Martes, 10 Noviembre 2020 16:06

Los hijos del jaguar y de la danta, los sáparas

Escrito por Alejandro Santillán Magaldi y Nancy Medina Carranco
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Los hijos del jaguar y de la danta, los sáparas

El mito Sápara de origen, cuenta que un mono Aritiacu (1) aprendió con sus manos a usar una calabaza y se hizo hombre, y que sus hijos se casaron con las hijas de la danta, el jaguar, los pájaros y los peces. Más allá de la asombrosa semejanza con la Ley de la evolución de las especies, el mito revela una cosmovisión sabia, que había aprendido a relacionarse con un entorno natural extraordinariamente rico, pero al mismo tiempo extremadamente frágil, como el de la amazonia.


Abundantes datos históricos, en especial informes y diarios de misioneros jesuitas de la Provincia de Maynas, estudios posteriores como el de Paul Rivet, revelan que los Sáparas eran una etnia de origen Tupi Guaraní (2), con marcadas influencias de culturas andinas, que reunía alrededor de 100.000 personas en un amplio territorio que iba desde el río Napo al Pastaza y desde las estribaciones de los Andes al río Marañón. Su economía basada en la recolección, la caza, la pesca, había desarrollado una admirable agricultura itinerante, en un suelo que cuenta con una delgadísima capa vegetal alimentada por su propia biomasa y que, además, es muy ácida. Así, en armonía con la Pachamama (3), con la madre naturaleza, su cultura se desarrolló durante miles de años, hasta que llegaron los europeos.

La conquista, el inicio de la pesadilla


La conquista de América, el peor genocidio de la historia humana, cambió miles de años de relación armónica de los Sáparas y del resto de pueblos originarios con la naturaleza y marcó el inicio de la larga pesadilla de despojo y explotación que aún viven. Desde entonces, la economía colonial en toda América hispana se basó en el despojo de la tierra a sus legítimos propietarios, así como en el trabajo esclavo y semi-esclavo de los primeros pueblos y de los esclavos africanos: a través de la Doctrina, la Mita, la Encomienda y el Obraje. Conquista que además ligó al Continente a la economía mundial mediante el extractivismo del oro y la plata.


Después de la independencia del imperio español, la economía de lo que hoy es Ecuador, siguió fundamentada en la misma relación de explotación, mediante el concertaje (4), el huasipungaje (5), el yanaperismo (6) y el aparcerismo (7) para el trabajo agrícola; la explotación de los trabajadores en el área de las industrias y los agro servicios; y la continuación de la economía extractivista que buscaba para los países colonialistas tagua, palo de balsa, caucho, minerales y petróleo. A ello se han sumado en los últimos decenios las empresas transgénicas y las de monocultivo, que se asientan también sobre todo en territorios de los primeros pueblos.


Paralelamente, como en el resto de América, el proceso de mestizaje, que tuvo y tiene como raíz el desprecio racista a nuestras culturas originarias, ha sido mantenido férreamente como un útil mecanismo de dominación social y de despojo de sus territorios.


En este contexto, Ecuador ha pasado por diversas fases de acumulación: una colonial, otra primario exportadora, un intento de la industrialización por sustitución de importaciones y en el siglo XXI una reprimarización modernizada. Estas fases han estado siempre vinculadas a alianzas de los grupos hegemónicos, gestándose dentro de estas diferentes interrelaciones regionales y diferentes formas de articulación con el mercado mundial (8).

El genocidio del caucho a nombre de la libre empresa y el progreso


A fines del siglo XIX, la naciente industria automotriz de Europa y Estados Unidos necesitaba caucho barato para fabricar llantas y para “optimizar sus ganancias” recurrieron al esclavismo, primero en la amazonia y luego en África y Asia. La historia de horror que vivieron los pueblos del bosque amazónico está ampliamente documentada en periódicos como La Felpa y La Sanción de Benjamín Saldaña en Iquitos, testimonios como El Libro azul británico de Roger Casement o novelas como La vorágine de Eustaquio Rivera. Los caucheros entraban a las aldeas del bosque con fusiles y encadenaban a hombres, mujeres y niños para venderlos en los mercados de esclavos de Colombia, Perú, Brasil y Bolivia.


No hay un dato global de los amazónicos sacrificados por el trabajo forzado, los castigos, las amputaciones y ejecuciones; solo en Colombia se estima que asesinaron a 40.000 personas sobre todo Huitotos (9), pero la cifra total puede centuplicarse pues decenas de pueblos desaparecieron y en el caso de los Sáparas, por ejemplo, de las al menos 70.000 personas que eran quedaron reducidas, cuando se fueron los caucheros, a 3.000. Hoy en Ecuador sobreviven apenas 283, de ellos 200 son niños y niñas.

Los sobrevivientes sáparas y el tesoro que conservaron


La Unesco declaró en el año 2001 a los Sáparas como parte del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, debido a la riqueza de su milenaria cultura y al hecho de haber preservado en su territorio uno de los hot points en biodiversidad más importantes del planeta. Pero su riqueza para la ciencia y la cultura, nada le importó al Estado ecuatoriano, ni a las empresas extractivistas.


Petroleras, mineras y madereras han intentado ingresar a su territorio, recurriendo para ello a métodos como la elección entre ellos de falsas directivas o el secuestro del padre de la presidenta de los Sáparas, para obligarla a renunciar. El Estado, a su vez, cada año intenta concesionar el bloque de crudo localizado en ese increíble hot point de biodiversidad, sin poder concretar su ambición solo gracias a la resistencia Sápara y a la presión ambientalista nacional e internacional.

El genocidio del petróleo en Ecuador


En la década del 70, llegó la petrolera norteamericana Texaco al nororiente ecuatoriano, recibida con la promesa del Estado de que ello permitiría eliminar la pobreza de la amazonia y del país entero; treinta años después los pueblos del bosque (10) viven más empobrecidos que nunca, con sus territorios envenenados producto del afán de la multinacional por multiplicar sus ganancias, arrojando a los ríos y a la tierra 18.000 millones de galones de productos tóxicos, las 917 piscinas de lodo venenoso dejadas sin tratamiento alguno, y de provocar una epidemia de cáncer que afecta a 1 de cada 20 habitantes de la región. Pero Texaco niega los hechos, se niega a cualquier indemnización y, contrariamente, pretende que el Estado ecuatoriano le indemnice por haber denunciado el genocidio. Este ejemplo, entre muchos otros, explica sobradamente el pánico que provoca entre los primeros pueblos la presencia de las empresas extractivistas.

El covid-19, de la pesadilla al infierno


La historia no ha cambiado: en el siglo XXI seguimos actuando un país que depende de las exportaciones de productos primarios, hoy es el petróleo; el proceso de acumulación sigue basándose en la explotación de la población indígena y mestiza pobre, la Sierra continúa produciendo los alimentos para consumo interno y la Costa productos para la agroexportación. La deuda externa cada vez es mayor, incrementada con la pandemia, llegando al 61,4 por ciento del Pib (42.000 millones, aproximadamente, según datos del Ministerio de Finanzas). Los sectores de gran poder económico no quieren impuestos que puedan afectar sus extraordinarias rentabilidades, y quienes son los propietarios de los territorios donde reposan esos recursos son los más empobrecidos, y no reciben las regalías que les correspondería por ello, es el caso de los pueblos amazónicos.


El gobierno de Lenin Moreno, que difícilmente podrá explicar a la Historia hechos tan serviles como la entrega de Julian Assange, el pago de leoninos intereses de la deuda externa en lugar de salvar a las víctimas de la pandemia, y que además se aprovechó del covid-19 para impulsar la privatización de los bienes más rentables del Estado en favor de empresarios y banqueros, mientras prohibía y prohíbe la justa protesta social; tiene como principales oponentes a los trabajadores y sobre todo al movimiento indígena, acusado de ser subversivo por el Ministro de Defensa por su resistencia en octubre de 2019 (11).


Preocupa, entonces, la declaración gubernamental de emprender macro proyectos extractivistas petroleros y mineros para rehabilitar la economía afectada por el covid-19, pues los Sáparas, con una población tan reducida (¡80 adultos y 200 niños subversivos!) y un territorio rico en recursos minerales, pero sobretodo en biodiversidad, es el eslabón más débil de la resistencia. Pero el peligro es para todos los pueblos originarios, convertidos en la clase social más pobre, con sus tierras contaminadas e invadidas por empresas extractivistas y de monocultivo; sus culturas despreciadas y sus organizaciones perseguidas.


Una comunidad de saberes de la selva y de los andes

Como respuesta a todo este antiguo fenómeno, la Universidad Central del Ecuador, a través de la Facultad de Ciencias Económicas y de los Círculos de Cultura, se encuentra como no había sucedido antes, empeñada, junto a profesores e intelectuales Sáparas, Kichwas amazónicos de la comunidad de Sarayacu y Andinos del grupo cultural Tinkunakuy, en diseñar una comunidad de saberes, un proyecto académico diferente, que en términos occidentales se llamaría Universidad.


No se trata simplemente de importar conocimientos a la selva y a los Andes, si no sobre todo de reconocer que los antiguos saberes de los pueblos originarios son Ciencia y es necesario conservarlos y continuar desarrollándolos. Se trata de una institución que busca prepararlos para una relación más justa e igualitaria con el mundo occidental; una academia que trate de mitigar los efectos del cambio climático en una región vital, considerada el pulmón del mundo, que apoye emprendimientos que eviten la dependencia de combustibles fósiles, substancias contaminantes como el plástico y que fortalezcan su cosmovisión y su organización. Y, finalmente, que junto a instituciones académicas internacionales, preserve e investigue para la humanidad el riquísimo hot point de biodiversidad que ellos conservaron.

 

1. Una de las varias especies de primates aulladores que viven en los bosques amazónicos. No tan activos como otros monos, tienden a sentarse en un árbol favorito y deleitarse con las hojas que los rodean por largos períodos de tiempo.
2. Las lenguas tupí-guaraní constituyen una subfamilia de 53 lenguas de la familia macro-tupí que se hablan o se hablaban en la Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guayana Francesa, Paraguay, Perú, y Venezuela. Comprende once subgrupos y una lengua no clasificada. Once lenguas se hallan extintas y al menos otras ocho están en peligro de extinción. La subfamilia más importante es la tupí, la de mayor extensión geográfica en el territorio de América del Sur. Además, las lenguas tupí-guaraní son probablemente el grupo de lenguas mejor estudiadas de la Amazonia, habiendo sido convenientemente reconstruido el proto-tupí-guaraní (proto-TG).
3. Palabra kichwa formado por los vocablos “Pacha”, que significa universo, mundo, tiempo, lugar, y “Mama”, traducido como madre, tierra, la fertilidad, lo femenino.
4. Contrato mediante el cual un indígena estaba obligaba a realizar trabajos agrícolas de manera vitalicia y hereditaria , sin recibir salario o recibiéndolo en cuantía simbólica.
5. Sistema colonial que consiste en un desigual acuerdo entre un hacendado y un peón, en donde el hacendado proporciona a un peón un pedazo de tierra para que siembre sus propios alimentos a cambio de su fuerza de trabajo.
6. Sistema en el cual los pueblos originarios prestaban su ayuda sin salario, a cambio de utilizar ‘gratuitamente’ los pastos, el agua y los caminos de la hacienda.
7. Personas que sembraban y trabajaban gratuitamente en las tierras del patrón, a cambio de tener una pequeña parte de los productos para ellos.
8. La etnia Huitoto, habita en la Amazonía colombiana en los resguardos de Monochoa, Leticia, Tarapacá, Nonuya, Puerto Zábalo, Los Monos, el Predio Putumayo, en el departamento del Amazonas; se encuentran además en el resguardo de Jirijiri, Puerto Leguízamo, departamento de Putumayo y en los resguardos de El Quince, Amenanae, Coropoya, y Witora en el departamento del Caquetá. En algunos de estos resguardos comparten el territorio con otras etnias. Su población puede totalizar unos 1.000 habitantes.
9. UTN. (Octubre de 2018). Economía y Finanzas utn. Obtenido de Economía y Finanzas utn: https://sites.google.com/site/economiayfinanzasutn/historia-economica-del-ecuador
10. Comunidades Cofanes, Siona, Siecoya, Siecopai, Kichwas Amazónicos y colonos del Nororiente.
11. Levantamiento popular de Octubre 2019, protagonizado por indígenas, estudiantes, trabajadores y transportistas; en rechazo a las medidas económicas del Gobierno.

 

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Información adicional

  • Autor:Alejandro Santillán Magaldi y Nancy Medina Carranco
  • Edición:205
  • Fecha:Periódico Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº205, noviembre 2020
Visto 115 vecesModificado por última vez en Jueves, 12 Noviembre 2020 07:40

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