Viernes, 26 Marzo 2021 10:54

Pasado, presente y futuro, el largo caminar de las mujeres indígenas del Cauca*

Escrito por Felipe Martínez
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Todas las fotografías que acompañan este artículo son de Felipe Martínez. Todas las fotografías que acompañan este artículo son de Felipe Martínez.

El pasado 24 de febrero en el municipio de Caldono (Cauca), en la vereda El Pital, se llevó a cabo la celebración de los 50 años del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric). Allí, miles de personas se reunieron desde el día 19 para festejar este largo caminar generacional. Blanca, María, Aída y Diana son mujeres que con sus relatos reflejan esta histórica lucha; en ellas está el pasado, presente y futuro de una de las organizaciones sociales más importantes del país.

 

Pisando barro para conocer la historia. El camino que nos llevó desde Bogotá hasta la vereda El Pital, fue bastante sencillo: una vez en Cali, bastó con abordar un bus en el terminal con destino a Popayán, pasando Santander de Quilichao abrimos bien los ojos y empezamos a preguntar por el pueblo. No tardamos en escuchar las indicaciones de unos y otros, pero al no tener muy claro dónde era el evento decidimos bajarnos en la Panamericana y caminar, en realidad poco, pues algunos metros después empezamos a ver las pañoletas de colores verde y rojo, algunas personas con bastones de mando; motos que subían y bajaban llevando y trayendo a quienes iban a participar de aquel histórico evento y a quienes estaban realizando alguna tarea en función del mismo.

El trayecto en moto desde la Panamericana hasta la finca del Cric, ubicada en el resguardo Kweth Kina, no duró más de 10 minutos. La carretera sin pavimentar obligaba al conductor a esquivar a cada instante baches y sobresaltos; el calor ganaba en grados, el olor a tierra se mezclaba con el polvo levantado por los vehículos y los ojos se extraviaban degustando el paisaje montañoso que nos daba la bienvenida a un territorio que a simple vista permitía intuir la presencia del conflicto armado interminable que marca la historia y el presente de nuestro país, los grafitis de las Farc en las paredes así lo confirmaban.

Cuando llegamos a la finca, un cordón de Guardia Indígena imponía orden a la entrada y salida de vehículos y daba acceso a los que queríamos ingresar al evento. Una estructura construida con polisombra verde servía como punto de armonización y desinfección preventiva contra el covid-19, a su interior estaba encendido un sahumerio alimentado con diferentes plantas medicinales; cada persona debía pasar por este punto antes de registrarse y participar en el mayúsculo evento que aglutinó alrededor de treinta mil personas.

El evento del medio centenario comenzaba a abrirse ante nuestros ojos. Desde el punto de registro, hasta los lugares para armar el camping, el camino estaba completamente enfangado, y tras cada paso, las botas, la ropa y el cuerpo se untaban de territorio. Una vez instalados comenzamos a recorrer el evento y fuimos encontrando amigos y amigas, como las del proyecto de comunicación Entrelazando. Así mismo fuimos encontrando a las mujeres que son la historia viva de este proceso, la memoria de la lucha por la tierra, la cultura y la pervivencia.


Pasado vivo

 

En la carpa principal del evento, en medio de los discursos de algunos invitados internacionales que se presentaban en la tarima, sentada en una silla junto a otra mujer que vendía algunas artesanías, encontramos a la mayora Blanca Andrade, una mujer histórica del proceso, oriunda del resguardo de Pioya, quien siempre habla a calzón quita´o y que según nos contaban, el día que le tocó estar presente en la tarima principal no dudó en reprender a consejeros y figuras políticas importantes del Cric, pues desde su visión hoy las cosas están tomando otro rumbo y muchas personas llegan a acomodarse por su posición en la organización.

Al sentarnos junto a ella nos recibió con una sonrisa franca y ante nuestra primer pregunta no dudó en respondernos con la historia de su vivencia y de su pueblo previa a la conformación del Cric; su relato nos transportó a ese tiempo oscuro que generó la necesidad de la organización.


“Cuando yo era niña vivíamos trabajando mucho, mi padre era muy trabajador, nos enseñó a cultivar, criar animales, sembrar cabuya y así… En la educación a nosotras no nos mandaban porque las mujeres no merecíamos la educación porque crecíamos, conocíamos marido y nos íbamos, pero cuando estábamos en los centros con las hermanas religiosas allí a las indígenas nos veían mal, las mismas hermanas nos hacían el feo, nos decían que éramos naturales o naturalas y que hablábamos como los ovejos; había mucha discriminación y nos hacían dar pena porque éramos indígenas.

Los dueños de las tierras eran sacerdotes, por ejemplo, el padre Claros era el dueño de una extensión gigante de tierra y mi padre y mi abuelo trabajaban de terrajeros, entonces un pedazo les dejaban para trabajar lo de uno pero había que ir a trabajarle a los dueños durante tres días de la semana, no se pagaba en plata pero sí se pagaba en el jornal.

Mientras existíamos trabajábamos en la tierra de ellos toda la vida, nuestros abuelos así murieron, pero cuando ya empezó este proceso fue muy bonito porque mucha gente, mucho indígena dejó de ser terrajero, las mujeres dejaron de ser servidumbre de los patrones, se terminó la violación, porque en esa época –así usted tuviera su marido– si el patrón quería violar a la mujer pues la violaba y allí dejaba una semilla extraña”.

El relato de la mayora Blanca, aunque pausado y tranquilo, cargaba la rabia y el dolor de los pueblos originarios y con ello el de las mujeres, pero al mismo tiempo traía la dignidad y la lucha por la vida. De esta manera nos contaba cómo eran las reuniones “clandestinas” que se daban para conspirar la liberación de la madre tierra, al tiempo que nos compartía cómo era el contexto para el surgimiento de la organización, los costos, lo que les ha significado en costos, de vidas (Ver recuadro situación de derechos humanos), de encarcelados, de lesionados, y su papel como mujer en todo este proceso.

“Las reuniones para la organización de los indígenas eran de noche, había que caminar dos días porque, por ejemplo, para reunirse las autoridades de Toribio, San Francisco, Corinto, tocaba ir hasta Silvia, entonces había que ir desde Tierradentro a pie ocho horas y llegar, reunirse por la noche, planificar el trabajo y otra vez irse para Tierradentro, eso era muy duro, uno amanecía cansado y ooootra vez a caminar, otra vez programaban y otra vez había que caminar, siempre escondidos.
Al comienzo eran cuatro cabildos, ahora dicen que cinco, pero eran cuatro y así fue que empezaron a organizarse y llamaron a los demás y así, haciendo reuniones al escondido, empezamos a escuchar a los demás. A nosotros nos tocaba aportar del bolsillo de uno, nos costó plata, sacrificio, la juventud, la dedicación.

Esto ha costado sangre, trasnocho, sacrificio, lagrimas. Yo no soy intelectual, pero hablo porque he estado desde muy joven acompañando este proceso, porque mi marido fue uno de los que estuvo con Benjamín Dindicué en la fundación de esto. Ahora todo el mundo cree ser fundador, todo el mundo dice ser acompañante de este proceso, pero cuando fui joven vi personas muy contaos de las manos de los dedos. Así como había compañeros que entregaron su vida y su alma por este proceso, había gente que por los lados (como hasta ahora) hablando mal, no creían en este proceso, no creían en la liberación de la madre tierra, no creían en que las autoridades de los cabildos se iban a fortalecer, no creían en la educación, en la salud, pero los que hemos venido batallando poco a poco sí creíamos, fuimos muy pocos en esa época.

Mi papel como mujer siempre ha sido acompañar este proceso en muchas cosas, empezando por la cocina, por la familia, por la autoridad, con la recuperación del territorio. He estado en muchas cosas, me ha gustado estar en todo donde están los compañeros, allí estoy yo”.

Cuando la mayora Blanca llegaba al final de su relato, el ruido de la música procedente desde la tarima empezaba a ganarle a su voz, no era raro que así fuera, cientos de personas comenzaban a cantar el himno de la Guardia Indígena, el que a lo largo de los días sonaba unas 5 veces y en cada ocasión se entonaba como si fuera a la primera: se juntaban los bastones y se levantaban las pañoletas con total convicción, un actuar emocionante de ver. Con esfuerzo en su voz se impuso al masivo canto y en su rostro vimos la alegría por habernos compartido la esencia de su vida. Le agredecimos su generosidad y nos despedimos, para proseguir en procura de otras vivencias.

 


Otras raíces

 

En el relato de la mayora Blanca y en el evento en general, se hablaba mucho que el Cric también nace gracias a otros procesos como la Anuc, Fresagro y el Movimiento de Unidad Popular, sin embargo, hay una raíz que poco se mencionó y que la guardó en la memoria el Misak, uno de los pueblos fundadores de la organización.

Nuestros pasos nos llevaron a buscar un lugar dónde descansar y comer algo, fue así como llegamos al espacio organizado por los Misak para su estadía en el evento; saludamos y con afecto correspondieron, al tiempo que nos brindaron una sopa que nos recompuso las energías. El ambiente en este lugar era otro, los colores morados, azules, blancos y negros que carga en su atuendo este pueblo generaban tranquilidad, el ruido de la música y los micrófonos se perdían en el silencio de este otro territorio donde lo que más se escuchaba eran los juegos y risas de niños y niñas que corrían por todas partes. Allí fuimos conversando y conocimos más historia del Cric.

Aunque más joven que la mayora Blanca, y mucho más corta en su palabra, la mayora María Ana Calambás carga consigo la memoria de lucha de su pueblo, la misma que hoy parece poco visible al interior del Cric, a pesar de estar presentes. En medio de sus hijos y familiares, María nos contó la razón por la cual asistieron a la celebración de los 50 años, también parte de la historia de la recuperación de tierras con métodos diferentes a los del 71, pues en 1963 las comunidades se asociaron y organizaron en cooperativas, las cuales iban ahorrando y reuniendo los recursos para comprar estas tierras que fueron usurpadas por los terratenientes.

“Lo que yo vine viendo desde la niñez fue el proceso de mi papá, vi la lucha y el proceso de la cooperativa San Fernando en todas las comunidades indígenas, también vi como formaron sindicatos mucho antes del Cric, esto sirvió como base para todo lo que existe hoy porque la recuperación de tierras de la hacienda San Fernando fue en el año 1963.

Estamos orgullosos por la recuperación de las tierras que eran nuestras y que las tenían los terratenientes, estamos orgullosos porque el proceso del Cric también se fundó allá en la vereda San Fernando.

Hemos venido a este evento también a dejar un precedente y es saber que un proceso organizativo no se construye de la noche a la mañana y esos antecedentes son los que no se han escuchado. Venimos a visibilizar eso, que no son solo cinco décadas, sino que hay muchas décadas atrás, que hubo un proceso, trabajo y sacrificios de las comunidades como lo que se hizo en el 63, lo que posibilitó muchas reuniones en las tierras recuperadas, que permiten abrir un camino, el despertar hacia las siguientes recuperaciones”.

La noche llegó en medio de la conversación con la mayora y los jóvenes Misak, parte vital del proceso Jardín Botánico Las Delicias, una bella e innovadora experiencia, parte del fortalecimiento cultural y territorial de los Misak, con el que han recuperado y reforestado 74 hectáreas de bosque nublado alto andino.

 


Presente de retos y resistencia

 

Mantener un proceso comunitario durante 50 años no ha sido fácil, y el esfuerzo continúa. Al día de hoy en los territorios se viven problemáticas complejas que no son de poca monta, así lo resaltó Aída Quilcué en una de sus intervenciones en tarima, donde realizó un llamado sobre enfermedades que aquejan a las comunidades, como el consumo de drogas por parte de los jóvenes, el alcoholismo de los mayores, la violencia física y sexual hacia las mujeres, entre otros temas que generan desarmonización en los territorios y que van más allá del conflicto armado.

Seguido a su intervención, de la que salió aplaudida, caminamos entre la multitud buscando un lugar para entrevistarla. En esta búsqueda teníamos que detenernos cada tanto ya que, una y otra vez, era abordaba por distintas personas para saludarla y comentarle situaciones de lo que sucede en los territorios.

Hablar con Aída siempre es un reto pues es una mujer que, aunque amable y generadora de confianza, su mirada y palabra siempre es firme e intimida. En el poco tiempo que tuvimos para conversar, nos fue contando cómo se construyen los liderazgos, el contexto actual de la organización en temas de relacionamiento con otros pueblos y con el Estado, y lo que aspira suceda en los próximos 50 años.

 



“El liderazgo de los pueblos indígenas se teje en el marco de ese día a día de los trabajos comunitarios, porque nosotros somos sujetos colectivos, en una comunidad todos nos conocemos, no es como en la ciudad que el vecino no conoce al vecino y no sabe qué le pasa, entonces cualquier cosa de lo que nos pasa todo el mundo sabemos y actuamos en ese sentido, entonces la formación empieza a partir de ahí.

Día a día se está trabajando el proceso de salud, de educación, de territorio, de comunicación, del arte, de la música, de la danza, pero también de cómo proteger el cuidado de la madre tierra, ¿no? Entonces, el fundamento es desde las raíces que tiene cada pueblo indígena y que, a partir de ahí, día a día, estemos en un permanente desarrollo de nuestro propio proceso de los sistemas propios.

Actualmente hay compañeros que han venido de Guatemala, otros de México, algunos hemos estado yendo a conocer las experiencias, pero lógicamente no hemos ido a permanecer, pero se está tejiendo la estrategia del relacionamiento permanente entre pueblos.

En el tema del relacionamiento con el Estado y con otras organizaciones de cooperación, de hecho, ustedes saben que ‘el que da la plata pone las condiciones’, pero también nosotros en este proceso de los 50 años hemos aprendido que recibimos la plata pero también ponemos condiciones y la condición es el Plan de vida, la condición es el proceso orgánico, y creo que este proceso del Cric, y del movimiento indígena nacional, nos ha enseñado que si bien tenemos un relacionamiento no podemos quedarnos con el relacionamiento y la agenda del gobierno, tenemos que seguir hablando con los que tenemos que hablar pero en el marco de las exigencias que ponen nuestras comunidades desde sus propias realidades, y eso hace que sigamos fortaleciendo autonomía desde los territorios.

Aspiro para el futuro, primero, que los pueblos indígenas no desaparezcamos, y esto porque a pesar de que somos indígenas hemos ido perdiendo el idioma, y que ojalá de aquí a otros 50 años la hayamos rescatado nuevamente en algunos pueblos donde se ha perdido, y en donde se esté debilitando lo hayamos fortalecido; por otro lado espero que ojalá esta autonomía, que está en construcción, logremos llegue a la plena autonomía, y que sigamos protegiendo el territorio, la vida y el permanecer en el tiempo y el espacio”.

Así, con la confianza en que los pueblos que habitan buena parte del Cauca lograrán lo manifestado por nuestra entrevistada, con una sonrisa que quedó plasmada en una fotografía, nos despedimos de Aída, una mujer hecha a pulso en la organización y que a pesar de ser víctima de la violencia estatal y paraestatal, sigue firme y orientando el camino de la organización.

 


Futuro próximo

Andando de allí para allá se la pasó todo el evento Diana Collazos Cayapu, las veces que la encontramos siempre estaba saliendo o entrando a la carpa de comunicación. Diana es una mujer joven que la mayor parte de su vida la ha vivido en la organización, actualmente hace parte del tejido de comunicación de la Acin. Cuando por fin pudimos hablar con ella escuchamos el sentir de las nuevas generaciones, con sus críticas de lo existente, pero que en el fondo saben que tienen a cuestas el futuro próximo de una responsabilidad histórica, como ésta de darle continuidad al Cric.

“De los 25 años que tengo, 11 se los he dedicado a la organización y desde el primer momento estuve de lleno en el proceso. Creo que el tema de estar ahorita aquí en los 50 años es, de alguna forma, un honor porque es continuar tal vez el camino que muchos jóvenes, amigos pues, dejaron. Hace 3 años, tras el asesinato de Edwin, me sentí como más apropiada de este escenario, pues para nosotros era un referente muy fuerte en el proceso, entonces en este momento estar aquí, estar acompañando el espacio de comunicación, es hacer un homenaje no solo a Edwin sino a todos los que ya no están. Se vuelve una responsabilidad porque cuando yo estoy aquí no solo estoy yo, sino que está toda mi familia representada en mí.

Siento que en este momento hay una etapa de jóvenes que le apuestan a recuperar la tierra, que le apuestan a no ser tan institucionalistas, que le apuestan a ir en contra de las mismas reglas, y en parte a mí eso me parece bueno porque tal vez muchas de las reglas o leyes que llegan a nuestras comunidades pues simplemente nos imponen y nos venden una forma de vida que no pertenece a la que nosotros queremos caminar.

Ahora todo es informes, todos son firmas, entonces me pregunto, si la lucha hace 50 años (o hace más porque tiene más tiempo) hubiera sido así creo que no estaríamos en este momento hablando de 50 años, porque simplemente la gente no le importaba el recurso. Por ejemplo, mi mamá dice que cuando se iba a una minga el pago de esa minga, o cuando uno iba a hacer un mano-cambio, el pago de eso era un buen pedazo de carne, un buen mote.

Esta organización empezó con jóvenes que ahora son mayores, pero en ese momento se luchaba era solo por luchar, por la necesidad que teníamos, la necesidad de la tierra, ahora si se lucha pues tal vez es, por decir, porque quiero un puesto, porque quiero tener, o sea, uno ve a gente que asume el rol de autoridad y se crece y piensa que tiene la vocería, la vocería de ella la toma como si fuera la vocería de la comunidad, pero no es así. Entonces, siento que a veces es eso, o sea, una generación que también lo que quiere es empezar a ocupar ciertos cargos, por decirlo, sin proyectarse a una lucha que se unte de tierra.

Ahorita hay muchas debilidades y parto desde el tema del territorio: nosotros siempre hablamos, y no solo en el pueblo Nasa sino en los distintos pueblos, hablamos del buen vivir, y ¿cómo es ese buen vivir? Entonces, conversando con la gente, pues dicen: es vivir tranquilo, es vivir sencillo, es vivir sabroso. Y, ¿cómo se vive sabroso? Teniendo la tierra, teniendo los animales, teniendo un espacio donde tejer, donde tomar guarapo y así. Entonces, si no nos pensamos el territorio ahorita que tenemos ya 50 años, si no empezamos a pensar después de este encuentro una proyección del tema de recuperar el territorio, creo que de aquí a 50 años habrá una organización ficticia o tal vez conformista, porque no se está proyectando al tema de ampliar, ampliar los sueños de la organización, que es la tierra. Entonces, más allá de aquí a 50 años, es el tema de despertar y en esto la comunicación también, como un apoyo y un ejercicio político, tiene que visibilizar esas vivencias de la comunidad, esa realidad, esos dolores y alegrías de la gente.

Tenemos que recordar que la lucha que se hacía era de pueblo con pueblo, o sea, no era solo el pueblo Nasa, sino que varios pueblos se apoyaban para recuperar las tierras, el tema que se caminaba, el tema que se conversaba en las reuniones de noche, todo eso. Yo digo que ahorita tal vez la misma organización, o el tema del mismo gobierno con esa realidad de los recursos, por ejemplo, pues ha limitado esa forma de luchar”.

La palabra de Diana carga la fuerza de la juventud, en todo lo conversado observamos una claridad política que es producto de la lucha de las mujeres y el proceso generacional de 50 años, que, aunque tiene dificultades, carga muchas posibilidades de futuro.

En este momento el evento ya estaba llegando a su última parte, la que muchos esperaban: el baile hasta que saliera el Sol. Con Diana nos despedimos con un fuerte abrazo y quedamos en encontrarnos en la fiesta, cosa que fue imposible en medio de las treinta mil personas.


Camino por recorrer

 

Las vivencias, remembranzas, deseos, sueños, quimeras, que escuchamos de estas compañeras, siguieron acompañándonos en cada hora de esta celebración, además de las imágenes retenidas por nuestras retinas de variedad de momentos que llenaron su agenda: discursos y discusiones, pero también actitudes y comportamientos. Ver a los adultos entregarles, simbólicamente y así no lo expresaran de manera abierta, esta construcción social a las nuevas generaciones, quedó reflejado en el tejido que unos le enseñaban a otros, en el compartir del alimento, en el afecto del (re)encuentro.

Al final, el evento terminó en una fiesta gigante, donde predominó la música tecnocumbia más que las flautas y la chirimía, el baile y la rumba estuvo acompañada por chirrincho y chicha. Mixtura cultural le dicen a esto, un tema por reflexionar y que tienen bien presente distintas dirigencias, de distintos cabildos.

Pasadas las 5 de la mañana del día 25 de febrero la gente fue obligada a irse a descansar, muchos aún tenían animo de continuar. Al desconectar el sonido de la tarima principal, con los rayos del sol anunciando el nuevo día, la mayoría empacamos nuestras cosas y tomamos carretera de regreso a nuestros lugares de procedencia.

Salimos agradecidos y admirados de aquel evento que mostró en medio de la pandemia la fuerza que tienen estos pueblos para juntarse y construir un proceso que, pese a las tensiones y diferencias, sigue caminando. Pero sin duda lo que más sorprende es el largo caminar de las mujeres indígenas del Cauca, quienes van con paciencia marcando el camino y abriendo paso para el futuro de las nuevas generaciones, que posiblemente vivirán en contextos diferentes a los que hoy existen en lo organizativo, con la dirección y organización política mayoritariamente en manos de los hombres.

 

** Integrante equipo desdeabajo y del colectivo Loma Sur. Este artículo contó con la colaboración de Sebastián Delgado, quien se encargó de la mayoría de transcripciones de las entrevistas.

 


*La Raíz

 

He leído que, al momento de nacer a los indígenas del Cauca, en especial a los Nasa, les entierran el ombligo en la tierra, de ahí que siempre tengan esa relación directa con su territorio y saquen la fuerza para luchar por el mismo, pues allí está la memoria y su razón de ser.

En mi caso nunca me enterraron el ombligo en ninguna parte, sin embargo, aunque nací en Bogotá, toda la vida he escuchado por parte de mi padre que el Cauca es un territorio de lucha, donde nuestra familia tiene raíz y participó de diferentes procesos organizativos, por esto siento que este artículo, aunque cuenta la historia de varias generaciones de mujeres indígenas y con ellas el proceso del Cric, en el fondo también remueve la memoria de mi familia, especialmente de mi tío Alfonso Meléndez, que acompañó en el 71 el nacimiento del Cric y 50 años después me tocó a mí presenciar el medio centenario de camino organizativo de estos pueblos, pero también remueve la memoria de Pedro León Rodríguez, el sacerdote mestizo con corazón de indio, quien fuera primo de mi abuela y que dirigió el Movimiento de Unidad Popular en el norte del Cauca en 1970, proceso que sirvió como referente para las luchas por la tierra previas al Cric.

 


 

 

 

Situación de Derechos Humanos


Se estima que cuando el Cric cumplió 47 años de vida habían sido asesinados más de 1.200 indígenas a manos de grupos armados (paramilitares, Fuerzas Armadas oficiales, Farc, Eln, y otros). A 50 años la cifra sigue en aumento.

• Las masacres del Nilo y el Naya son evidencia de la violencia que ha tenido que padecer este proceso y sus comunidades:
• Masacre del Nilo, 16 de diciembre de 1991: asesinados 21 indígenas Nasa
• Heridos: 1
• Perpetrador(es): Miembros de la Policía Nacional y civiles armados.
• Masacre del Naya, 21 de abril de 2001: asesinados 40 indígenas Nasa.
• Perpetrador(es): Autodefensas Unidas de Colombia.

 

 

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Información adicional

  • Autor:Felipe Martínez
  • Edición:277
  • Fecha:Periódico desdeabajo Nº277, marzo 20 - abril 20 de 2021
Visto 279 vecesModificado por última vez en Miércoles, 31 Marzo 2021 21:10
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