Domingo, 28 Marzo 2021 10:56

Crecen las desigualdades e inequidades basadas en género

Escrito por Nancy Molina Achury y María Fernanda Sandoval
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https://www.zonadocs.mx/2020/07/05/ninas-y-mujeres-mas-vulnerables-frente-al-trabajo-y-las-desigualdades-de-genero-en-el-contexto-del-covid-19/https://www.zonadocs.mx/2020/07/05/ninas-y-mujeres-mas-vulnerables-frente-al-trabajo-y-las-desigualdades-de-genero-en-el-contexto-del-covid-19/

La pandemia tendió luz sobre las desigualdades e injusticias construidas históricamente en nuestra sociedad y con afectación especial sobre las mujeres, convirtiéndose en un instrumento para profundizar un modelo de sociedad que va en contra de la vida y el bienestar. Es necesario entender y asumir que la transformación de esta realidad implica potenciar y articular nuevas formas de pensar las relaciones entre hombres y mujeres, y sus relaciones con la naturaleza, donde valores como la solidaridad, la responsabilidad y la consciencia de la mutua dependencia sean centrales.

 

En las labores de cuidado

 

La pandemia profundizó las condiciones de desigualdad e inequidad entre los grupos poblacionales y entre los territorios y esto para el caso de las mujeres se presenta de forma dramática. Antes de la pandemia se reconocía que las mujeres en Colombia aportaban tres cuartas partes del trabajo de cuidado no remunerado en los hogares, lo que se reflejaba en el doble de horas en tiempo en comparación con el dedicado por los hombres (1).

Durante la pandemia y con las definiciones de confinamiento y distanciamiento social –que han significado concentrar actividades en las casas– es un hecho indiscutible que las mujeres se encuentran con una sobrecarga de trabajo físico y mental, que articula labores de cuidado y domésticas, así como actividades laborales sean ellas formales o informales.

A la base de esta diferenciación se encuentra una cultura patriarcal que refuerza patrones previos del rol de las mujeres en el cuidado. Así, el cuidado de niños, adultos mayores, enfermos y personas con discapacidad que lo requieran recae principalmente sobre ellas, realidad incrementado en etapa de confinamiento, con una sobrecarga adicional resultante de la profundización de la inseguridad alimentaria, económica y de seguridad civil e incluso política. A esto se suma la concentración en las mujeres del cuidado institucional como trabajadoras ampliamente mayoritarias de los servicios de salud, sociales y educativos, en condiciones precarias y con incremento de la exposición a riesgos biológicos y sobrecarga mental/psicosocial.

Con esta referencia cultural que “naturaliza el cuidado en las mujeres”, se oculta el hecho de que es en ellas en quienes ha recaído, previamente, y ahora en pandemia, gran parte del peso de la respuesta social, ante la frágil y por momentos inexistente respuesta del gobierno nacional. En este sentido, se reconoce que el cuidado informal puede representar el 80 por ciento de la atención a la salud (2). Brilla por su ausencia el Estado, que no está en donde es requerido, vacío que suplen las mujeres, sin ningún tipo de reconocimiento económico o social y a costa de su propio bienestar.

 

La feminización del cuidado en el proyecto de vida de las mujeres

 

Esta desigualdad en el tiempo dedicado al cuidado impacta las oportunidades de educación, trabajo y desarrollo. Por ejemplo, como resultado de los patrones culturales y económicos que asocian a las mujeres con los roles de cuidado y que promueven patrones de crianza con sesgo en contra de los campos científicos, según el Ministerio de Ciencias en el país solo 4 de cada 10 investigadores reconocidos, y un poco más de 3 de cada 10 líderes de grupos de investigación son mujeres. Aunque logren insertarse en su campo de acción, su vínculo con el cuidado limitará sus posibilidades de productividad y reconocimiento (3).

De otro lado, en términos laborales, las mujeres padecen mayores porcentajes de desempleo, ubicación en sectores definidos con menores salarios y/o grandes concentraciones en el empleo informal, lo que repercute en menor posibilidad de autonomía económica y de acceso a la seguridad social.

Una realidad que tiende a precarizarse más si se considera que el regreso al trabajo en tiempo de pandemia evidencia pérdidas del empleo en proporción de 1 a 4 entre hombres y mujeres. “La pandemia ha puesto de relieve el hecho de que el trabajo no remunerado ha sido realmente una red de protección social para el mundo y ha hecho posible que otros salgan y obtengan un ingreso productivo, al tiempo que obstaculiza las oportunidades de crecimiento y las oportunidades de empleo de aquellas mujeres que llevan la carga del cuidado”. Con datos como estos ONU Mujeres advierte que “el coronavirus puede hacernos retroceder 25 años en igualdad para las mujeres” (4) y en tanto su salida de la fuerza de trabajo laboral responde a la demanda de cuidado en el hogar se pide un ingreso básico de emergencia para ellas, que debieron dejar de trabajar para atender la familia (5).

En este sentido, hoy como antes de pandemia, las organizaciones de mujeres reivindican la necesidad de reconocer que las actividades de cuidado son productivas, es decir que generan riqueza y que esa riqueza requiere ser distribuida con pleno reconocimiento de quienes son sus generadoras.

Implica que no es suficiente distribuir en el hogar el cuidado, porque al final de lograrse esta transformación lo que se distribuye es la sobrecarga entre mujeres y hombres explotados en largas jornadas de trabajo y con bajos salarios. Por el contrario, se requiere demostrar que el cuidado aporta al empleo en general y al empleo femenino en particular, a los salarios, a los impuestos y al PBI. Por consiguiente, el Estado y el mercado deben asumirlo a partir de organizar las relaciones laborales; profesionalizar y valorizar la labor y promover el desarrollo tecnológico del cuidado.

Asimismo, se requieren políticas públicas que amplíen las posibilidades de elegir el modo de organizar el cuidado y que faciliten la conciliación entre la vida laboral y familiar, incluyendo regulaciones laborales, ampliación de licencias paternales y parentales, extensión de servicios públicos de cuidado, fortalecimiento de las condiciones de trabajo de las personas empleadas en actividades de cuidado, así como continuar con el proceso social de transformación de los estereotipos de género en torno del cuidado, desnaturalizando su feminización, entre otros.


Las violencias en las sombras

 

Por otra parte, a nivel mundial se reconocía que antes de pandemia, 1 de cada 3 mujeres en el mundo sufría violencia sexual o física, en su mayoría por parte de su pareja (6). Sin embargo, desde que empezó la cuarentena las mujeres han experimentado un aumento de la violencia doméstica y de género. En Colombia la línea 155 reportó un crecimiento dramático de 228 por ciento solo en los tres primeros meses de cuarentena.

Paralelo a ello, diferentes organizaciones que luchan por los derechos de las mujeres lanzaron una alerta de emergencia por el aumento de los feminicidios en medio del confinamiento con la campaña “la violencia de género es la otra pandemia”, reconociendo que si bien hasta el momento no existe un mapa que focalice con exactitud dónde se padece mayoritariamente este tipo de violencia, sí puede decirse que en términos generales la misma afecta, sin distinción de clases sociales, al gran conjunto de mujeres de manera homogénea.

Es necesario destacar que si bien la violencia de género es un crimen de odio contra la mujer y contra lo femenino, este delito rompe el tejido social porque no afecta solo a la mujer que lo experimenta sino que fractura a las familias y a las dinámicas de cuidado social.

 

La sobreexplotación en el cuidado en salud

 

“La clase obrera tiene dos sexos”
Elizabeth Souza Lobo

 

Han pasado treinta años desde que la brasilera Elizabeth Souza Lobo popularizo la frase “la clase obrera tiene dos sexos”. Un reclamo contundente sobre la necesidad de visibilizar las particularidades de las mujeres trabajadoras. La pandemia nos exige hacerlo con mayor detenimiento, más aún cuando observamos el panorama del sector salud, en el cual se desempeñan de manera mayoritaria mujeres: el 80% del personal sanitario es femenino, razón por la cual es importante y necesario observar con un enfoque de género la realidad de los y las trabajadoras del sector y las dinámicas generadas en medio de la emergencia sanitaria por el nuevo coronavirus.

Como en el caso del cuidado familiar y social, la pandemia en curso ha visibilizado los graves problemas en la organización del empleo en el sector salud, un claro resultado de la mercantilización y privatización del sistema, lo que implica, en esta coyuntura y de forma cotidiana: desprotección, precarización laboral y exceso de carga de trabajo con contratos de trabajo sin prestaciones, sin seguridad social, bajos salarios, retrasos de meses en el pago, ausencia de equipos de protección suficientes y pertinentes e incumplimiento en la adopción de protocolos de bioseguridad, según lo referenciado de forma reiterada por las organizaciones de trabajadoras del sector (7).

Los datos son dicientes. Hasta inicios del mes de marzo las personas vinculadas al sector salud y contagiadas suman 43.399, de las cuales el 74 por ciento son mujeres. Ante esta situación la afirmación de Elizabeth Souza Lobo nos invita a considerar las particularidades del contagio para el caso de las mujeres trabajadora, las que no emergen tan solo al reconocer la distribución por género.

Resaltar entonces que, en general, las mujeres trabajadoras tienen una triple carga: el trabajo, el cuidado doméstico y la procreación, por lo cual el contagio trae consigo un aislamiento que rompe las dinámicas sociales de las personas y en el caso de las mujeres genera consecuencias frente al cuidado y la separación de sus hijos y pareja, así como la preocupación por el incremento de los gastos económicos, sean estos generados por la atención del contagio o por el hecho de la no garantía de la cobertura de la incapacidad durante la cuarentena obligatoria. En este sentido, los hallazgos destacan el inadecuado manejo de los casos positivos para covid-19, destacando situaciones como ausencia de reporte a las ARL (42%), continuación de las actividades laborales a pesar de la presencia de síntomas (21%) y cuarentenas sin garantía de salarios (16%).

Adicionalmente, al comenzar la pandemia muchas trabajadoras de la salud se vieron en la obligación de alejarse de sus núcleos familiares por el miedo permanente a contagiarles, ante una enfermedad nueva de fácil transmisión.

En términos del impacto, un alto porcentaje de las trabajadoras refiere estrés y sufrimiento mental, y se establece que tener contacto con pacientes con covid-19 incrementa el riesgo de tener problemas de salud mental en un 47 por ciento; trabajar sin protección individual en un 25 por ciento y sin protocolos en un 29. Estos aspectos, sumados al hecho de que durante la pandemia los participantes refirieron el incremento de la carga de trabajo (31%), de la jornada laboral (21%) y disminución del salario (20%), configuran una condición de trabajo muy crítica para las y los trabajadores, nuevamente con peores indicadores para los trabajadores con contrato indirecto y sin estabilidad.


Estos datos destacan el hecho de que aunque hoy es visible el alto porcentaje de mujeres en el sector salud, tal realidad pasa desapercibida en el conteo, análisis, demandas y definición de políticas públicas. En este sentido y en el marco de la pandemia, ninguna política pública definida para responder a la alta exigencia del trabajo en el sector ha considerado esta realidad, así como lo que implica la triple jornada que recae sobre las mujeres, además del hecho documentado del incremento de las labores de cuidado producto las medidas de confinamiento.

Con estos elementos a la mano, las organizaciones de trabajadores y trabajadoras además de reivindicar mejoras sustantivas en el contrato de trabajo y en el sistema de salud, reafirman la necesidad de considerar una perspectiva de género y la formulación de acciones específicas al respecto, las que incluyan servicios de soporte para el cuidado familiar así como para el desarrollo del trabajo en condiciones de seguridad y bienestar.


Para el cuidado sí, para el liderazgo social y político no

 

Como con las situaciones ya revisadas, en lo relacionado con la participación de las mujeres en las distintas instancias de decisión se conocen cifras que dan cuenta de las brechas en este aspecto. Como referencia, en Colombia las mujeres representan solo el 18 por ciento en la Cámara de Representantes y apenas el 21 en el Senado, el 6 por ciento de las gobernaciones, el 12 de las alcaldías, cifras que evidencian el gran rezago en materia de participación política.

Una realidad no solo conservada sino profundizada a lo largo de estos meses. Así, durante la pandemia es evidente la escasa o nula integración de mujeres en las comisiones conformadas por expertos/as que tienen como fin asesorar a los gobiernos en la planificación de la vida pospandemia, particularmente en lo relacionado con las acciones en el sector salud, a pesar de ser la mayoría de su personal, lo que en gran parte explica la ausencia de enfoque de género en las políticas generadas para enfrentarla, así como la ausencia de reflexión y acción frente al tema del cuidado y la agenda pendiente al respecto.

Asimismo, se observa que en relación con los cargos directivos de las instituciones prestadoras de salud los mismos están ocupados principalmente por hombres, a pesar de la mayoritaria presencia de mujeres, como ya fue señalado. Como consecuencia de esto, se instala una dominación interna de predominio masculino en el sector en las formas de organizar las dinámicas laborales, en la visión patriarcal del trabajo y el pobre reconocimiento tanto de las mujeres en el sector como de las profesiones históricamente feminizadas.

De otro lado, el panorama en términos de violencia política contra las mujeres no es favorable. Los liderazgos femeninos se ejercen bajo amenazas. En el período 2012-2015 seis de cada 10 mujeres que ejercieron cargos de elección popular manifestaron haber sido víctimas de violencia por su participación política. De manera reciente, según la Misión de Observación Electoral, los 57 hechos de violencia contra la mujer registrados durante el primer semestre del 2020 presentan un panorama preocupante en términos de garantías en la protección y el cumplimiento de los derechos humanos, puesto que el incremento de los hechos es del 18,8 por ciento con respecto al año anterior. De los 57 casos, 19 fueron contra las lideresas políticas, 35 contra lideresas sociales y 3 contra mujeres comunales, cifras que indican la importancia de generar nuevas medidas legislativas y nuevas acciones para prevenir, evitar y eliminar cualquier acto de violencia contra el ejercicio de participación política de las mujeres colombianas (8).


Ideas finales

 

La pandemia nos obliga a pensar respuestas para múltiples necesidades que son concretas y cotidianas, lo que implica reforzar los sistemas de protección social para apoyar a los grupos más afectados y en los que el cuidado debe ser incluido como un tema central.

De manera particular, es necesario generar una exigencia más sentida de cambios en el sistema de salud, en la estructura interna del sector y en el reconocimiento de la clase obrera femenina que trabaja y lo sostiene; reconocer sus particularidades de género, promover y generar las condiciones para lograr una mayor participación de las mujeres en los órganos directivos de las instituciones prestadoras de salud, en los órganos centrales y en los colectivos sindicales con claro dominio masculino, pues un proceso de cambio sin un enfoque de género no será suficiente para transformar las estructuras inequitativas que afectan la vida de las mujeres en Colombia.

 

1 Dane, (2020) Resumen ejecutivo. “Tiempos de cuidados: las cifras de la desigualdad”. https://www.dane.gov.co/files/investigaciones/genero/publicaciones/tiempo-de-cuidados-cifras-desigualdad-resumen-ejecutivo.pdf.
2 Del Río-Lozano M, García-Calvente MM, Martín-Barato A. Cuadernos para la Salud de las Mujeres (Nº 3). Los cuidados y la salud de las mujeres. Instituto Andaluz de la Mujer. Escuela Andaluza de Salud Pública, 2020.
3 https://lasillavacia.com/pandemia-han-brillado-las-cientificas-brecha-genero-ciencia-sigue-creciendo-80216.
4 Sandrine Lungumbu y Amelia Butterly. El coronavirus puede hacernos retroceder 25 años en igualdad para las mujeres. BBC News mundo. 2 de diciembre de 2020.
5 Noticia ONU. “Las mujeres que no trabajan por cuidar a sus familias en la pandemia de covid-19 precisan un ingreso básico”. 10 de febrero del 2021. https://news.un.org/es/story/2021/02/1487862
6 ONU-Mujeres. La pandemia en la sombra: violencia contra las mujeres durante el confinamiento
7 Molina A. N.J. “El covid-19 y el sector salud: desprotección, precarización laboral y exceso de carga mental”. Periódico U.N. Agosto 20 2020
8 El Tiempo. “Crítico panorama de participación política de la mujer en Colombia”. 19 de diciembre 2020. https://www.eltiempo.com/politica/partidos-politicos/panorama-de-la-participacion-politica-de-la-mujer-en-colombia-555902


* Respectivamente: PhD, Mg, F.T., Presidenta de la Asociación Colombiana de Fisioterapia, Miembro de la Corporación Grupo Guillermo Fergusson.


F.T. Miembro del grupo de interés de Fisioterapia y género. Asociación Colombiana de Fisioterapia

 

 

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Información adicional

  • Autor:Nancy Molina Achury y María Fernanda Sandoval
  • Edición:277
  • Fecha:Periódico desdeabajo Nº277, marzo 20 - abril 20 de 2021
Visto 202 vecesModificado por última vez en Miércoles, 31 Marzo 2021 21:07

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