Lunes, 24 Agosto 2020 08:50

Bogotá. Mujeres, desalojos y resistencias en Altos de la Estancia

Escrito por María Fernanda Barriga Tobón y fotografías de Juan Camilo Rubiano
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En plena pandemia, negando lo prometido por diversas autoridades del orden nacional y municipal, los desalojos de familias toman forma en Bogotá, situación que pone en peligro, con especial realce, a muchas mujeres cabeza de hogar como Marcela y Doña Elizabeth, quienes luchan por conseguir vivienda digna para ellas y sus familias.

medios de comunicación le mostraron al mundo cómo se llevaron acabo, en plena pandemia por el covid-19, variosdesalojos en los Altos de la estancia, Ciudad Bolívar. La alcaldía de Bogotá manifestó que estos se realizaron debido a que personas que allí vivían estaban invadiendo terrenos de alto riesgo de deslizamiento. Sin embargo, salvadas de los desastres de las laderas, las mujeres de los Altos de la estancia quedan ante otra catástrofe: la pobreza extrema.

Marcela, una de las lideresas de los siete albergues que quedaron en la zona donde antes estaban los ranchos, es una vendedora ambulante de Sierra Morena y madre de dos niños, una de 6 y otro de 2. Por la pandemia del covid-19 dejó de trabajar y al no poder pagar el arriendo terminó armando su rancho en los Altos de la estancia, de donde fue desalojada el pasado 2 de mayo. Ella hace parte de la población más afectadá por los desalojos y la pérdida de sus ranchos: mujeres, de manera llamativa,niñas, madres lactantes, madres cabeza de hogar, víctimas del conflicto, desplazadas y migrantes.

 

 

El día que se realizaron los desalojos “llegó Indira (Indira Caicedo, funcionaria de la alcaldía de Ciudad Bolívar) discutimos con ella y mi rancho fue el primero de esta zona que tumbó. Desde entonces estoy con la comunidad. Aquí hay más mujeres que hombres y en su mayoría son madres cabeza de hogar, las cuales son unas luchadoras y guerreras. Hay hogares que se componen de 4 o 5 hijos y aun así estamos acá en la resistencia”, dijo Marcela. El Distrito les ha dicho a las familias de la invasión que la época de reubicación ya pasó y que si quieren acceder a una vivienda digna deben hacerlo por medio de los fondos del Ministerio de vivienda. Este fondo “Mi semillero”, exige una cuota inicial de 15 millones de pesos. “La mayoría de las mujeres son trabajadoras ambulantes, si usted paga el arriendo, la comida, el parqueadero del carrito, la cuidada de sus hijos y al otro día igual, ¿de dónde va a ahorrar? Las mujeres que estamos acá vivimos del día a día. Muchas no terminaron el colegio y no tenemos un trabajo estable o, al menos, hablando por mí, yo no lo terminé porque quedé embarazada de mi hija a los 14 años”, explicó.

Marcela, es un caso emblemático de la difícil situación que afrontan las mujeres en extrema pobreza urbana. Como varias de las mujeres cabezas de hogar de Altos de la Estancia, es parte del 15.1 por ciento de las adolecentes embarazadas que registran las urbes colombianas. Ella hace parte de ese 90 por ciento que según datos del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf), abandonaron sus estudios y se vieron obligadas a desempeñar trabajos informales y mal pagos, perpetuando y feminizando así el círculo de la pobreza. En efecto, para 2019 el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (Dane) estimó que las mujeres hacen parte de casi la mitad (48.4%) de los cinco millones de trabajadores informales que copan calles en Colombia con ventas ambulantes.

 

 

La feminización del círculo de la pobreza es la falta de oportunidades económicas que padecen las mujeres para alcanzar niveles mínimos de bienestar. La alfabetización y acceso a la educación, la discriminación al momento de solicitar un empleo y el trabajo no remunerado en el hogar, que implica entre otros el cuidado de los niños, enfermos y/o ancianos; son algunas de las desventajas estructurales que tienen las mujeres para salir de la trampa de la pobreza.

Pero a pesar del peso de la pobreza física, la resistencia social ha encontrado liderazgos femeninos muy fuertes en Altos de la Estancia. “La mayoría de los voceros de los albergues son hombres, ellos creen que porque una es mujer vale menos y las cosas no son así. Con la gente de la Alcaldía es igual, creen que una por ser mujer les va a ceder mucho más rápido, y no señora. Yo estoy aquí por mis hijos y por muchas personas; siento que debo seguir luchando. Nos han amenazado por esto, pero si me matan que me maten luchando”, afirma Marcela. Gracias a esta resistencia y liderazgo de personas como Marcela, la alcaldía de Bogotá dispuso varias mesas de diálogo entre la comunidad afectada por los desalojos, la policía y diferentes entidades distritales y nacionales, para poder darle solución a la problemática.

Marcela asegura que la invasión en Altos de la Estancia fue por falta del cumplimiento de las promesas del Distrito para poder pasar una cuarentena segura, “Toda la gente esta acá por lo mismo, por falta de ayudas, como dijo la gente: yo ponía mi trapito rojo, pero nadie vino a ayudarnos. Nos ofrecen la ayuda de un arriendo de 250.000 pesos para familias de 5 personas”.

La violencia es otro de los factores que empujaron la invasión en este barrio. Doña Elizabeth, una señora de 56 años, madre cabeza de hogar de seis hijos y víctima del conflicto armado, se desplazó huyendo de la mal llamada “limpieza social”: “Yo fui una mamá muy dura de carácter con ellos (los hijos). No me gustaba que andaran con chaquetas o zapatos de otra persona, porque ocurría que por una chaqueta los confundían y mataban; y eso fue lo que le pasó a dos de mis hijos de 18 y 20 años, uno en enero y otro en mayo de 2012” (sic). La frontera entre Ciudad Bolívar y Altos de Cazucá, donde vivía Doña Elizabeth, se vuelve muy difusa, y la disputa entre los diferentes grupos armados y sus estructuras criminales anexas (pandillas y combos). El Centro Nacional de Memoria Histórica –Cnmh–, en su informe “Limpieza social: una violencia mal llamada”, documenta que en Bogotá se registraron por los menos 346 casos y uno de cada tres estuvieron lugar en Ciudad Bolívar, en esa frontera invisible entre Bogotá y Soacha.

“En Ciudad Bolívar más del 70% del suelo urbanizado se llevó acabo en un proceso informal. Cada vez suelen hacerse con mayor frecuencia en zonas de alto riesgo, bajo amenazas y en condiciones mucho más difíciles, se han conocido casos de intercambio de lotes por sexo. Las migraciones no paran y la localidad se ha vuelto receptora de buena parte de las oleadas migratorias que llegan a Bogotá, así es como empiezan a aparecer, algunas veces, barrios enteros de un día para otro y que en la mayoría de los casos son personas manipuladas para urbanizar estos terrenos por los diferentes actores del conflicto armado nacional: guerrillas, paramilitares, narcotráfico, etc”*. Elizabeth, está cansada de vivir en la loma, pues ha padecido en carne propia las problemáticas de la zona, a principios de este año hombres encapuchados entraron a su casa, en la que vivía con dos de sus hijos, para amenazarlos de muerte si no se iban del sector.

Elizabeth asegura que también ha sido víctima del Estado pues en “2016 se nos metió el ejército a la casa y nos maltrató, después, en enero de ese año, unos pelagatos encapuchados nos amenazaron y desde entonces se supone que tengo medida de protección”. Elizabeth llegó a la invasión de Altos de la Estancia con su hija y su nieta para que el Estado por fin la escuche, tanto para saber por qué mataron a dos de sus hijos y así lograr al fin la reparación; además de velar por su otro hijo, con el que vivía, para que tenga un proceso judicial justo: “El día que se metieron a la casa los capuchos, mi hijo hizo unos disparos, pues tenía uno de esos revólveres de un solo tiro y le impusieron porte ilegal de armas, fabricación y distribución, ¿a quién le cabe eso en la cabeza? ¿Usted cree que si hubiera vendido esos revólveres así fuera de 100 mil pesos estaría en esta loma? No señora, algo extraño y que no cuadra pasó ahí”(sic), afirma Doña Elizabeth.

Después que las imágenes de los desalojos inundaran las redes sociales, varios voluntarios se acercaron a Altos de la Estancia, el Congreso de los Pueblos y los Escudos azules de la primera línea, entre los que se encuentran abogados y estudiantes de derecho, que al escuchar la historia de Doña Elizabeth la ayudaron. Terminó ganando la tutela interpuesta contra el Distrito, por lo que como víctima del conflicto armado le deben restablecer sus derechos. “Un día vinieron los de la Alcaldía, cuando ganamos la tutela, para llevarme a un hotel. Pregunté que si solo me llevarían a mí y qué pasaría con los demás, ellos dijeron que solo era para mí por ser víctima, pero no, yo no me voy de acá, no voy a dejar a esta gente sola, es como mi familia”, afirma Elizabeth.

Ambas, tanto la joven Marcela y Doña Elizabeth, son la muestra de mujeres resilientes que no se darán por vencidas hasta lograr que su comunidad, su familia y ellas tengan de nuevo condiciones dignas de vida, por eso siguen en las lomas de Ciudad Bolívar, esperando, hasta que algo cambie, hasta que algo bueno salga de toda esta situación.

 

* Universidad Nacional, “El componente histórico como factor explicativo de la configuración espacial de la delincuencia en Bogotá - casos Ciudad Bolívar y Los Mártires”, Freddy Arturo Cardeño, Luis Carlos Jiménez, Johana Avendaño

 

 

 

 

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Información adicional

  • Autor:María Fernanda Barriga Tobón y fotografías de Juan Camilo Rubiano
  • Edición:271
  • Fecha:Periódico desdeabajo Nº271, agosto 20 - septiembre 20 de 2020
Visto 1349 vecesModificado por última vez en Martes, 25 Agosto 2020 11:57

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