Sábado, 19 Febrero 2011 11:44

Desde abajo. En la senda de los 20 años

Escrito por Equipo desde abajo
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Para el tango, 20 años no son nada. Para el Estado, representa una edad donde ya se tiene total responsabilidad por parte del que sigue siendo joven. Para la historia, es menos que una brizna. Para quienes integramos el equipo desde abajo, es un tiempo suficiente para brindarnos una personalidad y para saber cuál puede ser nuestro papel en la sociedad.

Remembranza

Cuando en noviembre de 1991 decidimos dar a luz el primer número del periódico desde abajo, no habíamos trazado la senda que finalmente seguimos. Un conjunto de activistas provenientes de diversidad de organizaciones políticas y sociales nos reuníamos periódicamente para deliberar sobre la coyuntura del país y tratar de ponernos de acuerdo en qué hacer.

La agenda social estaba copada por la Constituyente y las expectativas despertadas por la Alianza Democrática M-19 (AD M-19). Era un ambiente de renovación política, aunque el viento que soplaba dentro de la estructura desmovilizada no era tan flexible como para permitir que activistas de base cuestionaran e incidieran en su proyección.

Contrariamente a las motivaciones que desvelaban a los dirigentes desmovilizados, la cooptación ni los Ministerios ni los institutos descentralizados eran parte de nuestras aspiraciones. Lo que realmente reclamábamos, sin eco en el debate interno, era consecuencia con las comunidades que habían brindado con toda generosidad su apoyo a la causa rebelde, a más de una proyección consecuente con el conjunto del país. Es decir, mantener y defender un esfuerzo de base que garantizara una participación decisiva de las comunidades, y una real transformación en sus condiciones de vida.

El reclamo no sólo era justo sino, además, necesario. La edición número 5 del periódico se preguntaba entonces por la identidad de la AD M-19. En su portada reposaban Bolívar, Bateman, Pizarro, con sus rostros rotos. Sin duda, para nosotros, la identidad que decíamos tener ya no era tal, pues pesaban más los intereses particulares, individuales e inmediatos que las reivindicaciones históricas por las cuales se había batido toda una generación.

Al no encontrar eco para nuestro reclamo, lo que en sus comienzos fue un simple recurso para darles fuerza a unas opiniones y un mecanismo de enlace de diferentes colectivos de activistas radicados principalmente en Cali, Medellín y Bogotá, se fue transformando en recurso y apoyo para buscarle referente a nuestra acción como activistas.

De esa acción circunstancial, donde el periódico era un simple instrumento para el debate, avanzamos poco a poco hasta brindarle personalidad propia, tal como hoy se entiende en todo el mundo la comunicación: eje de la acción política y pública.

Esfuerzo integral

Pero para hacer tal ejercicio comunicativo, con pretensiones de llegar a sectores cada vez más amplios de nuestra sociedad, no era suficiente un periódico. Con el paso del tiempo nos percatamos de que se necesitaban acciones complementarias. Nacieron entonces los fondos editoriales o ediciones desde abajo (1997), que ganaron aire al ser aprobado el ‘plan Colombia’.

El interrogante que nos hicimos al conocer la versión en inglés del Plan, al sentir que una potencia extranjera legislaba sobre el conjunto de la vida nacional sin el más mínimo reclamo por parte de representantes y senadores, fue: ¿Qué hacer para contribuir en la lucha contra esa legislación de invasión y ruptura de nuestra soberanía?

Y la respuesta la encontramos del lado de la comunicación. Multiplicamos nuestro fondo editorial, al tiempo que buscamos una alianza con Le Monde Diplomatique para darle cuerpo a la edición local del prestigiosos mensuario francés.

La razón de nuestro esfuerzo era elemental: ante la cooptación de un sector importante de la dirigencia social y política, y ante el silencio de muchos por el temor derivado de la acción paramilitar –lo cual ayudaba a explicarnos el porqué del silencio ante la intromisión extranjera en la cotidianidad del país–, nuestro aporte estaba del lado de traer y difundir en el país gran parte de las mejores reflexiones teóricas que circulaban por el mundo. Nuestro aporte radicó en brindarle oxígeno a una generación de activistas que requerían aire para proseguir en su propósito fundamental. Más de 120 títulos publicados en estos años, a más de las 100 ediciones de Le Monde Diplomatique reflejan la consecuencia de nuestra decisión.

Por el lado de la comunicación, el esfuerzo proseguía. Llegaron los murales como propuesta estética para superar el simple grafiti, los foros, los conversatorios, las intervenciones comunicativas en marchas, tratando de romper su rutina, los radioperiódicos, y finalmente el ejercicio DATV con el cual buscamos alianzas para constituir una red que les garantice a los sectores subalternos un canal a través del cual disputar la opinión pública. La totalidad de esta experiencia, abierta al conjunto social, la hemos resumido como Sistema Nacional de Comunicaciones Independiente, que debe ser constituido, para que sea tal, por una coordinación/complementación de la inmensa variedad de esfuerzos existentes en el sector.

Sin duda, el recorrido ha sido satisfactorio. Han contribuido a ello un sinnúmero de compañeros y compañeras, algunos presentes por meses, otros por años, algunos con más permanencia. Sin duda, sin el aporte y la inmensa voluntad de todos y cada uno ellos y ellas, desde abajo no hubiera llegado a la edad que hoy está conmemorando. Las voces de quienes nos felicitan por lo recorrido y nos comparten también sus esfuerzos y pretensiones nos animan a proseguir y complementarnos. Muchas gracias.

Muchas otras iniciativas se encararon en estas dos décadas. Otras muchas están en curso.
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