Martes, 26 Enero 2021 09:27

Perdida en la vida

Escrito por Girlandrey Sandoval Acosta
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Perdida en la vida

La inspiración de esta escritura surge en medio de las revueltas del 21N de 2019, intentado hacerles espacio a los feminismos en medio de una coyuntura tan especial. Nos encontramos con Erika en un lugar llamado “Trementina”, el cual pensé que hacía referencia a una mujer de “trementina” reputación, pero luego de paseos canábicos, frecuentando los alrededores, me enteré que trata más bien de asuntos artísticos. Ahora creo que las dos definiciones son buenas. Ambas se refieren a energías emancipantes para mí: las mujeres y el arte. Así que de una conversación en trementina resulta esta estrepitosa escritura.

Perderse es una palabra proveniente del latín perdere, que significa “dejar algo” o “no obtenerlo”. De perdere, la etimología on-line dice que, además, vienen palabras como “desperdiciar” y “desperdicio”. Entonces perderse significa quizá dejar algo por ahí…. O no llegar a obtenerlo. Quise indagar un poco más en “El origen de las palabras”, un diccionario etimológico ilustrado que compré un par de años atrás, cuando empecé a fascinarme con la historia de las palabras, sus usos y sobre todo, rastrear el paso del tiempo sobre sus significados y el deterioro de sus referencias habituales. Sin embargo, no obtuve mayores hallazgos, porque la palabra “perderse” no se encuentra en este diccionario etimológico ilustrado. Pero saben qué, me encontré con una palabra con la que al parecer se comparte una raíz: peripecia.


Una peripecia es, tanto en las obras dramáticas como en la realidad cotidiana, una “mudanza repentina de situación debida a un accidente imprevisto que cambia el estado de las cosas”. Si no hay una relación en la raíz latina o griega entre peripecia y perderse, existe entonces una relación en la experiencia de vida de muchas mujeres y feministas, perdidas, que han tenido que armarse de peripecias para volver a encontrar o al menos pilotear aquello que varias llamamos “estar perdida en la vida”.

Primera perdida: La sospecha feminista

El primer momento en el que sentí que mi vida empezó a dispersarse, la primera vez que llegó un sin-sentido particular nunca antes vivido, fue cuando decidí rupturar una de las-relaciones-entre-mujeres más importantes de mi vida reciente. En medio de la fase inicial de la transición de la guerra a la paz, el cese bilateral de fuegos no solo era una preocupación a nivel nacional, me preocupaba la guerra entre conocidas, la guerra entre mujeres, la guerra que se libra a veces en un campo laboral por un puesto, por el reconocimiento, por la productividad. Había que caminar rápido, había que caminar eficiente, había que caminar con conocimientos no aprendidos aún en la selva urbana laboral. Luego ya no había que caminar, si no que tenía que correr. Me bajé. Me bajé, me descargué y me perdí. No sabía cómo caminar y ahora me tocaba correr, claramente me perdí. Me perdí y me dolió. Estar adolorida y perdida, me generó una sensación de sospecha feminista constante a las relaciones entre mujeres en escenarios de jerarquización laboral, en jerarquías de afectos, en jerarquías de conocimientos. Me empezó a dar sospecha feminista de las jerarquías.

Segunda perdida: La separación feminista

El segundo momento en el que llegó el segundo-sin-sentido de mi vida, fue cuando decidí habitarme de nuevo en soledad. Llevaba compartiendo un par de años con un amor-amigo-compañero, cuando tuve que cambiar las chapas de la casa y por ahí derecho, cambiar de amigas, cambiar de rutas, cambiar de ropa, cambiar las cortinas de la casa y las sábanas de la cama, cambiar de cara, cambiar de vida. La sensación de una separación creo que podría ser comparada con un momento de perdición absoluta (varias sabemos que no dura para siempre aunque en ese momento pienses que sí).

Días previos a las fatídicas elecciones presidenciales del 2018, perdí mi cédula de identidad sin tener una sola pista de dónde o cómo fuera esto posible. Perder la cédula significó para mí la pérdida de mi identidad. Yo me encontraba (sobre)viviendo con mi amor-compañero, pero en un momento (in)determinado sentía que no estaba allí, que dejaba de ser yo; suena She lost control de Joy División.

Perdida la cédula, perdida la identidad, perdida las elecciones con Petro, perdido el amor-compañero, perdida la vida una vez más.

Tercera perdida: La renuncia feminista

El tercer y último momento en el cual el sin-sentido cobró su mayor fuerza, fue cuando decidí renunciar a la comunidad política que me había alimentado la esperanza, la fuerza, la humildad y la sabiduría por casi media vida. En dicha comunidad política crecí, me criaron. Fue mi nicho, fueron las amigas de la vida, fueron las complicidades en los momentos más oscuros e inciertos, fue el primer amor-compañero y hasta el segundo. Del nicho hubo amor campesino y estudiantil. Amor afrodescendiente e indígena. El amor del color del pueblo, el amor entre-mujeres y el reconocimiento de la autoridad femenina de las mayoras campesinas; eterna sabiduría. El amor callejero, montañero y de ríos. Amor marítimo a veces, amor selvático otras, amor de carretera y largas horas en movilizaciones de victorias aseguradas en una invención poderosa, nuestra, del nosotros. Allí se me quedó medio corazón. Perdí más bien, medio corazón, medio amor, media esperanza, media alegría, medio lugar. Medio territorio, medio cuerpo. Me perdí y me quedé a medias, a medio camino.
La encontrada

Lectoras, compartirán conmigo que el mejor momento de estas historias tritónicas seguramente será perderse, y en medio del perderse, las peripecias necesarias, todas, para volver a encontrarse. Yo me perdí tres veces y voy en mi primera encontrada. Esta primera encontrada me ha llevado a reconocer dentro de mí la herencia poderosa de la sospecha feminista y sus calmaciones, de las separaciones feministas y la transformación del amor, de las renuncias feministas y los aprendizajes del caminar a mi ritmo.

Termino con lo siguiente: sospecha, separación, renuncia, formas lingüísticas de experimentar la sensación de “estar perdida en la vida”. Perderse, peripecia, irse, dudar, renunciar que rima con abortar, todo aquello que impide perdernos y que más bien nos hace sentir como eternas perdidas.

 

* Decirle a una mujer que es una perdida es decirle que ha incumplido con todo lo que se esperaba de ella, así que nosotras queremos reivindicar ese perderse de las mujeres, porque han fracturado el molde patriarcal que las acecha. En Relatos de Mujeres Perdidas presentaremos tres narraciones acerca de la sensación de sin-sentido y pérdida de toda esperanza que nos hace revolcarnos mujer adentro para encontrarnos, en nuestros propios cantos y con nuestras garras.
Estas narrativas están hiladas como un tritono disonante y subversivo. Esa figura musical se ha considerado siniestra desde el Medioevo, y las mujeres que aquí tejen sus historias, se han hecho cada vez más feministas y más siniestras. En sus historias perdidas encontraron algo de conexión con su identidad y potencia, así que aquí está la primera entrega de nuestro cuarto tritono.

Información adicional

  • Autor:Girlandrey Sandoval Acosta
  • Edición:275
  • Sección:Relatos de mujeres perdidas X*
  • Fecha:Enero 20 - febrero 20 de 2021
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