Lunes, 24 Enero 2011 18:20

El desahogo como calmante

Escrito por AlterNativas desde abajo
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Las heridas se cicatrizan más rápido y las enfermedades se curan antes si se desahoga. En todo dolor o molestia, existe un componente físico y otro mental, añadido. Procurar desviar la atención en cosas interesantes y guardar un rato al día para desahogarte.
  • Contar dónde te duele y quejarte (repetir gritando: “!ay, ay, ay! ¡Uy, uy, uy!”). A veces, tras un grito desgarrador de llanto, el dolor desaparece.
  • Contar si esta situación se parece a otra anterior, o te recuerda a algo. El malestar real del presente puede complicarse con malos recuerdos del pasado.
  • Contar cómo ves tu futuro, si tienes miedo a no curarte y sufrir.
  • El contacto físico rompe la sensación de soledad. Con sólo dar la mano se ahorran calmantes a la hora de partir y en los enfermos terminales. ¿Qué tal un masaje?

El calor puede favorecer la curación

El calor exagerado de la sauna (100º) agota e intoxica, por lo que no resulta adecuado para la gente enferma. Sin embargo, aplicar calor moderado (38-40º) favorece la circulación y relaja los músculos (rompe el espasmo). Un baño caliente ayuda a relajarte y conciliar el sueño. Es lo mejor para evitar agujetas después del esfuerzo muscular. Facilita la dilatación uterina, aliviando y evitando (si te adelantas) los dolores del parto y las reglas. Puede ser una excelente ayuda para expulsar una piedra durante un cólico renal, en retortijones de tripas, en lumbagos y ciáticas.

Llenar una bañera de agua caliente puede ser costoso. Para estas ocasiones, ten en casa un balde un poco grande, de modo que puedas sentarte dentro. Sal con cuidado de un baño caliente porque puedes marearte.

El calor también puede ser una ayuda para dolores articulares y musculares. Se puede aplicar con una plancha o con un secador de pelo. El aire caliente ha sido eficaz para tirones musculares, cicatrización de heridas y hongos genitales (limpiar tres veces al día y secar).
El calor es adecuado para los dolores cólicos, producidos por espasmos musculares. Sin embargo, puede ser contraproducente en dolores de bajo vientre que no te dejan moverte y te ponen los músculos del abdomen muy duros, síntoma de peritonitis.

¿Y el frío?

El frío ayuda al cuerpo a librarse del exceso de calor. En un día de bochorno, nada hay como una ducha fresca, fundamental en casos de quemaduras y fiebre. En casos de dolor acompañado de calor y palpitaciones, en dolores de cabeza y otros malestares, aplicar frío puede aliviar mientras el cuerpo vuelve al equilibrio. Cuando hay una herida, torcedura o golpe, es bueno aplicar frío, que ayuda a parar la hemorragia al dificultar la circulación sanguínea.

Calmar el picor

El ayuno y el descanso aceleran el proceso curativo. Limpia tu piel cada cuatro horas con agua caliente, terminando con agua fría. El almidón (presente en la patata y los cereales) alivia el picor. Prueba el jugo de la patata (cortar una tajada y pasarla por la zona irritada), la harina de maíz (mejor que polvos de talco, cancerígeno) o la horchata de avena (moler la avena y batir en cinco partes de agua, y aplicar en la piel irritada). La orina expuesta al aire es rica en amoniaco, que calma las picaduras de insectos.

¡Bendita fiebre que limpia y desinfecta!

Somos animales de sangre caliente. Para que los procesos vitales se desarrollen en nuestro cuerpo, necesitamos mantener ciertos grados de temperatura, que pueden oscilar entre los 35,8º por la mañana (al final del reposo nocturno) y los 37,3º al atardecer (después de toda una jornada de actividad).

El calor es consecuencia de la actividad corporal. Con la muerte, los procesos vitales se paran, y con ellos el calor desaparece. Cuando se hace un gran esfuerzo muscular, la temperatura de este tipo aumenta y el cuerpo suda para refrigerarse. La fiebre es un aumento de la temperatura corporal que indica un esfuerzo curativo. La higiene vital dice que el organismo está haciendo un esfuerzo de desintoxicación. La medicina también acepta que la fiebre sea una reacción defensiva contra la invasión microbiana e incluso contra el crecimiento tumoral.

El calor tiende a desplazarse desde donde hay más grados hacia donde hay menos. Si la temperatura no es elevada en el ambiente, basta con destaparse un rato y, al quedar la piel al aire, escapa el calor excesivo que se produce en el interior del cuerpo. Cuanta más piel se exponga al aire, más rápido se eliminará el calor. Cuando hay exceso de éste, no interesa abrigarse demasiado, ya que se impide su evacuación. En el proceso curativo, habrá momentos en que el cuerpo pida abrigo y en otros refrescarse.

El agua produce calor 20 veces más rápido que el aire. Por ello, el tratamiento inmediato más adecuado para una quemadura es sumergirla en agua fresca mientras duela. Así conseguimos que los tejidos estén expuestos menos tiempo al calor y la lesión sea menor.

En caso de fiebre, sumergir todo el cuerpo en un baño frío puede ser peligroso, al producir un cambio de temperatura muy brusco y un gran gasto de energía para un organismo en apuros. Es suficiente pasar una toalla mojada sobre toda la piel para liberar al cuerpo del exceso de calor por un tiempo.

Mantener la cabeza mojada con paños hace que el calor no afecte el cerebro, se eviten pesadillas, se pueda estar tranquilo y dormir (lo que más le interesa a la persona enferma). Si los pies están fríos, se ayuda a calentarlos con calcetines o una bolsa de agua caliente. “Cabeza fría y pies calientes”. La horizontal, la oscuridad, el silencio, y no tomar más que agua o jugos de frutas y caldos de verduras, ayuda en estas circunstancias, ya que el cuerpo está más por desintoxicar que por digerir, y prefiere alimentarse de sus reservas. Comer puede alargar y complicar la fiebre.

Con estos cuidados no se pretende cortar la fiebre, ya que ésta es beneficiosa y desaparecerá cuando ya no se necesite porque la curación ha finalizado. Después, es normal que haya un efecto rebote y la temperatura corporal sea más baja de lo habitual.

Ecoformación sostenible*

No puede haber movimiento
ecológico…
si se desvincula
de una visión espiritual…
y no puede haber espiritualidad
sin ensuciarse
las manos con los problemas
concretos de cada día.
Raimon Pannikar,
Revista Integral, 1987.

La sola ecología,
como la sola espiritualidad,
es tan alienante la una como la otra.
El autor, siguiendo a Pannikar.

El crecimiento económico
crea (en la sociedad)
la misma adicción que la heroína
en los toxicómanos.
James Lovelock,
La venganza de la Tierra, 2006

Introducción. En 1946, el señor presidente Truman (el mayor genocida de la historia) estableció la noción de subdesarrollo al decretar que el mundo sería formado en adelante a imagen y semejanza de la hegemonía imperial. De ahí se derivó a países en vías de desarrollo o simplemente en desarrollo, consecuentemente con la idea de que a la felicidad se llega por el consumo. En la subsiguiente “guerra fría”, Estados Unidos instauraría la sangrienta doctrina de la ‘seguridad nacional' contra las ideologías divergentes.

El Club de Roma, allá por la época de los años 1960, debatió sobre los límites del crecimiento, visión crítica del desarrollo salvaje. De ahí surgió la idea del desarrollo sostenible, la preocupación por las generaciones futuras y diversas líneas de concepción del desarrollo: en la escala humana, alternativo, óptimo, eficiente, sostenible, sustentable, ecológico, etcétera: pero, al fin y al cabo, desarrollo.

Hacia 1970, Ernst Friedrich Schumacher enunció su doctrina en que lo pequeño es hermoso, destacando tres ideas: Una, la aplicación de tecnologías apropiadas o blandas, que fue adoptada con entusiasmo por las ONG de desarrollo (por fin un lenguaje para los pobres). Dos, la adopción de la economía budista (que todavía ejercen algunas sociedades orientales): no nacimos para el consumo sino para crecer cultural, intelectual, espiritualmente. Mensaje de nula aceptación en Occidente. Tres, el Sermón de la Montaña (de origen esenio), como programa político: bienaventurados los que limpian vidrios en los semáforos, los del salario mínimo, los desplazados, las víctimas de los falsos positivos. Otro mensaje que cayó en el vacío.

Hacia 1980 se establecieron en Latinoamérica dos propuestas antagónicas. Una, las ONG, que Arturo Escobar llegó a calificar como opción continental. Dos, la doctrina neoliberal, que se impuso, costara lo que costó (por ejemplo, el exterminio de la Unión Patriótica, de Cepeda, Jaramillo, Pizarro…). Por lo menos desde 1987, Raimon Pannikar viene planteando la unidad ecología-espiritualidad, rompiendo el papel hegemónico del alternativismo, hasta entonces centrado en la ecología.

Medio siglo después de 1960, el desarrollo y, desde luego, su instrumento científico-tecnológico se enfrentan no sólo a los diversos desafíos y opciones a la ciencia (Pretty, 1995, trae 19 de esa opciones y desafíos, a los que añado aquí la tesis del retorno) sino también a las distintas crisis: climática, bancaria, industrial, alimentaria, energética, ambiental y, por supuesto, espiritual.

La invención del concepto de “desarrollo sostenible” dejó a salvo su matrimonio con el de rentabilidad. En la doctrina gringa, nada se justifica sino por la rentabilidad (el business). En realidad, lo mejor de la vida consiste en actividades no rentables: enamorar a la pareja, tener hijos, ayudarles en la vida, sanarse, alimentarse, crecer espiritualmente, morir (como hacía notar Camila Montecinos, una de las fundadoras del CET de Chile).

Estas consideraciones me liberan de referirme a la trilogía que alguna vez se sugirió respecto de la sostenibilidad: ecológica, económica, social (el tres cabalístico, como el 7 y el 12, o como el 81 en China). También pudiéramos plantearnos el crecimiento desde la pobreza, antagónico al crecimiento desde el capital.

Desde 2002 se perfecciona en Colombia el pleno sometimiento al Imperio y la orientación de la sociedad por la vía empresarial (el huevo de la confianza inversionista, la flexibilización laboral, la explotación de la naturaleza, la inversión extranjera, el aumento de la seguridad vial para los que pueden hacer turismo…), la criminalización de la vía campesina, la reducción de los pobres a la mendicidad de familias en acción y similares.

Cambio climático. Señala el fin de la sociedad tecnológica (según Diana Uribe, 2009), construida sobre el cientificismo a partir de las filosofías materialistas del siglo XVII, que plantearon reemplazar la espiritualidad por la racionalidad, y que inauguraron siglos de hegemonía de lo experimental como método de conocer, relegando las vías precientíficas (intuición, inspiración, revelación, parasicología, tradición, manejo de energías sutiles, chamanismo…).

Una visión crítica de los métodos experimentales (acorde con la física cuántica) demostró que el observador influye sobre lo observado, no sólo a través de la instrumentación sino también subjetivamente: con frecuencia sólo vemos lo que queremos ver (Introducción a la era poscientífica).

Visión química del mundo (paradigma: Lavoisier 1790). Ha disfrutado su tope hegemónico hasta el advenimiento del movimiento ecológico (ya visible globalmente en Estocolmo, 1974) con su visión holística, con mayor contenido biológico. Del auge de la conciencia de dominadores y transformadores de la naturaleza, hegemónicos durante mil años a través del mercantilismo y la industrialización, estábamos derivando a valorar la vida y sus procesos como fundamentales: en realidad, un elemento del retorno a la espiritualidad, al asombro del milagro de la vida.

La mayor hegemonía de visión química del mundo se agudizó entre los dos períodos de preguerras y guerras mundiales, y se aplicó especialmente en agricultura con apoyo de las 50 proposiciones agrícolas de Justus Von Liebig, 1855.

Luis Kervrán, en 1864, advirtió a contracorriente la transmutabilidad de los elementos, puerta a la convertibilidad de las lateritas tropicales en tierra agrícola corriente (el aluminio, activado por materia orgánica, puede transmutar a silicio, y éste a calcio, potasio, etcétera). Las lateritas han sido calificadas por la ciencia hegemónica como ácidos pobres, improductivos, mensaje subliminal en el sentido de que nacimos en una tierra inferior.

Otros mundos posibles. El historiador Arnold Toynbee, en su Historia del mundo, nos permite poner de manifiesto que las 20 civilizaciones que él destaca para los últimos cinco mil años son todas precientíficas.

Han existido y existen todavía sociedades y movimientos en los cuales se han conjugado sentimientos de ecología y espiritualidad, en afinidad con el mito edénico o con el paraíso islámico. Ejemplos: los esenios; el budismo, especialmente en su expresión hinayana; el movimiento ecoaldeano moderno en la tradición de Enoch; el taoísmo filosófico; el sueño premedieval de Benito de Nursia, eclipsado por la oferta feudal; las culturas quechua y aymara (inventores de la minga), incorporadas desde 2008 a las Constituciones políticas de Ecuador y Bolivia, respectivamente; el pensamiento gandhiano, que declara que “la vida del más tenue insecto es tan importante como la del hombre más ilustre”; el pensamiento de los indios amazónicos precolombinos, para los cuales “la más pequeña hierba es tan importante como el árbol más gigantesco de la selva (como relata Wade Davis en El río, 2004); la constitución de la confederación iroquesa; el trascendentalismo antiesclavista norteamericano del siglo XIX; el animismo africano, anterior a la hegemonía europea; el movimiento reivindicatorio rastafari; la pensatividad arhuaca; la resistencia de los uwa en Arauca; la resistencia de los grupos que en el mundo rechazan ‘civilizarse'…

Conclusión. Dentro del cúmulo de valores que caracterizan a tales sociedades y movimientos, sugiero destacar por lo menos dos: austeridad: el antagónico de la sociedad de consumo promovida durante mil años por el mercantilismo y la revolución industrial, cuyo ideal nos ha conducido a poner en peligro la supervivencia de múltiples especies, incluso la humana; y la solidaridad, explícita en la minga (el mayor aporte cultural de Sudamérica andina al mundo), antagónica al individualismo feroz y narciso de la cultura occidental (ver de Rollo May, La necesidad del mito, 1991) y en el trueque, y la negación del poder del dinero.

Efectivamente, otros mundos son posibles. Es mi anhelo que cada uno de nosotros pueda vivir y morir en alguno de esos mundos. Cualquiera de ellos es posible si logramos que espiritualidad, ecología y política formen una sola unidad. Intentémoslo con alegría, con buen humor, con calidez latinoamericana, sin prisa pero sin pausa.

Agosto 13 de 2010

*    Dedicada al fundador del humorismo político popular colombiano, Jaime Garzón, asesinado el 13 de agosto de 1999.


El librero


Por Zabrina Molina

La cotidianeidad de un librero se ve asediada por el polifacético mundo de la literatura.

Cuando deliberadamente un ser entrega su existencia a promover el maravilloso universo de las letras, no sólo está consciente de que quizá sea la única herramienta que tiene para conocer esos senderos que tanto soñó sino que además –y es éste uno de los puntos principales de esta imagen– se puede divisar de una manera implícita el sentimiento filial de éste con su entorno.

Esta composición fotográfica simboliza al ser como elemento fundamental en la historia y que, mediante su oficio, pretende llevar un poco de luz al mundo de tinieblas en el que muchos se encuentran.

*    Palabras al evento de Culturas Andinas, Pasto (Nariño), a solicitud del señor Jorge Apráez,
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