Miércoles, 24 Marzo 2010 18:13

Medellín, reactivación de la ola de criminalidad. ¡Nos engañaron!

Escrito por Jaime Sorín
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Una ciudad en disputa. Entre bandas, paramilitares y políticas tradicionales que aparentan renovación, se prolonga una guerra en Medellín. ¿Hasta cuándo? 
 
¡Nos engañaron! Así se refirió el presidente Álvaro Uribe Vélez el pasado 27 de enero en su visita a la ciudad de Medellín, a la reactivación de la ola de criminalidad que sacude a Medellín. se mismo día su alcalde, Alonso Salazar, manifestó su descontento con la afirmación y contraargumentó que, si él (Uribe) es el Comandante de las Fuerzas Militares y controla todos los organismos de inteligencia (incluido el DAS), era imposible que se refiriera al caso de violencia de Medellín porque dejó la sensación de que desconocía lo que en realidad ocurría en Medellín y, lo que es peor, era ajeno a tal realidad.
 

Estrategia publicitaria

 

Pero, ¿qué fue lo que pasó, si sólo dos años atrás esta ciudad era presentada por los gobiernos nacional y local como prueba de la pacificación y posconflicto? Quienes conocen a Medellín saben que mostrarla como tierra de paz no es más que una estrategia publicitaria, pero que la realidad es otra: en sus barrios siempre “se han cocido habas” y, peor todavía, es difícil gobernar sin el cogobierno de la delincuencia organizada, en especial la relacionada con el narcotráfico.
 
Desde hace unos años, ese cogobierno se denominó “donbernabilidad” y cumplía tres objetivos: el gobierno de Álvaro Uribe Vélez mostraba un proceso de 'negociación' exitoso; la Alcaldía de Sergio Fajardo Jaramillo presentaba un sistema de “reinserción a la civilidad” sin parangón, y los paramilitares consolidaban su poder económico, militar y político en la ciudad. Como todos ganaban, ¡todos felices!
 
Pero, después del ménage à trois expresado en el párrafo anterior, se presentó la separación. Al Presidente no le quedaba otra que extraditar a Diego Fernando Murillo, alias “Don Berna”, lo que ha permitido ocultar la verdad sobre el genocidio llevado a cabo en nuestro país en los últimos 20 años y de paso ganar un nuevo espaldarazo del gobierno de Washington. Por su parte, Sergio Fajardo fungió como la prueba viva de la moral y la ética para un país que con gritos lo requiere, y Don Berna ha conservado el botín de guerra obtenido. Sin embargo, aún somos sudacas y las relaciones entre tres no funcionan del todo bien, como nos recuerda el trabalenguas salsero de Celia Cruz “Songo le dio a borondongo, borondongo le dio a Bernabé, Bernabé le pegó a muchilanga...”. Álvaro y Diego Fernando se quedaron juntos y Sergio separado, por lo que se están sacando los trapitos al sol.
 

El que pega primero... 

 
Para nadie es un secreto que Uribe se ha sentido celoso de Sergio Fajardo por su popularidad creciente. Y quien tenga ojo de buen cubero se dará cuenta de que es el único gallo dentro del gallinero que le compite por el título de macho alfa. Igual que en otras ocasiones, la vocación de autodefensa activa de Uribe y sus copartidarios –como el ex ministro de los falsos positivos y ahora candidato de la U, Juan Manuel Santos, o el ex ministro de Agro Ingreso Seguro, Andrés Felipe Arias– ha hecho viva la frase “El que pega primero pega dos veces”, por lo que empieza un rifirrafe contra los seguidores de Sergio Fajardo.
 
Días antes al 26 de enero, Sergio aclaró que Uribe había facilitado el camino para la reinserción de los paramilitares pero aclaró que el acuerdo lo hizo el propio Presidente. Esto se dio luego que la administración de Uribe diera a entender que el responsable de este fiasco fuera el ex alcalde de Medellín. Por su parte, Don Berna manifestó que había hecho un acuerdo para las elecciones a la Alcaldía de Medellín en las que ganó Salazar. A ello, algunos funcionarios de Sergio recuerdan que el Bloque Cacique Nutibara de las auc, liderado por Don Berna, “solicitó los buenos oficios” del ex senador Mario Uribe (detenido –de nuevo- por orden de la Corte Suprema de Justicia el 24 de febrero en el proceso de la parapolítica), para facilitar el camino con las administraciones municipal y nacional. Además, recuerdan los seguidores de Sergio que de Presidencia les solicitaron que el encargado para los asuntos de la reinserción en esa ciudad debía ser Jorge Gaviria, quien pagó una pena por narcotráfico en Estados Unidos, a la vez hermano del ex asesor presidencial José Obdulio Gaviria, y los dos primos de Pablo Escobar Gaviria.
 
Pero si algo tienen claro Uribe y sus fans es que parecen pandillas de un barrio popular de Colombia (si no están en una pelea, la buscan). Le recordaron a Sergio que Juan Felipe Sierra Fernández (representante legal de la empresa de vigilancia Control Total Ltda., componente legal de la ‘oficina de Envigado' y parte de las Águilas Negras, a su turno uno de los “Doce del Patíbulo”) le había pagado la fiesta por el triunfo a la Alcaldía, ante lo cual ripostaron los amigos de Sergio y recordaron los nexos entre Juan Felipe con el ex director de Fiscalías de Antioquia, Guillermo León Valencia Cossio, hermano del Ministro del Interior y de Justicia Fabio Valencia Cossio. 
 
Mencionaron asimismo que Juan Felipe fue uno de los participantes en la falsificación del documento en que Francisco Villada se retractaba de la declaración que implicaba a Uribe como autor intelectual de la masacre de El Aro (en Ituango, departamento de Antioquia), cuando éste era gobernador. Para completar la jugada maestra, también recordaron que Juan Felipe facilitó el helicóptero en que murió Pedro Juan Moreno, amigo y compañero de luchas del Presidente que por diferencias se distanció de él, momento en que presentó múltiples denuncias sobre el pasado y el presente oscuro del actual Presidente a través de su publicación La Otra Verdad.
 

Reacción

 
De nuevo, los amigos del Presidente enfilaron baterías contra Fajardo e hicieron público que la administración dirigida por él tuvo estrechos vínculos con integrantes de la Corporación Democracia, a la cual pertenecían los ‘desmovilizados' de los bloques Cacique Nutibara y Héroes de Granada, de las auc, algunos de los cuales se entregaron a la justicia de Estados Unidos; otros son integrantes o líderes de los grupos narcoparamilitares de las Águilas Negras, la ‘oficina de Envigado' y Los Paisas. Pero los seguidores de Sergio se anotan un jonrón al recordar que Severo Antonio López, alias “Job”, cofundador de la Corporación Democracia, jefe político de los paramilitares de las auc y líder del pacto entre paras y gobierno, visitó clandestinamente la Casa de Nariño y se entrevistó con los secretarios de Presidencia César Mauricio Velásquez y Edmundo del Castillo. Job fue asesinado en confusos hechos.
 
Ante el desgaste del gobierno Uribe, y el hundimiento del Referendo y el bajo nivel de popularidad de sus herederos Andrés Felipe Arias y Juan Manuel Santos, se ha afirmado que se constituyó una estrategia para mantener el poder en manos de esta cofradía; en ella se mencionan acciones legales e ilegales. En esta última resalta la reactivación del control paramilitar a través de las Águilas Negras, realizar acciones de constreñimiento armado contra el elector y compra de votos.
 
En la perspectiva expresada, para el caso de Medellín implica demostrar la incapacidad de Salazar como alcalde de la ciudad, lo que le reduce electorado a Sergio Fajardo, para lo cual se requiere que los integrantes de la ‘oficina de Envigado' se reagrupen bajo el mando de las Águilas. Con este fin, es necesario promover inicialmente pactos de no agresión y bajo el control territorial de las Águilas imponer al próximo candidato uribista.
 
La contradicción prosigue. Mientras el gobierno nacional autoriza en secreto negociar con las vertientes del paramilitarismo, Salazar lo rechaza. Ante esto, al ente nacional no le conviene combatir a los paras porque los necesitan para sus fines, y la Alcaldía busca combatirlas porque necesita resultados positivos, también para sus fines. Si esto ocurre, ¿cuál será el papel real de la Policía? Por un lado, el Comandante de la Metropolitana del Valle de Aburrá manifiesta en público que la reducción de los homicidios en el último mes (mediados de enero-mediados de febrero) se debe a la presión de la Fuerza Pública (estrategia de la administración municipal). Para muchos es un secreto que en la Comuna 13 de Medellín se realizó una reunión entre un delegado de las Águilas Negras, al mando de Valenciano, y un delegado de la Policía (estrategia del gobierno nacional).
 
Pero, como dijo Gabriel García Márquez, “en Colombia la realidad supera la ficción”. Mientras las cifras estadísticas avalaron la pacificación de Medellín y su etapa de posconflicto, detrás de los números la realidad es otra. El monopolio de la fuerza ejercida por los ‘desmovilizados' de las auc es evidente. La orden de Don Berna y sus lugartenientes era clara: “El que mate sin permiso se muere”, ante cuya política los delincuentes se plegaron a la autoridad real. Rota ésta, era necesario el reacomodo paramilitar. Para ello, las Águilas son la estrategia de gobernabilidad en que los réditos políticos están destinados para el Gobierno y Santos, su candidato para continuar el proyecto uribista. Si este control paramilitar no se logra consolidar, los votos serían para Sergio Fajardo.
Visto 6395 vecesModificado por última vez en Martes, 22 Enero 2013 10:53

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