.

Horas de violencia, en realidad una eternidad viviendo aquella atrocidad. Quince horas secuestrada en la instalación militar, quince horas de angustia familiar y comunitaria, la misma que recorría vereda tras vereda en su procura. Ancizar Hiupa Nacequia, consejero y secretario general del Consejo Regional de Autoridades Indígenas de Risaralda (Crir), nos dice con el dolor de su pueblo, “realmente quedamos consternados con las cosas que han pasado en el país, no me cabe en mi cabeza que a una niña de 12 años le metan trapos en la boca para silenciarla para que no grite. Queda uno sin palabras, quedamos indignados, nos han dejado por el piso la vida, la actitud, el principio como mujer Embera [...] a la niña la intimidaron con sus armas, la amenazaron diciéndole que sabían dónde vivía y que si contaba algo tenían ubicada a su familia. Le dijeron que antes de llegar a la casa se bañara y se deshiciera de las prendas”.

Así mismo, nos dice el consejero, “le ofrecieron plata a los familiares para que no los denunciaran, ¿en qué país estamos viviendo?, ¿será que la plata lo puede todo? Primero debemos defender la dignidad de un pueblo […] ¿qué hubiera pasado si este caso fuera con la hija de un fiscal, la hija de un juez, de un funcionario? […] tras del hecho vienen a decir que la niña andaba buscando plata, eso es mentira, es para desinformar, para que estos casos no salgan a la luz pública y déjeme decir esto, y me da pena decirlo a la ciudadanía, nosotros como comunidades indígenas no estamos sometidas a la prostitución, eso de que esta niña se estaba prostituyendo por plata es totalmente falso, es para desprestigiar el principio de la dignidad de nuestras compañeras indígenas”.

Violencia, manipulación, desinformación. Pero no solo esto, la violencia institucional también se hizo presente en el momento de implantar la denuncia, pues según el consejero Ancizar: “desde el primer momento no nos garantizaron un traductor indígena, porque la niña no sabe hablar bien el español y la hermana que la estaba acompañando no escucha bien el español, entonces ellos transcribieron la denuncia como les convenía”.

Una institución podrida


Aunque el poder se empeñe en querer mostrarlo así, estas bestias no son manzanas podridas, no son una deshonra para el “honor” militar, tampoco son un caso aislado, simplemente representan una institución repleta de gusanos por su alto estado de descomposición. Estas bestias son jóvenes entre los 18 y 21 años, entrenados por una doctrina criminal y asesina, como la que alimenta al Ejército colombiano, doctrina que ha legitimado, impulsado y desarrollado todas las formas de la guerra en nuestro país y que utiliza la violencia sexual como un arma más.

La violación es una práctica inherente al patriarcado y al militarismo, forma de ser, convicción que desprecia a las mujeres al verlas como bolsas de carne a las que pueden usar, comprar, tocar, violar y matar. Este hábito militar no solo está al interior de las fuerzas armadas colombianas, como lo reportó el historiador Renán Vega Cantor en la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas en 2015, también hace parte de la cotidianidad del ejército estadounidense –inspiración e instructor del colombiano– cuyos integrantes presentes en nuestro país entre los años 2003–2007 (durante la ejecución del Plan Colombia) violaron a 54 niñas en Melgar y Girardot (cerca a la base militar de Tolemaida) y luego, con vileza sin par, vendieron las grabaciones como material pornográfico. Una práctica desarrollada por los gringos, según Vega Cantor, en países como Filipinas, Japón o Corea del Sur, consolidando así un “imperialismo sexual”.

Abusando del poder que le otorga las armas, los casos de abusos sexuales en las fuerzas armadas del país son múltiples y constantes. En años recientes los ejemplos no dejan de sucederse: El 21 de enero de 2006 soldados del grupo de Acción Unificada por la Libertad Personal, adscritos a la Décima Brigada, entonces comandada por Nicacio Martínez, asesinaron a los indígenas Javier Pushaina, Luis Ángel Fince Ipuana y Gaspar Cambar Ramírez; hirieron a Gustavo Palmar Pushaina y Moisés Pushaina Pushaina; agredieron física y sexualmente a Irene López Pushaina y a Ligia Cambar Ramírez.


A finales de 2006 un joven ingresó a prestar el servicio militar en el Batallón Especial Energético y Vial Número 7, en Barrancabermeja y fue violado por 4 soldados.


El 2 de octubre de 2010 el entonces subteniente del Ejército Nacional, Raúl Muñoz Linares violó a una menor de 13 años en Tame, Arauca. El 14 de octubre, nuevamente volvió y abusó de una niña de 14 años, esta vez asesinándola a machetazos junto a sus dos hermanos de 9 y 6 años. En abril de 2017, en Fuente de Oro, Meta, un soldado perteneciente al Batallón de Infantería Batalla Pantano de Vargas violó a una bebé de 4 meses.


En mayo del 2017 el entonces sargento Dixon Velásquez violó a un soldado que estaba prestando servicio militar. En mayo de 2019 el comandante de la Fuerza de Tarea Quirón, coronel Arnulfo Traslaviña Sáchica confirmó que uno de sus soldados habría violado una mujer sordomuda de 32 años en Arauca.


En septiembre de 2019 la capitana Maritza Soto, denunció públicamente al coronel Hernando Garzón Rey, su superior, quien la acosaba sexual y laboralmente.
También en el mismo mes se dieron a conocer las denuncias contra el general Mauricio José Zabala Cardona, quien fue acusado por abusos y acosos sexuales contra 4 mujeres entre los años 2014 y 2018 (1). De la misma manera, once días después del caso de la niña Embera violada por la manada, salió a la luz el caso de otros soldados que violaron a dos niñas en la vereda Carchi Carlosama, departamento de Nariño.

Así mismo, son conocidas las declaraciones del comandante del Ejército, Eduardo Zapateiro, quien sostuvo que en cuatro años (desde 2016), 118 militares han sido relacionados con abusos sexuales. Entre estas personas están oficiales, suboficiales y soldados, así como también civiles que trabajan con la institución.

Más violaciones contra niñas indígenas. Conocido el caso de la niña Embera de Risaralda, comenzaron a emerger múltiples casos de violaciones (en su mayoría ocultas) contra mujeres de pueblos indígenas, entre ellas la padecida a lo largo de los años 2008 y 2017 por 23 niñas y adolescentes de las comunidades Nukak Makú y Guajibos en el departamento de Guaviare, embarazadas tras el abuso sexual perpetrado por militares. En septiembre de 2019 un sargento, un cabo y seis soldados del Batallón de Infantería nº 19 general Joaquín París, en el corregimiento de Charras (Guaviare) abusaron sexualmente de una niña de 15 años del pueblo Nukak Makú, a quien secuestraron al interior de un batallón para abusar de ella durante cuatro días. De la misma manera, la Fiscalía abrió investigación por otros 12 casos de violencia sexual padecida por mujeres del pueblo Nukak Makú.

La directora de la Corporación Humanas, Adriana Benjumea, asegura que hay otros casos de violaciones perpetrados presuntamente por miembros del Ejército en Arauca, Guaviare, Meta, así como en Montes de María y Catatumbo (2).

Guerra de exterminio contra los pueblos indígenas

Estos casos de violencia sexual por parte de las fuerzas armadas hacen parte del ejercicio de la guerra permanente contra los pueblos indígenas, cuyo propósito central tiene origen en la apropiación y despojo de tierras para proyectos extractivistas.

De ello da cuenta la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic) en informe radicado en agosto de 2018 ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), en el cual se denuncian “[…] alrededor de 29.098 hechos de victimización que se han cometido contra Pueblos Indígenas y sus individuos, entre los que se encuentran: secuestro, violencia sexual, desplazamiento, confinamientos, minas antipersonales, masacres, torturas, asesinatos selectivos, entre otros”, donde se leen cifras como: 219.501 desplazamientos desde 1926 hasta 2017, según el RUV; 2.954 indígenas asesinados; 1.884 acciones bélicas que desarmonizan los territorios ancestrales; 2.015 amenaza/Intimidación/Atentado; 123 masacres; 39 de los 102 Pueblos Indígenas en vía de extinción física y cultural según la Corte Constitucional en Auto 004/08, aunque para la Onic está en riesgo el 100 por ciento; casos de violencia sexual: 127, que dejaron 164 víctimas (3).

El consejero Ancizar nos muestra un panorama devastador en la región de Risaralda (que podría contrastarse con zonas de alto conflicto armado como el Cauca) en la que irrespetan, hoy como ayer, la autonomía y los territorios ancestrales de los pueblos, quienes padecen día a día el conflicto armado. Nos dice Ancizar: “aquí desde hace mucho tiempo tuvimos problemas de confinamiento por parte de grupos ilegales de las Farc, Erg y el Eln, con consecuencias varias como desapariciones, asesinatos selectivos, reclutamiento de jóvenes y niñas […]. Desde 1985 para acá nos han asesinado alrededor de 65 autoridades y hay 4 desaparecidos en el departamento de Risaralda […], hay comunidades donde enfrentamientos entre grupos paramilitares y guerrillas han dejado 3.000 indígenas desplazados a ciudades como Bogotá, Cali, Medellín y Pereira. Hoy ya no somos víctimas de las Farc sino de la Fuerza Pública”.

Por su parte, Gerardo Jumí, indígena de la nación Embera y secretario de la Mesa Permanente de Concertación de los Pueblos, nos dice que estos conflictos que viven hoy los pueblos indígenas se enmarcan dentro del racismo estructural histórico contra los pueblos, y que no es necesario utilizar únicamente las armas, pues: “existe una violencia institucionalizada y auspiciada por el gobierno, recordará usted que hace unos meses quedaron grabados dos funcionarios del gobierno que estaban haciendo insultos racistas hacia los indígenas del Cauca, a la semana siguiente ya estaba ocurriendo que un supuesto palabrero o humorista estaba ofreciendo en venta niñas indígenas Wayuu; a la semana siguiente el ejército asesinaba al coordinador de educación de la nación U’wa en Boyacá; y lo más reciente que hemos conocido es esa violencia y agresión sexual a una niña indígena por parte de un grupo de militares.
Así mismo, las denuncias que hace el movimiento indígena tienen que ver con desaparición forzada, con asesinato, con masacres”.

Un daño que no se explican y no lograrán entender jamás

La mayora Rosa Elena Jacanamijoy, indígena Inga, nos explica cuál es el papel de las mujeres al interior de los pueblos indígenas, y de ahí los efectos que tienen los actos que atentan contra ellas, bien sean adultas o niñas:

“Bueno, las mujeres indígenas han sido y seguimos siendo las transmisoras, las conservadoras de los conocimientos y tradiciones que nos han dejado nuestros abuelos. Mantenemos la pervivencia y permanencia de nuestros pueblos gracias al trabajo en conjunto con nuestros hombres y también al trabajo conjunto desde las mismas mujeres. En nuestro pueblo, la mujer es la responsable de generar la descendencia para que no se pierda nuestro pueblo, por eso nuestras abuelas, nuestras madres, por ejemplo, tuvieron más de 10, 12 hijos, mi madre tuvo 10 y yo tuve 7, y espero que mis hijas sigan manteniendo la cultura.

El papel de la mujer es infinito, podríamos decir que somos enfermeras porque sabemos del cuidado de nuestros hijos con la medicina, cuando se enferman nosotros somos quienes estamos al frente de ellos. Podríamos decir que también somos agrónomas porque practicamos la cultura de la agricultura con nuestros conocimientos, sabemos en qué tiempo es la cosecha o en qué tiempo es la siembra. Practicamos también el arte propio, lo que son nuestros tejidos, la simbología y sus significados; podríamos decir también que somos economistas, porque manejamos la economía familiar, somos profesoras porque también enseñamos a nuestros hijos el comportamiento que deben de tener entre nuestro pueblo, entre la familia y entre la sociedad; al ser profesoras también, puedo decir que tenemos materias, por ejemplo, enseñamos las ciencias naturales y allí el comportamiento que deben tener nuestros hijos con la madre naturaleza; enseñamos las matemáticas porque bueno, de un modo u otro, ellos tienen que aprender a contar desde niños; también enseñamos la historia propia de nuestros pueblos y lo que nos han contado nuestros abuelos que son los cuentos, los mitos de nuestros pueblos”.

Los casos de violaciones como los relacionados a lo largo de este artículo, y especialmente el de la niña Embera, nos dice con dolor la mayora Rosa: “Dejan una herida muy profunda no solo a su familia sino a todo el pueblo, a todos los pueblos indígenas que vivimos en Colombia y fuera de ella. La historia del mal llamado descubrimiento de América no ha terminado, sigue en este siglo XXI, antes éramos “salvajes”, antes nos decían que no teníamos alma, por eso violaban y asesinaban. Ahora que nos dicen que sí tenemos alma, que somos cristianizados, sigue igual, la violencia sigue en nuestros pueblos, asesinan a mujeres, asesinan a niñas, violan, matan a nuestros líderes. Cuando tocan a una niña es como tocar a nuestros hijos, entonces por eso también los pueblos indígenas sentimos ese dolor, sentimos el dolor de los que son asesinados, sentimos el dolor de esa violencia que sigue en nuestros territorios.”.

Una herida abierta

Esta es una nota escrita con rabia, con un dolor profundo, pues aquí no solo están reflejados los casos de violencia contra las mujeres indígenas, sino que en el fondo tiene consigo la historia diaria de violencias y feminicidios que ocurren en Colombia y en el mundo; un artículo que trata de mostrar y develar algunas caras del patriarcado, el militarismo y sus consecuencias en la sociedad, un artículo de esos que en definitiva nunca hubiera querido escribir.

* El presente artículo contó con el apoyo de Sebastián Delgado, quien se encargó de realizar la transcripción de las entrevistas que acompañan el texto.
** Integrante equipo desdeabajo y del colectivo Loma Sur.
Los casos relatados pueden verse en: https://www.las2orillas.co/diez-casos-de-abuso-sexual-que-averguenzan-al-ejercito/
Ver: https://www.semana.com/nacion/articulo/ejercito-no-ha-dado-respuesta-de-violacion-de-ese-soldado-a-nina-nukak-benjumea/682463
Ver: https://www.onic.org.co/comunicados-onic/2518-onic-entrego-a-la-jep-informe-de-afectaciones-individuales-y-colectivas-sufridas-por-los-pueblos-originarios-en-el-conflicto-armado

Visto 139 vecesModificado por última vez en Martes, 04 Agosto 2020 18:52

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