Sábado, 24 Octubre 2009 12:03

Aguaceros y goteras. Magnitud de nuestra inadaptación

Escrito por Gustavo Wilches-Chaux
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El 18 de febrero de este año, la Dirección Nacional de Gestión del Riesgo informó que hasta ese momento, en lo que iba corrido del año, se habían reportado “68 emergencias de origen hidrometeorológico en 21 departamentos del país, que han dejado 64.644 personas afectadas. En el mismo período del año pasado se registraron 44 emergencias en 18 departamentos y 21.102 personas afectadas. O sea, 54 por ciento más emergencias y 206 por ciento más personas afectadas”.

Para el 4 de marzo, la cifra había subido a 86 emergencias (96 por ciento más que en 2008) en 82 municipios de 24 departamentos.

En ese momento, una parte importante del país ‘emergido’ se encontraba literalmente sumergido en el agua. La primera temporada de lluvias de 2008 se había unido, sin solución de continuidad, con la segunda de ese mismo año, y ésta con la primera de 2009.

Por su parte, en el informe de la Contraloría sobre el estado de los Recursos Naturales y el Ambiente, publicado en 2009, se transcribe un informe de la Superintendencia de Servicios Públicos que indica que “durante el 2007, cerca de 200.000 habitantes fueron afectados por eventos de inundación (o colapso del sistema de alcantarillado), alrededor de 500.000 habitantes presentaron suspensión del servicio de acueducto como consecuencia de avalanchas, incremento en los niveles de turbiedad de los ríos, taponamiento o colapso de captaciones, y poco más de 200.000 habitantes presentaron suspensión del servicio de acueducto como consecuencia de deslizamientos de suelos que comprometieron la estabilidad de alguna de las estructuras de prestación de dicho servicio”.



Cuando esto se escribe (octubre 2009), la Dirección Nacional de Gestión del Riesgo informa que en 181 municipios de 25 departamentos de Colombia los incendios forestales han destruido 19.507 hectáreas, seis veces más que en el mismo período de 2008. Y el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial plantea que 700 municipios colombianos carecen de medios alternos para abastecerse de agua en caso de que fallen sus fuentes principales.

La escasez de lluvias y las altas temperaturas que propician esos incendios (la mayoría de los cuales son provocados por pirómanos) tienen su origen en el fenómeno ENOS (El Niño Oscilación Sur), esa alteración global del clima terrestre que se genera a partir de un ligero incremento de las aguas del Océano Pacífico, frente a las costas suramericanas. Además de los incendios forestales y todas las pérdidas –en la práctica, irreparables- que ellos desencadenan, sobre el país se cierne la amenaza de posibles racionamientos de agua y energía eléctrica.



Lo cierto es que las lluvias producen graves desastres en Colombia, pero también la falta de lluvias. Somos un país inadaptado al invierno, pero asimismo al verano. Nadie puede afirmar con certeza si los procesos hidrometeorológicos que afectaron al país a principios del año y los que lo afectan ahora son consecuencia directa del cambio climático o expresiones de la variabilidad climática, esa característica intrínseca del clima según la cual varía de manera permanente.

Lo cierto es que lo ocurrido ‘excepcional’ (cada vez menos) en Colombia y el mundo constituye una muestra de lo que puede convertirse en condición permanente como efecto del cambio climático. Podemos estar presenciando ya los ‘cortos’ o ‘trailers’ del futuro.

Ni la variabilidad ni el cambio climáticos hacen su aparición en escenarios en blanco sino en territorios sobre los cuales ya pesan múltiples amenazas de carácter natural (como los terremotos y las erupciones volcánicas) o de origen directa o indirectamente humano, como los deslizamientos, las inundaciones debidas al manejo inadecuado de las cuencas hidrográficas o las amenazas ligadas a la violencia en todas sus formas.

Quienes nos dedicamos a eso que se denomina “gestión del riesgo de desastre” nos empeñamos en demostrar que una cosa es el fenómeno de la naturaleza capaz de generar un desastre y otra, distinta, el desastre que se presenta por falta de adaptación de las comunidades y las instituciones humanas para convivir con los efectos de tal fenómeno. En otras palabras, que el desastre no es el terremoto sino el resultado de la incapacidad de las casas –y de la sociedad en general– para aguantar sus efectos.



Sin embargo, cuando hablamos de las amenazas que genera la violencia, esa distinción se derrumba. El hecho de que el 62 por ciento de los municipios colombianos esté ‘contaminado’ por minas antipersonales constituye una amenaza y, además, en opinión de quien esto escribe, de por sí y simultáneamente, una expresión de vulnerabilidad, riesgo y desastre. Aun cuando nadie haya pisado una de esas minas, el mero hecho de que los niños deban caminar de su casa a la escuela con el temor de sufrir un ‘accidente’ ya constituye una calamidad.

Como representa igualmente un infortunio el incremento de los suicidios de niños y jóvenes de 10 a 14 años, entre otras razones porque la generación a la que pertenecen esos niños es la que en un futuro no lejano tendrá que enfrentar los retos de la adaptación al cambio climático.
 
En otras palabras, a estos niños que hoy son incapaces de adaptarse a su propia vida cotidiana les pedimos que salgan a enfrentarse a los dragones del cambio climático… o a cualquiera de los múltiples dragones que intentamos inventariar en el mapa de arriba.

Posdata: Durante el puente del 12 de octubre se presentaron varias noticias interesantes. Mientras el periódico El Tiempo (octubre 10) le hacía eco a un informe de la Defensoría del Pueblo según el cual el agua que consumen 21 millones de colombianos está en riesgo y 700 municipios carecen de fuentes alternas para el suministro de agua, en El Espectador (octubre 11), la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Públicos Domiciliarios (Andesco) afirmaba todo lo contrario. Y mientras se cierne sobre el país la amenaza de un racionamiento de energía eléctrica por la falta de lluvias provocada por El Niño, el 12 de octubre, el retorno a Bogotá de varios miles de carros se vio obstaculizado por un fuerte aguacero y el desbordamiento de una quebrada por los lados de La Mesa, en Cundinamarca.

Bogotá, octubre de 2008
http://enosaquiwilches.blogspot.com/
Visto 6136 vecesModificado por última vez en Domingo, 25 Octubre 2009 15:48

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