Sábado, 30 Mayo 2020 11:03

La crisis apenas comienza

Escrito por Jorge Iván González
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Una de las expresiones más claras de la crisis asociada al covid-19 es la agudización del proceso de pérdida de empleos. Esta es la manifestación más evidente de una crisis profunda de la economía colombiana.

Como se observa en la figura 1, durante los últimos 20 años el máximo nivel de ocupación se presentó en el 2018 con 23 millones de personas. A partir de entonces el empleo ha tendido hacia la baja.

 

 

Antes del coronavirus la ocupación se estaba reduciendo porque ya se sentía el impacto de la caída del precio del petróleo. El fin de la bonanza afectó de manera negativa la actividad económica porque el país cometió el error de depender, de manera excesiva, de los productos primarios. Durante los años de altos precios de los hidrocarburos, en lugar de superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, las importaciones aumentaron más que las exportaciones, y se debilitó la industria y la agricultura doméstica El país se convirtió en un gigantesco sanandresito.

Este panorama ha empeorado con la pandemia, y el empleo se redujo de manera significativa en marzo, cuando la ocupación llegó a 20,5 millones. Solamente entre febrero y marzo de este año se perdieron 1,5 millones de empleos. La situación hoy es más difícil porque en el momento en el que se realizó la última Encuesta de Hogares, aún no se sentía todo el peso de la pandemia y del aislamiento. No hay duda, el empleo continuará disminuyendo.

Algunos sectores económicos han sido especialmente perjudicados, como el turismo, el transporte, el comercio, los restaurantes, las ventas ambulantes… Y se han afectado, en especial, las pequeñas y medianas empresas. Las actividades informales han recibido un golpe muy duro. Además, la llamada clase media también ha sentido las consecuencias perversas de la menor actividad económica.

Y por el lado positivo, se ha puesto en evidencia la relevancia de la agricultura y, en general, de la demanda interna. A pesar de todas las dificultades, la oferta de alimentos ha sido suficiente. Este hecho muestra la importancia estratégica que tiene el sector agropecuario, y obliga a poner en práctica estrategias que lleven a la sustitución de importaciones. Es inaceptable que el país esté importando anualmente, por ejemplo, 7 millones de toneladas de maíz.

El coronavirus ha mostrado otras debilidades estructurales de la economía colombiana, como las diversas expresiones de la desigualdad. Las diferencias regionales son significativas. Y un buen ejemplo es el Amazonas. Las personas más vulnerables han sentido la enfermedad de manera especialmente intensa.

Además del desempleo y de la caída del ingreso, los pobres están más expuestos a la enfermedad. Entre otras razones, porque no pueden aislarse. Únicamente los hogares privilegiados –que tienen la posibilidad de trabajar desde la casa, o que cuentan con ingresos estables– están en capacidad de guardar las condiciones estrictas de la cuarentena. La mayoría de las familias tienen que salir a la calle para poder conseguir un ingreso mínimo.

Las consecuencias

La disminución del empleo tiene como causa inmediata el aislamiento, y las dificultades ocasionadas por la pandemia. Pero pone en evidencia problemas estructurales de la economía nacional. En el panorama internacional no todos los desempleos son iguales. Cada uno tiene su propia naturaleza, y el del país es muy diferente al de Estados Unidos, Canadá, o Europa.

La tasa de desempleo no capta la profundidad del problema
Se considera como desempleada a la persona que durante el último mes buscó trabajo y no lo encontró. Quienes están sin trabajo, y que no trataron de emplearse el último mes son inactivos y, por consiguiente, no son desempleados.

A pesar de las dificultades que se presentan con las estadísticas, la tasa de desempleo se ha agudizado en los últimos 3 meses, y osciló alrededor del 12-13 por ciento.

El desempleo todavía no es tan alto como el que se presentó en el 2001. A comienzos del siglo la economía estaba resquebrajada por la recesión de 1999. La crisis actual todavía no ha alcanzado la profundidad de la anterior, pero todo indica que la situación se agravará, y que la recesión será de mayor intensidad. Las gráficas apenas reflejan el comienzo de la crisis.

El ingreso está cayendo y la pobreza se intensificará
El ingreso de los hogares está disminuyendo, y es muy probable que la incidencia de la pobreza se acentúe. Las estadísticas de los dos últimos años ya mostraban un ligero aumento de la pobreza en el país. Esta tendencia al alza se observaba incluso en Bogotá, ciudad caracterizada por tener niveles de pobreza relativamente bajos. La caída de la ocupación y del ingreso agravará las difíciles condiciones de vida de las personas más vulnerables.

En Colombia la línea de pobreza está alrededor de 270 mil pesos mes persona, así que una familia de 4 necesitaría un ingreso de un millón de pesos mes para superar la línea de pobreza.

Los precios de los alimentos están subiendo
Los precios de los alimentos suben por dos razones. Primera, porque el país está importando un volumen considerable. Durante los años de las bonanzas de petróleo y carbón, en lugar de consolidar el sector agropecuario se aumentaron las importaciones de alimentos básicos, que pasaron de 1 millón a 14 millones de toneladas año. Y, segundo, por la devaluación sufrida por el peso, lo que incrementa el costo de los bienes importados.

Para los trabajadores es muy perjudicial la conjunción de desempleo, caída del ingreso y aumento del precio de los alimentos.

Las alternativas

Entre las medidas implementadas resaltan:

Focalización urgente para evitar el hambre
Se deben acentuar los programas de focalización, dirigidos a la población más vulnerable. Se han hecho explícitas las limitaciones de las bases de datos. Los registros administrativos tienen problemas, que dificultan la ubicación de las personas que podrían ser beneficiarias. La información debe mejorar, y lo más adecuado sería contar con una declaración de renta universal. Todos los colombianos tendríamos que declarar renta, unos para recibir subsidios y otros para pagar impuestos.

Las transferencias actuales se deberían mantener, pero los montos tendrían que ser más altos. El Gobierno todavía insiste en la lógica de la “austeridad fiscal”, en un momento en el que ya no es posible. Los principales programas de transferencia de recursos son: Familias en Acción, Jóvenes en Acción, Adulto Mayor. Y, recientemente, entre otros, Ingreso Solidario, y la devolución del IVA (ambos del nivel nacional), a nivel local, para un ejemplo, Bogotá Solidaria. Estas transferencias son muy insuficientes. Antes de la pandemia, los hogares completaban estos recursos con su trabajo, especialmente en actividades informales.

En la segunda semana de mayo se anunció un subsidio a los trabajadores del 40 por ciento del salario mínimo, que también es pequeño. En Canadá, el gobierno está reconociéndole a las empresas el 75 por ciento del valor de la nómina.

Vale la pena insistir en la conveniencia de avanzar hacia un ingreso básico universal, incondicional, y suficiente para resolver las necesidades básicas.

Medidas tributarias urgentes
Así como lo hizo Uribe para financiar la guerra, podría decretarse un impuesto de emergencia, por pagar por los más ricos. También deberían eliminarse las exenciones que aprobadas en la reforma tributaria de diciembre, que la llamaron “ley de crecimiento”.

Preparar grandes proyectos de inversión en obra pública
La reactivación tiene que estar basada en grandes proyectos de inversión pública. Y para ello se requiere que haya políticas expansivas más agresivas. El Banco de la República y el Gobierno se niegan a ampliar la emisión, y la liquidez que le han entregado a la economía ha sido a través del sistema financiero, con mecanismos que buscan proteger la ganancia de los bancos. El Estado colombiano apenas está destinando el 4 por ciento del PIB para atender las necesidades de la pandemia. En Perú es el 12 por ciento, y en Chile el 10. El Ministro de Hacienda todavía no ha entendido que la situación actual es alarmante y dramática.

Modificar la estructura de las exportaciones colombianas
El país no puede seguir dependiendo de las exportaciones de petróleo e hidrocarburos. Aún durante los años de las bonanzas, las importaciones fueron mayores a las exportaciones. Los tratados de libre comercio firmados por Colombia consolidaron una apertura “hacia adentro”. Es decir, y en contra de lo argumentado, aceleraron las importaciones, y aumentaron la dependencia externa. Es el momento de consolidar la producción agropecuaria e industrial de origen nacional.

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18 de mayo de 2020

 

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  • Autor:Jorge Iván González
  • Edición:268
  • Fecha:Mayo 20 - junio 20 de 2020
Visto 181 vecesModificado por última vez en Domingo, 31 Mayo 2020 10:39

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