Miércoles, 23 Junio 2010 14:24

La espuma de Bavaria. El dolor de los trabajadores

Escrito por Luis Quiroz
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Este es un país de olvidos. Las cosas suceden y en el momento se convierten en noticia de primera página, el tema se discute durante algunos días, posiblemente semanas o en algunos pocos casos por un par de meses, y nuevos acontecimientos hacen que aquéllos pierdan vigencia e interés, y que se archiven casi siempre de por vida.

También sucede muy seguido que los acontecimientos que se presentan se analizan sin tener en cuenta el contexto en el que se dan. Incluso cuando se pretende revisar el contexto, de inmediato se dice que el asunto se politizó o algo parecido, luego se deslegitima a quien plantea el tema y, en lugar de discutir el fondo de la situación, se descalifica a quien lo dice. Con esto se logra eliminar la controversia.

Así, olvidamos el pasado y no se les hace seguimiento a los acontecimientos que interesan al país. En fin, sólo aquello que está de moda es motivo de atención, por unos días. El círculo es interminable.

En desde abajo hemos pretendido siempre hacerles seguimiento a los acontecimientos que en los niveles político, económico, social y cultural se presentan en el país, de tal manera que podamos analizar los nuevos hechos que se viven, sin descontextualizarlos.

Los derechos, del dicho al hecho


Así las cosas, algunos recordarán que en el país existió una empresa nacional cervecera que conocíamos con el nombre de “Bavaria” y que pertenecía a una persona cuyo apellido Santo Domingo tampoco es ajeno, y hoy se mantiene totalmente vigente, incluso por sus “obras de caridad”.

El dueño de esta empresa cervecera, Julio Mario Santo Domingo, por allá a finales de los años 90, resolvió ponerle a punto su compañía para venderla, aunque siempre lo negó.

En efecto, la venta de la cervecera se realizó hacia el año 2005 a la compañía sudafricana SABMiller, la segunda más importante del mundo, según los entendidos, y, si bien del monto de la transacción siempre se especuló, se habló de 7.800 millones de dólares, cuyo dinero de la venta nunca ingresó al país. Al parecer fue una transacción de aquellas que llaman de “alta ingeniería empresarial”, que permitió además que el país no recibiera impuestos por la venta, dándole una estocada a la industria nacional, en épocas de desempleo, apertura económica y globalización.

Sin embargo, la puesta a punto de la empresa para la venta requirió algunos ‘ajustes'. Entre ellos, no podemos olvidar que en 2001 se cerraron siete plantas ubicadas en Neiva, Cúcuta, Villavicencio, Girardot, Pasto, Armenia y Pereira, lo cual dejó en la calle a 1.300 trabajadores.

Esta situación comienza luego de una huelga de trabajadores en la cervecera, que se adelantó desde el 20 de diciembre del 2000, un mes después que el sindicato de los trabajadores de la compañía, conocido como Sinaltrabavaria, presentara el pliego de peticiones y que la empresa radicara un contrapliego. El movimiento duró hasta el 28 de febrero de 2001, cuando se estableció un tribunal de arbitramento, el mismo que se interrumpe con la formalización de un arreglo directo, hacia la mitad de 2001.

No trascurrió mucho tiempo después del arreglo directo, para que se materializara la decisión adoptada tiempo atrás. El dueño de la compañía, el mismo que era propietario de un grupo empresarial integrado por diferentes medios de comunicación –Caracol Radio, Canal Caracol, la revista Cromos y el periódico El Espectador, así como de las compañías Avianca, Sam, Sofasa Renault y otras tantas, de seguros, inversiones y alimentos, resuelve dar un paso ‘indispensable' para la venta de la más conocidas de sus empresas: salir de más de 2.500 empleados. Con esta decisión se desconoce al sindicato de la cervecera, como el interlocutor de los trabajadores, a pesar de los reiterados pronunciamientos de la Corte Constitucional, en los que ha señalado que el Sindicato no es un convidado de piedra en los casos en los que las empresas resolvieren reducir el personal y reorganizar la compañía (Sentencia SU-697 de 1998 y SU-998 de 2000). En esta ocasión, una vez más, se ratifica que las decisiones de los altos tribunales judiciales en el país se respetan pero no se acatan.

El retiro “voluntario”


Pero ¿cómo se logró ‘convencer' a los trabajadores de Bavaria para que se ‘desvincularán' de la empresa? Un ejemplo permite ilustrar lo sucedido: hablamos del caso de la Cervecería de Nariño, que contaba con 112 trabajadores en la planta localizada en Pasto, los mismos que el 18 de septiembre de 2001 fueron citados para acudir al día siguiente al Hotel Morasurco, ubicado en esa misma ciudad. No se dijo para qué, pero era obligatorio asistir. Allí, en pocos minutos, 69 trabajadores firmaron lo que dieron en llamar un “acta de conciliación”: un formato previamente elaborado por la empresa que sirvió para sustentar una especie de acuerdo de retiro voluntario de cada empleado.

A pesar de que ningún trabajador presentó carta de renuncia, se pretendió respaldar la legalidad de la conciliación con la presencia en ese acto del “Centro de Conciliación y Arbitraje de la Cámara de Comercio de Pasto”, entidad privada que sirvió de intermedia para esta transacción, sin respaldo legal para ello y desconociendo la competencia que en estos asuntos ostentaba la Oficina de Trabajo y los Inspectores de Trabajo.

Además, la Cámara de Comercio estuvo representada por un conciliador que ni siquiera es abogado, como lo dispone la ley, y lo reconoció el Ministerio del Interior y de Justicia mediante la Resolución 0583 de 2006, confirmada mediante la Resolución 1701 de 2006, decisión adoptada luego de formularle cargos a este Centro de Conciliación, entre los cuales tenemos el siguiente: “El centro de Conciliación y Arbitraje de la Cámara de Comercio de Pasto violó el derecho fundamental al debido proceso

al programar 69 audiencias de conciliación el mismo día, negando con ello la oportunidad razonable y mínima de duración y realización de una audiencia de conciliación. No se explica cómo se pudieron realizar 12 conciliaciones simultáneamente con el mismo conciliador”.

En este acto jurídico, el tema de la desvinculación de los trabajadores no era motivo de discusión con el conciliador. Se les anunció previamente a todos los asistentes que el trabajador que no aceptara la propuesta de la empresa sería despedido. Sólo cinco trabajadores se negaron a firmar, los mismos que fueron citados al día siguiente a la empresa, a las 7 de la mañana. “Nos hicieron ingresar pasadas las 9 a.m. […] nos encerraron en una habitación del vestier de la fábrica a ver televisión, con la orden perentoria de no salir de allí ni siquiera a tomar nuestros alimentos”. Al tercer día, uno de los trabajadores expresó que “no aguantaba esa situación y que estaba dispuesto a firmar el acta”. El 24 de septiembre de 2001 “nos presentamos […] en el Centro de Conciliación de la Cámara de Comercio de Pasto. Nos acercamos a la mencionada oficina y nos hicieron firmar unas “actas” a las que sólo les faltaba nuestra rúbrica” (testimonio de Juan Gilberto Ortiz A., ex trabajador de la cervecera).

Para los trabajadores no quedaba otra opción que emprender el debate en las instancias judiciales. Por ello, desde el año 2002 se encuentran debatiendo la legalidad de los actos mediante los cuales fueron retirados de la empresa cervecera.

En los juzgados laborales se discutió la legalidad de lo sucedido. Ningún fallo fue a favor de los demandantes. Los trabajadores concluyen que la empresa lo que buscaba era disimular una situación de despido injusto. Las pruebas que aducen para demostrarlo son numerosas; sin embargo, sus pretensiones no han sido aceptadas. Algunas de las demandas se encuentran a la espera de un fallo de casación en la Sala Laboral de la Corte Suprema de Justicia, pero todo indica que tendrán que acudir a los Tribunales Internacionales.

De esa manera, Julio Mario Santo Domingo, “acondicionó” a Bavaria para ser vendida, sin sindicato, como lo exigía el comprador. Los trabajadores, como siempre, ponen la carne, la espuma de las ganancias las saborea él y sus asociados.
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1 comentario

  • Enlace al Comentariojulian ramirezMartes, 09 Junio 2015 18:38publicado por julian ramirez

    Es cierto yo tambien fui victima de este cierre y a pesar de tener una discapacidad fisica que me produjo una invalidez del 60% por el iss. y no tuvieron compación y tambien me humillaron con no poder defenderme para poder solicitar pension.

    julian ramirez cuartas
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    3206627664

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