Viernes, 20 Noviembre 2020 09:06

La máquina infernal

Escrito por Serge Halimi*
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Hernando Vergara, sin título, acrílico sobre lienzoHernando Vergara, sin título, acrílico sobre lienzo

Enfrentada ya a preocupaciones sanitarias, ecológicas, económicas y sociales, la sociedad francesa soporta también una andanada de golpes bajo la forma de atentados terroristas. Se pretende entonces movilizarla para la “guerra”. Otra más. Pero al ser el enemigo a menudo indetectable, su destrucción reclama siempre un arsenal más poderoso que el anterior. No –o no todavía– con cañones y tanques, sino con más ataques a las libertades públicas. En efecto, ¿quién se atreve a defenderlas tras un atentado o durante una epidemia? Se imponen y aceptan pues restricciones sin discusión. Sólo se trata de un paréntesis, nos dicen; lo cerraremos una vez que se derrote al virus, o al terrorista, y vuelvan los días felices. Los días felices no vuelven. Pero, sometida a este régimen, una sociedad puede resquebrajarse.


Perpetrado en un contexto semejante, el crimen de un islamista fanático que, basándose en un falso testimonio difundido por las redes sociales, decapitó a un profesor al que no conocía, ha abrumado y conmocionado a todo un pueblo. Un checheno sin vínculos estrechos con una organización terrorista; pocos cómplices; apoyos casi inexistentes en el país: en otros tiempos, el asesinato de Samuel Paty se habría asemejado a la tragedia que puede causar un demente. Pero se produce en una historia jalonada por actos de terrorismo islámico que una o dos palabras asocian entre sí: Salman Rushdie, 11 de Septiembre, Bali, Madrid, Mohamed Merah, Charlie, Bataclan, Niza... Sangrientos atentados o amenazas de muerte contra escritores, judíos, caricaturistas, cristianos. Y que también mataron a musulmanes.


Queda clara pues la irresponsabilidad de aquellos que, no bien se dio a conocer la decapitación de Conflans-Sainte-Honorine, superaron rápidamente su conmoción para pregonar, sin razón, que en materia de vigilancia y represión “nada se hizo en los últimos treinta años”. Con el fin de exigir luego que el Estado tome medidas excepcionales contra los inmigrantes y musulmanes. La derecha habla pues de reformar la Constitución; el ministro del Interior está preocupado por las “góndolas dedicadas a la cocina comunitaria” en los supermercados; periodistas reclaman que se calle al Consejo de Estado, al Consejo Constitucional, al Tribunal Europeo de Justicia, para que ya nada pueda obstaculizar las resoluciones administrativas arbitrarias y las detenciones motivadas por un simple antecedente policial. Los mismos agregan que hay que prohibir los “discursos de odio” en las redes sociales sin darse cuenta de que divulgan otros igualmente venenosos, pero en canales de noticias en continuado.


El horror de un crimen habría podido favorecer el apoyo finalmente unánime de la población a docentes a los que los sucesivos gobiernos han reducido al papel de variable de ajuste presupuestario y entregado a las presiones de los padres de alumnos. En lugar de ello, se percibe nuevamente un tufillo a “guerra de civilizaciones”. No podrá sino dividir más a sectores del pueblo francés a los que sistemáticamente remiten –y no sólo a los integristas musulmanes o la extrema derecha– a su “comunidad”, a su familia, a su Dios**. Y es contra esta máquina infernal que “nada se hizo en los últimos treinta años”.

** Véase Serge Halimi, “‘Ahmadinejad, mon héros’”, Le Monde diplomatique, París, agosto de 2016.

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Gustavo Recalde

 

 

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Información adicional

  • Autor:Diego Guevara Castañeda, Santiago Castaño Salas y Leonardo Rojas Rodríguez
  • Edición:205
  • Fecha:Periódico Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº205, noviembre 2020
Visto 331 vecesModificado por última vez en Viernes, 20 Noviembre 2020 09:09

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