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Lunes, 26 Julio 2010 10:55

El mundo de la informalidad

Escrito por Héctor Vásquez
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Si usted es patrón o empleado particular que labora en empresas o negocios con 10 trabajadores o menos, tal vez es trabajador familiar sin remuneración o empleado doméstico, quizás es usted un trabajador por cuenta propia, independiente, no profesional; es muy probable que sea un empleado más del mundo del trabajo informal. La mayoría de las veces, el trabajo por cuenta propia no es una elección de reafirmación de autonomía personal sino la única opción frente al desempleo y la pobreza.

En Colombia, los indicadores precisan que el sector informal supera tasas superiores al 60 por ciento, resultado de la crisis económica que se vivió a finales de los 90, que contrajo la economía y elevó las tasas de desempleo a índices cercanos al 20 por ciento. Sin embargo, la recuperación de la economía desde el 2003 no incide en la alta tasa de informalidad, que se mantiene, afectando a más de 10 millones de personas, una de las cifras más altas en América Latina, como lo indican el Banco Mundial y la OIT1. La situación es más grave para las mujeres, que tienen una tasa de informalidad mayor que los hombres, por estar más propensas en actividades que no son tenidas en cuenta porque su contribución económica es invisible, como la producción para el consumo propio, aquellas domésticas remuneradas en hogares y el trabajo a domicilio. Todas desesperadas por conseguir algún ingreso con qué ayudar a los gastos del hogar, actividades que también incluyen la infancia, pues para el año 2007 trabajaban en Colombia 786.567 niños y niñas, y en oficios del hogar por 15 horas o más trabajaban lo hacían 841.733, es decir, un total de 1.628.300 niñas y niños trabajadores.

En 2008, la inversión extranjera directa (IED) alcanzó el monto más alto de la historia económica del país: 10.564 millones de dólares, 16,7 por ciento más que en 2007. Sus principales receptores fueron el sector de minas y canteras, incluido carbón, que captó el 20 por ciento del total de las inversiones (incremento del 270 por ciento respecto a 2007). Este sector creció un 12,2 por ciento, pero sólo participa con el 1,3 del empleo total del país2. Una buena proporción de la actividad minera nacional es de carácter informal, como ocurre con la extracción del oro, desarrollada artesanalmente, en los ríos del Chocó, Antioquia y sur de Bolívar.

En las 13 principales ciudades del país, el 37,13 por ciento de la población ocupada y asalariada que informa sobre sus ingresos manifestó que éstos se encontraban por debajo de un salario mínimo legal: el 15,42 por ciento, que tenía ingresos por menos de medio salario mínimo, y el 21,71 entre medio y un salario mínimo legal. En Medellín, según denuncia de la Asociación de Confeccionistas (Asconfec), que agrupa a 240 unidades familiares dedicadas a la maquila de la confección, mientras los estándares internacionales establecen que el pago por minuto de trabajo de maquila es de 220 pesos, allí el valor de ese minuto oscila entre 80 y 160 pesos3. Según Hugo López, el 42,8 por ciento de los trabajadores de este sector, de todo el país, devengaba menos de un salario mínimo legal.

¿Qué es informalidad?

La economía informal es el conjunto de actividades que escapan a la fiscalización estatal, al margen de la legislación laboral, aquellas no registradas por las estadísticas en uso4. Para la OIT, la mayoría de los trabajadores ubicados en el sector informal se caracteriza por su alto nivel de vulnerabilidad. Al no estar reconocidos por la ley, reciben poca o ninguna protección jurídica o social, no pueden establecer contratos y no tienen asegurados sus derechos de propiedad. Su acceso a la infraestructura y las subvenciones públicas es limitado o inexistente.

Podemos definir que la informalidad se extiende a quienes sufren por la precariedad laboral cuando: a) hay discontinuidad del trabajo, o su duración es corta y con riesgo de pérdida elevado; b) es deficiente o de nula capacidad negociadora ante el mercado laboral; c) hay desprotección del trabajador: pésimas condiciones laborales, sin derecho a prestaciones sociales; y d) hay baja remuneración del trabajador.

En una investigación de Fedesarrollo en los microestablecimientos reportados por el Dane en 2003, el 65,4 por ciento no cumplía con el pago de las prestaciones de sus trabajadores. Entre más pequeña es la empresa, mayor es la informalidad: en las empresas de 2 a 5 trabajadores, el 80,4 por ciento de éstos no tiene vinculación a través de un contrato, cifra que baja a 56,2 por ciento para las que emplean entre 6 y 10 personas.

El sector económico con mayor índice de trabajo informal es el de comercio, hoteles y restaurantes, donde se ubica una gran proporción de quienes viven de vender productos y servicios en el comercio callejero, ocupando andenes de manera permanente o estacional, en centros de comercio. Le siguen el sector de la construcción y el de transporte, almacenamiento y comunicaciones, que se aprovechan de altas tasas de desempleo, bajos niveles de sindicalización y debilidades en la inspección del trabajo para imponer condiciones precarias de contratación y remuneración, al margen de la legislación laboral.

La situación se ve estimulada por la precaria labor de inspección del trabajo que realiza el Estado, entre otras razones por el escaso número de funcionarios de inspección (menos de 300 para todo el país) y por el debilitamiento ostensible que sufrió el Ministerio del Trabajo al quedar fusionado con el Ministerio de Salud en el Ministerio de la Protección Social.

Informalidad y educación

Hace algunos años, alcanzar el nivel de educación secundaria completa constituía un puente confiable para acceder a un trabajo formal y protegido. Actualmente, los mayores niveles de informalidad se presentan entre la población con secundaria completa, alcanzando el 52,83 por ciento, contra sólo el 16,1 de las personas con formación superior o pregrado. Sin embargo, el indicador de la población con formación superior en el sector informal ha venido incrementando su participación en los últimos tres años, lo cual puede indicar el estancamiento del sector formal para absorber a este tipo de personas, agotamiento que se define por el tamaño del mercado interno y las capacidades de ampliación y crecimiento de la diversas actividades económicas. La proliferación de “universidades de garaje” contribuye a degradar las remuneraciones de estos trabajadores y asimismo a saturar la oferta de personal con este nivel de formación, incrementando la informalidad.

Economía global y política multilateral

Este fenómeno ha crecido rápidamente en casi todos los puntos del planeta, incluidos los países industrializados, y ya no se puede seguir considerándosele un fenómeno temporal o marginal5. Son cadenas transfronterizas donde la empresa o el minorista principal se encuentran en un país industrializado y avanzado, y el productor final es un trabajador por cuenta propia en una microempresa, o un trabajador a domicilio en un país en desarrollo. Aparecen nuevas categorías para los trabajadores: “autónomos”, “independientes”, “por cuenta propia”, “a domicilio”, “freelance” (identificado éste a veces con el “cuenta propia”). Y nuevas formas de contratación: “Outsoursing, contratos civiles, cooperativas de trabajo asociado…”.

Para la OIT es innegable que el porcentaje de pobres que trabajan en el sector informal es mucho más alto que en la economía formal, y que la proporción de mujeres pobres que trabajan en la economía informal es superior a la de los hombres pobres. También, que con frecuencia a quienes se dedican a actividades agrícolas muchos países las excluyen, por razones prácticas, del alcance de sus estadísticas6.

Las instituciones de la globalización del capital promueven una política para favorecer la desregulación laboral, como parte del análisis sobre las políticas que cada país desarrolla (Informe “Doing Business”, EWI, su sigla en inglés); a través de este indicador, el BM adjudica puntos de penalización a cada país que proporcione distintos tipos de protección o regulación del trabajo, basándose en la premisa de que las regulaciones del mercado laboral son malas para los negocios. Así, doing business da una mala clasificación para Sudáfrica por la “dificultad de contratación” y la “dificultad de despido” (56 y 60), en parte por los programas de acción afirmativa del país, adoptados por el régimen post-apartheid para ayudar a promover el empleo de los trabajadores no blancos y de las mujeres. En cambio, doing business concede la nota perfecta de 0 en ambas categorías a Arabia Saudita, país que excluye a las mujeres en numerosos puestos de trabajo, además de prohibir los sindicatos7.

Hay un desplazamiento del sector formal al informal de la economía, nuevos puestos de trabajo son creados por las maquilas, trabajadores/as de la confección pasan de tener empleos estables, más o menos bien remunerados, con seguridad social y otros ‘beneficios', a tener trabajos inestables, estacionales, en los cuales la mayoría de las veces no tienen seguridad social y ni siquiera un salario como tal8. Lamentablemente, vivimos dentro de un movimiento inverso al conquistado por la sociedad salarial.

Notas

1    El empleo informal en América Latina registra una tasa promedio de entre 54 y 60 por ciento, con Argentina, Brasil, Chile y Uruguay en las tasas más bajas, menores de 20, y Perú, Bolivia, Ecuador y Nicaragua en las más altas, por encima de 40 (Estudios del Banco Mundial sobre América Latina y el Caribe, 2007).
2     Escuela Nacional Sindical, Informe sobre la coyuntura económica, laboral y sindical en 2008-2009.
3     Agencia de Prensa IPC, Medellín, Colombia, 28 de julio de 2009.
4     Sanchis, Enric y Miñana, José, La otra economía. Trabajo negro y trabajo informal, Valencia, Ediciones El Magnanim, Institución Valenciana de Estudios e Investigación, 1988, p. 10.
5     OIT. El trabajo decente y la economía informal. Conferencia Internacional del Trabajo. 90ª reunión, Informe IV, 2002.
6     íd.
7     El desarrollo equitativo y la lucha contra la pobreza exigen una mejor protección de los derechos de los trabajadores. Declaración de la Agrupación Global Unions para las reuniones de primavera de 2006 del FMI y el BM (Washington, 22-23 de abril de 2006).
8     Camacho Reyes, Karina. Las confesiones de las confecciones. Condiciones laborales y de vida de las confeccionistas de Medellín. Ensayos laborales 17, ENS. 2008, p. 69.

Por HÉCTOR VÁSQUEZ
Escuela Nacional Sindical

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