Domingo, 28 Noviembre 2010 17:45

Octubre de Buen Vivir en Bucaramanga. Primer Festival de Expresiones Rurales y Urbanas

Escrito por Luisa María Navas Camacho, Claudia Roa y Adam Rankin
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No hemos sido más que los intérpretes
de un planeta herido.
Pero para lograr identificarnos
con sus clamores,
hemos tenido que reconocer que
somos parte de la Tierra.
Esa ha sido nuestra aventura
y el sentido de nuestra lucha.
No se trata de luchar por algo
que está por fuera de
nosotros sino por un sistema vivo
del que somos parte solidaria.
Augusto Ángel Maya1

La invitación fue desde Bucaramanga, para todo el que quisiera llegar de cualquier rincón del país, a participar de una convivencia de tres días que nos dijera algo sobre el Buen Vivir. Buen Vivir puede ser muchas cosas, pero aquí el significado se refería a tener un lugar para expresar nuestro ser a nuestras anchas; a festejar nuestras distintas maneras de ser y hacer en la ciudad y el campo; a alimentarnos de las experiencias de otras personas en el reconocimiento de la identidad cultural y la protección del territorio; a disfrutar juntos en un mismo comedor de la comida limpia, cultivada y preparada por quienes estaban allí; a salir con más amigos y con el alma cargada de confianza y fortaleza.

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Hablar en Colombia del Buen Vivir suena por lo menos extraño. Estamos en un país en guerra, con gente expulsada de sus territorios, de su hogar, y obligada a llegar sin nada a lugares sin dónde sembrar su raíz; mucha de la comida que consumimos es extranjera, como si careciéramos de todo para alimentarnos a nosotros mismos, porque grandes extensiones de tierra sólo se han dedicado a producir combustibles. Los proyectos mineros están amenazando con acabar las fuentes de agua para la agricultura, y se ha llegado a un punto en el que la sociedad, como en una suerte de involución, elige y vuelve a elegir a los que promueven ese sistema de vida. ¿En esas condiciones, se puede concebir el Buen Vivir?

El Primer Festival de Expresiones Rurales y Urbanas dio una respuesta clara. ¿Cómo se expresó el Buen Vivir en el Festival? ¿Qué hubo de rural y qué de urbano? ¿Cuánta diversidad llegó a estas fiestas y de qué manera se dio el diálogo? ¿Cambió algo en nuestras vidas después de este festival?

Una joya de barrio

Algunas personas lo captaron en su esencia cuando dijeron: “El barrio que acogió el Festival fue un escenario estratégico para conocernos y repensarnos en colectivo y en paz”. El tradicional barrio La Joya, de la ciudad de Bucaramanga, abrió las puertas sobre cómo se quería hacer en el trueque de conocimientos entre campo y ciudad. Desde el principio, allí se expresaron valores de lo popular: alegría, fiesta, colores, sabores, calidez, amabilidad, generosidad: “Pueden ir a la Junta de Acción Comunal que allá les reciben las maletas y luego se instalan en las carpas que hay adecuadas para nuestros visitantes. Están en el centro recreativo que hay en el barrio. Hay desayuno también, para comenzar animadamente nuestra jornada con los niños y las niñas”.

Fueron sus habitantes quienes organizaron los escenarios del encuentro, en todos los puntos cardinales: el comedor comunitario, para consumir juntos alimentos orgánicos; la cancha de fútbol, para el concierto de cierre; la oficina de la Junta de Acción Comunal, para centralizar todo; otra cancha cercana al templo, para el mercado ecológico; el colegio, para adelantar los talleres; las calles, para los recorridos de la chiva viajera, hogares para acoger a las personas que no se quedaron en el centro recreacional.

Los comienzos son demasiado importantes: llegar cansados del viaje, con hambre, con sudor, pero de inmediato encontrar acogida y soluciones para el descanso. El Buen Vivir se nutre de estos gestos. Por momentos, hubo lo contrario, como cuando llegó Aurelio, un agricultor del Cauca, y se cerraron para él las puertas luego de un largo viaje. Equivocadamente, alguien le impidió ingresar a uno de los lugares del encuentro, pero el ambiente mismo hizo posible que él contara lo ocurrido, mostrando lo frágil del vínculo humano en las ciudades: “Nunca cambiaré el campo, porque allá esto no sucede; uno siempre es bien recibido”. Son cosas que necesitamos aprender en estos diálogos entre lo rural y lo urbano, y también el Festival permitió sacarlo a la luz.

Amar y festejar la diversidad: metáfora de las semillas

Si se quiere, el Buen Vivir es un concepto de vida que se refleja en la manera de pensar, de mirar las cosas, de estar con la naturaleza y con las demás personas; una filosofía de nuestra existencia que conduce a organizar nuestra vida en una forma más armónica y de respeto hacia el patrimonio ambiental y cultural. Por ejemplo, alguien dijo durante el Festival que lo primero que necesitamos para proteger nuestro territorio es amarlo y desear con el corazón su integridad y su equilibrio, que es también el nuestro. Es todo un eco de muchas voces de los pueblos ecuatorianos y bolivianos que han logrado que en sus países mucha gente concentre su atención en desear eso, en querer su paisaje con todo el corazón. Algo inédito en el mundo.

El Buen Vivir propone una comunión con la diversidad. De ese contacto abierto con lo otro y los otros, surgen inspiraciones dentro de cada quién que sólo es posible conseguir si salimos a reconocerlos:

Para nosotros fue un encuentro de inspiración multicultural en hermandad…, con sentires y pensares en torno al respeto por todos los seres de la vida, con movimiento de las ideas entre las gentes campesinas y de las ciudades, la construcción de pensamiento para afianzarnos como comunidad que ama y respeta la naturaleza de la que somos parte, mediante la producción sagrada del alimento, la conservación de las semillas propias, el respeto a las plantas sagradas, las redes de intercambio solidario, las expresiones diversas del arte, no como mercancías sino como la materialización de la espiritualidad inmersa en cada cultura… con alegría para el bien hacer.

En especial, las semillas dieron el sentido y fueron la metáfora del Festival. Allá se llegó con semillas originarias, tantas variedades como climas, alturas, grados de humedad, intensidades de luz, cargas de sol que hay en nuestros lugares: semillas de maíz, de papa, de fríjol, de haba, de calabaza, de tomate y muchas más. Cada cual a intercambiar y no cualquier cosa sino aquello que significa el germen, el origen, la potencialidad, la causa, lo que alberga el milagro que surgirá después. Intercambio de tantísimas formas de vida en gestación para llevarlas consigo mismo.

El sentido de este trueque es muy amplio: en lo más práctico, es multiplicar en muchas partes el crecimiento de alimentos sanos y propios; es, además, brindar y recibir el conocimiento adquirido con años de intimidad con la Tierra, de investigación, de recuperación de lo propio, de secretos para sembrar, cultivar y cosechar. Y es sobre todo confiar en un comienzo que a la vez es historia y es novedad.

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Alguien, en un rato de descanso, repetía la idea de otro alguien: la vida nos ha reunido en torno a una lucha común. Es la lucha de la madre Tierra, ante la cual las diferencias se desvanecen. Era cierto. Estamos tan acostumbrados a los debates intransigentes y asimismo a considerarnos sospechosos por sólo pensar diferente, que el Festival fue un viento deliberadamente refrescante.

1    Palabras pronunciadas durante el homenaje que les rindió el ambientalismo colombiano a los maestros Augusto Ángel Maya, Aníbal Patiño y Mario Mejía, en marzo de 2001, en la ciudad de Cali. Se encuentran en un artículo completo titulado “Una vida de utopías”, en el libro Una exigencia del Sur: reconocer la deuda ecológica, de Censat Agua Viva (2002).

Por Luisa María Navas Camacho*, Claudia Roa y Adam Rankin**
*    Censat Agua Viva, Bogotá
**    Fundaexpresion, Bucaramanga

Recuadro
Convocatoria y ejes temáticos

El evento se estructuró en cuatro grandes ejes de trabajo:

•    Artístico-cultural. Diferentes expresiones culturales producidas por personas y comunidades relacionadas con el diálogo campo-ciudad, y un Encuentro Infantil y Juvenil por el Arte y la Ecología.
•    Hábitat sostenible. Espacio para compartir saberes y experiencias en torno a formas de habitar el territorio de manera más armónica, con experiencias en construcción en tierra, manejo de energías alternativas, construcción en guadua e iniciativas de agricultura urbana.
•    Patrimonio ambiental y cultural. Iniciativas de comunidades locales interesadas en la preservación del territorio y del agua como elementos esenciales de la vida. Se generó una reflexión compartida sobre temáticas como la crisis climática, la defensa de la biodiversidad, la creación de reservas campesinas y comunitarias, y el rescate de semillas.
•    Soberanía alimentaria y mercados locales. Espacio para el encuentro y la difusión de prácticas de producción agroecológica, e intercambio de experiencias rurales y urbanas en torno a la seguridad, la autonomía y la soberanía alimentaria desde una perspectiva regional.

Señales de variedad

La convocatoria fue impulsada ampliamente por 26 asociaciones y organizaciones: agroecológicas, culturales, de mujeres, de reservas campesinas, de emisoras comunitarias, de madres comunitarias, de cine... Llegaron también agroecólogos de Venezuela, músicos de Colombia y Holanda, un artista cubano y un fotógrafo mexicano.

Igualmente, el evento fue realizado en el contexto de varias redes y campañas nacionales e internacionales: Campaña Soberanía, Seguridad y Autonomía Alimentaria (SALSA), Campaña “Semillas de Identidad”, la Semana Verde realizada por la Sociedad Sueca para la Conservación de la Naturaleza, Amigos de la Tierra Colombia, la Coalición Mundial por los Bosques y redes de Mujeres por la Diversidad y la Justicia Climática. El comité organizador del Primer Festival estuvo a cargo del Consejo Comunal del Barrio La Joya, Fundaexpresión y la Casa Cultural El Solar.*

Artistas y gestores culturales:

•    Grupo musical de chirimía - Resguardo Indígena de Cañamomo y Lomaprieta (Caldas)
•    Música campesina - Al Son de la Loma y Tigres del 22 (Floridablanca)
•    Cantora Martina Camargo, San Martín de Loba (río Magdalena)
•    Velandia y La Tigra (Piedecuesta)
•    Grupo de rock “Ignorantes” (Bogotá)
•    Rafael Álvarez Doménech “Felo” - video-arte y performance (Cuba)
•    Roberto Carlos Parra Ramírez - fotógrafo (México)
•    Trío internacional de guitarra - Proyecto Mezcla (Holanda)
•     Exposición fotográfica: “Nuestras voces, nuestras miradas: Semillas de identidad” - Colombia
•    Cine+Arte Konsciente (Bucaramanga)
•    Obra de títeres “Territorio y Vida” - Resguardo Indígena de Cañamomo y Lomaprieta (Caldas)
•    Grupo de teatro “5 pa’ las 12” (Bucaramanga)
•    Banda musical escolar - Colegio Andrés Páez de Sotomayor
•    Grupo de danza folclórica de la tercera edad (Lebrija)
•     Asociación de Artesanos (Málaga y San José de Miranda)
•    El Callejón de los Artesanos (Bucaramanga)
•     Trabajo en artesanías - pueblos indígenas de la Sierra Nevada
•     Grupo de artesanos - Escuela Campesina del Valle de Tenza (Boyacá)
•    Comité Cultural de Zapamanga - Cocuza (Floridablanca).

*.    Mayor información: www.fundaexpresion.org / video-clips: http://www.youtube.com/user/fundaexpresion.


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