Miércoles, 23 Junio 2010 16:10

Dolor de patria: la derecha se consolida y la oposición se encoge. Para un mañana cercano… Miremos atrás

Escrito por Libardo Sarmiento Anzola
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Las primeras elecciones directas en Colombia tuvieron lugar en 1914. La lucha por la independencia incluyó el ideal del pueblo de elegir a los mandatarios, pero desde la Constitución de 1810 quedaron excluidos del voto los esclavos, los analfabetos, las mujeres y los pobres. Según los resultados, el voto está ligado a la educación y la posición socioeconómica del votante. En la clase alta vota el 66 por ciento, en la media el 50 y en la baja un 33. ¿Qué constantes hay en las elecciones durante el último siglo?

Para comenzar, en medio de la crisis persiste la ilusión: creer que determinado gobierno puede ser la solución. O nada peor. En la reciente votación del 30 de mayo de 2010, con apenas un opositor inflado artificialmente como esponja, funcional al espejismo electoral, la sociedad optó por la continuidad de la guerra y el uribismo. No bastaron ocho años de corrupción y mafias, asesinatos de jóvenes populares y trabajadores, para que la sociedad levantara su ¡No más! Pero una opción popular y democrática tiene una amplia reserva de movilización y participación política y electoral.

Entre los colombianos que no votan, la postura política de quienes encuentran ilegítimo el sistema democrático es minoría. A lo mucho, el 5 por ciento se declara de izquierda radical. Un 24 por ciento de los abstencionistas tiene de 18 a 25 años, y el 29 por ciento de 26 a 35. Quienes menos votan son, en primer lugar, las amas de casa; en segundo lugar, el estudiante; después está el desempleado, y a continuación los jóvenes. A mayor edad aumenta el interés de votar. En particular, después de los 40 años. Además, cuando en el país aumenta la polarización, la abstención disminuye: se activa el ‘voto eficaz'. Y cuando aumenta la votación por la izquierda, no equivale a un mismo descenso en la abstención.


Política y exclusión


Después de 1914 y la primera elección directa, sólo a partir de 1936 se les otorgó el derecho al voto a todos los hombres mayores de 21 años. Y en una espera con rasgos de lucha, en 1954 la mujer obtuvo el derecho de elegir y ser elegida, pero sólo pudo votar por primera vez en el Plebiscito de 1957. A partir de 1975, la mayoría de edad se redujo en tres años, y cuentan con derecho al voto los mayores de 18 años.

En las elecciones de 1914 ganó el candidato conservador y oficialista José Vicente Concha, con menos de 300.000 votos. La abstención fue de 57 por ciento. El número total de votos fue de 331.410, concentrando el candidato ganador el 89 por ciento de los sufragios. Este mismo año fue asesinado el general Uribe Uribe, partidario de un liberalismo socialista.

La historia, desde entonces, se repite: una oligarquía que concentra el poder excluye con violencia a las mayorías populares, y persigue de manera criminal todo pensamiento de izquierda, esto es, que exprese igualdad, democracia radical y dignidad humana, y promueva los Derechos Humanos y un desarrollo incluyente y sostenible.

Un siglo de izquierda


En Colombia, a partir del siglo XIX, sin contar las ideas socialistas, tres grandes vertientes ideológicas y de lucha política en relación con el poder surgieron a la vida nacional.

El liberalismo propiamente dicho, de estirpe jacobina, librecambista y librepensador, con frecuentes nexos masónicos y llamado en su época “draconiano”.

El radicalismo de los gólgotas, partidario más del progreso social que del político, compenetrado de un socialismo de características filantrópicas. Y,

El conservatismo, que tuvo su mejor expresión en los terratenientes católicos y en algunos comerciantes temerosos de las ideas revolucionarias.

A la vez, las ideas por el socialismo se arraigaron temprano, en paralelo a su manifestación europea. Unas ideas con abono en los sectores populares excluidos, urgidos de atención gubernativa, planes colectivos de trabajo y requerimientos de derechos sociales para todos.

Melo, precursor. Por primera vez aquí, con el golpe dictatorial del general José María Melo, el 20 de marzo de 1954, las ideas socialistas alcanzaron el poder. Artesanos, campesinos, obreros y sectores no comprometidos del ejército reclamaban con una consigna bastante simple: “Pan y Trabajo”. La represión y la reacción del poder no se hicieron esperar. De inmediato, liberales y conservadores en unidad, con el apoyo de los gobiernos estadounidense e inglés, derrocaron de manera sangrienta el precursor experimento socialista moderno, que tan sólo duro ocho meses (2). Desde entonces, domina la oligarquía siempre servil a los países imperiales, y sin contemplación alguna a la hora de ejercer la violencia para contener cualquier amenaza a su hegemonía.

Durante las tres primeras décadas del siglo XX, las ideas socialistas mantuvieron un importante activismo, por impulso del movimiento obrero, campesino e indígena, los primeros trabajadores públicos, junto a la intelectualidad comprometida. Ya en 1919, lanzaron el “Manifiesto Comunista” y crearon el primer partido orientado por ese ideal. En 1922, apoyaron al liberal Benjamín Herrera, quien obtuvo 256.000 votos, el 38,2 por ciento del total. El candidato conservador, Pedro Nel Ospina, ganó al conseguir 409.131 votos, equivalentes al 61,8 por ciento de la votación. La abstención fue de un 25 por ciento. Sin pausa, en la década de los años 1920 fue candente la agitación del movimiento izquierdista.

En 1925, la difusión de las ideas socialistas se convirtió en delito. Sin el extremo y en otro antecedente de hoy, el gobierno presentó al Congreso el proyecto de pena de muerte para quien las divulgara. Ante el rumor inconforme del pueblo, el 1º de mayo de 1928 fueron encarcelados 8.000 dirigentes obreros, campesinos e intelectuales de izquierda. El gobierno del conservador Miguel Abadía Méndez temía una conspiración armada. En 1929, el Gobierno apresó a todos los dirigentes socialistas, expirando de este modo la “década de oro” del socialismo, en medio de la tortura y el asesinato de sus militantes.

López Pumarejo y Gaitán. Al calor de las huelgas y las luchas populares, en 1930 se constituyó el Partido Comunista (PC), ilegal durante el gobierno liberal de Enrique Olaya Herrera (1930-1934). El gobierno de Alfonso López Pumarejo legalizó al PC y pactó alianzas con los dirigentes comunistas para impulsar las reformas liberales y cambiar la Constitución en 1936. En 1934, la candidatura de izquierda que lideró Jorge Eliécer Gaitán sólo alcanzó 40.000 votos, el 5 por ciento del total. Entre tanto, la abstención fue de 39 por ciento. El asesinato de Gaitán, en 1948, marcó el comienzo de una época de barbarie por parte de la oligarquía nacional, en contra de los sectores populares.

Esa barbarie se prolongó hasta la década de 1960: 300.000 asesinatos políticos y cerca de dos millones de campesinos desplazados por la violencia, en un país con una población ligeramente superior a los 11 millones de habitantes. Liberales y conservadores apoyaron el golpe militar que el 13 de junio de 1953 llevó al poder al general Gustavo Rojas Pinilla. En menos de un año se desmontó la guerrilla liberal, y el Partido Comunista, única fuerza de izquierda con alguna organización, de nuevo quedó ilegalizado. Tras el derrocamiento de Rojas, en 1957, la oligarquía instaló el Frente Nacional, que excluía del gobierno a quien no fuera liberal o conservador. Una institución que, con alternación y fraude, gobernó hasta 1974.

Perseguidas, cerradas todas las opciones legales para la oposición socialista, en un momento en que el recuerdo de la invasión proestadounidense en 1954 contra el presidente Jacobo Árbenz en Guatemala, la derrota de Marcos Pérez Jiménez, con protagonismo de una Junta Patriótica que contó con militares y militantes rebeldes, y la Revolución Cubana produjeron vientos favorables a la insurgencia en Latinoamérica, y en un período en que el terrorismo de Estado desataba su furia asesina con chulavitas, mano negra y B-2; la respuesta fue el camino armado en acción rural de campesinos, indígenas, y sectores populares urbanos y universitarios.

Rojas: de cal y arena. En 1962, la izquierda parlamentaria apoyó la candidatura del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), de Alfonso López Michelsen, quien obtuvo 354.560 votos, equivalentes al 13,5 por ciento del total. La abstención fue del 51 por ciento. Posteriormente, el candidato regresó a su originario partido liberal. Al finalizar la década, en 1970, el candidato de la Anapo, el ex dictador Rojas Pinilla, con el apoyo de la izquierda –a pesar de la consigna abstencionista de las influencias sociales del eln y el epl–, ganó las elecciones. Fue un triunfo popular que Carlos Lleras escamoteó y robó desde la Presidencia de la república. Con la gente en muchas plazas del país en espera de una orden de rebelión, Rojas se negó a reclamar el triunfo. Pero este hecho no pasó sin consecuencias: originó la organización insurgente urbana del Movimiento 19 de Abril (M-19) en 1974.

La UNO. Al comenzar la década de los 70, tuvo ascenso la Unión Nacional de Oposición (UNO), como producto de la alianza entre el Movimiento Amplio Colombiano (MAC), el PC y el Movimiento Obrero Independiente y revolucionario (Moir) en 1972. Esta unión de la izquierda lanzó la candidatura de Hernando Echeverri Mejía en 1974, quien obtuvo 137.000 votos, 2,6 por ciento del total. La abstención marcó el 42 por ciento. Alfonso López, candidato liberal, ganó con cerca de tres millones de votos, el 56 por ciento de la votación.

En las elecciones de 1978, el candidato del PC, Julio César Pernía, no llegó sino a 97.234 votos, 2 por ciento del total. La abstención entonces fue del 55 por ciento. Con 2,5 millones de votos, triunfó Julio César Turbay, candidato liberal. Su gobierno abolió todos los derechos y libertades políticas, desató un régimen de terror, los derechos humanos fueron violados, y los militantes de izquierda y sectores democráticos fueron perseguidos.

Ya en la década del 80, el candidato de una coalición de izquierda, Gerardo Molina, contabilizó menos de 100.000 votos, el 1,5 por ciento de los votos. La abstención mantuvo un 50 por ciento. El ganador, Belisario Betancur, frente a la tensión social y la amenaza de una extensa conflagración civil, firmó una tregua con las tres organizaciones guerrilleras de más impacto –excepto el eln y el comando Quintín Lame, éste en formación–, abriendo por primera vez la posibilidad de una negociación política con los grupos insurgentes.

La U.P. El experimento político que nació de la tregua creó la Unión Patriótica (UP) –en menor proporción a los frentes Mayorías-Casas del M-19, A Luchar y Frente Popular–, que en las elecciones de 1986, con su candidato Jaime Pardo Leal, llegó a 350.000 votos, el 4,9 de la votación. La abstención aumentó a 54 por ciento. Posteriormente, Jaime Pardo fue asesinado por las fuerzas homicidas de la extrema derecha, en medio de uno de los más desgarradores genocidios en la historia colombiana contra un partido político: 3.000 militantes fueron asesinados; y cercenada la conducción social de movimientos cívicos.

Una coyuntura triste. En medio del terror pero sin unidad, entre 1882 y 1889 crecía con ritmo antioligárquico el número de destacamentos rurales, de comandos urbanos, de milicias populares, y la ola de movimientos cívicos locales o de mayor territorio. Pero sobrevino el desgaste –ante todo urbano– cuando ninguna organización revolucionaria pudo imponer su hegemonía. Es cuando, en un nuevo proceso de negociación política, el M-19 se desmovilizó y se presentó a las elecciones de 1990. Su candidato, Carlos Pizarro Leongómez, también fue asesinado. A la vez, otro crimen, el de Bernardo Jaramillo Ossa, candidato de la UP, frustró la idea de que posteriormente a las elecciones los dos dirigentes acordaran una unidad de acción.

Reacomodo oligárquico con ‘nuevo país’. La UP juzgó válido cancelar su participación y Antonio Navarro asumió la candidatura de la Alianza Democrática M-19 (AD M-19), que obtuvo 740.000 votos, un 12,6 por ciento de sufragios; mientras la abstención subía a 57 por ciento. En las elecciones posteriores para la Constituyente, la AD M-19 sumó el 27 por ciento de la votación.

En las elecciones de 1994 y 1998, los votos por los candidatos de la izquierda cayeron de nuevo a cifras cercanas a 200.000, con un 3,8 por ciento y 1,6 por ciento del total, respectivamente. Entre tanto, la abstención de 1994 fue de las más altas en el siglo XX: 65 por ciento. En 1998, la abstención bajó a 42 por ciento, en un período de narcoescándalos en la clase política y de mayor polarización violenta de la sociedad colombiana.

Luis Eduardo, al relevo. En la primera elección de este siglo, la izquierda presentó un avance relativo de unidad mediante la alianza Polo Democrático Independiente (PDI, que alcanzó 800.000 votos en 2002, un 6,1 por ciento del total, con el candidato y dirigente sindical Luis Eduardo Garzón. Por igual, la abstención aumentó a 54 por ciento. En 2003, el PDI, con Garzón, ganó la Alcaldía Mayor de Bogotá (2004-2007), triunfo con repetición mediante Samuel Moreno para los años 2008-2011 en las elecciones de 2007.

Carlos Gaviria pegó en la opinión. Para las elecciones presidenciales de 2006, dos fuerzas de izquierda se unieron, el PDI y la Alianza Democrática (AD), dando nacimiento al Polo Democrático Alternativo (PDA). El candidato de la extrema derecha, Álvaro Uribe Vélez, fue reelegido con más de siete millones de votos, 62 por ciento del total, como producto de disciplina burguesa, compra de votos, presiones armadas, asistencialismo social y ‘favores' del Gobierno mediante prácticas corruptas. La abstención fue del 55 por ciento, a pesar de estar establecido el voto universal. El candidato Carlos Gaviria alcanzó más de 2,6 millones, la votación más alta en la historia de la izquierda, el 22,5 por ciento del total. La abstención, por su parte, se mantuvo en 55 por ciento, exceptuando el 27 logrado por la Ad M-19 para la Constituyente.

En estos últimos años, el PDA enfrentó el reto de ser una verdadera fuerza de izquierda, del movimiento y las luchas populares, o quedarse como simple maquinaria electoral, símil de los partidos del establecimiento. En 2010, el candidato del Polo, Gustavo Petro, obtuvo 1.329.347 votos, equivalentes a un 9,1 por ciento. La abstención fue 51 por ciento.

Persistir y rectificar. Hacia el futuro, la izquierda tiene el reto, entonces, de “ser gobierno y ser poder” un día menos lejano; de superar sus errores, educar y organizar a los sectores populares, y conquistar el corazón y la conciencia de la gente.

* Economista, máster en teoría económica. Filósofo y analista existencial. Docente de la Maestría de Derechos Humanos de la UPTC. Miembro del equipo de redacción de Le Monde Diplomatique Edición Colombia y del periódico desde abajo. Escritor e investigador independiente.
1  Vargas Martínez, Gustavo (1998), José María Melo, los artesanos y el socialismo, Planeta Colombiana Editorial.


Un siglo con 55 por ciento de abstención


Los abstencionistas son en general personas de escaso nivel educativo, máximo con grado de bachillerato. En forma directa, estrecha, el problema estructural de la abstención está relacionado con la exclusión, la violencia, la pobreza y la ignorancia política que sufre más de la mitad de los sectores populares. Las tendencias a lo largo del último siglo muestran que en los momentos más cruciales de la violencia la gente encuentra significativo su voto, pero los desplazamientos forzosos y las zonas de orden público les impiden a los afectados ejercer su derecho político.

Dentro de la cultura política colombiana, los grupos hegemónicos de la política tradicional han desatado una ideología antidemocrática y anticomunista que legitima el asesinato y la exclusión de los opositores, los inconformes y los militantes de izquierda. A esta campaña sistémica de intolerancia contribuyen la jerarquía de la iglesia católica, los medios de comunicación y la propaganda estatal.

Paradójicamente, no hay una relación directa entre abstención, pobreza y violencia en la historia de Colombia (gráficos 1, 2 y 3). No obstante, en las elecciones de 2010, la manipulación y el chantaje que llevó adelante el gobierno con el programa asistencialista de Familias en Acción permitió que las masas miserables aportaran una tercera parte de los votos del candidato de la extrema derecha, Juan Manuel Santos. Pero también, la violencia y la pobreza explican la poca incidencia de los movimientos de izquierda en el país: una buena parte de los militantes socialistas o comunistas ha sido asesinada por el establecimiento, otro tanto fue obligada a exilarse, y la mayoría es mantenida por el sistema en la miseria y la ignorancia más dolorosas.

¿Qué es, entonces, la abstención? Históricamente se afirma que el censo electoral está inflado, porque no se tienen en cuenta los problemas de inscripción y registro, la resta de los muertos y el descuento de los miembros de la Fuerza Pública. En la zona rural, además, siempre ha habido dificultades de transporte y lejanía; en la urbana, acceso complicado a las mesas de votación. A esto se agrega el fenómeno de la diáspora colombiana, que suma unos cuatro millones de colombianos que viven en el extranjero, teniendo en cuenta que su participación electoral es mínima.
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