Miércoles, 09 Septiembre 2020 09:14

El cambio, necesario

Escrito por Carlos Gutiérrez Márquez
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Hernando Sánchez, Espera (Cortesía del autor)Hernando Sánchez, Espera (Cortesía del autor)

Entre claroscuros, Colombia ingresa a la fase ‘final’ de las cuarentenas nacionales, como Iván Duque lo anunció el 24 de agosto. Las ciudades también acondicionan recursos de todo orden para legalizar igual decisión. Bogotá marca la pauta entre ellas al levantar de manera anticipada las cuarentenas focalizadas en varias de sus localidades y anunciar la ‘nueva realidad’ que regirá la vida cotidiana en la capital del país, con días de labor y horarios diferenciados para sectores industriales y comerciales, así como para trabajadores, pretendiendo así que solo un 50 por ciento de su población esté al mismo tiempo en calles, avenidas y locales de distinto tipo.


Es previsible que liberando los amarres que contenían a millones de personas en sus casas, o que los motivaban para que no permanecieran por mucho tiempo en las calles, los contagios por covid-19 alcancen nuevos niveles y también los decesos. Para enfrentar lo definido, tanto en el orden nacional como en el orden local, se buscará contener el virus con aislamientos selectivos, una medida así pensada para no obligar a un nuevo apagón económico. De esta manera, tras cerca de ciento ochenta días de confinamientos con variados tipos de dureza, el empresariado impone sus intereses y somete a millones de personas a la incertidumbre del contagio y sus impredecibles consecuencias.


Estamos ante un triunfo logrado en medio de una no muy clara evolución del contagio. Escasos seis días atrás de los anuncios comentados, el Ministro de Salud exteriorizaba su preocupación por la reinante situación epidemiológica en las tres principales ciudades del país, y escasos 12 días atrás, Bloomberg, un medio económico estadounidense, informaba que nuestro país registraba el brote más mortífero del mundo per cápita, en una realidad de contagios que para el 28 de agosto llevaba al país a escalonar como séptimo en el nivel mundial, con 590.738, superando incluso a México, que registró en igual fecha un total de 585.738, no así en decesos (ver Sarmiento, Libardo, página 4). Un mes atrás Colombia registraba en el puesto 17.


El sábado 22 del mismo mes, el Instituto Nacional de Salud (INS) había informado sobre el deceso de 400 personas como consecuencia de infección con el coronavirus. Un día antes anunció el deceso de 385 personas. En uno como en otro caso, el reporte no correspondía al día anterior sino que los datos, según el INS, los habían reportado desde distintas ciudades con retraso. Esa realidad confirma tres evidencias: 1. Los informes sobre contagio y decesos no reflejan la real situación de infección por este virus que registra el país; 2. La pandemia está lejos de ser contenida (1). 3. Sin importar esto, el empresariado hace sentir su poder en el gobierno central y en el distrital de Bogotá, e impone sus intereses (2). Más vale el saldo bancario que la salud y la vida de millones. “El que ha de morir que muera”, dicen sin sonrojarse sus gobernantes en países como Estados Unidos y Brasil, y aquí Duque alardea por vía diferente pero actúa por igual carril, y según el anuncio del ministro de comercio, industria y turismo, José Manuel Restrepo, el 1 de septiembre “el 99% de los sectores de la economía van a funcionar” (3).


Para esa imposición se labró el camino a lo largo de varias semanas, con medios de comunicación prestos a darle parlante al reclamo del empresariado, por ejemplo, de abrir el transporte aéreo y el turismo. Con una ‘casualidad’, destaca: entre los pocos y primeros vuelos confirmados entre ciudades –así oficializados incluso antes de lo anunciado el día 24 de agosto por Duque– sobresalían los que llevan hacia Cartagena, San Andrés y Leticia, centros poblacionales que registraban días antes de esta confirmación unas realidades de contagio sin total control del coronavirus; pero con la anunciada reactivación del 99 por ciento de la industria quedaron legalizados múltiples destinos entre ciudades, pendientes solamente para su implementación de la confirmación de los alcaldes de cada una de las ciudades implicadas. La incansable presión del poder real tras el trono surtía más efecto.


La ‘nueva realidad’ a la que ingresa el país, por tanto, no es otra que el arriesgado equilibrio al que obligan a someterse a millones de connacionales, que deberán atravesar cada día por la delgada cuerda que separa la vida de la muerte. Es esta una riesgosa apuesta en la que quienes lo arriesgan todo son aquellas personas que viven de la venta de su fuerza de trabajo, las mismas que padecieron durante estos meses de confinamiento, por un lado, y esto en el caso de los sectores más populares, el agotamiento de sus escasos ahorros, pero para los sectores sociales que contaban con ingresos fijos, según la Anif, estos meses se han traducido en la pérdida, a mayo, de 12,5 billones en ingresos, pérdida que podría escalar hasta 16 billones al cierre de junio (4).


Por su parte, para quienes viven al día, significó someterse a una precaria política de subsidios estatales que no garantiza vivir con dignidad, y que no fueron suficientes para cubrir los millones de nuevos empobrecidos que se vieron urgidos de ingresos frescos. Unos y otros estuvieron también sometidos a un escaso apoyo en forma de canasta familiar, la cual destacó por lo reducido y la poca variedad de sus ingredientes. Producto de la fragilidad de lo público, mucho antes del oficializado final de los confinamientos nacionales, miles de miles de trabajadores informales o de nuevos desempleados, que se suponía estarían en sus hogares para evitar la propagación del virus, habían copado las calles en procura de sustento para sus familias.


Ante esta realidad, nulo o escaso cubrimiento realizaron los medios oficiosos, que optaron por no desnudar la injusta realidad de empobrecimiento que cubre a sectores cada vez más amplios del espectro nacional, como igualmente callar frente a la cascada de decretos emitidos por el Ejecutivo bajo el amparo del Estado de emergencia (5), declarado para enfrentar al covid-19, algunos de los cuales otorgaron más beneficios económicos a los mismos de siempre, entre ellos y con especial énfasis el sector financiero, el mismo que terminó por recoger en sus inventarios miles de millones de pesos que se suponía debían llegar a la industria, bien micro, pequeña o mediana empresa, una realidad que terminó por reconocer Juan Pablo Zárate, viceministro técnico de Hacienda, en medio de un debate de control político citado por la Comisión Tercera del Senado el pasado 27 de agosto.


Esos medios de comunicación –sin desplegar todos los recursos con que cuentan ni garantizar su misión periodística, clave para que la democracia deje de ser una formalidad que no toma cuerpo en las empresas, calles, centros de educación y la vida cotidiana como un todo– han desplegado hasta ahora un cubrimiento de esta crisis, de tan especial relieve, sin entregarles a quienes los siguen la necesaria información de contexto que les permita comprender el porqué de la pandemia, cómo llega a tomar forma; qué tiene que ver con el modelo de producción en general y agrario en particular, en específico con la deforestación y el extractivismo, con el modelo de producción y alimento de animales en la industria agrícola. Por qué los sistemas de salud de diversidad de países colapsaron o estuvieron al borde de estarlo, por qué la cultura alimentaria ahora impuesta mediante la llamada comida chatarra, y en ello los mal llamados jugos, como las gaseosas, terminan por alimentar la obesidad, la hipertensión y otras enfermedades, las mismas que facilitan la reproducción del virus en el cuerpo que lo recibe, propiciando en muchas ocasiones la propia muerte.


Lo anterior es un necesario abordaje para quienes defienden la libertad de expresión, toda vez que su misión va más allá de registrar los sucesos, estando obligados en todo momento a trascender la superficialidad de la noticia adentrándose en su contexto. Un abordaje a profundidad que los enfrentaría necesariamente a una conclusión y una explicación última: la crisis del coronavirus es producto de un modelo económico, social y político, el capitalismo, que ha llevado a la humanidad al borde de su propia extinción. El cambio climático, producto de este mismo modelo de vida, aportaría a ello de manera especial en las próximas décadas.


Se trata de una lectura de contexto que demanda, asimismo, plantear cambios urgentes y por abocar por todas y cada una de las sociedades que integran el Sistema Mundo Capitalista, en planos como producción, matriz energética, organización territorial, modelo agrario, relacionamiento humanidad-naturaleza, ciencia y tecnología, sistema alimentario, entre otros de los muchos y variados aspectos en los cuales hay que virar si de verdad se opta por la vida, en dignidad. Los imperativos cambios también atañen a las formas de gobierno, el relacionamiento, la dependencia y el dominio que los poderes económicos han logrado de los gobiernos, al necesario control, cuando no la transformación en bienes de la humanidad de variedad de multinacionales que ampliaron su músculo a la sombra de infinidad de beneficios de todo orden, recibidos por diversidad de gobiernos, multinacionales que ahora, como siempre lo hacen, imponen sus intereses y su lógica por encima de las necesidades de la humanidad misma.


Es en medio de este tipo de abordaje de la cotidianidad como es obligatorio recordar que, si los medios de comunicación no desnudan el poder y, por el contrario, lo ocultan con sus medias tintas, están violando parte de su misión. Como también la violan cuando toman partido al lado del poderoso, cuando le dan más realce a la opinión que a la evidencia de los hechos, pero asimismo cuando no retoman los testimonios de las víctimas de uno u otro suceso –y en este caso son miles de miles–, sin taparles el micrófono cuando denuncian y cuestionan al gobernante de turno y su contubernio con los poderosos de una y otra región del país o del mundo, pero también cuando optan por el capital y no por el ser humano, como sucede ahora mismo cuando se abstienen de cuestionar el modelo de ‘nueva realidad’ a cuyo ingreso nos obligan, sin haber cambiado ninguna de las circunstancias que propiciaron la crisis de salud pública que sobrellevamos durante estos meses, y seguiremos cargando por lo menos por otros 12 meses más.


Lo dicho entraña un silencio ‘sospechoso’ que no es de ahora, que siempre ha estado ahí pero que hoy bordea el crimen, toda vez que propicia que todo siga igual, incluso a costa de la vida de miles de personas.


Esta es una de las lecciones más importantes de la pandemia que sometió a un modelo económico, social y político, ahora contra las cuerdas, con varios de sus más cacareados principios hechos trizas, como aquel de que el mercado lo resuelve todo. Desnudado ante la mirada desbordada de millones de incrédulos, ahora es innegable que asuntos como salud, servicios públicos, educación en todos sus niveles, vivienda, transporte, entre otros factores, deben de estar bajo diseño, proyección, regulación y evaluación de la sociedad como un solo cuerpo.


La sociedad también debe entrar a regular el funcionamiento de los mass media para que cumplan a toda costa con su misión, de manera que algún día alcancen a desplegar a plenitud aquello de que constituyen el cuarto poder, para lo cual la fiscalización de los otros tres poderes debe ser sin contemplación, además de estimular y garantizar la participación activa de la sociedad en el desarrollo de tal misión, animando la conformación de decenas de observatorios de los mismos medios de comunicación, de manera que toda inclinación a favor del poder o toda desviación de su misión histórica sean resaltadas sin demora.


Los observatorios de medios son ahora más necesarios y posibles, toda vez que la existencia y el poder de las redes sociales permite la acción cotidiana de miles de miles, como opinadores, potencial que debe estimularse, además de canalizarse en pro de la estructuración de una acción cada vez más colectiva, con el entretejido de redes de redes de observatorios de medios, para que la opinión individual, aunque sin desaparecer, deje de ser una acción con afán de protagonismo personal y sin norte preciso.


Estamos ante inmensos retos desprendidos de una pandemia que nos puso a temblar pero que también nos abrió los ojos. Estamos ante el reto de cambios estructurales, de rupturas históricas, de la emergencia de una sociedad cada vez más protagónica que lleve, por ejemplo, a la existencia de gobiernos que dejen de funcionar alrededor de liderazgos individuales y que concentran en sus manos inmensos poderes; como también a la emergencia social, para garantizar que su vigilancia y su control ganen cada vez más espacio y con ello se incrementen los gobiernos autoritarios. El reto es cambiar, a fondo, para no terminar resignando esperanzas ante el triste resultado de que cambió todo para que nada cambiara.

1. Suplemento Educación y Economía número 11, periódico Desde Abajo número 271, agosto 20 –septiembre 20 de 2020. https://www.desdeabajo.info/sumplementos/item/40375-covid-19-creencias-falacias-y-estadistica.html.
2. https://www.anif.com.co/comentario-economico-del-dia/el-desgaste-social-y-el-costo-economico-de-la-cuarentena-preocupa.
3. http://www.elnuevodia.com.co/nuevodia/actualidad/economica/453521-asi-funcionaran-los-sectores-economicos-partir-del-primero-de.
4. https://caracol.com.co/radio/2020/07/01/economia/1593626107_991557.html
5. https://id.presidencia.gov.co/Paginas/prensa/2020/Hemos-tomado-decision-decretar-Estado-Emergencia-para-enfrentar-coronavirus-COVID-19-anuncio-Presidente-Duque-200317.aspx.

 

 

 

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Información adicional

  • Autor:Carlos Gutiérrez Márquez
  • Edición:203
  • Fecha:Periódico Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº203, septiembre 2020
Visto 185 vecesModificado por última vez en Miércoles, 09 Septiembre 2020 09:21

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