Miércoles, 23 Junio 2010 16:29

Lecciones 2010. Retos para 2014

Escrito por Equipo desde abajo
Valora este artículo
(0 votos)
Aunque son diversas las lecturas, una vez cumplidas las elecciones presidenciales del 30 de mayo –pendientes de procesar las del 20 de junio–, ante el riesgo de un ‘unanimismo’ de opinión con el poder, está en la agenda, salta a la vista, un deber para el movimiento social, las expresiones políticas alternativas y la fuerza centrípeta, de remolino, con resonancia del Congreso de los Pueblos: extraer lecciones y ubicar errores. A continuación, consignamos unos aportes para estimular este ejercicio colectivo.

1. Miedo y conformismo. Con un país cruzado así, la votación no fue sorpresa. Así votó ese 30 por ciento que resulta ser: el que siempre decide la selección del Ejecutivo. Por efecto del clientelismo de los subsidios y el clientelismo del terror. Es el efecto del poder y de todas sus artimañas. Ante sus malas artes, los sectores alternativos necesitamos más audacia y capacidad de comunicación con el país nacional para conseguir un giro de la situación. Sin duda, un logro que requiere no parecerse al poder que se crítica.

Con el 47 por ciento del uribismo en la primera vuelta, cabe intuir su intento de ganar de un solo envión. Algo les falló. De todos modos, dieron la sensación, nacional e internacional, de su poder y su capacidad de prolongación por mucho más tiempo. Es una capacidad que ahora trasladan al eslogan de “unidad nacional”, en busca de que un sector del “partido verde” agarre cuota burocrática. Una vez consolidada su cifra en la segunda vuelta, esa consigna quedará para el recuerdo. Aducirán que Colombia está de acuerdo con el proyecto dominante.

Con ese escenario, el reto queda planteado para el Polo Democrático Alternativo, como única voz de oposición institucional: Buscar comunicación con la franja social que imanta o imantó el “partido verde”, y tenderle un puente de unidad y acción contra el unanimismo que socavará al país.

2. ¿Fraude o maquinaria? Luego de las elecciones, y como explicación del ‘sorpresivo’ resultado, corren rumores no desdeñables de un inmenso fraude –manipulaciones electrónicas, por ejemplo. Eso y mucho más es posible por parte de la cúpula uribista y sus soportes.

No obstante, es un hecho ineludible que el uribismo cultiva un poder económico, estatal, y una zona importante de opinión, sumados a las operaciones de un aceitado clientelismo de viejo y nuevo cuño, y de un inmenso aparato de intimidación con raíces oficiales, paramilitares, latifundistas, del narcotráfico y de la base social contrarrevolucionaria-‘anticomunista’; todas con ramificaciones internacionales.

Por tanto, es equivocado llegar a creer o hacer creer que con relación a los resultados electorales todo funciona por trampa. Es ésta una imagen que lleva a perder el sentido de rectificación y de las tareas más importantes por emprender por parte de los movimientos sociales, en el sendero de recuperar la dignidad y la rebeldía de las mayorías nacionales.

Absolutizar la teoría del fraude transmite una inmensa carga negativa que no se pondera por parte de los denunciantes: si no hay capacidad para revertir el resultado, y movilizar la población y exigir respeto por el voto emitido, los denunciantes quedarán como incapaces o pendejos, imagen que, en contrario, termina por validar a quien se denuncia.

En ésta como en otras coyunturas, el reto fundamental es uno: poder social. La tecnología y el conocimiento sobre sus usos y posibilidades son importantes, pero lo básico es la capacidad de movilización de la población.

3. El poder de los medios. Quedó demostrado una vez más que el escenario donde se escenifican las elecciones es la opinión pública, y que desde el poder de los medios de comunicación esta opinión se crea, se alimenta, se sostiene, se impulsa; impone la cotidianidad.

Ante su tamaño, dominio de los sectores medios, penetración de los sectores populares. Es una lógica por comprender en toda su dimensión. De este modo, definir tareas para contrarrestar su efecto. Participar bajo su marco y, a la par, crear un Sistema Nacional de Comunicación Alternativo que les de vía a las propuestas de nuevo tinte nacional y popular, para una comunicación sugestiva y potencial con las comunidades y el conjunto de la opinión pública.

Esta es una vía. Otra, busca iniciativas en la vía de batallar contra las ideas y las imágenes hegemónicas, y recorre la ruta de ignorar la lógica impuesta. Intenta competir con la influencia informativa y cultural del poder. Opta por retomar un camino largo: comunicación puerta a puerta, contacto personal con la sociedad mediante otro mensaje, pero, sobre todo, con creación de espacios para que un inmenso sector social se active y participe como actor de primera línea, tanto en la esfera electoral como en el conjunto de la actividad política cotidiana.

Se trata, entonces, de un proceder que implica construir una estrategia de largo plazo en la cual lo cotidiano y lo coyuntural –electoral– no tienen desarticulación. Son una sola y única expresión: participación ciudadana en pos de unos objetivos delineados con cada comunidad, con la sociedad en su conjunto.

De esta manera, el aspecto coyuntural –institucional– no procede como fenómeno artificial que rompe la continuidad de los procesos en brega por identidad ni crea expectativas artificiales. Además, permite que los liderazgos –de esta manera más colectivos– se profundicen en el mediano y el largo plazo, no sólo como un fenómeno de marketing.

4. El liderazgo (dos vías) y la unidad. Una vez definidos el sujeto particular de cada realidad o país, y una estrategia y una táctica, todo proceso social en disputa del cambio y el poder descansa en estas dos premisas y su legitimidad. Son factores muy esquivos en la experiencia nacional y su izquierda.

a. Veamos, en primer término, la unidad. Hasta ahora es un ‘amor platónico’ de cada grupo. Y como tal, le concede ventaja desde hace tiempo al poder y la iniciativa de la oligarquía. En los últimos ocho años, al uribismo. Y somos culpables. Para dar un vuelco, hace falta superar esta quimera, siempre presente en las consignas de la izquierda. Pero siempre, de igual manera, ajena a sus prácticas.

En su vía crucis, es necesario replantearla con varias estaciones: como coordinación o escala de agendas comunes. Es o puede ser más sencillo el esfuerzo por alcanzar algún nivel de acuerdo –coordinación– que proceder por la vía de la renuncia a identidades propias; y cuando todavía no hay presión social ni popular que las obligue a deponer.

Mal ejemplo. Reciente es el intento por hacer del Congreso de los Pueblos una agenda común del conjunto social. Tras llegar a un acuerdo sobre su necesidad y luego de convocar públicamente a su instalación, un sector de los firmantes, en medio de una reunión nacional con delegados de las fuerzas convocantes, se retracta con un solo argumento: la prevención. Un factor ideológico se impone y prevalece sobre la realidad, a pesar de las urgencias del momento.

La coordinación táctica es un objetivo por alcanzar de parte del conjunto de la organización social. Ese es uno de los propósitos que plantea el Congreso de los Pueblos, como respuesta enfocada ante la realidad que atraviesa el país, razón más que urgente para instalarlo. Mucho más cuando el uribismo intenta arrebatar y maquillar su acción como baluarte de la “unidad nacional”.

b. El liderazgo y dos vías. Bajo la hegemonía del capitalismo, todas las experiencias de lucha política enseñan que los liderazgos son fundamentales para cohesionar la fuerza, la movilización y la resistencia. Los liderazgos pueden ser colectivos o individuales, conversados o impuestos. En todo caso, sin su peso no es posible superar las prevenciones, la atomización, el individualismo, el vanguardismo, el localismo, las desconfianzas y los aferramientos en creencias irrenunciables de lo propio y los pasados, etcétera.

Al respecto, aún no actuamos con precaución. A su pesar, la tarea electoral concentra en la figura individual la esencia del liderazgo. Sin duda, es una vía en la tarea de acumulación, pero repite el modelo institucional dominante. Esta es la ruta elegida por el Polo pero no puede ser aislada y única, con esperas y episodios institucionales cada cuatro años.

El reto exige caminos alternos, complementarios, con el agravante de que la vía social no logra asfalto todavía. Luego de tal propósito, una vez más, el Congreso de los Pueblos se esfuerza por recuperar el vigor de un tejido social, a la par que lograr cuerpo para un liderazgo colectivo –que no excluye, y puede congregar y tener expresiones individuales– pero que intenta metas de reunir en procesos y agendas de discusión al conjunto de las expresiones de lo social y lo político.

La coyuntura electoral pasa. Los retos son cada vez más meridianos. Por tanto, es inadmisible la pasividad frente a los errores. Sin corrección damos ventaja.
Visto 4166 veces

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.