Sábado, 19 Febrero 2011 11:55

Medellín. Resistencias desde la periferia

Escrito por Kolectivo Kultural Bello Oriente
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El futuro pertenece a las barriadas
periféricas del mundo.

Emir Cioran

Bello Oriente es una zona periférica de la ciudad de Medellín habitada por personas y familias víctimas del desplazamiento forzado, por lo cual sus pobladores conservan la memoria de la tierra perdida. El barrio está ubicado en el sector centro-oriental de la Comuna 3-Manrique, en límites con el corregimiento de Santa Elena. Sus primeros pobladores llegaron en los años 80 del siglo XX y después se sumaron las comunidades afro desplazadas del Urabá, de Urano, Córdoba y Chocó en los 90; y continúa llegando gente desarraigada de nuestros campos.

En Bello Oriente, la solidaridad y el trabajo comuxnitario han logrado articular a los pobladores en una dinámica organizativa en la que prevalecen las necesidades colectivas, el cuidado de los niños y el cultivo orgánico de la tierra. Todo esto a partir de un trabajo en red, libre de la lentitud burocrática y el interés particular.

La organización comunitaria en este sector –al que la ciudad mira como un foco de problemas asociado exclusivamente al orden público y a la delincuencia1– se traduce en la búsqueda permanente de mejores condiciones de vida para los habitantes del barrio. En su mayoría, sus habitantes son desempleados o subempleados (64 por ciento según reciente encuesta), y muchos de ellos se ven obligados a hacer el recorrido, práctica que consiste en bajar a la ciudad y subir pidiendo alimento tienda por tienda. Esto ha hecho que la comunidad se esté planteando hoy seriamente el tema de la soberanía alimentaria.

Soberanía alimentaria: un alimento para la memoria

El retorno a la tierra perdida es el sueño de los campesinos desplazados de sus campos y que tiñe sus ojos con el tono grisáceo de la melancolía. Esto lo expresa mejor un poema escrito por una campesina, doña Blanca, que por salvar su vida y la de sus hijos tuvo que venirse a sobrevivir a la gran ciudad:

Parí hijos para trabajar la tierra y sembrar vida,/ Con el miedo en la garganta dijiste./ Por eso recorres las calles del barrio,/ Luchas por un pan pobre y duro./ En las noches acudes con el recuerdo/ a la tierra perdida de maleza y sembrada de metales./ ¡Cómo estuviesen tus hijos de no haber partido!/ Blanca, en tus ojos está el oro de los ríos de Antioquia y el verde de mis selvas.../ En tu voz las palabras y el llanto de las madres de mi tierra que cuidan a sus hijos y lloran muertos/ Desde la noche oscura.

Comprar el alimento es difícil para el campesino; pedirlo, hacer el recorrido, mucho más. Por eso, en Bello Oriente se lucha y se resiste a partir del cultivo y el cuidado de la tierra. Este es el barrio de Medellín con más y mejores huertas y jardines cultivados (Premio Vida Corantioquia). El sueño de la soberanía alimentaria camina con la ampliación de estos espacios para la siembra y con el permanente cuidado de la tierra. Allí le llaman “permacultura” (agricultura permanente) y con ello refieren también la asunción de una nueva ética ambiental –que implica cuidado de sí y del otro, a partir del cultivo orgánico y la práctica de cero basuras2.

Aunque la administración municipal mire y excluya al barrio como un “asentamiento subnormal y de alto riesgo”, allí se crea una opción ambiental para toda la ciudad: el cultivo orgánico de la tierra con miras a la autosuficiencia alimentaria. Sumado a esto está el cuidado de las fuentes fluviales que bajan a la ciudad, en quebradas y correntías, así como la recuperación del bosque de ladera o premontano, donde sólo se ha sembrado pino y más pino para Cartones de Colombia.

Hay en todo esto un mensaje claro: o asimilamos el grito de la Madre Tierra y resistimos con ella, o nos enfermamos y morimos de ciudad, digo, de hambre, egoísmo y destrucción. Las comunidades desplazadas que habitan el barrio no pierden la memoria y ésta ha devenido en fundamento de su vida, de su resistencia.

Post Scriptum. Las revoluciones desde abajo, es decir, las que se gestan por los pueblos desde la raíz de los problemas, apuestan a la acción permanente con miras a transformar las actuales condiciones de sobrevivencia y muerte. Esta revolución nace de las conciencias de los pueblos y se construye en su accionar protagónico, y nada tiene que ver con métodos que pretenden impulsar el proceso con decretos o resoluciones generadas desde arriba, por muy bien intencionadas y certeras que éstas pudieran resultar.

1    En consonancia con esto, la administración ha dispuesto en el barrio un CAI periférico, cuando la comunidad pedía a gritos un centro de salud, un comedor comunitario o un centro educativo infantil.
2    Para más información, www.ereciclaje.com.
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