Jueves, 11 Junio 2020 08:43

La democracia, que sí es posible

Escrito por Carlos Gutiérrez Márquez
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Nicolás de la Hoz, sin título (Cortesía del autor)Nicolás de la Hoz, sin título (Cortesía del autor)

…en la sombra del otro
buscamos nuestra sombra…
La moneda de hierro, Jorge Luis Borges

 

Como la sombra del caminante, prolongada por el sol matutino, que unas veces realza y otras difumina la silueta, así son algunos de los contornos que va dejando sobre el cuerpo social la crisis que hoy conmueve al conjunto de la humanidad.


Con su brillo de las primeras horas del día, en ángulo obtuso sobre el cuerpo del caminante, con sombra prolongada aparece con mayor realce la fisonomía de quien lo recibe en su humanidad, bien de frente, bien por la espalda. Vemos una proyección similar del cuerpo estatal, que por acción neoliberal y con efecto perpendicular, había visto achatada su proyección durante las últimas décadas. Ahora recupera cuerpo.


Es un renovado vigor que en nada o en muy poco promete ser favorable a las necesidades de quienes padecieron su debilitamiento, cocinado en tres o más décadas en las que fue concretada una variedad de políticas económicas, sociales y culturales, entre ellas: reformas privatizadoras de todo lo considerado público y con potencial rentista; políticas de atomización social para descomponer esperanzas frente a otro modelo social posible y sobre la vitalidad de lo común; multiplicación de beneficios económicos y tributarios, de manera sorprendente, para quienes más tienen, e incremento de la carga tributaria para quienes viven de su trabajo; desestímulo a la producción nacional y, con ello, para el caso de Colombia, desmonte de la escasa producción industrial construida a lo largo de varias décadas, así como igualmente desestímulo a la capacidad agraria, labrada por cientos de miles de campesinos en sus pequeños terruños, al tiempo con articulación sometida al mercado mundial a través de decenas de tratados de ‘libre comercio’; renuncia a políticas de soberanía monetaria y financiera; limitación del gasto social, siempre de acuerdo a los compromisos internacionales de pago oportuno de la deuda pública; estímulo y fortalecimiento de una industria cultural que distrae y adormece sin propiciar reencuentros sociales ni redes de producción propia, con sentido de memoria, por un lado, así como, por el otro, de sueños de presente y de futuro; estímulo al consumo superfluo y al desecho sin miramientos sobre el medio ambiente, ni responsabilidad individual y colectiva con la recuperación de partes e insumos posibles de reutilizar o procesar.


Es claramente un desmonte de su rostro social y del compromiso con la redistribución de lo recogido por el ente central, producto del continuado ejercicio económico de millones de personas –que, para el caso colombiano, nunca fue pronunciado–, a la par del fortalecimiento de su rostro autoritario y violento como producto de lo cual los Derechos Humanos quedaron signados por un gran interrogante, y enmarcada la posibilidad de paz con justicia social como consigna para adornar salones de clase.


Desde el “monopolio legítimo de las armas”, una cara poco amable copó extensas zonas rurales para darle paso a diversidad de proyectos extractivistas, así como a la protección de privilegios de todo tipo, entre ellos la prolongación del latifundio o el ingreso de multinacionales mineras a territorios donde la comunidad no los desea, o la misma aspersión de miles y miles de litros de glifosato sobre extensas áreas boscosas del país, persistencia de una condicionada, manipulada y fracasada “guerra contra las drogas” que no repara en los daños ocasionados sobre la salud humana y de otros animales que las habitan, condenándolas a un extendido envenenamiento de las cuencas de que son parte integral, toxicidad que por décadas guardará residuos en el subsuelo.


Estamos ante el regreso del Estado a la escena central de cada país que, para el caso nacional e internacional, resalta su prioridad por inyectar miles de millones para recuperar o impedir la quiebra de variedad de empresas y, asimismo, el ahondamiento del control y el disciplinamiento social. Un regreso, por tanto, sobre dos rieles: socialización de la crisis –económica– y autoritarismo.


En esta socialización de la crisis, para el caso de Europa resalta el rescate del grupo Air France-KLM, que recibirá un “apoyo histórico de 7.000 millones de euros de parte del Estado francés” (1). De igual manera, la administración de Angela Merkel, en Alemania, concertó con la compañía aérea Lufthansa “[…] un plan de salvación por 9.000 millones de euros que convertirá al Estado en el principal accionista del grupo, con el 20% del capital” (2). Estados Unidos no se quedó atrás y le dio vía libre a un plan de refinanciación para pequeñas empresas (hasta 500 trabajadores), al cual se pegaron grandes empresas, haciéndole malabares a la norma. “El plan de ayudas [fue financiado] con un presupuesto de 349.000 millones de dólares [...]. El grifo se abrió el 3 de abril y en tan solo dos semanas quedó agotado [...]. La Casa Blanca, los republicanos y los demócratas ultiman ahora un acuerdo para refinanciar esta línea de ayudas con otros 310.000 millones” (3). Paralelo a ello “Unos 500.000 millones de dólares en así llamados préstamos han sido entregados directamente a las mayores empresas de EE UU sin una supervisión ni rendición de cuentas significativa” (4). La experiencia vivida en 2008 con el salvataje de bancos permite desde ahora intuir que estas ayudas, presentadas en una primera instancia como créditos blandos y similares, terminarán condonados. Es así como la crisis, una vez más, termina asumida por el conjunto social. En las épocas de bonanza económica, los ricos se miran en el espejo.


La inyección prioritaria de dinero para los propietarios de fábricas y empresas de diverso tipo toma relieve en Colombia con préstamos ofertados a menor costo, por ejemplo, desde Bancoldex, para lo cual dispuso de 600 mil millones de pesos (5), ofertados con meses a cero intereses y al menos dos años para cancelarlos: pero también con el congelamiento del pago de obligaciones tributarias y salud, a la par de donar a los dueños del capital el 50 por ciento de las primas que debe cancelar en este mes de junio, para salarios que oscilen entre el mínimo y el millón de pesos.


Es este un apoyo directo que, como en el caso de otros países, también gozará de alargues y hasta condonación de lo prestado, tras garantías como no despedir trabajadores, ajustar los procesos productivos a menores cuotas contaminantes y variables similares. Es claramente un favorecimiento al empresariado que afectará las garantías en el ámbito del trabajo al ahondar la flexibilidad laboral tras el teletrabajo, ya existente y extendido en el sector bancario y del comercio, pero que ahora se verá ampliado, debilitando aún la asociación de quienes venden su fuerza de trabajo y entorpeciendo la posibilidad de resistir al afán de mayores tasas de ganancia, siempre pretendidas por la patronal.


Te vigilo y te controlo, sé quién eres y qué piensas

Ahora los rayos desgarran la sombra espesa
Posesión, Vicente Aleixandre


El avance autoritario de los Estados, por su parte, es lo más resaltado por los analistas de distintas corrientes. Destacan con preocupación la implementación de técnicas variadas de vigilancia y control social, bajo el prurito del seguimiento de la pandemia; técnicas y políticas de disciplinamiento social previamente existentes, con especial desarrollo en Estados Unidos (bajo control de la NSA y su ojo universal) y en China, pero ahora realzadas por los supuestos beneficios la viabilidad que encarnan para el conjunto de las sociedades en su lucha por la salud pública (Ver Philip Potdevin pp. 10-11 y Damian Pachón pág. 13).


Se trata del aprovechamiento de esta circunstancia, ahora por parte de multitud de Estados liberales que reducen así el espacio de las libertades públicas y meten sus narices en la vida privada de sus poblaciones, un suceso de total gravedad que lo será aún más si, como está sucediendo por estos días, las poblaciones mismas terminan aceptando e incluso pidiendo estos controles y la injerencia del gran hermano por temor al regreso de la pandemia o, hacia el futuro, por el comienzo de crisis similares que pueden desprenderse tanto de la prolongación de la crisis climática global, por la persistencia del capital con un modelo de ‘desarrollo’ a todas luces antinatural y que devasta el planeta, como de posteriores y cada vez más posibles confrontaciones armadas entre potencias o, incluso, de alzamientos sociales, en este caso en procura de justicia e igualdad.


Este es un aspecto del giro antidemocrático, pero el otro recae en la concentración de poderes que ahora ostentan infinidad de gobernantes a partir de su llamado a declarar estados de emergencia para enfrentar el virus. Regímenes presidencialistas es el resultado final de ello. ¿Hasta dónde irán los mismos? Solo el tiempo lo dirá, pero lo evidente es que, validos de las circunstancias en curso, le han sacado provecho para aplazar elecciones (Bolivia, Chile), para aprobar reformas contenidas por la inconformidad social (Ecuador), o para contener y dilatar la protesta social en curso –con demanda de cambios en lo económico, político y social, (Chile, Ecuador, Colombia, Francia). Todo ello evidencia que la crisis de salud pública se está utilizando por parte de amplios sectores del poder tradicional para gobernar a raja tabla y sin oposición. ¿Qué más desearía un gobernante adepto de la continuidad? ¿Qué más querría el capital para administrar la fuerza de trabajo, su disposición y su rentabilidad, que el silencio perenne?


Estamos ante una respuesta/utilización de la crisis desde los factores de poder dominantes, que desdicen de la inmensa posibilidad de cambio abierta por la misma. Como es evidente, por estos días emergieron con toda visibilidad los marcados contrastes de la sociedad colombiana, signada por la concentración de la riqueza en los bolsillos de unas poquísimas familias y la extendida pobreza que cubre a millones. Tras pocos días de encierro. la ausencia de ingresos y el hambre dibujaron sin tapujo alguno la sociedad que somos, poniéndole grandes interrogantes a la estrategia diseñada para contener la multiplicación del covid-19, clara y absurdamente pensada para sectores con ingresos fijos, que no son precisamente los de la mayoría de quienes integran nuestra sociedad.


De esta manera, con un presidencialismo tan del gusto de la oligarquía criolla, con mecanismos de control social y disciplinamiento autoritario cada vez más notables –de viejo y de nuevo cuño–, sin una economía al servicio del conjunto social, la democracia formal, que siempre ha sido la nota dominante en Colombia, hoy toma mayor cuerpo.


Por tanto, así va siendo desaprovechada por el establecimiento esta coyuntura para enrutar el régimen económico y político hacia el cambio que requiere toda sociedad que se proyecte con vocación humanista a lo largo de las ocho décadas aún por recorrer de la centuria número 21. ¡Algo que no puede sucederle al resto de la sociedad! Si tenemos ante nosotros la sombra de lo que somos, ¿cómo no optar por su comprensión y su transformación? ¿Cómo seguir desconociendo por otros cien años la sombra, la realidad de nuestro ser, confundiéndola con imágenes que la desdibujan y la niegan?
Entendámoslo: este es un reto mayor. De las manos de los excluidos de siempre debe tomar forma la democracia en su mejor y más radical expresión, abriéndole espacio a la participación directa y decisiva de la sociedad toda, con sus matices regionales, que en el caso de la sociedad colombiana le brindan particularidades de pasado y presente, con sus realces territoriales y sus matices culturales que explican por qué somos disimiles en nuestra formas expresivas, en la manera de encarar la vida, en las disposiciones para enfrentar las luchas del ser social.


Tales realces geográficos y culturales, pese a su notoriedad, mantienen en común la demanda por una indispensable redistribución de la tierra para afincar, con el acceso a la misma, el definitivo desmoronamiento del poder señorial que cargamos como lastre desde la Colonia, con la Hacienda, soporte desde hace siglos de poder económico, político y cultural de minorías que someten a las mayorías, hoy reforzadas con el poder mafioso que se extiende sobre cientos de miles de hectáreas. La tierra, como soporte del poder directo y simbólico de unos pocos sobre millones de personas, ya redistribuida deberá darle paso a un dinámico proyecto de soberanía alimentaria, agenciado por cientos de miles de brazos decididos a un sembrado variado sobre tierra propia, potenciado desde la siembra de cultivos nativos y otros recuperados desde diversas experiencias de vida –unos y otros, contrarios a los monocultivos y los organismos genéticamente modificados–, unos y otros de las más variadas especies, para complementar por esa vía un modelo de vida digna, con sustentabilidad alimentaria como aporte para la salud del cuerpo y el fortalecimiento de las energías espirituales.


De modo que una nueva o real democracia, con soporte en el campo y la economía agraria, según nuestras particularidades regionales, deberá propiciar el cimiento de una economía de nuevo tipo, y en ella la conjunción de saberes milenarios con los alcanzados por las nuevas ciencias y lo desprendido por las revoluciones industriales, la tercera y la cuarta, para hacer realidad una industria farmacéutica que esté abierta a la humanidad, para su beneficio y su bienestar.


Con la luz del día sobre el cuerpo de los pueblos se extenderá a su alrededor la figura del bienestar, y con ella la ebullición de los condenados de la tierra. No es posible la democracia directa, participativa, radical, la más exigente que soñamos, si no parte de la movilización y el compromiso de los millones que somos. La democracia no se decreta y se irradia sobre la sociedad por mandatos u ordenanzas. La democracia es mucho más que una fecha y un registro. Como conjunción que es entre economía, cultura, política y territorio, la democracia se enraíza en lo más profundo del ser humano a partir de sembrar en sus más hondos sentires la disposición por la justicia, la igualdad, la libertad, la solidaridad, el hermanamiento entre diferentes, sabiendo siempre que en el centro de su divisa está el ser humano como persona (6), que no puede quedar relegada a sobrevivir arañando los desechos que le arrojan desde el poder o desde las mesas de los ricos, sino que debe sentir y saber que sin vida digna no hay existencia que merezca ese nombre.


Un devenir así, participativo, directo y decisivo, también debe afrontar la revalorización de la ciudad, despoblando parte de la misma, reubicando a millones de quienes la pueblan y la sufren por sus altas tasas de contaminación, por el encerramiento en cuatro paredes que han dejado de ser vivienda para constituirse en la jaula que impide convivir y disfrutar de la vida diaria y el descanso, donde el complemento de cuerpos ya no cuenta con la privacidad ni la tranquilidad que el goce demanda. No es humano un territorio devorador de recursos naturales de todo tipo, así como de años de vida en el rodar diario de llantas que transportan mano de obra de un rincón a otro de la urbe. La ciudad, en su actual estado, es un germen de múltiples pandemias, sin superar las cuales millones de seres seguirán muriendo cada año por motivos que en el mundo actual son prevenibles.


Se impone construir ciudades vivibles, posibles de administrar entre todos y todas, donde el suelo pase a ser de propiedad pública, liberando así a millones de un esfuerzo interminable y extenuante para pagar el ‘derecho’ a la vivienda, constituida desde hace décadas en botín de especuladores urbanos, antes casatenientes, ahora dominado por el sistema bancario, verdadero amasador de infinidad de metros cuadrados construidos en las urbes.


Es urgente la recuperación, por la vía de replantear el tema urbano, de cuencas y microcuencas otrora fuente de vida y alimento para la fertilidad de la tierra. Y para ello, es indispensable reforestar todos sus alrededores e interiores, para un reencuentro virtuoso con la naturaleza que nos permita bajarle el efecto pernicioso a la contaminación propiciada por el imparable transitar de motores que expulsan sin tregua gases tóxicos, fuente de las más variadas e insufribles enfermedades modernas. Se requieren nuevas ciudades inteligentemente diseñadas, por tanto, con derecho propio para quienes deberán transitarlas a pie, gozando de sus entornos estéticamente construidos, sin el temor al asalto inesperado, ya que la convivencia estará signada sobre bases de igualdad y justicia.


Acciones de cambio, de justicia y vida digna, que deben ir de la mano de otras que permitan el acceso público y general a la internet, al Wi-fi, con diseño e implementación de redes y sistemas computacionales propios que permitan soberanía comunicativa, eviten el espionaje propiciado desde las potencias y sus grandes multinacionales, y protejan a toda nuestra población en el derecho a su privacidad. Un proceder que demanda el fortalecimiento en ciencia y tecnología, auspiciando con presupuestos reforzados investigaciones de punta lideradas desde las universidades públicas, las que deben llegar a ser verdaderos centros de saber ligados de manera dinámica a redes globales del conocimiento donde la propiedad privada deje de ser el afán que ahora domina toda investigación y cualquier escritura, por sencilla que sea.


Son estas y otras muchas las quimeras que revitalizan la democracia que sí es posible, la que vemos tras las sombras del cuerpo social ahora devastado por un sistema que simula ser lo que no es, destruyendo a diario vidas y esperanzas de vida, ofreciendo lo que no habrá de cumplir, pues especula con la vida de millones que son sometidos como piñones de una inmensa máquina devoradora de seres humanos.


Hoy, en medio de una pandemia que resume la crisis de una civilización, por paradójico que parezca, tenemos una lección de vida, un reto para potenciarla. No lo perdamos tras temores ahondados por el control y el disciplinamiento autoritario, ahora ahondado por el poder de siempre, con nuevas y viejas técnicas, sutiles unas y otras no tanto.


Que nuestros cuerpos proyecten en sus sombras un largo y extendido movimiento, que le den forma a la figura del cambio, al abrazo que fortalece, al apoyo que brinda confianza e impulsa a no desistir. Toda crisis trae una oportunidad. No la desaprovechemos. Soltemos por ciudad y campo las amarras democratizadoras.

 

1. https://www.france24.com/es/20200424-air-france-klm-estado-frances-historico-paquete-ayuda-7000-millones-euros.
2. “El gobierno alemán salva a Lufthansa y se queda con un 20 por ciento de la empresa”, https://www.pagina12.com.ar/268271-el-gobierno-aleman-salva-a-lufthansa-y-se-queda-con-un-20-po.
3. “Shake Shack o cómo el rescate económico en Estados Unidos acaba beneficiando a los ricos”, https://elpais.com/economia/2020-04-20/shake-shack-o-como-el-rescate-economico-en-estados-unidos-acaba-beneficiando-a-los-ricos.html.
4. “Estados Unidos: coronacapitalismo y su inminente colapso”, https://www.elsaltodiario.com/crisis-economica/estados-unidos-coronacapitalismo-y-su-inminente-colapso-
5. https://id.presidencia.gov.co/Paginas/prensa/2020/600000-millones-suma-Bancoldex-en-fondos-para-financiar-empresas-afectadas-por-el-COVID-19-a-traves-de-la-linea-200402.aspx
6. Zambrano, María, persona y democracia, Alianza Editorial, España, 2019, pág. 183.

Información adicional

  • Autor:Carlos Gutiérrez Márquez
  • Edición:200
  • Fecha:Periódico Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº200, junio 2020
Visto 844 vecesModificado por última vez en Jueves, 11 Junio 2020 08:46

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