Miércoles, 22 Agosto 2018 09:54

El Mundial Rusia 2018: un balón de colores

El Mundial Rusia 2018: un balón de colores

Hace varias semanas que términó el Mundial de Fútbol masculino de la Fifa, Rusia 2018, dejando sensaciones, lecciones, reflexiones, criticas de diferente tipo y procedencia, pero con la mira puesta en Qatar 2022. Aquí un intento de balance.

 

Adentrémonos en algunos detalles que el movimiento del balón no le permitió observar en su debido momento a la sociedad global:

 

El gol de Putin

 

Los que no querían el Mundial en Rusia sobre todo Inglaterra y los EU, han tenido que callarse ante el éxito alcanzado por sus organizadores. El imaginario que la gente de varios países tenía de Rusia, incluyendo los colombianos con la prensa oficialista a la cabeza, era la de un país represivo, peligroso, gris, y monótono. Es decir el “típico país estalinista”, la visión anticomunista de Rusia vía los EU y demás, la visión de la Guerra Fría.

 

Y los tres millones de turistas que fueron al Mundial se encontraron con un país moderno, con mucho colorido, con ofertas amplias de comida, turismo y cultura muy diversa y con una seguridad a toda prueba. Como dicen los rusos, quien conoce Moscú conoce Rusia, quien conoce San Petersburgo conoce la sangre rusa. Que sorpresa. Los periodistas deportivos colombianos, y de los otros países, al alabar al gobierno ruso no se dieron cuenta que el Mundial fue pensado para mostrarle al mundo el poder y el despertar de la “Gran Rusia”, el relato de poder iniciado desde 1999 por Vladimir Putin, y por eso no distinguieron el porqué de los monumentos a Alexander Pushkin, padre de la literatura rusa moderna, Mijaíl Lomonosov, patriarca de la ciencia rusa y fundador de la primera universidad en ese país, al Zar Nicolás II y a José Stalin.

 

Un balón de colores

 

No solo por el colorido del país anfitrión, sino también de las barras de los diferentes países y de los que no competían, con las banderas, camisetas, los gorros, las artesanías que vendían, los múltiples idiomas, y la participación, principalmente en las selecciones de Europa, de jugadores de padres inmigrantes ya de África, de Turquía o las Antillas. Un evento que convocó al mundo futbolero o no pues por TV lo apreciaron millones de espectadores.

 

Los estadios, con un promedio de 40.000 asistentes por partido, con cientos de miles en los FanZone y, en contra de los vaticinios de los agoreros que proclamaron cárcel para las diversidades sexuales, no hubo tal y sí zonas Lgbti.

 

También se dijo que se prohibirían las banderas en la calle y, claro, no fue así. El Gobierno sabía que millones de banderas harían presencia y no se iba a meter en un conflicto diplomático; esta situación específica fue interpretada por periodistas colombianos como la muestra “de lo que verdaderamente es un país libre”, pero no se dieron cuenta de la excepción a la regla: era el Mundial de Fútbol.

 

¿Y las mujeres qué?

 

Las transmisiones de los partidos del Mundial, y los programas de opinión, fueron y siguen siendo de relatores y comentaristas hombres, con una participación mínima de mujeres. ¿Por qué los sabios del fútbol y los dueños del espectáculo, y los comerciantes del balón, no consideran a las mujeres capaces de relatar y opinar sobre este deporte? El fútbol es, entre los deportes masivos, uno de los más machistas, basta escuchar a un relator en un partido de fútbol femenino y a los comentaristas, para darnos cuenta de ello.

 

Sin embargo, esta actitud no refleja simplemente oscuridad sino también, y esto es lo fundamental, lucha de posiciones e intereses en donde mujeres relatoras y comentaristas de fútbol se están abriendo camino y reduciendo espacios a las mentalidades patriarcales. Así puede verse con Vivian Viti, de la cadena estadounidense Telemundo, por primera vez en los mundiales de fútbol masculino, en sed central comentando los partidos, Vicky Sparks que relató el partido Marruecos-Portugal para la BBC de Londres, en Telefe comentó la periodista trans Liza Tagliani. En Argentina y Brasil las feministas realizaron programación especial donde las mujeres relataron y comentaron los partidos e invitaban a jugadoras a comentar, ellas decían que solo el 37 por ciento de las notas de fútbol son de mujeres. Fox Sport destacó ocho periodistas mujeres a Rusia. Claro Spots tuvo una mujer como comentarista en el set central. Si se mira el caso colombiano, como comentarista principal ni una mujer; como comentarista en los programas estrellas sobre el Mundial, con más de 20 hombres comentando, ni una mujer fue llamada, aunque sí las hubo para leer estadísticas sencillas y encabezados de periódicos, o por fuera de los estadios lidiando borrachos. En el ciclismo, destaca una de las mejores comentaristas de ese deporte, la mejicana Georgina Ruiz llamada “goga”. Falta la presencia de la mujer en el relato y comentario de deportes en general.

 

Relatores

 

Y a propósito de relatores y comentaristas de fútbol, el Mundial dejó claro que el tipo de relator de partidos que hablan rapidísimo, que no terminan las frases, que pronuncian mal los nombres, que cambian los nombres de los países, ya son anacrónicos. No es posible relatar un partido rápido, hablando igualmente rápido. En Argentina y México hay relatores más modernos. No solo es que es diferente relatar un partido para radio que para TV, sino que también se requieren buenos comentaristas pues contarle al espectador lo que él está viendo no aporta gran cosa.

 

Narradores fuera de lugar, como ocurrió en los Juegos Centroamericanos, relatando partidos de básquet, voleibol o voleiplaya, como si fuera fútbol. Se requieren especialistas.

 

 Disputa geopolítica

 

Mientras los días pasaban, Gran Bretaña comenzó su campaña contra Qatar para intentar arrebatarle el Mundial y pasarlo a la isla de su majestad. En artículo anterior habíamos señalado que Inglaterra quería el Mundial 2018. y como no logró ganarse tampoco el de 2022, que será en Qatar, pues entonces sigue con las intrigas. Blatter y compañía ya fueron sancionados por los manejos fraudulentos que tuvieron lugar a la hora de definir sedes 2018 y 2022, los han sacado del juego, pues los ingleses piensan presionar al Comité Ejecutivo de la Fifa para que sancione al país del golfo pérsico y le quite el Mundial. Está por verse.

 

En fin, el Mundial recoge y responde a diversidad de intereses económicos, políticos, comerciales, y el que acaba de trascurrir en Rusia no fue la excepción. Es por ello que en su concreción los países sede se la juegan toda. En ello Rusia obtuvo un gran éxito, superando al realizado en Brasil cuatro años atrás. Además, este Mundial estuvo lleno de sorpresas, y de pollas fracasadas.

 

Publicado enEdición Nº249
George Soros, empresario e inversor estadunidense, en imagen de abril pasado

 

La política exterior de Alemania se clarifica conforme se profundiza la rivalidad geoestratégica de Estados Unidos (EU) contra el binomio de Rusia y China, impugnados de competidores por la otrora unipolaridad decadente de EU, como manifestó el secretario del Pentágono, James Mad Dog Mattis (https://goo.gl/8zxvs7).

Hace un mes abordé que Alemania aceleraba su acercamiento con China y, quizá, en forma subrepticia con Rusia, con base en el trascendental discurso del ministro alemán de Relaciones Exteriores y vicecanciller, Sigmar Gabriel (SG), en el Foro de Política Exterior de la Fundación Körber, de Berlín, donde “exhortó alejarse de EU e iniciar una política de superpotencia para Alemania basada en sus intereses (https://goo.gl/7Lu6qE)”.

Europa ya sabe lo que le espera de parte de la anglósfera, especificamente de Gran Bretaña, que ha declarado la tercera guerra mundial a Alemania a lo largo de un poco más de un siglo, esta vez mediante su perfidia geoeconómica y de disrupción centrífuga: desde su Brexit (destinado a socavar las entrañas europeas) hasta la ominosa advertencia de balcanización que le procura el agente nortrasatlántico y megaespeculador israelí-húngaro-estadunidense George Soros (https://goo.gl/VpvScD).

En medio de las negociaciones para integrar un gobierno de coalición con mayor visión europea entre el partido de la Unión Democracia Cristiana de la canciller Angela Merkel y el Partido Socialdemócrata, en una entrevista con Der Spiegel, Sigmar Gabriel expuso que el vacío que deja EU en el mundo está siendo llenado por Rusia y China (https://goo.gl/xbCP5C).

Llama la atención la taxonomía tripolar del mundo entre EU/Rusia/China, por el encargado de la política exterior de Alemania, máxima potencia geoeconómica de Europa, prácticamente empatada con Rusia, pese a las asfixiantes sanciones de “Occidente ( whatever that means)”, según la medición del PIB por su poder adquisitivo, de la CIA.

Der Spiegel titula la entrevista con una pregunta alusiva: ¿Qué sucederá cuando EU se retire?

Se infiere que el retiro de EU se centra en Europa y en otros teatros de batalla, debido al mantra del nacionalismo supremacista económico de Trump: EU primero.

Como sinopsis de la entrevista, Der Spiegel subtitula que Sigmar Gabriel urge (sic) a Alemania mostrar mayor atención al futuro de la Unión Europea (UE): advierte que no existen vacíos en la política internacional y que cuando EU se retire, Rusia y China irrumpirán. Siempre emerge la medición tripolar geoestratégica de Gabriel.

De aquí a 10 años, a juicio de Sigmar Gabriel, la política alemana será parte de una política exterior europea, ya que aun un país poderoso como Alemania no tendrá una voz en el mundo si no es parte de una voz europea.

Mientras la saliente canciller Angela Merkel, acorralada por la extrema derecha en las recientes elecciones, se encontraba en cuarentena funcional, ha sido el presidente francés, Emmanuel Macron, a quien le correspondió llevar la voz europea desde Gran Bretaña hasta su asombroso periplo a China.

Para Sigmar Gabriel los temas nodales de la política exterior europea deben definir no sólo los valores, sino también los intereses en los que Europa ha sido débil.

Sin abandonar los valores de “libertad, democracia y derechos humanos, Gabriel adopta la posición del politólogo Hertfried Münkler: si solamente se adoptan posturas normativas, y se enfoca únicamente en valores, no habrá éxito en un mundo donde los otros prosiguen implacablemente (sic) sus intereses. En mundo saturado de carnívoros, los vegetarianos sufren severos momentos.

A la crítica de Der Spiegel de que tal postura de dureza política no le ha servido de lección a Alemania, Gabriel comenta que en el pasado Alemania dependía de los franceses, los británicos (sic) y, en especial, de los estadunidenses para afirmar sus intereses en el mundo, pese a que Alemania siempre (sic) criticó a EU de ser el policía global, eso convenía a Berlín. No existe tal cosa que sea el vacío en política internacional y ahora que EU se retira, otras potencias inmediatamente marchan en su lugar.En Siria, son Rusia e Irán (¡supersic!). En política comercial es China, mientras Alemania no consigue nada, ni la diseminación de los valores europeos ni el avance de sus intereses.

Una notoria aclaración es que Europa no se puede defender sola (sic) sin EU, aun si las estructuras europeas fueran fortalecidas. ¡Pues vaya drama tan determinista!

Alemania, en particular, y Europa se hicieron umbilicalmente demasiado dependientes de EU que hoy, en la etapa de Trump, los amenaza con abandonar a la OTAN cuando todo el noratlantismo naufraga desde el Brexit hasta el trumpismo que irrumpieron en los dos países nucleares de la anglósfera.

Sigmar Gabriel invoca que no hay que subestimar que Alemania depende de su fortaleza económica, pero también es cierto que Moscú, Pekín y Washington (nótese la secuencia) tienen una cosa en común: no valoran para nada a la UE. La ignoran.

Der Spiegel replica que la visíón sobre la Alemania de Gabriel, con un pacifismo diferente a 70 años atrás, esmuy idílica, mientras Europa no parece muy robusta.

Gabriel admite que el estilo autoritario de la política ahora penetra en el mundo occidental, cuyo distintivo común es que coloca sus intereses nacionales por encima de la comunidad internacional. Pero, ¿cuándo no? ¿No ha sido siempre la cantaleta de EU, antes y con Trump, su interés nacional, de corte belicista?

Para Gabriel el mundo vive una era de competencia entre países democráticos y países autoritarios cuando estos últimos han empezado ya a ganar influencia en la UE y a dividirla. ¡Qué dicotomía más simplista!

Acepta que en Europa el desempleo juvenil es todavía muy elevado, sin haber resuelto el problema de las divisas cuando las condiciones de vida se apartan, por lo que los críticos fustigan que Europa se basa en un modelo anticuado.

Se pregunta la razón por la cual Europa no construye infraestructura en lugar de dejársela a los chinos y no haya tenido éxito en promover el desarrollo económico de los vecinos en los Balcanes, en lugar de ceder (sic) esos países a la creciente influencia rusa.

En el mundo inconfortable de hoy Europa no puede más sentarse atrás y esperar a EU”.

En forma implícita, Gabriel percibe la tripolaridad (China/Rusia/EU) del planeta, sin Europa, en su fase presente.

Confiesa que la verdad es que ha existido una Europa de varios carriles con diferentes objetivos, en especial, entre su parte occidental y oriental.

En la parte oriental europea, China gana en forma continua mayor influencia, debido a que es el único (sic) país del mundo que tiene una real estrategia geopolítica. Exagera porque también Rusia la tiene.

Gabriel admite que fue un error el centrismo economicista alemán –más bien ultrafinancierismo monetarista– del ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, que descarriló la visión europea.

La exitosa fórmula del bautizo europeo entre el general De Gaulle y el canciller Adenauer sirve de inspiración a la superviviente colaboración de Macron y Merkel bajo el espíritu unificador de Carlomagno de hace 14 siglos.

 

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Foto del director de cine Sergei Eisenstein

 

Conocido como el padre del montaje, su película ‘El acorazado Potemkin’ (1925) está considerada una obra maestra de la historia del séptimo arte

 

El polifacético Sergei Eisenstein ha pasado a la historia por su maestría en las filmaciones y, sobre todo, por su teoría del montaje en un momento en el que el cine apenas contaba con un par de décadas de existencia. Sin embargo, el vanguardista director también destacó por sus amplios conocimientos de arte, estudió ingeniería y hablaba francés, alemán e inglés.

Todo ello contribuyó a que a pesar de su escasa filmografía —que no llega a 20 películas y algunas de ellas inacabadas—, su obra siga vigente y se continúe revisando con asiduidad por sus aportaciones e influencias en el rodaje, la escenografía, y el montaje en el cine europeo y americano.

Sergei Mijailovich Eisenstein nació en Riga, capital de la actual Letonia y por aquel entonces ciudad del Imperio Ruso, el 22 de enero de 1898. Hijo de padre judío y de madre eslava, desde muy pequeño destacó por su facilidad y precisión por el dibujo, don que lo llevó en 1914 a ingresar en la Escuela de Arquitectura de San Petersburgo. En ella permaneció tres años, ya que en 1917, año de la Revolución de Octubre, el futuro arquitecto dio un giro a su orientado porvenir.

Atraído por la revolución marxista y convencido de sus ideales y de que con el arte podría ser útil a la revolución, Eisenstein se alistó en 1918 en el Ejército Rojo, donde entró en contacto con el teatro al trabajar como responsable de decorados y como director e intérprete de pequeños espectáculos para la tropa. Desmovilizado en 1920, se instaló en Moscú con la idea de aplicar su habilidad pictórica a la escenografía teatral.

Fue sin duda su experiencia como director de escena del Teatro Obrero (1920) lo que lo impulsó a estudiar dirección teatral en la escuela estatal. Sin embargo, cuando tenía 25 años Eisenstein puso fin a su carrera teatral tras un fracaso en el montaje de la obra Máscaras de gas, en el que, según sus palabras, “el carro se rompió en pedazos y el conductor se cayó de cabeza”. Este incidente lo hizo abandonar el teatro y centrarse en el medio que le dio prestigio internacional, el cine, en el que fue un pionero del uso del montaje, ya que para él, la edición no era un simple método utilizado para enlazar escenas, sino un medio capaz de manipular las emociones de su audiencia.

Su primer contacto con el cine fue el rodaje de un pequeño cortometraje incluido en la obra teatral El sabio, que llevaba por título El diario de Glomow. Tal fue su interés por el nuevo medio artístico que, en 1924, rodó el largometraje La huelga, con una famosa secuencia en la que utilizó imágenes de ganado sacrificado en el matadero intercaladas con otras de trabajadores fusilados por soldados zaristas.

 

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Sergei Eisenstein

 

 

La única copia que había de la película la incautó la censura y no se pudo volver a distribuir hasta después de su muerte, aunque llegó a ser exhibida en Europa y obtuvo el premio en la Exposición Internacional de París en 1925.

Desde ese momento el joven Sergei dedicó gran parte de su trabajo a investigar sobre el montaje. Posteriormente desarrolló su propia teoría, algo que tendría una gran influencia en los directores europeos y de Hollywood y que aún continúa vigente.

Sergei Eisenstein no solía utilizar actores profesionales en sus montajes porque el argumento de sus obras iba dirigido a cuestiones más amplias de la sociedad, especialmente a los conflictos de clases. Sus actores, por tanto, eran en la mayoría de los casos personas sin entrenamiento en el campo dramático y provenían de ámbitos sociales adecuados para cada papel.

Con una sola película rodada, el joven director recibió el encargo de rodar la conmemoración de la Revolución de 1905, y la que se convertiría en la obra más célebre de su carrera y una de las mejores de la historia del cine: El acorazado Potemkin (1925). Para entonces la expectación ya era grande porque había dotado de cobertura intelectual al recién nacido espectáculo de masas que era el cine. En la película, la escena del amotinamiento en el barco y la vertiginosa escena de acción de la escalinata constituyen hitos del lenguaje cinematográfico y uno de los mayores logros del cine mudo.

 

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Cartel de la película muda 'El acorazado Potemkin', de 1925, dirigida por Sergei Eisenstein

 

El acorazado Potemkin dio a conocer su nombre en todo el mundo y posiblemente sea la película sobre la que más se ha escrito en toda la historia del cine. El guión fue escrito para una película de ocho episodios, pero al rodar el capítulo dedicado al motín del acorazado Eisenstein decidió centrar la película en ese episodio. Para ello buscó a los supervivientes de la masacre y localizó los dibujos de un francés que había sido testigo de lo ocurrido. Gracias a una serie de experimentos técnicos (pantallas reflectantes, fotografía desenfocada y plataformas móviles entre otros) los resultados fueron asombrosos.

Eisenstein rueda su película en 1.290 planos combinados con genial maestría mediante un montaje rítmico, ya que considera innecesarios los movimientos de cámara, y solo realiza varios travellings. En El acorazado Potemkin destaca la escena de la escalinata, con 170 planos, en la que el pueblo es brutalmente agredido por las fuerzas zaristas y donde crea un ‘tempo’ artificial que hace que la secuencia dure casi seis minutos. La película, con una espléndida fotografía en la que la masa se convierte en la auténtica protagonista de la obra, acabará por ser considerada la primera obra maestra del cine.

Tras esta gran película realizará dos trabajos más, la genial Octubre (1927), en la que narra los sucesos del asalto al Palacio de Invierno durante la Revolución rusa de 1917, y La línea general (también conocida como Lo viejo y lo nuevo), película sobre la reforma agraria, aunque por los cambios en la Unión Soviética tuvo que modificar su guion en varias ocasiones. En estas dos obras Eisenstein volvió a experimentar con un nuevo lenguaje a través de las imágenes, pero por su complejidad no llegaron a ser muy bien comprendidas en su época.

En ese momento, Sergei Eisenstein empezó a tener serios problemas con la censura soviética, que lo llevaron a viajar a Europa en 1930 para investigar sobre el sonido y a firmar después un contrato con la Paramount y trasladarse a Estados Unidos, donde llegaría a cobrar hasta 900 dólares a la semana.

Lo que Eisenstein llevaba de bagaje cuando llegó a Hollywood era tres películas: La huelga, El acorazado Potemkin y Octubre, algo más que suficiente para que el mismo Hitler, tras llegar al poder en Alemania, lo hubiera puesto como ejemplo por su practicidad marxista para copiarlo en el cine nazi de adoctrinamiento.

Sin embargo, el consagrado Eisenstein no consiguió el permiso de residencia en Estados Unidos ni poner en marcha ningún proyecto, por lo que decidió viajar a México. Nada más llegar al país fueron encarcelados tanto él como sus dos ayudantes de dirección, todos rusos, pero gracias a la intervención de un amigo español el panorama cambió hasta el punto de que lo nombraron en huésped de honor. Inició en el país centroamericano la producción ¡Que viva México!, en la que experimentó diferentes montajes, aunque no pudo acabarla al quedarse sin patrocinador.

Tras su mala experiencia como cineasta en el exilio, Sergei regresó a la Unión Soviética, donde continuaron las dificultades para desarrollar su trabajo, así que decidió dedicarse a la redacción de textos teóricos mientras desde el poder se atacaba tanto su obra como su persona. Pese a ello, rodó Alexander Nevski (1938), su primera película sonora y con la que ganó el Premio Stalin.

En 1943 inició, con el rodaje de Iván el Terrible, un ambicioso proyecto biográfico concebido como trilogía sobre a la figura del zar Iván IV de Rusia, pero el régimen soviético interpretó la obra como una denuncia a la personalidad de Stalin y prohibió la segunda parte -después de haber conseguido otro Premio Stalin con la primera- hasta la muerte del dictador en 1953, cinco años después del fallecimiento del propio director cinematográfico. Tras esa decisión Eisenstein no rodó ni la tercera parte ni ninguna película más.

Sergei Eisenstein, que plasmó sus estudios en obras como Teoría y técnica cinematográfica, La forma en el cine, Reflexiones de un cineasta y La realización cinematográfica, entre otras, murió el 11 de febrero de 1948, a los 50 años, tras sufrir una gran hemorragia a raíz de un infarto.

La genialidad artística de Eisenstein, su teoría del montaje y sus enseñanzas en el lenguaje cinematográfico, no solo contribuyeron en su momento a la mayoría de edad del cine, sino que siguen vigentes hoy en día como una referencia e influencia muy clara en los grandes directores.

 

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Putin y Trump en su reunión del G-20 en julio. EFE

 

En su primer año en la Casa Blanca, el presidente de EEUU se estrelló con la realidad de las diferencias estratégicas entre ambos países

“Al igual que un buen agente, Putin maneja a Trump con cuidado como un activo potencialmente valioso, ya que Trump sigue señalando que podría estar abierto a una gran negociación con Rusia”, opina Vladímir Frolov

 

El primer año de la presidencia de Donald Trump, dejó la relación entre Rusia y Estados Unidos peor que en los tiempos de Obama. Las promesas del magnate neoyorquino sobre “enmendar” el vínculo entre las dos potencias, se esfumaron antes de que pusiera un pie en la Casa Blanca.

El Kremlin no perdió las esperanzas, pero sabe que el establishment de Washington juega en contra de mejorar las relaciones. El diálogo con la OTAN, las sanciones contra Rusia, la guerra en Siria y el conflicto en Ucrania, que constituían los principales desafíos de la agenda internacional, solo sirvieron para profundizar las diferencias.

El deterioro del vínculo comenzó en diciembre de 2016, semanas antes de que Donald Trump jurara su cargo. La CIA y el FBI hicieron público un informe sobre la presunta injerencia de Moscú en la campaña de las elecciones presidenciales para beneficiar al empresario. Estaba respaldado con algunos indicios pero pocas pruebas contundentes. Muy pronto el Departamento de Justicia inició una investigación sobre una posible colaboración entre el círculo de Trump y el Kremlin. A causa de un contacto en la campaña con el embajador ruso en Washington, el fiscal general, Jeff Sessions, decidió recusarse más tarde sobre cualquier asunto de esa investigación, lo que provocó la furia de Trump y el distanciamiento entre ambos.

Unos semanas después, Trump perdió a su consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, que dimitió tras haber confesado que ocultó un encuentro con el embajador ruso en Washington días antes de que Trump asumiera su cargo.

Trump inició su Administración asediado por las sospechas de la colaboración rusa, y en condiciones que le dejaban poco margen para reencauzar el vínculo. Le resultó imposible rectificar la decisión de echar a una treintena de personal ruso de la embajada que tomó Obama antes de concluir su mandato.

El Kremlin negó cualquier intervención durante las eleciones presidenciales de Estados Unidos, se cuidó de criticar directamente a Trump, y apuntó todos sus dardos contra el establishment de Washington, a quien acusaba de seguir pensando con la mentalidad de la guerra fría.

 
Los generales de Washington


Lo cierto es que las posiciones antirrusas también surgieron del propio Gabinete de Trump. Primero con el peso que ganó el secretario de Defensa, el general retirado James Mattis, y luego con el nombramiento de otro exgeneral, H.R. McMaster, para sustituir a Flynn al frente del Consejo de Seguridad Nacional.

Mattis y Master son dos militares conservadores, cuyo punto de vista difiere del expresado por Trump, sobre todo respecto a Rusia. Desde su desembarco en el gobierno, ambos han marcado el pulso de la política exterior de Washington en asuntos cruciales como la guerra de Siria, el conflicto de Ucrania y el reforzamiento de la OTAN frente a Moscú.

La revista The New Yorker resumía así su influencia: "En menos de tres meses en el cargo, Trump denunció el apoyo de Rusia a Siria, reafirmó el compromiso estadounidense con la OTAN y abrazó a China, a quien previamente había acusado de manipular su moneda".

El 29 de junio, James Mattis se presentó en la sede de la OTAN en Bruselas y no dejó dudas sobre el desafío que representa Moscú. Ante los demás ministros de Defensa, señaló que las principales amenazas que enfrentaban eran Rusia y el terrorismo (en ese orden).

Cuando Trump cumplió sus primeros seis meses en la Casa Blanca, las esperanzas rusas de un acercamiento entre las dos potencias comenzaron a evaporarse. Uno de los pocos recursos que aún consideraba el Kremlin era el esperado encuentro cara a cara entre los dos presidentes.

La reunión se produjo a principios de julio dentro del G-20 en Hamburgo. Dos horas de reunión en un marco generalizado de histeria. Los dos presidentes exhibieron la química que habían expresado en conversaciones telefónicas previas, sobre todo por parte de Trump, que había elogiado en la campaña al presidente ruso.

El encuentro se limitó a un anuncio de un alto el fuego simbólico en Siria y la promesa de abordar la crisis del sur este ucraniano, pero algunos medios, sobre todo rusos, renovaron las expectativas de un entendimiento.

Un mes más tarde, la realidad volvió a imponerse. Contra su voluntad, Trump aprobó un duro paquete de sanciones contra Rusia, acordado por demócratas y republicanos en el Congreso como respuesta a la supuesta injerencia rusa. Trump afirmó en Twitter que la relación se encontraba en “el peor y más peligroso nivel” y acusó a los congresistas de perder el tiempo con ese tema cuando deberían estar anulando la reforma sanitaria aprobada en tiempos de Obama.

A lo largo de todo el año, Trump insistió que sólo los estúpidos y los miserables podían negar que era conveniente tener mejores relaciones con Rusia: "Quiero solucionar Corea del Norte, Siria, Ucrania y el terrorismo, y Rusia puede ser de gran ayuda".

 
Siria y Ucrania profundizan las diferencias


Los segundos seis meses de la Administración de Trump, no fueron mejores para la relación con Rusia. Sobre todo, por los desencuentros en torno a la guerra en Siria y el conflicto en Ucrania.

En el primer caso, Washington y Moscú libraron cada uno su propia batalla sin ningún tipo de alianza ni colaboración. Cada uno respaldaba a bandos diferentes. Ambos atacaron a ISIS hasta su eliminación como fuerza combatiente, pero sin coordinación.

“No existe una agenda común en Siria y no hay confianza ni cooperación para evitar colisiones aéreas directas”, afirma Fiodor Lukianov, director del Club Valdái, el principal órgano de discusión política de Rusia.

 

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Bashar al Asad y Vladímir Putin, en una reunión en Sochi. PRESIDENCIA DE RUSIA

 

Tampoco existe una agenda común ahora que la guerra se acerca a su fin. En la última reunión del año que se celebró en Astaná, el enviado del Kremlin para Siria, Alexander Lavrentiev, afirmó que “cualquier razón citada por los estadounidenses para justificar su presencia militar (en Siria) son solo excusas”, y su presencia “debe concluir”.

Washington no está planeando ninguna salida. En los últimos días de diciembre, Mattis afirmó que las fuerzas militares estadounidenses permanecerán en Siria “mientras los combatientes del Estado Islámico quieran combatir, y para prevenir el regreso de un ISIS 2.0”.

Para Lukianov, la guerra en Siria ha demostrado que “no hay relación entre Moscú y Washington, como mucho mutua cautela”. Durante el primer año de la gestión de Trump, “Rusia se convirtió en un asunto de política interna en Estados Unidos, y las pocas posibilidades de una mejora en las relaciones finalmente desaparecieron”.

La crisis en Ucrania ha seguido un derrotero similar. Las diferencias comenzaron en junio cuando Washington eligió al halcón Kurt Volker como representante para las negociaciones con Rusia. Volker había sido asesor del senador de Arizona, John McCain, enemigo declarado de Putin y después embajador en la OTAN. En una comparecencia en el Senado, Volker había declarado que Rusia buscó “derrumbar el orden de Europa postguerra fría redefiniendo los límites fronterizos a través de la fuerza militar”.

A poco de asumir su cargo, Volker planteó en una entrevista en BBC la idea de proveer armamento a las Fuerzas Armadas de Ucrania. Rusia reaccionó enseguida: el presidente Putin afirmó que “entregar armas a una zona en conflicto no conduce a la paz, sino que agrava la situación”, y advirtió que las fuerzas del Donbás (este de Ucrania) “podrían enviar las armas que ellos tienen a otras zonas en conflicto”.

En septiembre, Rusia propuso al Consejo de Seguridad desplegar una fuerza de la ONU en la línea de separación entre el Ejército de Ucrania y las milicias prorrusas del Donbás. La oferta quedó en el aire cuando Washington respondió que el despliegue debería ser en la frontera entre Rusia y Ucrania. Una propuesta imposible de digerir para el Kremlin, que vería impedida su única vía para abastecer directamente al Donbás.

Finalmente, en la víspera de Nochebuena, el Pentágono confirmó la decisión de entregar armas a Ucrania. Días después, Moscú anunció que enviará a la península de Crimea dos unidades del sistema antimisiles S-400.

“Con la decisión de Estados Unidos de vender armamento letal a Kiev, se consiguió empeorar la relación comparado con los años de Obama”, afirma Vladímir Frolov, uno de los analistas de política internacional más consultados de Rusia. “Lo único que conserva algo de potencial para Moscú es la idea de los pacificadores (de la ONU), pero el Kremlin deberá decidir si ha tenido ya suficiente con el Donbás o si quiere una salida que le permita salvar la cara”, agrega.

En general, “la relación empeoró, no se acuerda en nada importante, y ambos países siguen viéndose como adversarios estratégicos”, concluye Frolov.

 

Las esperanzas del Kremlin en Trump


Aunque es evidente que el vínculo se deterioró con Trump, el Kremlin se ha mantenido en la misma posición de concentrar sus reproches exclusivamente contra el Congreso de Estados Unidos y la élite de Washington. Según Frolov, no es casual: “Al igual que un buen agente, Putin maneja a Trump con cuidado como un activo potencialmente valioso, ya que Trump sigue señalando que podría estar abierto a una gran negociación con Rusia”.

De todas maneras, no habría que esperar demasiado: “La nueva doctrina de seguridad nacional es un triunfo de los escépticos de Rusia en Washington”.

 

 

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El fuerte frío provoca que a las personas que habitan la zona o están de visita se les congelen las pestañas.

 

El pueblo siberiano Oymyakon ostenta el título del más frío del mundo. En esta localidad rusa la duración de la luz solar en invierno es de solo tres horas, mientras que en verano alcanza las 21.

Desde 1926, Oymyakon tiene el récord histórico de -71,2 grados celsius, la temperatura más baja registrada en el hemisferio norte.

La historia de este pequeño pueblo de solo 500 habitantes se remonta a los años 1920-30, cuando servía de parada a los pastores de renos que aprovechaban su fuente termal para regar a sus rebaños.

El nombre de Oymyakon proviene del río, que a su vez tiene su origen en la palabra “kheium”, que significa “parcela de agua no congelada, lugar donde los peces pasan el invierno”. Otras fuentes defienden la teoría de que el nombre de Oymyakon viene de la palabra “heyum” que significa “lago congelado”.

 

En video, el pueblo más frío de la Tierra
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La diplomacia de EU, Rusia y China ha evitado una guerra nuclear en la península coreana

 

Son pocas las buenas noticias, como el plausible diálogo de las dos Corea bajo el espíritu olímpico de invierno, en medio del profundo caos global provocado por la decadencia de EU y el clásico llenado de sus vacíos geoestratégicos por Rusia y China (https://goo.gl/CuAiv3).

Vale la pena escuchar las declaraciones de los tres mandatarios supremos del planeta en referencia a la distensión de las dos Corea y al arranque de sus negociaciones después de dos años de parálisis –curiosamente: un año que correspondió a Obama y otro a Trump.

Llama profundamente la atención que los geoestrategas chinos y rusos admitan en forma realista el rol primordial de EU que, por lo menos, no ha torpedeado el espectacular acercamiento entre Pyongyang y Seúl, cuya reunión desembocó en varios notables acuerdos: la participación de Norcorea en los Juegos Olímpicos del 9 de febrero en Sudcorea a 38 kilómetros de la transfrontera; el aplazamiento de los ejercicios militares conjuntos de Sudcorea y EU; y el cese de pruebas nucleares y misilísticas de Norcorea.

A juicio de Wang Sheng –profesor de la Universidad Jilin– “Norcorea siguió el objetivo de probar armas nucleares y misiles como moneda de cambio (bargaining chip) para forzar a EU a negociar” (https://goo.gl/Uf5t8U).

Wang Sheng aduce que Norcorea, atrapada en un aislamiento diplomático bajo durezas económicas, busca mejorar las relaciones con Sudcorea para obtener beneficios economicos. A su juicio, la suspensión del desarrollo nuclear armamentista de Sudcorea evita el riesgo de una guerra de EU.

Wang Sheng alaba el “éxito de la política del lúcido mandatario sudcoreano Moon Jae-in de cooperación pacífica con Norcorea y comenta que el resultado del diálogo intercoreano debe ser visto como la versión experimental del congelamiento por otro congelamiento –que justamente impulsaron China y Rusia.

En su novena llamada por teléfono al presidente sudcoreano –quien a sus 64 años ha resultado un estupendo estadista–, Trump manifestó estar abierto a charlas directas (¡mega-super-sic!) con Norcorea en el momento apropiado, bajo las circunstancias adecuadas.

El mandatario sudcoreano también expresó su disposición a reunirse con su homólogo norcoreano cuando se cumplan las condiciones.

Dejo de lado las amenazas de The Wall Street Journal (08/01/18) y la estrategia de nariz sangrienta de golpes militares limitados contra Norcorea por EU.

Por su parte, el mandarín chino Xi Jinping también habló por teléfono con el presidente Sudcoreano y expresó su pleno apoyo al diálogo intercoreano, así como a su reconciliación y cooperación (https://goo.gl/imMKS5).

El zar Vlady Putin afirmó que el mandatario norcoreano Kim Jong-un obviamente (sic) ganó este round y comentó que Kim era un político hábil y maduro” a sus 34 años.

A juicio del zar Vlady –uno de los máximos geoestrategas del siglo XXI junto al mandarín Xi Jinping–, Kim Jong-un completó su objetivo estratégico: posee el arma nuclear, tiene misiles de alcance global (¡mega-súper-sic!), hasta de 13 mil kilómetros que pueden alcanzar casi cualquier punto del planeta. Putin refirió además que el mandatario norcoreano desea tranquilizar la situación.

El zar Vlady es todavía más hábil al puntualizar los alcances misilísticos de Norcorea, sin citar obviamente a Estados Unidos (https://goo.gl/9iPYWq).

Quizá la muy capaz diplomacia rusa, que sabe calibrar los alcances misilísticos retóricos de Trump, haya aconsejado al juvenil mandatario norcoreano de que había llegado el tiempo de negociar con sus hermanos de Sudcorea, lo cual puso en desventaja las fanfarronadas de Trump, quien había amenazado borrar de la faz de la tierra a Norcorea.

Cada vez se asienta más la deliberada doble personalidad disociativa de Trump –quien un día opera como el bondadoso doctor Jekyll y otro día como un transformado maldito Hyde después de haber ingerido su poción bélica–, para confundir a su contraparte cuando estira la liga al máximo para negociar en óptimas condiciones y luego ceder en el punto idóneo después de haber obtenido un mínimo de concesiones, de acuerdo a su manual El Arte de Negociar (https://goo.gl/ZPtDvR).

Después de haber recibido a la primer ministro de Noruega Erna Solberg, Trump declaró sorprendentemente que colaborar con países, sea Rusia, (sic) o China (sic) o India (nótese la secuencia), o cualquiera de los países que rodean este mundo, es una muy buena cosa. No es una mala cosa.

Dejo de lado el primitivismo lingüístico de Trump, pero no deja de inquietar su perturbador maniqueísmo donde no caben ni matices ni sutilezas.

El analista Jin Xiangdong, de la Universidad Xiamen, arguye que para la erradicación total de las tensiones en la península coreana se requiere la voluntad de EU que no está interesado en acabar con las tensiones: “ninguna de las partes desea iniciar una guerra, incluyendo EU. Sin embargo, la paz (sic) en la península coreana no se encuentra en la agenda de Washington, puesto que, en ese caso, EU perdería el pretexto de consolidación con sus aliados, Sudcorea y Japón, contra China, por lo que no habría justificación alguna para la presencia de EU en Sudcorea, además de que EU perdería un inmenso mercado de venta de armas si se resuelve la crisis (https://goo.gl/ZREXWd)”.

Tal es el flagrante caso de la venta del sistema misilístico balístico de defensa (THAAD, por sus siglas en inglés) por EU a Sudcorea, obligada a comprar por mil millones de dólares.

Cada crisis candente y/o mayúscula, como el contencioso de la península coreana, tiene su propia resolución y sus propios actores, en diferentes sincronías y circunstancias geopolíticas.

A reserva de conocer los detalles que empujaron a dialogar a las dos Corea, dada la situación imperante de caos global que legó Obama y que exacerbó Trump,

Es notorio que la participación in extremis de China y Rusia evitaron que Trump apretara el botón nuclear que alardeó ser de mayor tamaño que el de su contrincante retórico de Norcorea.

Insisto: pese a las jeremiadas de Trump, todavía no emprende la guerra que ha marcado en fechas recientes a cada presidente de EU.

El peligro de una guerra con sello trumpiano es probable que se deba a dos consideraciones: las fuertes presiones de su yerno talmúdico Jared Kushner, ligado al eje de Bibi Netanyahu/Sheldon Adelson, para librar una guerra contra Irán; y la descomposición doméstica que le obligue a buscar una justificación bélica para sortear tanto la elección de noviembre como sus avatares judiciales y legislativos (https://goo.gl/CXVEoi).

La “colaboración (Trump dixit)” de las tres superpotencias –EU/Rusia/China– ha llevado a la distensión (détente) en la península coreana y puede servir de modelo de aplicación en otros frentes cuando y donde colisionen sus intereses, en sus esferas de influencia.

Queda enterrado el difunto formato hexapartita cuando la bilateralidad de las negociaciones entre las dos Coreas han sido lubricadas por el esquema tripolar, donde quedó marginada la belicosa Japón.

Hasta hoy la diplomacia tripolar de EU/Rusia/China ha evitado una guerra nuclear en la península coreana.

 

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Sábado, 18 Noviembre 2017 08:02

Cincuenta y dos segundos

Cincuenta y dos segundos

 

Rusia y Estados Unidos, que tienen los arsenales nucleares con mayor capacidad de devastación, siguen sin poder pasar página a su desencuentro –por momentos casi ruptura–, que más allá de cualquier pretexto obedece a la intención de sacar beneficios a costa del otro.

Así lo confirmó el reciente fiasco de la esperada reunión en Vietnam de los presidentes ruso, Vladimir Putin, y estadunidense, Donald Trump, la cual no se llevó a cabo, a pesar de que Moscú la daba por segura. Más grave resultó que la Casa Blanca la canceló de modo brusco y humillante para el Kremlin, cuyos portavoces llevaban días anticipando que los mandatarios se disponían a buscar soluciones para Siria, Corea del Norte, Ucrania y otras grandes controversias de la agenda mundial.

A final de cuentas, como notable y único éxito, se dijo que los presidentes acordaron una declaración conjunta sobre Siria, que las respectivas cancillerías aprobaron tres días antes del esperado encuentro de Putin y Trump y que, en sentido estricto, es de carácter ambiguo: frases correctas que a nadie obligan a reconsiderar sus propios planes, antagónicos, para el futuro del país árabe.

No sorprende que poco después de difundir la declaración –presentada aquí como testimonio de que no todo está mal entre Moscú y Washington–, el Ministerio de Defensa de Rusia no encontró nada mejor que acusar al Pentágono de bombardear a tropas leales al gobierno sirio con imágenes sacadas no de un satélite militar, sino de un videojuego (los responsables admitieron la pifia, atribuyéndola a una simple confusión). Tampoco es raro que Estados Unidos obligara al canal de televisión ruso RT America a registrarse como agente foráneo, lo que establece limitaciones a su trabajo y tendrá una respuesta similar en Rusia contra medios financiados por Washington.

Para salvar la cara y consumo interno, algún funcionario ruso que no ha reclamado los derechos de autor se inventó el concepto de reunión de pie, con lo cual el Kremlin quiso demostrar a su auditorio que el encuentro de Putin y Trump sí tuvo lugar, aunque por problemas de agenda no pudieron mantener conversaciones amplias y formales, sentados en cómodos sillones.

La fórmula hizo dudar incluso a los periodistas que integran el pool presidencial y uno de ellos, admirador abierto de Putin, llegó a publicar que ese encuentro tuvo una duración de apenas 52 segundos. Después el titular del Kremlin minimizó la suspensión de la reunión con su homólogo estadunidense por errores del personal que se encarga de coordinar los asuntos de protocolo, aunque reconoció que la relación bilateral atraviesa por una profunda crisis.

La mejoría en realidad no depende de cuánto dure la siguiente reunión de los presidentes. El problema es que la Casa Blanca ya no define la política hacia Rusia: es el Congreso el que marca la pauta y, mientras no levante sus severas restricciones legislativas, es previsible que se mantendrá –si es que no se incrementa– la tensión entre Moscú y Washington.

 

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Vladimir Putin habló sobre el Día de la Unidad Nacional ayer en el Kremlin

 

En la fase de postverdad, fake news y guerra de propaganda, hoy las noticias transcendentales son deliberadamente boicoteadas por la prensa libre (sic) de Occidente, como sucedió con la geoestratégica visita de un solo día del zar Vlady Putin a Irán.

¿Responde el zar ruso a la otra trascendental gira asiática de Donald Trump?

A mi juicio, la intempestiva visita del zar a Irán forma parte de los tres vectores que ha lanzado Rusia en el gran juego de ajedrez de inicios del siglo XXI que definirá el nuevo orden mundial: imperativa y necesariamente multipolar, y óptimamente tripolar.

Los otros dos vectores que ha lanzado Rusia son: 1. La consolidación de su dominio costero a lo largo del polo Ártico (https://goo.gl/hi3QfC): la región más cercana para contrarrestar un ataque nuclear de EU que todavía aplica con Trump, y desde Nixon/Kissinger, la teoría del loco (https://goo.gl/6tejM5); y 2. El retorno de Rusia al océano Índico (https://goo.gl/B3B7ZG) para neutralizar la unilateral operabilidad marítima de EU y sus aliados.

Para el geoestratega ruso Andrew Korybko, del portal OrientalReview.org, el impactante acuerdo energético de Rusia e Irán por 30 mil millones de dólares mató cuatro pájaros de una sola piedra (https://goo.gl/FYcQtx) que cumplen los grandes objetivos estratégicos de Moscú, que se posiciona como la suprema fuerza de equilibrio en el supercontinente (sic) euroasiático, lo cual acelera la transición a un orden mundial multipolar.

A juicio de Korybko, el colosal acuerdo energético entre Rusia e Irán –donde brilló la habilidad de la diplomacia energética de Igor Sechin, gran aliado del zar y mandamás de Rosneft– no hubiera sido posible de no haber sido por el miedo (sic) que Trump produjo en los inversionistas occidentales para invertir en Irán que fue empujado a los brazos de Rusia.

Las cuatro jugadas maestras son:

1. El gasoducto tripartita trans-azeri de Rusia/Irán/Azerbaiyán en el Mar Caspio. El zar se reunió en una cumbre tripartita de los países ribereños del Mar Caspio en Teherán con los presidentes de Irán, Hasan Rouhani, y Azerbaiyán, Ilham Aliev.

2. El inicio de la construcción por Rusia del impensable gasoducto tripartita IPI Irán/Pakistán (¡supersic!) /India (¡mega-sic!) de mil 200 km. Al respecto, el analista Tom Luongo considera que este proyecto clava una daga de 20 años a los esfuerzos (sic) de la política exterior de EU para bloquearlo (https://goo.gl/Nn8AVB).

3. Neutralizar a Irán como competidor en el mercado europeo y 4. Tranquilizar a Irán sobre el acercamiento de Rusia y Arabia Saudita (AS).

Si las sanciones de Trump contra Irán, azuzadas por su yerno, el israelí-estadunidense Jared Kushner –gran aliado del premier Benjamin Netanyahu–, acercaron a Rusia con Irán, las otras sanciones selectivas de EU contra Moscú han acercado a Moscú con Alemania y Francia.

El portal libanés LorientleJour.com, muy cercano a Francia, juzga que Rusia e Irán, otrora antagonistas (https://goo.gl/Sr69a2), operaron un neto acercamiento debido a intereses geopolíticos comunes, donde la construcción de plantas nucleares juega un papel preponderante.

Por lo pronto, Rusia ha iniciado la construcción de dos plantas nucleares en Irán por 10 mil millones de dólares (https://goo.gl/raoB4S), lo cual no obsta para que la gran habilidad de judoca del zar Vlady, mediante la estatal rusa Rosatom, se interese en construir la infraestructura nuclear de AS de 16 plantas nucleares (https://goo.gl/MNb3Ua).

El feroz analista Luongo exclama que Trump debe aprender a no jugar ajedrez contra los persas (https://goo.gl/s7rJrL) cuando el presidente Hassan Rouhani puso en ridículo al gobierno de Trump al haber rechazado una cumbre secreta (¡megasic!) en la ONU con la intermediación del presidente galo Emmanuel Macron, lo que significa que Irán no teme a EU. Le faltó agregar que tampoco a Trump ni a Jared Kushner ni a Netanyahu.

Tan no teme la teocracia chiíta persa las bravatas de cantina barata de la tripleta Trump/Kushner/Netanyahu (https://goo.gl/zCSYwV) que alardea poder aislar a EU, con la ayuda de Rusia (¿y China?) y una fórmula de alfombra voladora: desprenderse de sus transacciones en dólares (https://goo.gl/4kprN2). Esta temeraria advertencia persa, que no amenaza, llama mucho la atención a quienes conocen la vulnerabilidad del sistema financiero de Irán, que se encuentra totalmente aislado de los intercambios con la banca estadunidense y europea.

¿Utilizará Irán la plataforma de la banca de Rusia, China e India, y quizá de Europa, para implementar su osadía geofinanciera? Sea lo que fuere, el verdadero talón de Aquiles de EU ha quedado al descubierto: su frágil dólar.

El Supremo Líder iraní, Ayatolá Jamenei, desea ir lejos en la cooperación geoeconómica con Rusia a grado tal de proponer el asombroso eje del puerto de Chabahar (en el Golfo de Omán/Mar Arábigo) al puerto de San Petersburgo. ¡Suena fascinante el eje Chabahar/Mar Caspio/San Petersburgo, como complemento de la Ruta de la Seda china!

Zeina Karam, de Ap, presunta agencia de la CIA, analiza desde Beirut –curiosamente reportado por The Times of Israel– cómo Putin se posiciona como el intermediario en el Medio Oriente mientras EU retrocede (https://goo.gl/39JiR8).

A juicio del lúcido analista británico Alastair Crooke –anterior agente del MI6 y asesor del ex canciller de la Unión Europea, Javier Solana–, EU e Israel perdieron sus guerras en Siria e Irak y, de paso, también fracasaron en balcanizar el Kurdistán en el norte de Irak (https://goo.gl/pMLPii), lo cual en su conjunto favoreció a Rusia y a Irán (https://goo.gl/FkFXm6).

Según Crooke, asistimos a la disolución del orden (sic) mundial estadunidense y, después de la derrota de Israel ante Hezbolá en 2006 en Líbano, califica al triunfo en Siria como “un histórico punto de inflexión (“ game changer”) de mayor magnitud”.

El momento unipolar de los neoconservadores straussianos de EU (sin Rusia ni China) se desplomó y el proyecto del nuevo Gran Medio Oriente de los Bush (padre e hijo) quedó archivado con la intervención rusa en Siria, que provocó nuevas contigüedades en la región con el triunfo del C4+1 –Creciente Chiíta entre Irán/Irak/alawitas sirios/Hezbolá libanés más Rusia (https://goo.gl/ZKN3CX): la frontera entre Irak e Irán esta abierta; se abrió la frontera entre Siria e Irak; se abre la ruta comercial directa entre Irak y Turquía; y está abierta la frontera entre Siria y el Líbano. ¡Emergió toda una masa crítica de nueva configuración geopolítica! Y eso que Crooke no expone el eje vertical de Chabahar/Mar Caspio/San Petersburgo.

Las reverberaciones telúricas de la visita del zar Vlady Putin a Irán tuvieron un efecto inmediato con la renuncia de Saad Hariri, premier libanés nacido en AS, mientras Netanyahu prepara su enésima guerra fronteriza: esta vez contra Irán, en los teatros de Siria y Líbano.

Lo ideal para la dupla Netanyahu/Kushner es que sea Trump quien libre la guerra de Israel contra Irán hasta el último soldado estadunidense (sic).

Nada más que ahora EU no podrá navegar más solo con la presencia rusa en el horizonte.

 

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El presidente estadounidense Donald Trump y su par iraní Hassan Rohani

 

En el más puro estilo pugnaz/ bluffista de Trump –quien ha abierto gran cantidad de frentes a escala doméstica/regional (con Canadá y México)/global (contra medio mundo y, a una escala nuclear muy delicada, contra Rusia y China)– descertificó el acuerdo nuclear con Irán del P5+1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad más Alemania), que había mediado su odiado antecesor Barack Obama.

El Congreso tiene 60 días para reimponer las sanciones. El grave problema es que si se reimponen las sanciones, es muy probable que Irán tome represalias y reinicie su programa atómico, que ha sido con fines civiles y pacíficos, de acuerdo con el monitoreo de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) y no con la propaganda negra de Israel y su mendaz primer israelí Benjamín Netanyahu, quien inventó que Irán posee inexistentes bombas nucleares, según la guerra de propaganda con técnica Hasbara del Mossad.

Trump sigue la misma línea de su aliado supremacista, el premier Netanyahu, y alega que las pruebas de misiles en Irán han roto el espíritu del acuerdo, además de que apoya a la guerrilla libanesa chiíta Hezbolá, que forma parte de la coalición gubernamental de Líbano, donde no es exorcizada como terrorista.

Según Jennifer Rubin, de The Washington Post, al anuncio de Trump contra Irán le salió el tiro por la culata (https://goo.gl/MtgfwH) y provocó la masiva oposición del Partido Demócrata en el Congreso y la reticencia del jefe del Comité de Relaciones Exteriores, el influyente republicano Bob Corker, quien aseguró que Trump llevará a Estados Unidos a una tercera guerra mundial (https://goo.gl/mMcZ4h).

Amir Handjani, de Bloomberg, menciona que la descertificación de Trump contra Irán golpeará a Estados Unidos (https://goo.gl/qcGhsP).

Julian Lee, estratega petrolero de Bloomberg, expone los sueños de Trump para aislar a Irán (https://goo.gl/2eYdce ), aun cuando las petroleras de China, Rusia y Europa sacarán provecho del aislamiento estadunidense: 34 empresas europeas han precalificado para desarrollar los pletóricos campos de gas y petróleo de Irán, por delante de Rusia, Japón ( sic) y China.

Europa busca diversificar su abasto gasero para no depender tanto de Rusia y, mucho menos, de las exigencias de Trump, quien no desea que Europa se abastezca de ningún lado, salvo del gas proveniente del fracking de Texas y Oklahoma. Me pregunto si las sanciones contra Rusia e Irán van encaminadas contra la Unión Europea para impedir su conectividad con estas dos y la mirífica Ruta de la Seda de China. Las sanciones de Obama contra Rusia y de Trump contra Irán han arrojado tanto a Rusia a los brazos de China como a Irán a los de Rusia, China y Europa.

Los mandatarios de Alemania, Francia y Gran Bretaña rechazaron que Trump tenga autoridad para desechar el acuerdo conjunto nuclear con Irán del P5+1, ya que no se trata de un acuerdo bilateral (https://goo.gl/vLfmBc). Un efecto inmediato ha sido que el presidente de la Unión Europea, Jean-Claude Juncker, solicitó restablecer las relaciones con Rusia (https://goo.gl/AbwrWR).

Las sanciones de la Secretaría del Tesoro de Estados Unidos –controlada por el israelí-estadunidense Steven Mnuchin– contra los Guardianes de la Revolución Islámica de Irán (los Pasdaran), columna vertebral militar y financiera de la teocracia chiíta, equivaldría a que se impusieran sanciones al Pentágono, lo que coloca a Washington y a Teherán al borde de una guerra.

Adam Garrie, del portal The Duran, realiza una excelente síntesis y evoca tres posibilidades que puede adoptar Irán, en sincronía con Rusia/China/Unión Europea, sumada en forma insólita de Gran Bretaña –pese a la ruptura del Brexit–, que siguen apoyando el acuerdo nuclear del P5+1:

1. Irán proclama que el acuerdo es nulo y sin efecto y renegocia nuevos tratos comerciales con socios cuyas transacciones financieras no dependen del dólar, como Rusia, China y Turquía, a quienes se podría incorporar la Unión Europea.

2. EU se retira formalmente, pero el resto del grupo P5+1 mantiene el statu quo y adopta la reimposición de las sanciones de Trump. En este escenario, Rusia y China brincarán las sanciones cuando intensifican su desdolarización. ¿Qué tanto desearán la Unión Europea y Gran Bretaña imitar las sanciones de Estados Unidos, a riesgo de perder suculentos negocios con Irán?

3. Estados Unidos se retira formalmente, mientras a regañadientes Europa la imita con el fin de no incurrir en la cólera de Estados Unidos, del cual Europa es ampliamente dependiente en muchos aspectos (https://goo.gl/Nf5NAu).

Garrie aduce que Trump se ha coludido con Israel, cuyo “discurso sobre Irán fue en muchas de sus partes casi ( ¡supersic!) idéntico al del líder israelí Netanyahu en la Asamblea General de la ONU”, y comenta que menos de 24 horas antes tanto Estados Unidos como Israel retiraron su membresía de la Unesco. El problema es que toda la credibilidad de Estados Unidos como socio negociador se ha perdido, y esto se aplica no solo a Irán, Corea del Norte, Rusia, Venezuela y China, sino también a la Unión Europea.

La respuesta del presidente iraní Hassan Rouhani ha sido moderada y ha expresado que seguirá la pauta de la Unión Europea ( sic). La reacción de la canciller de esta última, Federica Mogherini, ha sido contundente y recuerda la oposición de Alemania y Francia al aventurerismo bélico de Baby Bush contra Irak en 2003.

La dinámica del aislamiento internacional de Trump está muy bien marcado con una diferencia de 14 años: Baby Bush tuvo el apoyo del laborista Tony Blair y del fascista José María Aznar López, para emprender su fallida guerra en Irak, mientras ahora Gran Bretaña, con la conservadora Theresa May, se alinea con Francia y Alemania. Mogherini alega que la decisión de Trump es unilateralmente doméstica, mientras el acuerdo con Irán del P5+1 está avalado por la resolución 2231 del Consejo de Seguridad, cuando ningún presidente de Estados Unidos tiene el derecho de cancelar una resolución de la ONU.

El Global Times (https://goo.gl/G974bm), portavoz oficioso del Partido Comunista Chino, que iniciará su trascendental Congreso el 18 de octubre –que entronizará el mandarinato militar de Xi Jinping–, fustiga que Washington no puede decidir en forma unilateral el futuro del acuerdo nuclear sobre Irán.

Juzga que el acuerdo nuclear de Irán con el P5+1 sirve de modelo para una solución política de otros temas de puntos calientes, como la crisis nuclear en Corea del Norte. Sucede que con el colapso del acuerdo significa que el problema nuclear de Corea del Norte sería más difícil arreglar, ya que Pyongyang no tendrá confianza en Estados Unidos, que con la mano en la cintura y sin desparpajo desecha un acuerdo internacional.

Lo peor es que “la sombra de guerra oscurece de nuevo ( sic) al Medio Oriente”, por lo que, en el punto de vista chino, el acuerdo nuclear con Irán es crucial para mantener tanto la paz en el Medio Oriente como el orden internacional. El editorial concluye que el futuro orden mundial no será reconfigurado según las exigencias de Washington, ya que “otras superpotencias (léase: Rusia y China) también ( sic) ejercerán su voluntad en forma conjunta”.

¿Está resultando Trump un tigre de papel que ya no asusta a China ni a Rusia y, por lo visto, tampoco a la Unión Europea? Parece que Trump se ha encajonado desde Corea del Norte hasta Irán.

 

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Sábado, 07 Octubre 2017 07:33

El rey saudí le abre el juego a Rusia

Salman y Putin firmaron una quincena de acuerdos que representan “miles de millones de dólares’’.

 

Visitó a Putin en el Kremlin y firmó acuerdos militares y energéticos

Anuncian un contrato que abre la vía para la compra por Riad de sistemas de defensa antiaérea rusos S-400, rubricado en el Kremlin, entre otros documentos que representan transacciones por miles de millones de dólares.

 

Vladimir Putin y el rey Salman de Arabia Saudita, aliado tradicional de Washington, sellaron este jueves su acercamiento al firmar acuerdos militares y energéticos en ocasión de la primera visita del soberano saudí a Rusia. El anuncio de un contrato que abre la vía para la compra por Riad de sistemas de defensa antiaérea rusos S-400, rubricado en el Kremlin, entre otros documentos que representan transacciones por miles de millones de dólares, son el corolario de varios meses de un diálogo creciente entre ambos países, pero también simboliza la actual importancia del papel de Moscú en Oriente Medio.

“Esta visita brindar un nuevo impulso poderoso al desarrollo de las relaciones bilaterales’’, declaró Putin al iniciar su diálogo con el rey Salman. Los acuerdos firmados este jueves ''permiten elevar la asociación ruso-saudí a un nivel inédito’’, destacó el jefe de la diplomacia rusa, Serguei Lavrov, tras finalizar las negociaciones.

En total, se firmaron una quincena de acuerdos que representan ''miles de millones de dólares’’, según el presidente del Fondo ruso de inversiones directas, Kiril Dmitriev. Entre ellos, figura un protocolo de acuerdo entre la Saudi Arabian Military Industries (SAMI) y la agencia rusa encargada de la exportación de equipamiento militar Rosoboronexport.

Los sistemas de misiles S-400. uno de los incluídos en el memorando, constituyen una potente arma antiaérea, comprados recientemente por Turquía, miembro de la OTAN, lo que suscitó críticas de Washington. Los acuerdos también abarcan sistemas antitanque, lanzacohetes, lanzagranadas y fusiles de asalto.

A largo plazo, ambos países planean realizar transferencia de tecnologías para que los S-400 puedan fabricarse en Arabia Saudita. Otros dos acuerdos prevén en particular la creación de dos fondos comunes de inversión en el dominio energético y en el de las altas tecnologías, cada uno por un monto de 1.000 millones de dólares.

Sin embargo, estos acuerdos deben relativizarse: Arabia Saudita firmó con Washington en mayo contratos de compra de armamentos por 110.000 millones de dólares, en ocasión de la visita del presidente Donald Trump a Riad. A pesar de ello, ''así Arabia Saudita reconoce a Rusia como un actor importante en la región, en tanto hace dos o tres años, la retórica era diferente, llegando incluso a las amenazas directas. Ahora hay m s respeto por los rusos’’, aseguró el analista político Fiodor Lukianov.

Rusia y Arabia Saudita se encuentran entre los principales actores del conflicto en Siria, donde septiembre ha sido el mes más mortífero en 2017, con al menos 3.000 víctimas mortales, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH). Con respecto al conflicto en Yemen, ambos países tienen desacuerdos sobre el conflicto sirio, en el que Moscú apoya a Bashar al Asad y Riad a la oposición.

Señalando un intercambio “franco’’ sobre la situaci¢n en Oriente Medio y Africa del norte, Lavrov aseguró que los dos dirigentes comparten “la necesidad de alcanzar un diálogo respetuoso entre todas las partes interesadas, para arreglar estos problemas’’.

La Unión Soviética había sido el primer Estado en reconocer al reino de Arabia Saudita. Pero ningún dirigente saudí visitó la URSS o Rusia anteriormente, y Putin visitó el país del Golfo en 2007 por primera vez.

El acercamiento reciente entre Moscú y Riad ha sido favorecido por su rol motor en el acuerdo entre grandes productores de petróleo, que permita controlar la caída de los precios, lo que ha golpeado a sendas economías.

“Aspiramos a continuar la cooperación positiva entre nuestros países en vistas de estabilizar los mercados petroleros mundiales’’, aseguró el rey Salman en sus conversaciones con Putin.

Putin, que el miércoles se entrevistó con su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, cuyo país es un gran productor petrolero, y juzgó posible una prolongación más allá de 2018 de este acuerdo, que en principio expiraría en marzo.

 

 

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