Jueves, 19 Junio 2008 19:00

La dieta popular*. Sin papa, sin arroz, sin pan y, muy pronto…sin leche

Escrito por Aurelio Suárez montoya
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El kilo de arroz que en enero se vendió a $1.350 en mayo llegó cerca de $2.000. Esta  subida también está relacionadacon la política agrícola. Siendo, junto con la papa, un género en el que Colombia es prácticamente autosuficiente, la elevación de los precios seexplica por los altos costos de producción. En 2008, producir una hectárea dearroz en el Llano, cuesta casi cuatro millones de pesos, lo que hace que unatonelada valga $700.000, cuando en 2006 costaba $520.000 y $560.000 en 2007. Elincremento está en los fertilizantes y en el valor de la tierra. Dejar “operaral mercado” para insumos, sin fuerte control estatal, aleja cada vez más elarroz de la mesa de los pobres, el cereal que más ingieren.

 

El pan de 100 y el de 200 se evaporaron de laspanaderías. Aunque el trigo es sólo el 15% del valor de fabricación de unapieza, el aumento de la cotización internacional hizo la hazaña. En Colombia seimporta trigo desde la década de los cincuentas del siglo pasado; inicialmentecon créditos subsidiados por Estados Unidos y, más tarde, cuando se extinguióel grueso de la producción nacional, el suministro se dejó en manos del“mercado global”. Entre 2000 y 2008, la tonelada importada ha pasado de 120 amás de 250 dólares. El trigo, en valor, es ahora el séptimo renglón deimportación de Colombia y sigue subiendo. 


                               

 

Como si lo anterior no bastara, el gobierno,evadiendo su obligación con la sanidad de la leche -desde el potrero hasta lacocina- la ha abandonado en manos de productores, procesadores y consumidores.Su gestión sanitaria en ese campo la redujo a un decreto, dictado por lasnormas de la OMC, que, sin medir impactos económicos y sociales, prohibió desdeel 24 de agosto de 2008 “el comercio de leche cruda y leche cruda enfriada parael consumo humano”, refiriéndose a la que se expende para ser hervida en loshogares. Miles de productores rurales que no entregan el líquido a laspasteurizadoras, estarán excluidos de dicha actividad, tanto como el comercioque se lo compra y distribuye y como muchas industrias lácteas que deberánsupeditarse para la provisión de materia prima de quienes impondrán unpredominio aún mayor en este sector. Los consumidores, la mayoría de bajosingresos, pasarán de pagar $900 o $1.000 por un litro a más de $1.800 por unabolsa de 900 CC. Tres de cada diez litros se adquieren como “leche en cantina”y en Bogotá son más de 350.000 diarios, una porción atractiva para eloligopolio industrial lácteo que verá subir sus ventas en más de un millón dedólares por día, disfrutando de la supresión de la “cadena popular”. 

 

La falta en la mesa de papa, arroz, pan yleche en muchas familias colombianas está ligada con la política agrícola.Hacer de las importaciones el principal instrumento de abastecimiento decereales, oleaginosas y alimentos básicos, la eliminación del sistema deprecios internos de sustentación estables por la adopción de los precios “demercado” como referencia principal, la supresión del control eficaz de loscostos de los insumos, la imposición de normas sanitarias inconsultas con larealidad productiva nacional y, a contramano, la concentración de apoyos ycrédito en las cadenas exportadoras y en los grandes “empresarios” están en laraíz de la carestía que sufrimos. Una inseguridad alimentaria propia de unagestión ministerial que pregona que “es mejor la uchuva que el trigo”, quepromueve yerros como su proyecto Carimagua y que, ante la evidencia, recurre aintimidar a quienes lo controvierten o a quienes presentan cifras que no le sonconvenientes por develar su fracaso. Urge una corrección inmediata. 

 

In memoriam: Por Augusto Cano J., conspicuoprofesor universitario de centenares de ingenieros eléctricos de Colombia, quienno cambió jamás sus principios éticos y políticos. Para él un perennereconocimiento.

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