Miércoles, 23 Junio 2010 15:31

Imperativo ético en los procesos político-populares

Escrito por Ancízar Cadavid Restrepo
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Aunque esta reflexión pudiera hacernos reactivos y darnos político malhumor, busca exactamente lo contrario: alimentar la salud política de un movimiento, el del agua, que ha nacido de buen nacimiento y que se ha mecido en la cuna del instintivo sentimiento popular de defender la vida, y lo que le es propio e inherente. No pretende, pues, esta reflexión, dar un juicio a posteriori sobre la manera como se haya construido el movimiento sino anticiparse a priori a un posible escenario que puede resultar nefasto: La tentación de apropiárselo y la tentación de entregarlo.

Nada le duele tanto al pueblo, cuando se organiza para una lucha concreta, como el ver que su lucha se vuelve instrumento de grupos para construir poder, para acceder o para mantenerse en él.

Esta reflexión busca curar por anticipado del desaliento o la claudicación de organizaciones de base que están aquí o que no están representadas en esta asamblea pero activas en el movimiento del agua, al cual llegaron por vías no necesariamente ideologizadas. Es el caso de muchas comunidades y acueductos comunitarios que llegaron aconsejados por la necesidad y la urgencia, y aupados por la amenaza. Es decir, por vías muy distintas de las habituales en la conformación y el crecimiento de grupos o partidos. Gran parte del pueblo que nutre el Referendo del Agua inicialmente y el de la asociatividad alrededor del agua, posteriormente, nunca antes manejó un discurso ambientalista o político o ideológico, y menos todavía de izquierda política, al cual el pueblo, por enajenaciones históricas y culturales que conocemos, le tiene mucho miedo.

En el contacto con las bases que alimentan el movimiento constatamos que la mayoría llegó al mismo sin discurso y sin juicios políticos contra el poder hegemónico. Pero constatamos asimismo que, como un paciente maestro, nuestro movimiento va construyendo en muchos compañeros y compañeras una lectura crítica del sistema y sus estrategias de poder, lecturas necesariamente ideologizadas y aun rupturas políticas con hábitos inveterados, condenados aparentemente a nunca cambiar. Esta constatación no nos autoriza en modo alguno –y esta reflexión busca ayudarnos a precavernos de ello– a caer en la tentación de apropiarnos del movimiento, o en la de entregarlo o endosarlo a grupos o partidos de nuestras convencidas militancias.

  1. Imperativo ético: Un imperativo es, en la filosofía kantiana, una ley dada por la razón humana como obligatoria e ineludible. Y se dice que algo es un imperativo ético cuando todos estamos obligados, por la fuerza de la razón, a admitirlo, a entenderlo, según lo señala Bergson, como lo único bueno en términos éticos, es decir, como algo que garantiza la mejor convivencia posible.
  2. Proceso político-popular: Por la vía de Aristóteles y Comte, entre muchos, podemos llegar a entender la política como el saber entender y el saber hacer en cuanto tiene que ver con las sociedades humanas, con las articulaciones de sus individuos, con las articulaciones con otras sociedades y con el mundo, con los recursos, con la producción y con la distribución de recursos, de servicios y de bienes. Cuando esos saber entender y saber hacer son pensados y construidos por los sectores mayoritarios e históricamente excluidos de las naciones que se articulan y organizan para ello, estamos hablando de procesos político-populares.
  3. El agua –en nuestro caso–, la manera de racionalizarla y entenderla, de defenderla, garantizarla y compartirla, de llevarla a las constituciones políticas como esencial a la vida y, por ello, como derecho humano fundamental y bien público, como inembargable e inalienable, del todo esquiva a ser convertida en mercancía, es, en el caso de los pueblos empobrecidos que se organizan alrededor de su defensa, un ejemplo emblemático de proceso político-popular posmoderno.
  4. Que los procesos político-populares conserven su naturaleza. Si algo ha de ser comprendido, salvaguardado y protegido con la luz benéfica de los imperativos éticos son los procesos político-populares. Pues, bien, la ley dada por una razón colectiva unívoca que se vuelve obligatoria e ineludible es que lo que nace con una naturaleza político-popular sólo puede pertenecer a lo político-popular y a otros colectivos de la misma naturaleza –político-popular–, que se organice en forma similar, para proteger mismos o similares derechos, en cualquier lugar o escenario de la humanidad. Así lo experimentamos en nuestro movimiento: las luchas del agua de Cochabamba y las luchas constitucionales del agua en Uruguay dejaron de ser luchas locales, lugareñas o territoriales, y pasaron a pertenecer también, por imperativo ético, a las luchas del agua en Colombia, Ecuador, Italia, África y Asia, y en cualquier colectivo humano del planeta de la misma naturaleza que se articule con características político-populares.
  5. El conflicto de los movimientos político-populares se da cuando se da la apropiación. Si todos aquí estamos dispuestos a aceptar, por la fuerza de la razón, que lo único bueno y que garantiza la mejor convivencia posible es que nadie se adueñe en particular de lo que le pertenece a un colectivo político-popular (hablamos de individuos, grupos, partidos, tendencias, órganos del poder o aparatos de búsqueda del poder), nuestro movimiento del agua podrá, deberá y seguirá siendo lo que es según su propia naturaleza: un movimiento político-popular generado alrededor y en defensa de un derecho esencial a la vida que pertenece a todos los colectivos de cualquier lugar del mundo que luchen con las mismas comprensiones y por las mismas o similares causas.
  6.  La tentación y la amenaza que siempre estarán. La historia de los movimientos de base de carácter político-popular del continente y muy particularmente de Colombia están plagadas de la tentación consentida de apropiárselo, o de apropiárselo para entregarlo o endosarlo a grupos o movimientos que sientan o pregonen que representan objetivos intereses populares. Esa tentación estará siempre ahí. Por eso, esta reflexión quiere salirle al paso a la tentación, con el solo ánimo de dejar que el movimiento crezca, de dejarlo multiplicar y de dejarlo vivir su propia dinámica. ¡Que en ello sólo ya hay intencionalidad política precisa, y praxis política rebelde y transformadora! No es necesario, en modo alguno, que vengan partidos padrinos a salvarlo y darle política razón de ser. El movimiento político-popular ya tiene intrínseca su política razón de ser. Esta reflexión se hace imprescindible ante el hecho de que todos hayamos empezado a ver y enfrentar cómo el movimiento, cuando empieza a tener significación y volumen en las adhesiones y en los respaldos; cuando logra dos millones cien mil firmas de apoyo, empieza a ser objeto de guiños y flirteos desde todos los ángulos del activismo partidista: de la derecha, del centro, de la izquierda.
  7. Pacto y compromiso. Es urgente que todas las dinámicas del movimiento del agua, todas las fuerzas que se le han   sumado y que lo han llevado a su actual momento de robustez y significación como activa y bien articulada resistencia frente a los hegemónicos centros del poder, nos pongamos de acuerdo en seguir entendiéndolo, animándolo y conduciéndolo movidos por la fuerza del imperativo ético que debe gobernar permanentemente su naturaleza de movimiento político-popular. De la misma manera, cuidarnos bien de que en ningún momento o circunstancia electoral o de fortalecimiento de partidos, persona o grupo alguno pretenda darse atribuciones sobre el mismo para declararlo patrimonio de su lucha o estrategia particular, o para transferirlo a bandera alguna, por noble y válida que pueda parecernos a quienes representamos al inmenso colectivo que lo ha llevado hasta sus actuales dimensiones.

* Fundación Educativa Soleira, Comité Departamental de Antioquia en Defensa del Agua y de la Vida
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