Jueves, 19 Junio 2008 19:00

No es deseable que el Estado gane la guerra. Reflexiones heréticas:

Escrito por Andrés Vargas
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La muerte de Manuel Marulanda Vélez es unacontecimiento insoslayable si se hace referencia al pasado reciente delconflicto armado, o a su futuro mediato o inmediato. La magnitud delacontecimiento lo convierte en buen punto de partida para desarrollar dosreflexiones significativas en la coyuntura. Una de ellas se relaciona concaracterísticas organizacionales de las farc-ep y cómo se deben tener en cuentapara valorar las hipótesis que circulan sobre su fragmentación. Una segundareflexión, construible a partir de lo dicho alrededor de la muerte de aquél,versa sobre el tema de la paz y un escenario de posconflicto en que hayagarantías de su no repetición.

 

Un lugar común de la información que sedifundió poco después de aquella muerte: que resulta probable que las farc sefragmenten, producto de las disputas internas por el poder en la organizacióninsurgente, de lo que sigue una probable implosión y fragmentación de laorganización (El Tiempo, 28 de mayo, 2008). Otro lugar común: que esa muerte seconstituye en un golpe a la organización subversiva, lo cual, sumado a otros yabien conocidos por su amplia difusión, señala que con Marulanda “se muere lahorda que dirigía” (El Tiempo, 27 de mayo, 2008), en las ligeras palabras de uncolumnista de los que clasifican la violencia en buena y mala, y que, como tal,celebran una mientras condenan otra.

 

En las piezas informativas que cayeron enestos lugares comunes se encontraba implícita o explícita la idea de que elEstado está ganando la guerra y que las farc se resquebrajan rápidamente. Antea esas opiniones hay dos interesantes afirmaciones interrelacionadas: 1) laestructura organizacional de una formación insurgente está diseñada paraenfrentar los altos niveles de incertidumbre con los que convive, por lo cualno es esperable un resquebrajamiento; y 2) no es deseable la victoria militarde ningún actor armado si lo que se pretende es una paz positiva* y unescenario de posconflicto que garantice la no repetición de la violencia y lasbarbaridades que la han acompañado. De lo anterior se sigue que, si el Estadoestá ganando la guerra, ese no es un escenario positivo (¡herejía!) para laconsecución de una paz positiva y el establecimiento de garantías de norepetición.

 

Respecto a la primera afirmación, la muertehace parte de la cotidianidad de una organización insurgente, y en ese sentidoésta maneja un alto nivel de incertidumbre sobre la permanencia de cada miembroen la estructura. En otras palabras, una guerrilla “no cuenta con nadie” y seorganiza de tal modo que ninguno de sus miembros resulte indispensable. Decirlo anterior no es desconocer la importancia simbólica y práctica de Marulanda–lo que sería un despropósito– pero apunta a visibilizar el hecho de que,aunque fuera un elemento destacado, la estructura organizativa de las farchabía previsto siempre la posibilidad de que faltara, y para ello contaba comomecanismo de ajuste los suplentes del secretariado.

 

Ni tan inminente desmoronamiento

 

Es más: la muerte de Marulanda era previsible.Era un octogenario con expectativa de vida corta, y hasta es dable pensar queél mismo no esperara su liderazgo en las farc por mucho más tiempo. Con base enesto, la hipótesis de un desmoronamiento de esa organización tiene poco asideroy, por el contrario, es altamente probable que el relevo ya se hubiesedefinido; la implosión de las farc es una hipótesis formulada desde el deseo.Además, su implosión y su fragmentación son aún menos probables en lascondiciones actuales de la guerra, cuando por la reciente dinámica de loscombatientes que quedan en las farc son cada vez más los del “núcleo duro”,dispuestos a morir en la selva antes que entregarse (así lo menciona Karina).

 

Pasando a la segunda afirmación, que al mismotiempo es entrar en la segunda reflexión, la idea que las farc se estándesmoronando y fragmentando hace parte de los “hechos incontrovertibles” quellevan a crear la opinión de que la victoria del Estado es inminente. Así, lamuerte de Marulanda es un golpe de gracia a las farc y constituye un avance máshacia la victoria estatal, que en nuestro país se iguala en los medios masivosa conseguir la paz. Muerto Marulanda, todos se aventuran a presagiar lainminente llegada de la paz, por vía de una entrega de la guerrilla en unproceso de Desarme, Desmovilización y Reinserción (DDR, los más), o poraniquilamiento militar (los menos). Se quiere argumentar, aunque caigan impro-perios y estigmatizaciones por ir con la corriente belicista dominante, que noes deseable esa paz a la que se hace referencia en la oración anterior, y quelas causas de la libertad, la paz y la vocación histórica de ser más como sereshumanos nunca se podrá alcanzar por medio de la guerra, no con la victoria deninguno de los bandos enfrentados en el largo conflicto armado del país.

 

Muchos argumentos apoyan la anteriorafirmación, que va a contracorriente de la inmensa mayoría, pero acá se daránsólo dos. De un lado, en el escenario en que las fuerzas estatales logren laderrota militar de las farc, lo más probable es que la violencia, en vez dedetenerse, se extienda y pierda su carácter político, y la sociedad se veaenfrentada a un fenómeno más complejo que el de la violencia política. El ejército,por poderoso que sea, no logrará acabar con todos los combatientes, pero sepuede lograr la desestructuración de la organización, desmontar sus redeslogísticas y sus formas de financiamiento, y romper su unidad de mando:dispersarlas y desjerarquizarlas.

 

Si eso sucede, quizá se asista a unatransformación de la violencia en que ésta pierda su carácter político y tomeuno criminal. Esto es, no existen tipos de violencia catalogables como tipopuro, netamente política o criminal, y es evidente que en ocasiones las farcejercen una violencia más criminal que política, pero en términos generales esposible caracterizar su violencia como política porque persigue el gobierno dela población. Una vez rota la unidad de mando y con ello disuelto el direccionamientode la violencia en función del gobierno de la población, se estará ante unasituación en que en lo local haya grupos de combatientes rasos poseedores del“saber cómo” de la violencia pero no un direccionamiento. Así, habrá una fuerzadisponible de empresarios de la coerción dispuestos a vender sus servicios acualquier postor, y ahí estarán el dinero y los intereses del narcotráficoprestos a explotar estas condiciones, desatando una violencia criminal, entanto no busca el gobierno de la población en un territorio dado sinopropósitos privados (nuevamente, toda violencia criminal tiene algo depolítico; no hay “tipos puros de violencia” pero pudiera tener característicasmás criminales que políticas).

 

¿Hacia una acentuación de la violencia?

 

Lo anterior señala que no es deseable lavictoria militar estatal porque ésta, en un conflicto armado interno, es ladesestructuración de la organización que compite por el monopolio de laviolencia en un territorio dado, y no su aniquilamiento total. Una victoriamilitar que no implique cuando menos un proceso de DDR sólo significaráprofundizar el problema de la violencia en el país y no su resolución. En elcaso del escenario en que la guerrilla, en vista de una derrota militar, decidaentablar una negociación es menos grave que el escenario anterior, pero tampocoes deseable. Si la guerrilla llega derrotada a la mesa, lo único que puedenegociar allí son las condiciones de su desarme, desmovilización y reinserción,y en una negociación de ese tipo no se dan condiciones que garanticen la norepetición de lo sucedido desde 1964.

 

En un proceso de DDR entre el Estado y lasfarc, sólo se puede conocer la mitad de la historia de barbarie e ignominia delconflicto. Serán borrados de la memoria colectiva los crímenes del Estado, susmasacres, sus asesinatos, sus torturas, sus desapariciones, etcétera, y peoraún, no se desmontarán ni se transformarán las estructuras estatales quecometieron esas aberraciones, y no se retirará a los victimarios de los puestosdesde los cuales puedan volver a cometer esas atrocidades. Por lo último, no segarantiza la no repetición, y por lo primero la sociedad habrá hecho unejercicio de autocrítica colectiva en que se reconozca que hay unos límiteséticos que no pueden ser traspasados, en especial que no hay motivos válidospara matar a nadie y que ninguna violencia es buena. Esa reflexión colectiva,ese reconocer lo que pasó y condenar sin tapujos ni exclusiones la violencia detodos los bandos son una condición necesaria pero no suficiente para garantizarla no repetición.

 

La negociación política para solucionar elconflicto armado es el plan B de los grupos armados enfrentados, pero no puedeser el de la sociedad en general ni el del movimiento social en particular. Lanegociación política y la construcción de la paz tienen que ser un acto dereconciliación e reingeniería social que subsane las causas generadoras delconflicto (el monopolio elitista del poder, la exclusión social y económica,entre otras) e imbuya hasta los tuétanos a la sociedad en un rechazo tajante ytotal a esos métodos que mancillan la dignidad humana y que se justifican enpos de los objetivos más altruistas por parte de todos los actores.

 

* Brevereferencia a la definición de los conceptos de paz negativa y positiva enGaltung.

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