Sábado, 24 Octubre 2009 11:14

Paipa especial, juvenil y fiestera

Escrito por Armando Calderón Rodríguez
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En repetidas ocasiones, mi maestro y amigo historiador Rafael Díaz me había extendido su invitación para que lo acompañara a disfrutar y registrar las fiestas de su tierra, que se celebran todos los años en la última semana de septiembre: el Concurso Nacional de Bandas Musicales en Paipa.

¡Qué maravilla! Llegar a la tierra de la libertad, a dos horas y media de la capital de Colombia, tomando la carretera de la Autopista Norte y recorrer 160 kilómetros para alcanzar los 2.550 metros más cerca de las estrellas y encontrarse con una población dispuesta a embriagar con su embrujo hospitalario, lleno de historia, que recibe lo mejor de nuestra riqueza musical colombiana.

Al principio se percibe el sabor de lo que nos espera a lo largo de los tres días del Concurso; ya flota en el ambiente un leve sonido musical acompañado del ruido de los motores de las empresas transportadoras departamentales que empiezan a inundar a Paipa con un cargamento de talento proveniente de los lugares más distantes de nuestra geografía nacional. Sobrepasa la cifra de los 1.500 músicos de todas las edades, lo más representativo de su cuna, después de superar las eliminatorias regionales y ser uno de los 35 grupos invitados, que mostrará a un público exigente por qué son los escogidos para representar a su tierra en el presente año.

El municipio de Paipa está situado en el departamento de Boyacá. Es considerado como sitio turístico por excelencia, por sus aguas termales, bordeado por el lago Sochagota y el Pantano de Vargas, donde se realizó el 25 de julio de 1819 la batalla decisiva en la historia de nuestra independencia colombiana. ¡Qué mejor lugar para brindar por la permanencia de todos los grupos musicales, departamentales, municipales y escolares, que en los últimos 35 años se han dado cita sin interrupción para mostrar lo mejor de lo mejor de su repertorio!

Siendo éste el evento catalogado como el más importante del país en su género, conserva en su organización la tradición de lo que significan las ferias y fiestas en cada uno de los mil y algo más de municipios de Colombia, acompañados por su banda musical. Pero la fiesta en Paipa es en grande y nos da su bienvenida a orillas del Sochagota, acompañada de tonos multicolores que embellecen el firmamento; con la responsabilidad de la alborada de iniciar el desfile popular, con que empieza a apreciarse la sinfonía musical de cada una de las bandas especiales, juveniles, universitarias y fiesteras que llegan a concursar por el máximo galardón.

El desfile tiene su magia; inaugura la Banda Anfitriona y cierra siempre una invitada especial. Este año le correspondió a Caldas, que tocó y se inspiró con sabor a café. Todas la bandas –de competencia tal que pueden ir en sus interpretaciones desde un clásico de Beethoven hasta un joropo, una tonada carranguera, un calipso caribeño, una guabina, un bambuco, un porro, o cualquier otro ritmo nacional- van acompañadas por sus edecanes, banderas, trajes típicos y demás elementos representativos de su lugar natal, acompasadas con la riqueza musical del país, en una sincronía étnica de blancos, negros, mulatos, mestizos, criollos, e interactuando con el público, constituido en su primer jurado calificador. El concurso es ahora responsabilidad de una gran organización denominada Corbandas, porque la fiesta es ahora responsabilidad de un público que a cada minuto va en aumento hasta alcanzar más de cien mil espectadores.

A lo largo de los tres días, los grupos deben presentarse ante un jurado calificador en los auditorios de la Casa de la Cultura, como el de la Concha Acústica. No hay nada que hacer, no hay pentagrama que aguante tanta nota musical. ¡Son buenísimos! Cada grupo tiene derecho a interpretar dos números, de los cuales uno corresponde al mejor arreglo de una obra homenajeada. Se siente la diferencia en su interpretación, la fuerza de sus directores y directoras, donde empiezan a brillar con luz propia aquellos intérpretes que algún día, espero, serán los responsables del evento más importante del país en este campo.

Deseo destacar la voluntad de aquellos gobernantes locales que invierten en lo social y cultural, que apoyan las escuelas de cualquier orden, que creen en la educación como camino de desarrollo para nuestros pueblos; porque detrás de sus decisiones existen unos maestros y maestras, unos directores que preservan la tradición e imprimen su huella a los retos que la sociedad demanda. Ellos, silenciosamente, año tras año, van depositando su legado en cientos de niños, niñas y jóvenes que, interpretando sus instrumentos de paz, hacen posible que jamás empuñen un arma.

Hemos sido testigos de una de las mayores manifestaciones musicales en que la tradiciones populares de Colombia siguen vivas; en un territorio donde nos vamos encontrando con nombres como Parque Jaime Rook, El Zipa, Sede los Lanceros, Camino de los Libertadores; Boyacá, orgullo de América, Departamento Bicentenario. Hay mucho por hacer y Paipa se constituye en un aula abierta, dispuesta a ser releída en el presente.

Al final, con el fallo del jurado y la premiación a los ganadores, regresamos a Bogotá la esperanza en que el próximo año sean muchos más quienes disfrutemos esta invitación.

*    El profesor Armando Calderón Rodríguez se desempeña actualmente como director de Educación local de Engativa, Bogotá, Colombia.

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