Miércoles, 23 Junio 2010 15:46

Cartagena, Congreso Oil and Gaz 2010. Colombia ratifica colonización económica

Escrito por Juliette Touin
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De nuevo la política de desarrollo en Colombia se centra en minería y monocultivos. Así fue en la Colonia. La justificación es la misma: “grandes beneficios para el país”. Los afectados por su implementación también son los mismos: los habitantes de esos terruños, ahora obligados a desplazamiento. Y y la soberanía nacional, cada vez más marchita. Petróleo, carbón, oro y otros minerales están de moda. Dentro de esa lógica, en próximos días, en Cartagena, se feria otra parte del país y sus recursos.

Se vende Colombia. El 22 de junio tendrá lugar en Cartagena el Congreso Oil and Gaz 2010, liderada por la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH). No es un mero congreso sino una ceremonia organizada en el marco de la Ronda Colombia, en el cual serán entregadas por las multinacionales las ofertas de compras de bloques y áreas para exploración y explotación petrolera que ofrece el país.

Ronda Colombia 2010 es un proceso lanzado por el gobierno uribista a través de la ANH, que consiste en una masiva oferta de bloques a las multinacionales extranjeras. Este año tales áreas son el 41 por ciento de la totalidad del territorio colombiano: 480 mil hectáreas (véase el mapa 1). Siguiendo paso a paso una agenda predeterminada, la ANH convoca a las firmas petroleras a un proceso competitivo durante el cual aquellas tienen que demostrar sobre todo su fiabilidad financiera, antes de entregar su oferta.

Subasta de recursos colombianos

Ronda Colombia 2010 es el resultado de un proceso de privatización que comenzó a mediados de 2003 con la modificación del status orgánico de Ecopetrol, mediante el Decreto 1760, que establece que la petrolera nacional pierde su papel de administrador de los recursos de hidrocarburos, transfiriendo esa función a la ANH. A partir de 2007, la ANH convoca a tres sucesivas rondas –la 2007, 2008 y la Minirronda 2008– a finales de los cuales se firmaron contratos para más de 80 bloques. Este año son 225 áreas puestas en oferta, divididas en tres zonas y con dos tipos de contratos. El primer tipo de zona, llamado Minirronda Exploración y Producción de Hidrocarburos (E&P), se constituye esencialmente de bloques en las regiones históricamente petroleras, lo que significa que la parte de exploración geológica es de menor amplitud, puesto que ya se llevó a cabo en el pasado. El segundo tipo o Cuencas con Nueva Prospectividad son las áreas que se perfilan como de importante potencial petrolífero. Estos dos tipos de áreas estarán explotadas bajo el contrato E&P que “otorga exclusivamente a El Contratista el derecho a explorar el Área Contratada, y a producir los Hidrocarburos de propiedad del Estado que se descubran dentro de dicha área”. El tercer tipo de zonas permite, vía contrato de Evaluación Técnica Especial (TEA), establecer “el potencial hidrocarburífero con el propósito de identificar las zonas de mayor interés prospectivo en el área de evaluación”1.

La agenda de la Ronda Colombia prevé que será durante los meses de julio y agosto que se firmen los contratos comerciales de concesión entre la ANH y las multinacionales. Cuarenta y ocho compañías petroleras fueron declaradas “habilitadas”, además de Ecopetrol.

De acuerdo con este proceso de venta masiva a los inversionistas extranjeros y respecto a los cálculos de la ANH, el país pudiera alcanzar una producción de un millón 400 mil barriles diarios de crudo en 2015. Para pronosticar tales cifras, el Gobierno se basa en la apuesta de que las exploraciones realizadas en los próximos años resultarán fructíferas en el hallazgo de crudo. Pero, según el doctor H. Hernández R., los subsuelos colombianos no son tan ricos como los de su vecina Venezuela. Partiendo de la investigación del eminente geólogo C.J. Campbell, que estimó que “apenas existen reservas potenciales de 5 mil millones de barriles”, subraya que “cuando han sido encontradas ocurre que son de pequeñas reservas o no ofrecen rentabilidad comercial”.
Hoy día, el país exporta unos 750 mil barriles diarios, de los cuales el 70 por ciento se produce en los Llanos Orientales. Según las estadísticas del Ministerio de Minas y Energía, Ecopetrol produce el 33 por ciento del total de barriles logrados, y le siguen la británica British Petroleum y la estadounidense Occidental de Colombia (OXY). Ello significa que el 67 por ciento de los hidrocarburos colombianos es aprovechado por las multinacionales extranjeras. El Gobierno defiende la venta del subsuelo nacional al capital extranjero por la ventaja económica que representa para el país: inversiones, empleos y desarrollo... En fin, el típico discurso que nos machacan desde hace años y del cual no se ha visto la otra cara de la moneda.

El petróleo, ¿ventana para superar la pobreza?

Muchos países exportadores de petróleo ven en el oro negro una ventana para superar el problema de la pobreza, pero la realidad de muchos países que se dedicaron a la exportación masiva de ese recurso nos permite poner en tela de juicio esta suposición. La ONG Oil Watch se dedicó al análisis de los índices de desarrollo humano (IDH)2 de los países exportadores de hidrocarburos y afirma que “los ingresos petroleros no se convierten necesariamente en una elevación de la calidad de vida de sus ciudadanos. Así, Angola, que es el tercer productor de petróleo del África, ocupa el nivel 160 en el IDH. Yemen ocupa el lugar 148, Nigeria el 151, Arabia Saudita el 123, Camerún el 142.” Las explicaciones son múltiples: enriquecimiento de una élite, ganancias destinadas a otros sectores (militar, defensa, etcétera), corrupción, escasez de políticas sociales. Al fin y al cabo, la historia muestra cómo un gobierno que desafortunadamente permite y hasta fomenta la privatización de los subsuelos y recursos de su país no suele tener como primera preocupación el bienestar social de sus ciudadanos, y aún menos él de los más pobres.

En el caso de Colombia, las ganancias extraídas de la explotación de hidrocarburos se acerca al 5 por ciento del PIB; es el sector que genera más exportaciones El gobierno actual parece haber hecho énfasis en dos sectores –minería e hidrocarburos– que a corto plazo pueden favorecer un rápido crecimiento económico, pero que a mediano plazo ofrecen resultados peligrosos para la economía nacional. Peligrosos, porque se trata de extraer del subsuelo recursos no renovables, que, después de ser explotados durante 10 ó 20 años, se agotan. Peligrosos, porque su economía se vuelve rentista y se sujeta a productos cuyos precios son muy inestables y no dependen de los países exportadores, a pesar de los esfuerzos de la OPEP por estabilizarlos. Peligrosos, en fin,  porque el país se enfoca a invertir en un sector de tal manera que se debilitan los otros sectores.

En cuanto a la generación de empleo y mejoramiento de las condiciones de vida de los ciudadanos, el caso de los trabajadores de Ecopetrol, puesto de relieve por Libardo Sarmiento en la edición 149 de desde abajo, señala otra realidad: “Entre 1988 y 2008, las utilidades de la empresa aumentaron cerca de 100 veces, mientras la nómina directa de trabajadores cayó en 47 por ciento”. También señala la precarización de los trabajadores: “Para 2009, apenas continúan 2.350 trabajadores directos indefinidos (sin incluir directivos), y hay una ‘bolsa' de 280 trabajadores temporales (nacionalmente llegan a 500) y con 26.000 contratistas o tercerizados, vinculados a través de intermediarios o cooperativas de trabajo”.

Un balance de más de medio siglo en Colombia muestra que las zonas históricamente petroleras (Magdalena Medio, Arauca y Casanare) son hoy las áreas de mayor conflicto social y político, pero también de gran pobreza, y esto a pesar de las sucesivas bonanzas petroleras.

Impacto ambiental y humano

El oro negro ha adquirido en nuestras sociedades un gran valor, puesto que es el combustible de la industrialización y el capitalismo. Es la búsqueda cada vez más intensa del beneficio, a costo de la vida misma. Los informes y los reportes sobre los daños ocasionados al ecosistema se han multiplicados, poniendo de relieve la alteración sistemática del medio ambiente. Como se puede comparar entre los dos mapas, las áreas donde hay presencia de crudo en el subsuelo coinciden con parques naturales, reservas o zonas de gran biodiversidad.

Cada etapa de la actividad petrolera (exploración, explotación, refinación) genera impactos sociales y ambientales, a veces irreversibles. Durante el proceso de exploración se desconoce generalmente la territorialidad indígena y campesina, los habitantes son los últimos en enterarse, a pesar de que la legislación ordena consultar con las comunidades. La explotación genera deforestación masiva, desplazamientos de comunidades enteras, contaminación de esteros y ríos, de las aguas subterráneas, transformación de los drenajes naturales con la abertura de oleoductos. Las comunidades presentes en estas tierras se ven obligadas emigrar o vivir en territorios reducidos a espacios ínfimos, rodeados de contaminación.

Científicos de la Universidad de Zulia, Venezuela (región petrolera desde hace 80 años), revelaron en una investigación que la exposición prolongada a mercurio, plomo y vanadio –características de la explotación petrolera– provoca malformaciones congénitas. Cada cinco fetos entre mil nacen sin cerebro. Además, las ciudades petroleras crecen en forma desordenada, y son marcadas por la violencia y la pobreza. Se denunciaron casos (en Nigeria y Colombia, entre otras) en que las multinacionales tienen nexos con paramilitares, financiándolos para adquirir territorios.

Para el otorgamiento de ciertas licencias para explotación de yacimientos, se desconoce la cultura de sus habitantes originarios y se profanan sus territorios. En este aspecto, poblaciones locales han elegido luchar por conservar sus territorios y sus culturas, como, por ejemplo, el pueblo U'wa, habitantes de los bosques tropicales de Colombia; la Parota en México; y el pueblo Kichwa de Sarayaku, en Ecuador. Los casos son múltiples en América Latina. Se trata de poblaciones dignas que intentaron en vano conservar sus territorios por las vías legales, que sufrieron persecuciones y matanzas, pero que, frente al imperialismo destructivo y sin respeto por la vida, optaron por el único modo de resistencia: la lucha directa.

¿Desarrollo sin petróleo?

Considerando todos los impactos nefastos que provoca la explotación intensiva de petróleo, en muchos países del mundo se levantaron movimientos de resistencia que en algunos casos consiguieron ser escuchados. Pueblos de América Central, de Sur América y también del África lograron gracias a sus firmes luchas impedir proyectos de explotación petrolera. En Ecuador se logró fijar en la Constitución las zonas donde se prohíbe la explotación de hidrocarburos por respeto a las poblaciones indígenas presentes en los territorios en cuestión. Costa Rica se declaró hace unos años “país libre de petróleo”. Lo triste de esos logros son los baños de sangre que implican.

Pensar el desarrollo de países del África y Sur América sin los ingresos de las exportaciones en hidrocarburos significa pensar e implementar un modelo distinto de desarrollo, diferente del capitalismo; una opción ecológica, respetuosa de las culturas, donde la dignidad humana sea la base para su implementación. Propuestas y modelos ya se están aplicando en niveles locales, pero pensarlos globalmente resulta todavía difícil, puesto que los países occidentales, líderes de la economía mundial, imponen su propia lógica capitalista. Además, por fortuna, no faltan economistas y políticos que buscan diseñar otro modelo viable de economía, en el cual el desarrollo se piensa desde lo humano y el respeto por la naturaleza.

Es hora de que en Colombia se acojan estas experiencias y se debata públicamente las vías a seguir para conseguir el equilibrio necesario entre respeto a la naturaleza y desarrollo humano; así como para alcanzar ingresos suficientes que garanticen las inversiones necesarias con las cuales garantizar cerrar la brecha entre opulencia y pobreza, desarrollo y marginalidad, paz y guerra.

1  Según los términos de referencia publicados en la pagina oficial de la ANH.
2  El IDH es una medición desarrollada por el PNUD que combina ingreso, estado de la salud y educación.
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