Lunes, 27 Abril 2020 16:44

Miedos e incompresiones que maniatan

Escrito por Equipo desdeabajo
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“Ahí viene el coco”, eso nos decían cuando niños para asustarnos, para que no fuéramos desobedientes. Y el coco tenía una forma y color únicos, y unos poderes inmensos, poderes que no podíamos enfrentar. El temor que despertaba en nosotros tal imagen nos llevaba a pedir protección, casi siempre bajo el ala protectora de mamá.

Solo llegamos a cuestionar y superar tal poder cuando ya estábamos grandecitos, cuando ganábamos cierta comprensión de la realidad, mientras ello llegaba a conjugarse la amenaza lograba su cometido.

Similar, no igual, está sucediendo ahora: con la imagen construida con un virus que puede llegar a quebrar nuestras vidas. Que es cierto, pero que en su manejo mediático los medios oficiosos se han encargado de construir un monstruo que justifica todo tipo de excesos por parte del poder, dándole paso a sociedades no solo cada vez más controladas, sino conformes de ese mismo control, pues, en este caso no mamá sino papá Estado se tiene que hacer cargo de nosotros.

 

Una sola lectura

 

Como es reconocido por todos los estudiosos del tema, el factor fundamental que está en juego con el Covid-19 y las medidas interpuestas para controlar la pandemia que desató es que la infección no suceda en masa sino a cuentas gotas, de manera que el sistema de salud no colapse. De así ocurrir todos tendrían atención plena y el número de pacientes finalmente muertos no sería dantesco.

Ese es el ideal, ya que en la realidad las sociedades se han encontrado con la privatización de los sistemas de salud y con su real postración, un quiebre que lleve a que la atención a toda la sociedad no sea plena ni eficiente, facilitando de esa manera muertes que podrían prevenirse.

También reconocen los estudiosos que en el curso de meses todos habremos sido infectados, lo que provocaría que pasado un tiempo deberíamos ser inmunes –esto siempre y cuando el virus no mute-. Una realidad que no niega la necesidad de la vacuna, la que de manera afanosa entes privados y públicos investigan y tratan de descubrir.

Un riesgo real que prolongará en los meses la alarme que nos conmueve. En su cubrimiento de esta realidad, los medios oficiosos no se han esforzado por informar de manera plena, con todas sus facetas, sobre esta realidad y las opciones existentes para enfrentar el virus; tampoco lo hacen los gobiernos del orden nacional, departamental y municipal, sometiendo a una parte de la población a un encierro “voluntario”, complacidos del poder creciente que ahora amasan, negando con ello derechos fundamentales –a la locomoción, como a la información plena, a reunión, etcétera–, dejando en vilo logros históricos de la humanidad, los mismos que de ahora en adelante se verán limitados de manera directa o indirecta –a través del registro que capturan cámaras instaladas a lo largo de las ciudades y la identificación por su conducto de posibles disidentes, señalados como enemigos del orden, tal vez “terroristas”, necesarios de aislar o “neutralizar”, todo ello por el “bien común”.

Es una (des)información que también niega una realidad palpable: ¿por qué aislar a toda la población y por qué no hacerlo solamente con quienes sufren el impacto del virus y todas aquellas personas con quienes haya tenido contacto directo o indirecto? Una opción que nunca se valoró ni se le explicó al gran público, el mismo que aterrorizado por el “coco” acepta sin mayor resistencia, pese a la precariedad económica que sobrelleva, la orden de encierro.

Tampoco se explica el origen profundo de la crisis en curso, y la posibilidad de que una y otra vez otros virus afecten a la sociedad global sino se atacan las causas estructurales que lo posibilitan, a saber, el modelo extractivista, en producción de vegetales y animales, la manipulación genética y la utilización de sus productos en el control de plagas, infecciones y en el mismo engorde de animales.

Una forma de procurar alimento que ha encubado multiplicidad de enfermedades en el ser humano, propiciando la muerte de millones por diabetes, cáncer de las vías digestivas, obesidad, y otras enfermedades producto de un sistema económico y social que en su afán de reproducir el capital desprecia la vida.

Al no aludir a las causas de lo que ahora nos afecta es obvio, por un lado, que las mayorías estén realmente desinformadas, además de asustadas y temerosas de una muerte eminente, y por el otro que reduzcan la solución –temporal– del problema al comportamiento de cada uno, dejando a un lado al modelo socio-económico, a las multinacionales del agro como de los alimentos, al modelo urbano soporte de la industria automotriz y la alta tasa de contaminación atmosférica que desprende, haciendo cada vez menos respirable el aire en las urbes.

Una visión y comunicación parcelada de la coyuntura que de parte de los gobierno, en una proyección de mediano y largo plazo, tampoco llama a la sociedad en general a emprender proyectos asociativos de base, de todo tipo, para no salir de esta crisis sometidos y dependientes del Estado, y sí airosos y con dinámicas solidarias en curso, unas dinámicas tales que también rompan la dependencia de las multinacionales y retomen la experiencia y producción local, autosostenible, que para el caso de la agricultura retome técnicas de sol y maleza, la convivencia en un mismo terreno de variedad de plantas, dejando a un lado la permanente fumigación de las plantas; y en el caso de los animales deshacinando su cría, así como variando su alimentación –que ahora está basaba en granos producidos bajo manipulación genética. De no ser así, la toxicidad, los venenos incorporados por plantas y animales, en su ciclo final seguirán llegando al cuerpo humano, propiciando el cúmulo de enfermedades “raras” que hoy le acechan.

Es un discurso, una reproducción de imágenes y mensajes que encuentra a las organizaciones alternativas sin capacidad para contrarrestarlo. Una incapacidad soportada sobre la inexistencia de un modelo comunicacional integral, dinámico, moderno, con soporte en los bastiones más fuertes de la cultura nacional, de las propuestas tejidas por las comunidades más diversas en décadas de resistencia, y de los ecos de transformación global que vivimos, desde los cuales y con los cuales disputar la opinión pública.

Un modelo inexistente y que para las prácticas dominantes en lo social termina reducido a la utilización y la circulación de mensajes por las redes sociales, que más allá de lo que piensan unos y otras, no alcanza a entretejer lo fundamental de lo que debe ser un sistema de comunicación alternativo y, por lo tanto, no pasa de seguir reproduciendo imágenes y discursos que por más válidos que sean, por ese simple hecho no implica que permeen el tejido social ni alcancen a sensibilizar a las mayorías, que siguen bebiendo en los vasos que le extiende el establecimiento. Mensajes autocomplacientes con matrices ideológicas que no se preocupan por desestructurar el discurso del contrario ni por cuestionar de manera efectiva el sometimiento y la dependencia ampliada de la sociedad respecto del Estado.

Es una realidad tan potente que permite sin consecuencia alguna que el gobierno, y el establecimiento en su conjunto, puedan prolongar la cuarentena, quincena tras quincena, basados en un modelo impuesto internacionalmente que desprecia o desconoce otros escenarios posibles para enfrentar igual problemática, así como las consecuencias sociales, económicas y otros órdenes que su actuar desprende sobre el conjunto social, en especial los excluidos de siempre, en una primera escena los 13 millones y más de informales, así como los más de dos millones de desempleados.

Con el “coco” encima, con su sombra que nos obliga a cerrar los ojos, sin querer mirar ni al frente, ni atrás ni a los lados, buscando el ala protectora en este caso del Estado, ¿será posible así construir una alternativa social a esta crisis como a la que se avecina en el campo económico? ¿Será posible así mostrarle a las mayorías que tenemos alternativas colectivas para enfrentar y superar ambas contingencias? ¿Será posible así no olvidar el 21N y todas sus demandas pendientes de resolución efectivas, así como contener la ofensiva aniquiladora que prosigue arrebatando vidas a los liderazgos locales? ¿Será posible así romper el silencio sobre esos mismos asesinatos y evidenciar cómo los mismos están relacionados con un modelo social que en su esquema industrial, agropecuario y territorial es la causa de situaciones como las que hoy nos aislan a unos/as de otros/as?

 

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La alternativa por construir

 

Incapacidad informativa que permite, por un lado, que una parte sustancial del peso del encierro caiga sobre los sectores populares, donde residen los más de 13 millones de trabajadores que viven al día –revisen la excepciones para el encierro y verán que esto es así–, pero por otro lado impide confrontar al establecimiento, a su modelo neoliberal propiciador de las crecientes exclusiones que reinan en nuestro país, como de la privatización efectiva de todos los servicios públicos, entre ellos la salud.

Un modelo político, social y económico tal que agarró a más de 200 mil hogares por todo el país desconectados del servicio de agua por incapacidad económica para pagar la factura, que no tarda en llegar mes a mes.

Incapacidad, pobreza, miseria que desnuda la negación efectiva en nuestro país de los derechos humanos, unos derechos reducidos a vil mercancía, para recuperar los cuales (uno de los retos que desprende la crisis en curso), los sectores alternativos reciben la bandera para izar la demanda de desmercantilizarlos, pasando a una administración común de los mismos, para no volver al viejo modelo estatal–clientelar que ya padecimos.


Unos retos que nos demandan, para su disputa efectiva ante la opinión pública, la puesta en marcha de un Sistema Nacional de Comunicación Alternativo, síntesis de la multiplicidad de experiencias que en este campo existen entre estudiantes, sindicatos, Ongs, cooperativas, organizaciones sociales, etcétera. Un Sistema que responda de manera dinámica, plural y en tiempo real, al reto comunicativo potenciado por la tercera como por la cuarta revolución industrial.

Precisamente, es lo producido por estas revoluciones industriales lo que ha fortalecido el poder de las comunicaciones, facilitando que los medios oficiosos difundan un mensaje de status quo que por lo menos confunde o desmoviliza a un segmento importante de nuestra sociedad. Es un poder reconfirmado por el virus de moda. Verificación con valor sustancial toda vez que la emergencia y ampliación de las redes sociales había creado entre múltiples expresiones de los actores sociales alternativo la sensación contraria.

Una errada apreciación nacida del acceso abierto y múltiple a un conjunto de canales de comunicación a través de los cuales es posible interactuar al instante, en vivo, lo que multiplica su impacto. Un acceso que deja por fuera los impedimentos de otras épocas para poder contar con medios propios, en especial el de capital.

Es una posibilidad que con el paso de los años todos y cada uno de los procesos sociales fue asumiendo, bien a través de diseñar y administrar sus páginas web y en ellas presentando a la sociedad sus diferentes propósitos, bien dándole onda a programación radial, bien construyendo sus canales de video, como también poniendo a rotar sus informativos escritos.

Una dinámica abordada a pulso, con el esfuerzo y afán de cada organización –pequeña, mediana o grande– de hacer lo mejor posible en este campo, y con la ilusión de que lo está haciendo bien, pese a lo cual, para unas como para otras, el impacto de su mensaje no trasciende a sus propios afiliados, socios, amigos o influencia más cercana. Es decir, se cambió de soporte –mayoritariamente el papel– por lo virtual pero se continúo haciendo lo mismo que antes: chapolas, agitación, denuncia, pero no mucho más.

Una acción comunicativa que como antes era norma, no intenta conjunción de esfuerzos con procesos similares o simplemente cercanos gremial, social o políticamente, pero que tampoco pretende ascender sobre el conjunto social, para plasmar y ampliar en su tejido un proyecto de país alterno, sino que se conforma, como premio de consolación, con actuar y dejar sus huellas sobre el entorno inmediato.
Un desinterés por la acción común que también se extiende al desconocimiento efectivo que tienen y nos ofrecen las nuevas tecnologías y su posible eco sobre la sociedad –de lo comunicativo– de ser bien usadas.

Conformes con su utilización parcial o mínima, también su impacto es parcial o mínimo. Queda al margen su valoración y utilización efectiva de las nuevas tecnologías, y con ello la posibilidad de interactuar con escritura, imagen y sonido, así como de hacerla en tiempo real, buscando construir audiencias cada vez más amplias, las cuales ya no sean las receptoras de mensajes sino también, y esto es lo ideal, quienes crean el mensaje. Un camino para construir o potenciar desde el movimiento social.

Un proceder comunicativo conformista para el cual, mientras trasmita lo que pienso, con la falsa ilusión que mucha gente está sintonizada conmigo, me doy por satisfecho. Así, con este proceder y este mar de islas ahora llamadas dominios .com, .co, .org, .info, persiste, se multiplica y prolonga la atomización social. Un accionar que oculta, que lleva a insuflar la imagen de lo que no es, como resultado del eco alcanzado por el mensaje alternativo en ciertas coyunturas, bien de lucha callejera, bien en tiempo electoral.

Un actuar que no es ajeno a la concepción política-alternativa imperante, para la cual continúan dominando los proyectos de un solo color político, inflamados de voluntarismo, abrigados en la certeza histórica de su causa, concluyendo por ello, por ese solo precepto, que toda la sociedad está de acuerdo con sus ilusiones: –nosotros somos el centro del país y del universo–.

Nada más lejano de la realidad. La comunicación, como la sociedad toda, es un campo en permanente disputa y en el cual no es posible disputar de manera efectiva a través de islas dispersas ni de mensajes cargados de ideología. De ahí la importancia irrenunciable de construir un Sistema Nacional de Comunicación Alternativo, el cual reúna, retome y potencie las capacidades, recursos y acumulados de diversos procesos, para entre todos y todas darle forma a un mensaje pensando para todos los públicos , interactivo, dinámico, abierto, plural, que fluya por diversidad de canales; mensaje puesto a circular con la consciencia que está en disputa con otros muchos y entre ellos con el construido y difundido por los medios oficiosos, el dominante entre nosotros pues son parte del poder que controla y prolonga una realidad aceptada desde hace mucho tiempo por las mayorías. Es decir, la disputa no es simplemente con los otros mensajes, es con toda la superestructura vigente y al ser así en disputa con la raíz cultural que ahonda un dominio, unos valores, una moral, una ética, un sentido de la vida.

Una superestructura soporte del “coco” que ahora deambula en forma de virus y con el cual nos han llevado a guardar un silencio que le deja expedito todo el terreno al establecimiento. Sin mensaje no es factible la disputa de proyecto histórico, por más que aremos en el terreno local.

 

 

Información adicional

  • Antetítulo:La urgente necesidad de un Sistema Nacional de Comunicación Alternativa para el país
  • Autor:Equipo desdeabajo
  • Edición:Nº267
  • Sección:Comunicación
  • Fecha:Abril 20 - mayo 20 de 2020
Visto 443 vecesModificado por última vez en Lunes, 27 Abril 2020 17:31

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