MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

Sábado, 21 Mayo 2011 09:42

Cúcuta sin agua. “¡Ay, ay, ay, si las ondas del río…!”

Escrito por Rafael Colmenares
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El río Pamplonita es la cuenca estructurante de buena parte de Norte de Santander, al oriente del país y en la frontera con Venezuela. Su importancia histórica y socio-económica es evidente, e innegable el significado del río como factor de identidad cultural, al punto que el hermoso pasillo de Elías M. Soto, “Brisas del Pamplonita”, es realmente el himno de la región.


En la cuenca del Pamplonita se ubica Cúcuta, la capital del departamento, con más de medio millón de habitantes. La población total de esta sección del país asciende a 1.200.000 habitantes, y más de la mitad vive en la mencionada cuenca.

Río maltratado

La importancia del río y su cuenca no se compadecen, sin embargo, con el tratamiento que se les ha dado, sobre todo en los últimos años. Colombia contribuye con el 5 por ciento de la deforestación mundial1, y ésta ocurre particularmente en la zona andina, sin que la cuenca del Pamplonita sea la excepción. El río, según la tabla de contaminación de cuencas2 publicada en el “Diagnóstico del Cumplimiento del Derecho Humano al Agua en Colombia”, elaborado por la Defensoría del Pueblo en 2009, presenta un índice de calidad del agua calificado como “malo”3. Las causas de tan grave calificación son, según el mismo informe: vertimientos domésticos de grandes asentamientos humanos, arrastre significativo de sedimentos, actividad petrolera, actividad agrícola, empleo de fertilizantes.

La situación del Pamplonita no es excepcional en el país. De las 88 cuencas analizadas, 40 presentan la misma mala calificación. Entonces no es de extrañar, según el mismo estudio, el rezago que tenemos en cuanto a tratamiento de aguas residuales, es muy alarmante: “al 88 por ciento de los vertimientos urbanos no se le aplica tratamiento alguno, y el 85 por ciento de los vertimientos rurales tampoco cuenta con tratamiento de lodos”4.


En materia de servicio de alcantarillado en Norte de Santander, sólo el 46 por ciento de los municipios contaba con este servicio en 2005, siendo el promedio nacional de 41 por ciento. En síntesis, al río más importante del departamento, por los servicios ambientales que presta, se arrojan las aguas residuales de la mayor parte de su población y de allí mismo se toma el agua para la capital.

Otra vez, Cúcuta sin agua

La actual emergencia, determinada por la ola invernal pero realmente causada por el mal manejo de la cuenca y los ecosistemas que estructuran el territorio, tiene un antecedente reciente que también mostró la gran vulnerabilidad de la capital nortesantandereana.

El 2 de junio de 2007 fueron vertidos al río 20.000 barriles de petróleo a raíz de la ruptura del oleoducto Caño Limón-Coveñas, que cruza el Pamplonita a pocos kilómetros de la bocatoma de la Planta de El Pórtico, que a la sazón le suministraba a Cúcuta 1.600 litros de agua por segundo. Gracias al oportuno pero casual aviso de un agente de la policía, se alcanzaron a cerrar las compuertas de la bocatoma, evitando una tragedia de proporciones mayúsculas, pues el petróleo hubiera inutilizado irreparablemente dicha planta. En aquella ocasión, la séptima ciudad del país, estuvo 10 días sin agua potable. Las responsabilidades en el hecho y particularmente por la falta de funcionamiento de los dispositivos previstos y construidos para este tipo de emergencia nunca se establecieron realmente, a pesar de haberse anunciado demandas contra Ecopetrol.

Agua del Zulia no funcionó como opción

La única consecuencia que se derivó de esa emergencia fue la necesidad de disminuir la dependencia de Cúcuta respecto del río Pamplonita, y para ello se decidió traer agua del Zulia, al occidente de la ciudad, pero a menor altura, lo cual implica bombear agua, con la consiguiente necesidad de energía eléctrica para realizarlo, con mayores costos. Para tal efecto se habilitó la Planta de Carmen de Tonchalá, cercana a la termoeléctrica de Termotasajero. Igualmente se alcanzó a desplegar el Multipropósito del Cínera, megaproyecto que implica embalsar agua del curso alto del Zulia, creando un lago en el sitio de Hatoviejo, a 22 kilómetros de Cúcuta. Las consecuencias ambientales de este megaproyecto, que generaría electricidad y prestaría otros servicios, no se han estudiado cabalmente, como ocurre con otros similares en diferentes partes del país. La presente ola invernal ha puesto de presente los límites de este tipo de ‘soluciones’ al llegar las presas al borde de su capacidad de almacenamiento y amenazar con catastróficos desbordes.

Como corresponde a la mentalidad escapista y tecnicista, no fueron abordados con seriedad los problemas de fondo, como la deforestación de la cuenca y su restauración con especies nativas, el tratamiento de las aguas residuales de los municipios de la cuenca del Pamplonita y la prevención del riesgo que implica el paso del mayor oleoducto del país por el río que abastece a una de las 10 principales ciudades colombianas.

Cúcuta, de nuevo en jaque

La actual temporada invernal, efecto más de la variabilidad climática que del cambio climático, como lo han señalado varios expertos y cuyos efectos se derivan del modelo de desarrollo depredador que impera en el país, y no tanto de la intensidad de los aguaceros, puso nuevamente en jaque el suministro de agua para Cúcuta.

La turbidez de las aguas, producto de los sedimentos que arrastran el Pamplonita y el Zulia, resultado a la vez de la pérdida de cobertura vegetal en las cordilleras, obligaron al cierre de ambas plantas. A ello se sumó la interrupción del fluido eléctrico de Termotasajero a la Planta de tratamiento de agua de Carmen de Tonchalá, debido a los daños causados por el invierno en las líneas de conducción. ¡Todo un escenario de impotencia tecnológica! ¡Gran lección para quienes creen que podemos atentar impunemente contra la naturaleza porque disponemos del salvavidas de la técnica!

El resultado de todo ha sido la interrupción, alternada con el racionamiento drástico del suministro de agua para la capital fronteriza. Esta situación se prolonga ya por 20 días (para el 7 de mayo, al finalizar este artículo), y el futuro no es halagüeño ante los pronósticos de más lluvias que ha hecho el Ideam, los cuales han sido acertados en el curso de la oleada invernal que cumple ya casi un año.

El problema ha golpeado más fuertemente, como también es habitual, a los pobres. Uno de los sectores más afectados ha sido el populoso Juan Atalaya, que depende del agua de la Planta de Carmen de Tonchalá.

La privatización naufraga

Pero a todas estas, ¿quién le suministra el agua a la gente de Cúcuta? Desde 2006 y en desarrollo de la nefasta Ley 142 de 1994 sobre servicios públicos, el acueducto de la ciudad fue privatizado y entregado por 15 años a la empresa Aguas Capital-Cúcuta, de la cuestionada familia Nule.

Como en el resto del país y en virtud de la mencionada ley, todos los costos del suministro de agua se les han trasladado a los usuarios. La tarifa para el estrato 3 asciende a $1.112 pesos por metro cúbico. Si bien no alcanza los niveles de Bogotá, donde es de $2.300 el metro cúbico, se trata de una tarifa costosa, teniendo en cuenta que gran parte de la población de la capital nortesantandereana registra ingresos por debajo del salario mínimo.

Los cucuteños se quejan de que, a pesar de la falta de suministro del líquido, la empresa Aguas Kapital sigue pasando las cuentas de cobro como si se hubiera recibido el agua. El propio Defensor del Pueblo, Volmar Pérez, oriundo de la región, ha recomendado que no se cobre el cargo fijo a la ciudadanía, pues el servicio no se ha prestado5. Al tiempo, la Superintendencia de Servicios Públicos anuncia la apertura de una investigación contra Aguas Kapital por no contar con un plan de contingencia frente a la situación presentada.

Protesta ciudadana

La situación ha generado ya las primeras protestas ciudadanas. El jueves 5 de mayo, una multitud se reunió en el Parque Santander haciendo sonar pitos y golpeando cacerolas para denunciar el desabastecimiento y la corrupción. En los días anteriores hubo marchas y bloqueo de vías. Y ahora se fragua un movimiento social por el agua, y el frustrado Referendo por el Derecho Humano al Agua cobra cada vez mayor vigencia.

Sin embargo, las consecuencias de esta nueva emergencia se deben llevar más allá. Es urgente abordar en serio el problema de la ocupación del territorio, los sistemas productivos depredadores, la alarmante deforestación de la zona andina, y la ineficacia y la injusticia de la privatización de los servicios públicos. De lo contrario, y como ocurre en el resto del país, los nortesantandereanos continuarán sufriendo de sed con el agua al cuello.

  1. Según la FAO, la deforestación mundial asciende a siete millones de hectáreas al año y, según fuentes oficiales colombianas, de 366.000 hectáreas al año en el país, lo cual arroja un 5 por ciento de la deforestación en el planeta.
  2. Véase “Diagnóstico del Cumplimiento del Derecho Humano al Agua en Colombia”, Defensoría del Pueblo, abril de 2009, pp. 132-133.
  3. Este índice se elabora combinando indicadores como Demanda Química de Oxígeno (DQO), Conductividad, Oxígeno disuelto, PH y Sólidos Suspendidos.
  4. ibíd., p. 116.
  5. Ver www.radiosantafé.com 28-04-2011, “Defensoría del Pueblo propone no cobrar el agua en Cúcuta por fallas en el servicio”.
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